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Viernes, 23 de octubre de 2020

Capilla

De Enciclopedia Católica

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Etimología y Definición

Capilla (latín, capella; francés, chapelle): Cuando San Martín dividió su capa militar (cappa) y le dio la mitad al mendigo en la puerta de Amiens, envolvió la otra mitad alrededor de sus hombros, convirtiéndola así en una capa (capella). Esta capa, o su representante, se conservó posteriormente como reliquia y acompañó a los reyes francos en sus guerras, y la tienda que la albergaba pasó a ser conocida también como cappella o capella. Los capellanes (capellani) militares celebraban la Misa en esta tienda de campaña. Cuando la reliquia descansaba en el palacio, le dio también su nombre al oratorio donde se guardaba, y posteriormente se llamó capella, chapelle, capilla, a cualquier oratorio donde se celebraba la Misa y el servicio divino. La palabra es usada por primera vez en este sentido por Marculfo (siglo VII), quien da la etimología anterior, una explicación que ha sido generalmente aceptada desde entonces, aunque Durando se aventura a una derivación alternativa, a saber, capra, porque la antedicha carpa estaba hecha de pieles de cabra.

Otra derivación, pero improbable, es cupella, un monumento en forma de cúpula o copa (vea CÚPULA). En una época, al dosel sobre un altar también se le llamó una capella. En los documentos eclesiásticos, el santuario principal de una iglesia se denomina a menudo capella major, para distinguirlo de los altares laterales (cf. "Instrucciones" de San Carlos Borromeo). En España al santuario que contiene el altar mayor se le llama la capilla mayor. Sin embargo, la cosa es mucho más antigua que el nombre, y Thomassin cita numerosas referencias tempranas a oratoria, sacella y eukteria.

Al tratar el tema, hay que considerar un gran número de diferentes tipos de capillas, que varían según su conexión con otros edificios o su dependencia de ellos, o según los usos específicos a los que se destinaron. Así tenemos capillas que estructuralmente forman parte de una iglesia más grande, las que están incluidas dentro de otros edificios que no son iglesias, y las que están completamente aparte y separadas. También existen capillas papales, reales, episcopales, votivas, a la orilla del camino y mortuorias. Parece mejor para los propósitos de este artículo, primero rastrear el origen y desarrollo de las capillas en general, y luego tratar los diferentes tipos, según sus usos especiales y bajo sus respectivos títulos.

Origen y Desarrollo

Los primeros lugares de culto cristiano pueden denominarse capillas, en la medida en que eran iglesias informales, es decir, una cámara en una casa, o el atrium y tablinum de la casa adaptados para tal fin; pero los primeros oratorios o capillas, a diferencia de los edificios donde el obispo y el presbiterio presidían las asambleas regulares de cristianos, eran probablemente los monumentos a los mártires. Así, el Concilio de Gangra (350) censura a los profanadores de los sepulchra martyrum y las sinaxis, sacrificios y conmemoraciones celebrados en ellos. El Quinto Concilio de Cartago (400) ordena a los obispos que arrasen todos los altares no autorizados y los monumentos a los mártires erigidos a campo abierto o al borde de los caminos, a menos que estén autenticados.

El primer caso registrado de una capilla privada es el de Constantino (el prototipo de la capilla real y de las saintes chapelles de Francia, a saber: en París, Vincennes y St-Germain-en-Laye); el emperador tenía una capilla en su palacio de Constantinopla, y llevaba consigo en sus guerras y viajes un facsímil de la misma en forma de tienda portátil (Sócrates, Hist. Ecl., I.14). Otro ejemplo temprano de una capilla dentro de otro edificio es la pequeña ahora conocida como Sancta Sanctorum, en la parte que aún queda del antiguo palacio de Letrán. Era la capilla privada de los Papas y existía ya para 583, cuando Pelagio II colocó ciertas reliquias en ella (MSS Bibl. Vat., en Baronio). También se ve todavía la capilla privada de los arzobispos de Rávena, en su palacio, la cual fue construida, o al menos decorada, por el arzobispo Pedro Crisólogo alrededor del año 430.

Existen ejemplos de que los lugares de reunión originales de los cristianos se conservaron bajo el nivel de la iglesia posterior, pues el suelo creció con el transcurso de los siglos. Así, en la cripta de San Clemente en Roma hay una cámara, actualmente inaccesible, que pudo haber sido parte de la casa de Clemente. Debajo de la iglesia existente de St-Gervais en Ruán hay una cámara del siglo III o principios del IV que ahora es una cripta. Bajo el altar mayor de la catedral de Chartres se encuentra la capilla de St-Lubin, delimitada al oeste por un trozo de la muralla galorromana de la fortaleza de los carnutos, y se cree que ahí adoraban los primeros cristianos de Chartres, a quienes se les permitió erigir una capilla contra la pared misma. Otros ejemplos se encuentran en Sens (St-Savinien), Créteil, Etampes (Notre-Dame), Hexham y Ripon.

La expansión del cristianismo de las ciudades al campo debe haber ocasionado temprano la erección de oratorios y capillas para el uso de los creyentes que vivían lejos de la iglesia del obispo. San Juan Crisóstomo (Hom. XVIII en Act.) exhorta a los nobles y a los ricos a construir capillas en sus casas de campo y a emplear sacerdotes, diáconos y otros clérigos para que celebren allí, los domingos, el Sacrificio Incruento; para que los días de semana celebren los Oficios matutinos y vespertinos, y para bendecir la mesa, y enseñar a los niños y sirvientes de la propiedad. Thomassin considera que la prohibición por el Concilio de Laodicea (c. 350) de la celebración de la liturgia en casas privadas se refiere únicamente a las ciudades donde ya existían iglesias regulares.

Pronto hubo que restringir la libertad en la erección de capillas. Dado que no existía un sistema parroquial, según se entiende actualmente, se hizo necesario salvaguardar la jurisdicción del obispo a través de la circunscripción de influencia y actividad reconocida como perteneciente a la catedral o iglesia madre. Justiniano (Novel. LVIII) declaró ilegales los oratorios privados, excepto para la oración simple; si tales capillas estuviesen separadas de la vivienda, el obispo podía permitir que se llevara a cabo el servicio allí, pero no se ordenarían clérigos para estas como "títulos". Aparentemente este edicto fue ignorado, pues el Concilio in Trullo (692) decretó que los clérigos que celebrasen la Misa o bautizasen en los oratorios dentro de las casas debían someterse al juicio del obispo en cada caso (can. XXXI). El quincuagésimo noveno canon de ese mismo concilio prohíbe positivamente bautizar en tales capillas.

Desde el final de la era de las persecuciones, nunca se había dado la ordenación sin un “título” o esfera definida de trabajo y sin haber asegurado primero el sustento correspondiente para el ordenado. En el Concilio de Calcedonia se leyeron actas del concilio constantinopolitano bajo Flaviano las cuales mencionan a sacerdotes adjuntos a martyria o iglesias suburbanas en Constantinopla; y el sexto canon prohibía la ordenación de cualquiera excepto bajo título, pues estas martyria estaban en la lista de las reconocidas. En Occidente se repitió ese mismo decreto en el séptimo canon del Cuarto Concilio de Arles (524).

El ejemplo real fue seguido pronto por los nobles, sobre cuyas capillas los obispos estaban constantemente afirmando y haciendo cumplir su jurisdicción y salvaguardando los intereses de la parochia o iglesia madre. El Concilio de Agde (506) concedió a los nobles que los Misterios podían celebrarse en sus oratorios, excepto en las fiestas principales, en las que ellos y sus familias debían asistir a la iglesia parroquial (cf. más adelante, la legislación a 1908); de lo contrario, las ofrendas de los fieles en esos días se habrían hecho en la capilla, en detrimento de la iglesia madre y del clero parroquial.

Carlomagno, como jefe del revivido Imperio de Occidente, siguió a sus predecesores imperiales al legislar para la Iglesia, o más bien, en dar la sanción imperial a las reformas necesarias en ella. "Nos ha complacido", dice en sus Capitulares (V, CLXXXII), "que ni en nuestro palacio ni en ningún otro lugar se establezca una capilla sin el permiso del obispo en cuya diócesis (parrochia) se encuentre"; y (V, CCXXX), “Aquellos que tengan oratorios en sus casas pueden orar allí, pero no pueden tener la celebración de la Misa sin el permiso del obispo”. Y Thomassin cita, como procedente de un concilio galo de su época, un canon al efecto de que los domingos y días de fiesta todos deben ir a la parroquia y ninguno debe invitar a los sacerdotes a celebrar la Misa en sus casas. Con el correr del tiempo, muchas capillas, tanto erigidas por los nobles como las provistas por la autoridad eclesiástica, comenzaron a ser iglesias parroquiales regulares.

Particularmente en Inglaterra muchas fundaciones, ahora parroquiales, fueron originalmente capillas señoriales y, por otro lado, la iglesia parroquial a menudo se fundó independientemente de la casa solariega, como en Deerhurst, en el Severn, donde coexisten, y de la misma fecha, tanto la capilla señorial como la iglesia parroquial sajona. Algunas de estas capillas señoriales, si bien siguieron siendo propiedad privada, con capellanes nombrados y mantenidas por el propietario laico, recibían privilegios semi-parroquiales y llegaban a ser consideradas como capillas ayudantes para la iglesia parroquial. Un ejemplo notable de una capilla de un noble que se convirtió en catedral se encuentra en Moulins-sur-Allier, donde la antigua capilla de los duques de Borbón forma ahora el coro de la catedral, cuya nave fue añadida por Viollet-le-Duc. En la Edad Media otras edificaciones, tales como juzgados, hospitales y por supuesto todas las casas religiosas y sus granjas, tenían capillas adjuntas a ellos; pero, desde el principio y excepto en el caso de monasterios exentos y sus dependencias, el nombramiento de sacerdotes para servir en esas capillas estaba siempre sujeto al control del obispo, lo cual permanece como ley de la Iglesia hasta hoy día.

Tipos de Capillas

1. Capillas dentro de una iglesia más grande:

Bajo este encabezado deben incluirse capillas de la Virgen, capillas laterales, ante capillas, etc., adjuntas o bajo el techo de una iglesia más grande. (Las capillas de capellanía se tratarán en el número 5 abajo.) La forma más antigua, quizás, de la capilla subsidiaria dentro de una iglesia más grande se puede ver en los ábsides paralelos que en algunas iglesias antiguas flanqueaban el gran ábside o santuario principal. Estas se originaron en Oriente, donde, sin embargo, servían como sacristías o algo parecido. Los ritos orientales, a diferencia del romano, siempre han tenido un ofertorio preliminar o prothesis en el que se manejan las oblaciones antes de la Misa. Esta ceremonia, realizada al principio en el altar mismo, en algunos ritos (notablemente el bizantino) se elaboraba en una ofrenda preliminar. en un altar secundario o "mesa de prótesis", y las oblaciones preparadas se transportan solemnemente al altar mayor en el curso de la liturgia propiamente dicha. El ábside norte o capilla se convirtió en el lugar de la prothesis, y el otro permaneció como sacristía o diaconicon.

Aunque la característica arquitectónica de los ábsides paralelos se introdujo temprano en Occidente, no tuvo ningún efecto sobre el rito en los lugares donde se usaba la liturgia romana, sino que al principio permanecieron como meras sacristías. En Francia y España, donde prevaleció el rito galicano, sin duda se utilizaron a la manera oriental. Paulino de Nola, en el siglo V (Ep., XXXII), habla de dos cámaras, posiblemente ábsides, que flanqueaban el altar de su iglesia, de las cuales la de la derecha era una sacristía y la otra una biblioteca o lugar de retiro para la oración. En el siglo IX, la iglesia romana de Santa María en Cosmedin fue modificada al uso de los orientales mediante la adición de ábsides laterales; y la conocida basílica de Torcello fue amueblada de manera similar aproximadamente al mismo tiempo.

Si la palabra capilla incluye lugares reservados tanto para la oración como para la celebración de la liturgia, estos ejemplos deben considerarse correctamente incluidos en esta división del tema. Lo mismo debe decirse también de los apartamentos que se abren a las naves de las iglesias de Santa Croce en Jerusalén y Santa Balbina, ambas en Roma y que datan probablemente del siglo V. Capillas similares existían en las iglesias del siglo IX de Santa Cristina en Pola de Lena y Santa María de Naranco, ambas cerca de Oviedo en España. Todos estos ejemplos y muchos otros que se pueden enumerar solo diferían de las capillas laterales de épocas posteriores en que no tenían altar.

La antigua disciplina de "un altar en una iglesia" siempre se ha conservado en Oriente, al menos en teoría, aunque debe hacerse una excepción a su corolario "una Misa en un altar" en el caso de Jerusalén, donde en el siglo IV se ofrecía la Misa dos veces en el altar del Calvario el Jueves Santo y dos veces en la Anastasis el día de Pascua. El rito galicano requería esta última restricción; así, en un sínodo de Auxerre, se decretó que no se debían decir dos Misas en un altar el mismo día, y, además, que ningún presbítero podía celebrar en un altar que hubiera sido usado ese día por el obispo. También durante muchos siglos rito ambrosiano conservó la misma teoría y fue para un solo altar que se diseñó la catedral de Milán. Pero cuando los miembros del sacerdocio, en lugar de concelebrar con el obispo en la basílica, comenzaron cada uno a celebrar su propia Misa, la pluralidad de altares se convirtió en una necesidad si se quería mantener la antigua regla de "una Misa en un altar".

En Oriente, donde el asunto no era de gran urgencia dado que las Misas individuales eran la excepción, si se requería el altar subsidiario, se colocaba en una capilla que formaba una iglesia completa aunque en miniatura. La iglesia de Blanskenoy, en Moscú, que contiene once capillas completas y agrupadas alrededor de una central, es probablemente un ejemplo extremo. En iglesias sujetas al dominio celta a veces se formaba un grupo de capillas separadas, por ejemplo, las Siete Iglesias en Glendalough en Irlanda, las Siete Iglesias de Twineham en Inglaterra (que se conservó hasta el siglo XI), y el maravilloso grupo de santuarios en Rocamadour en Francia, un famoso lugar de peregrinación en la Edad Media y probablemente un superviviente aislado del diseño celta.

En las iglesias del rito romano, los altares simplemente se instalaban en cualquier parte conveniente de la iglesia, aunque, en la Edad Media se ocultaban parcialmente. Un ejemplo extremo de esto puede verse en el conocido diseño, nunca realizado, para la iglesia abacial de San Gall (siglo IX), que estaba tan llena de altares cercados que el culto en congregación habría sido imposible. En las iglesias existentes, los ábsides paralelos sugirieron a la vez un par de capillas, y las que carecían de esta característica a veces se modificaron en consecuencia. En otras, a menudo se construían ábsides más pequeños a partir del ábside principal; la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén parece haber sido tratada así en el siglo X, si no antes, y se agregaron otras capillas al plan original. El santuario o "estación" en el lugar de la Crucifixión, que se encontraba entre el Santo Sepulcro y la Basílica de la Santa Cruz, puede tomarse como un ejemplo temprano de una capilla dentro de una iglesia, pues aunque originalmente estaba al aire libre y no bajo el techo de la iglesia, como en la actualidad, en el siglo IV se usaba diariamente después de los oficios matutinos y vespertinos en la iglesia del Sepulcro (Anastasis), y tenía un altar en el que se ofrecía la Santa Oblación el Jueves Santo y se exhibía la Cruz Auténtica el Viernes Santo (Peregrinatio ad Loca Sancta, ed. Gamurrini, Roma, 1888).

Como el acceso a las capillas que irradiaban desde el ábside principal era inconveniente, los constructores posteriores idearon el deambulatorio, o pasaje detrás del ábside propiamente dicho, que conecta todas las capillas absidales con el "paso de la procesión". Esta fue una importante innovación destinada a revolucionar el plan de la mayoría de las grandes iglesias; provenía a lo largo del chevet, o corona de capillas, un diseño que encontró el favor en la mayoría de los países europeos, pero que en ninguna parte fue llevado a la altura de la belleza y la elaboración que realizó en Francia. Se considera que la basílica de San Martín de Tours fue la fuente común de la que se copiaron la mayoría de los ejemplos de esta idea, ninguno de los cuales tiene más de 900 años. Fueron comparativamente raros en Inglaterra, debido a la prevalencia de la fachada oriental cuadrada, pero hay hermosos ejemplos, como en Westminster, Norwich y Peterborough.

El transepto, oriental u occidental, también invitaba a la formación de capillas, y esta posición es casi universal en las grandes iglesias cruciformes normandas. Se usaba en preferencia del diseño chevet en Inglaterra, donde el transepto era un rasgo más frecuente y más desarrollado que en otros lugares; pues mientras en las iglesias continentales se suplía la necesidad de un mayor espacio de capillas utilizando los intervalos entre contrafuertes (primero en Notre-Dame, París, en 1290), los ingleses preferían formar capillas adicionales a lo largo de la pared este del transepto, e incluso alargar o reconstruir el transepto a tal efecto, siendo sus contrafuertes, por regla general, demasiado poco profundos para permitir el espacio necesario. En Gloucester hay tres pisos de capillas, una sobre la otra, y la cripta y el triforio contienen altares que corresponden exactamente con los del primer nivel. Donde los contrafuertes eran interiores, como en Albi, la iglesia estuvo provista desde el principio de una serie de capillas, a veces de dos pisos, a lo largo de todo su perímetro.

La dedicación de las capillas del chevet a santos importantes llevó naturalmente a que la más oriental fuese asignada a Nuestra Señora. En Francia, esta capilla suele ser algo más grande que el resto, como en Bayeux, Reims, Séez y Troyes; mucho más grande en Amiens y Le Mans; y mucho más grande en Ruán (tanto en la catedral como en la iglesia abacial de San Ouen) y Coutances. El número de capillas en el chevet varía desde tres en St-Etienne de Nevers hasta las magníficas trece que son la gloria de Le Mans. Langres es singular, para una iglesia tan grande, por tener una sola capilla, y Sens parece haber tenido originalmente una capilla circular en el extremo este, como la "Corona de Becket" en Canterbury. Fue en la capilla de Nuestra Señora, hacia el final de la Edad Media, donde se permitieron las innovaciones en la música eclesiástica; solo se escuchaba el canto estricto en el coro. En Gloucester, la capilla de la Virgen posee dos galerías (con capillas de capellanía debajo) para el "pricksong"; cada uno está provisto de un amplio escritorio de piedra para los libros necesarios, lo que se diferencia del coro, donde tal acomodación era inusual e innecesaria, pero se usaban pocos libros excepto en el facistol.

Aquí se puede hacer referencia a los galileos y las antecapillas, que a veces contenían altares y se usaban con fines litúrgicos. Por lo general, toman la forma de una entrada occidental agrandada o un nártex. Los de St-Front (Périgueux), Romain-Moutier y Jumièges son ejemplos tempranos, mientras que los de Vézelay y Cluny son notables por su tamaño. El mejor ejemplo en Inglaterra es el de Durham (en realidad, la capilla de Nuestra Señora), y hay uno más pequeño en Ely. En Lincoln hay un galileo en el lado occidental del transepto sur. Existen dos galileos parroquiales en Norwich, en St. Peter Mancroft y St. John Maddermarket; ambos constituyen la planta baja de la torre occidental. En la mayoría de las capillas de los colegios medievales de Oxford y Cambridge, lo que generalmente se llama la antecapilla es en realidad solo el espacio fuera de la entrada al coro, ocupado hoy en día en el momento del servicio por aquellos que no son miembros del colegio. Los baptisterios se construían a menudo en forma de capillas y tenían altares o capillas con altares que se abrían, como en la basílica de Letrán (siglo IV).

2. Capillas para embajadores:

El uso de una capilla privada para los embajadores de un país católico en una corte protestante, y viceversa, se ha permitido con frecuencia como una cuestión de cortesía, aunque no de estricto derecho según el derecho internacional. En Inglaterra, incluso en una época en que el ejercicio de la religión católica estaba proscrito por el derecho penal, a los embajadores católicos se les permitía tener tales capillas adjuntas a sus embajadas. Así, los embajadores de Cerdeña, Nápoles, Venecia, Baviera, Portugal y España fueron favorecidos, pues todos tenían sus capillas privadas en Londres. Las capillas de Cerdeña (erigida 1648), Baviera (1747) y España (1742) estaban incluso abiertas al público y eventualmente se convirtieron en iglesias parroquiales ordinarias. Las dos primeras existen todavía (a 1907) mientras que la última fue sustituida por una iglesia hermosa (1890).

3. Capillas episcopales:

La capilla del obispo era, en un principio, nada menos que la basílica o catedral donde solía presidir con su presbiterio, pero la feudalización del obispo y la instalación en las catedrales de coros de monjes o canónigos, a cargo de un superior ordinario propio, hizo necesario que el obispo poseyera una capilla privada separada. De estas capillas episcopales quedan muchos bellos ejemplos, de las cuales la de Reims es una de las más bellas. Otra digna de mención es la que antes estaba adosada a la residencia londinense de los obispos de Ely, dedicada a Santa Eteldreda. Fue construida en 1290; aunque fue desmantelada en la Reforma; durante un breve período durante la época de los Estuardo fue reacondicionada y prestada para el uso del embajador español. Posteriormente pasó a manos de una congregación protestante galesa, de quien fue comprada por los Padres de la Caridad en 1876, y reabierta por ellos al culto católico. En la Edad Media, ya fuese la capilla del obispo o del noble, a menudo significaba toda su maison ecclésiastique (vea # 9 abajo, Capilla Papal), es decir, sus capellanes, escribanos, coristas y el mobiliario eclesiástico, que lo acompañaban de un lugar a otro. Todos los obispos tienen derecho a una capilla privada en sus casas y conservan este derecho incluso cuando viajan.

4. Capillas de cementerio o mortuorias:

Estos son de origen muy antiguo, ya sean especiales, como el lugar de enterramiento de un mártir, o generales, como en las tumbas de los fieles. Las catacumbas romanas proveen mucho ejemplos de ambas clases. Después de los días de persecución, los cristianos pudieron adorar públicamente en los lugares de descanso de los muertos sin temor a la [[profanación], y así surgieron los cementerios y capillas mortuorias de la Edad Media. Dos de las más curiosas son: la de Sarlat, en Dordoña, que es una estructura cónica de unos cuarenta pies de altura, que contiene una capilla mortuoria circular en la planta baja y hacia arriba un faros o linterna (es del siglo XII), y el de Avioth (Mosa ), que contiene un santuario abierto sostenido por columnas y una linterna acristalada arriba (es del siglo XV). El primero es del siglo XII y el último del siglo XV. A menudo se construían magníficas capillas para servir como lugares de entierro de reyes y otros grandes hombres. Varios ejemplos son la “Corona de Becket”, en Canterbury, la capilla de Enrique VII en Westminster, como también lo es la capilla circular que contiene la tumba del Rey Emmanuel de Portugal, en la Abadía de Batalha. La más famosa de todas, quizás, es la Catedral de Aquisgrán, que guarda la tumba de Carlomagno.

5. Capillas para capellanía:

Estas se diferencian de otras capillas interiores sólo en que eran erigidas y dotadas para la celebración de Misas de réquiem, a perpetuidad, para algún alma individual, generalmente la del fundador mismo. Por lo general, se designaba a sacerdotes especiales para servir en ellas, a los cuales se les llamaba ”capellanes”. No fue hasta el siglo XIII que se generalizó este tipo de capillas, y para ese momento, la mayor parte del espacio disponible en las iglesias ya estaba ocupado; de ahí que nos encontremos con capillas de capellanía escondidas en rincones y lugares extraños. Al estar destinadas a Misas privadas, no públicas, con frecuencia eran más pequeñas que otras capillas. Los espacios vacíos en naves laterales y transeptos, o, como en muchas iglesias más grandes, entre las columnas de la nave, se prestaban para su acomodo, aunque a veces eran edificios distintos anexos a la iglesia.

Siempre que era posible, serán colocadas cerca de la tumba de su fundador y, muy a menudo, tales tumbas se encerraban dentro de la capilla misma o se adjuntaban a ella. Como otras capillas, invariablemente estaban apartadas del resto de la iglesia; el método más común era el enrejado en madera, pero todavía existen en Inglaterra algunos ejemplos notables de capillas de capellanía, como santuarios en miniatura, enrejados y abovedados en piedra y de una belleza incomparable. Ejemplos de estas son la Capilla del Príncipe Arturo en Worcester, la capilla del Fundador en Tewkesbury, las capillas de William de Wykeham y el cardenal Beaufort en Winchester, y las de los obispos Bubwith y Dean Sugar en Wells. A veces se colocaba la capilla sobre la tumba y se llegaba a ella mediante una escalera de caracol, como en la Iglesia de Cristo, Oxford, en lo que común y erróneamente se llama “el Santuario de Santa Frideswida”. A veces, las capillas de capellanía eran también construidas y mantenidas por un gremio local, como el Gremio del Espíritu Santo en Beccles y el Gremio de Palmers en Ludlow. Estrictamente hablando, la capellanía es la dotación, y en algunos casos se adjuntaba a una capilla existente en la que comúnmente se celebraban otras Misas. (Vea CAPELLANÍA).

6. Capillas sepulcrales y osarios:

Estas eran del mismo tipo que las capillas en los cementerios y consistían generalmente de una bóveda o cámara en la que se depositaban los huesos desplazados al cavar las tumbas, con una capilla contigua o, más habitualmente, arriba. Tales capillas abundan en Bretaña, de las cuales Viollet-le-Duc da dos ejemplos curiosos: en Fleurance y Faouët. En Inglaterra había especímenes en Worcester, Norwich, la antigua catedral de San Pablo (Londres), Bury San Edmundo, Grantham, Stratford-on-Avon y muchos otros lugares. El de Norwich, un edificio independiente al oeste de la catedral, que ahora se utiliza como escuela primaria, es quizás el ejemplo más perfecto que aún se conserva.

7. Capillas ayudantes de la parroquia:

Estas eran edificios separados, iglesias en todo excepto en el nombre, construidas en lugares remotos de las parroquias grandes, y llamadas así porque estaban destinadas a ayudar a la parroquia y a los parroquianos que vivían lejos de ella. El clero designado a tal efecto les servía como vicario del párroco. Anteriormente no se permitía que estas capillas tuvieran una fuente o un cementerio contiguo, pero en tiempos posteriores se concedieron a menudo estos dos privilegios, y muchas de estas capillas se han independizado desde entonces de la iglesia madre.

8. Capillas en las murallas:

Al recinto amurallado de la mayoría de los monasterios medievales se entraba a través de una casa en la muralla, muchas de las cuales contenían capillas. En Inglaterra, tales capillas existían en Furness, Evesham, Llanthony, Malling, Merivale y Bury San Edmundo. También se encontraban capillas similares en las casas en la muralla a la entrada de muchas ciudades amuralladas. La "capilla colgante" de Langport, Somerset, es un buen ejemplo.

9. Capillas papales:

Técnicamente, la Capelta Papale significa todo el personal de dignatarios y funcionarios privilegiados para asistir a una de las funciones papales más importantes, e incluye el Colegio de Cardenales, los patriarcas, asistentes al trono pontificio, protonotarios apostólicos, prelados domésticos, chambelanes privados, capellanes, jefes y procuradores de órdenes religiosas, coristas papales y una multitud de otros funcionarios como el vice chambelán de la Iglesia Romana, el mayordomo, los prelados de la Rota, etc., que se encuentran en la categoría de miembros de la casa del Papa. Considerada en este sentido, la capilla papal se originó con la remoción de la corte papal de Roma (1305), cuando las fiestas y ceremonias celebradas anteriormente en las diferentes basílicas de Roma fueron transferidas a la capilla palatina de Aviñón. A su regreso a Roma en 1377, los Papas continuaron, por varias razones, celebrando estas ceremonias en una capilla privada en lugar de en las basílicas.

Nicolás V (1447-55) construyó una capilla en el Vaticano para ese propósito, la cual fue demolida por Paulo III para hacer espacio para la capilla paulina a ser erigida por él. La otra capilla del Vaticano, que ahora se utiliza para la mayoría de las funciones papales importantes, es la Sixtina, construida por Sixto IV en 1473. Se destaca no menos por su famoso coro que por las pinturas de Rafael, Miguel Ángel y otros que adornan sus paredes y techo.

Desde 1870, se ha reducido considerablemente el número de días en los que la capella completa asiste al Papa. Anteriormente había treinta y dos de esos días en el curso del año; ahora (a 1907) no son más de media docena. Estos son el aniversario de la coronación del pontífice reinante, el réquiem por su predecesor inmediato y los consistorios públicos. A ellos se agregan ocasionalmente ceremonias especiales como las Misas jubilares y la canonización de nuevos santos; estas últimas funciones a menudo tienen lugar en la Basílica de San Pedro en lugar de en la Capilla Sixtina.

Respecto al término “capilla papal” tomado en su sentido no técnico, tales capillas parecerían corresponder más o menos con otras capillas privadas, como las de los obispos o soberanos reinantes. Una de las primeras de estas existió en el Palacio de Letrán en el siglo IV, y desde esa época el lugar de residencia del Papa siempre ha tenido una capilla privada para su propio uso. Una es la villa de Inocencio VIII (ahora el Belvedere), que ese Papa construyó en los jardines del Vaticano en el siglo XV; la del Quirinal durante el tiempo que fue residencia papal; la de Castel Gandolfo, antigua residencia de verano de los Papas; y la pequeña capilla en el Vaticano, contigua a los apartamentos privados del Papa, donde el Santo Padre dice su Misa diaria. Esta última es la única que se usa ahora habitualmente y no se diferencia en nada de cualquier otra capilla privada.

10. Capillas de reposo o monumento:

Según el antiguo rito inglés era costumbre en la época medieval, en la tarde del Viernes Santo, depositar una de las hostias consagradas el Jueves Santo, junto con la Cruz que se había utilizado en el oficio matutino (vea CRUZ), en lo que se llamó el sepulcro pascual o capilla del reposo (monumento), y traerlos de nuevo en la mañana de Pascua con canto y ceremonia solemnes, simbolizando así el entierro del Cuerpo de Cristo en el sepulcro y su Resurrección. La posición habitual para el sepulcro de Pascua era en un nicho en el lado norte del santuario, y el sepulcro en sí era comúnmente una estructura de madera móvil erigida año tras año con ese propósito. Entre las anotaciones en las cuentas del antiguo fabriquero que aún se conservan, ninguna ocurre con mayor regularidad que la del pago realizado por levantar y derribar el sepulcro de Pascua. En algunos casos era una estructura de piedra permanente, y entre los pocos ejemplos que aún existen, el más conocido es el de la iglesia de Arnold (Nottinghamshire). En el rito romano el término "capilla del reposo" se aplica al altar o capilla donde se reserva solemnemente el Santísimo Sacramento entre la Misa del Jueves Santo y la Misa del Presantificado el Viernes Santo. (Vea SEMANA SANTA).

11. Capillas reales:

Siempre ha sido un privilegio de los palacios reales, tanto en países protestantes como católicos, poseer capillas privadas para uso de la corte; ya se ha mencionado la de Constantino. Las capillas reales a menudo han sido simplemente apartamentos en el propio palacio, pero a veces se han erigido edificios separados especialmente para este propósito. Ejemplos de estos últimos son la de San Jorge, en Windsor, y La Sainte-Chapelle, París. Este último hermoso edificio es quizás la más famosa de todas las capillas reales. Fue construida en 1248 por San Luis IX de Francia para albergar la reliquia de la Corona de Espinas que él había obtenido en Constantinopla, y estaba anexada a su palacio de La Cité. El arquitecto fue Pierre de Montereau, cuya maravillosa creación sigue siendo uno de los edificios más admirados e imitados de este tipo en el mundo. En el piso inferior había una capilla para los sirvientes del palacio y arriba estaba la capilla real propiamente dicha, con su suntuoso santuario. Por supuesto, fue profanada en la Revolución, pero se convirtió una vez más en la capilla real durante un corto tiempo bajo Luis Felipe. Desde entonces, hasta hace poco (a 1907), se ha utilizado sólo una vez al año, para una "Misa Roja" que se dice en la apertura de los tribunales de justicia cercanos. Ahora es simplemente un monumento nacional.

De las capillas reales inglesas, además de la ya mencionada St. George, Windsor, las de St. James y Saboya datan de la época católica. Esta última fue reconstruida por Enrique VII en el sitio del antiguo Palacio de Saboya. De 1564 a 1717 se utilizó como iglesia parroquial y solo se convirtió en capilla real en 1773. Además de esta y la capilla en el Palacio de St. James, también hay una capilla real protestante en el palacio de Hampton Court. En el siglo XVII, la presencia en Inglaterra de las consortes católicas de tres de los reyes Estuardo provocó la existencia de capillas reales católicas en Londres durante un período de unos ochenta años. Una fue construida en St. James en 1625 para el uso de Enriqueta María, consorte de Carlos I, y su séquito, y se usó ocasionalmente hasta 1642. Fue reabierta en 1662 para la reina Catalina de Braganza, consorte de Carlos II, pero cerró de nuevo en 1671 cuando ella mudó su corte a la Casa Somerset. Bajo James II de nuevo sirvió para el culto católico, desde 1685 – 1688, desde cuya fecha se asignó al uso de los miembros luteranos de la corte y ahora se le llama la “capilla alemana”.

En 1636 se construyó en Somerset House para la reina Enriqueta María una nueva capilla católica que estuvo en uso hasta 1642, y nuevamente desde 1662 hasta su muerte en 1669. Cuando la reina Catalina retiró su corte de St. James en 1671, fue reabierta para el culto católico y así continuó hasta su muerte en 1705, cuando pasó a manos del gobierno protestante. También había un oratorio católico en Whitehall, utilizado ocasionalmente hasta 1642 cuando la reina Enriqueta María residía allí, y en 1687 James II abrió una nueva capilla en el mismo palacio, que se cerró nuevamente al año siguiente. En Escocia, la capilla real estaba ubicada originalmente en el castillo de Stirling, pero la reina María la transfirió a Holyrood en 1542. En la Reforma se usó durante un tiempo como parroquia protestante, pero nuevamente se convirtió en una capilla real católica en 1687 bajo el reinado de James II. (James VII de Escocia). Después de su huida a Francia en 1688, fue saqueada y parcialmente destruida por el fuego. Posteriormente se volvió a techar, pero desde 1768 se encuentra en estado de ruina.

12. Capillas en los barcos:

Thomassin menciona unos cuantos ejemplos, el más conocido el del San Luis, que se le permitió llevar a bordo el Santísimo Sacramento y celebrar la Misa, sin consagración, pues las ondulaciones y el balanceo no permitían el ceremonial completo.

13. Capillas votivas, a la vera de los caminos y en los puentes:

La Edad Media proporcionó numerosos ejemplos de capillas votivas, erigidas por la devoción de personas privadas, a menudo para conmemorar algún evento especial o para guardar alguna reliquia valiosa. Entre estas se pueden clasificar muchos de los famosos lugares de peregrinaje, tanto en Inglaterra como en otros lugares. Similares a estas son las capillas a la vera de los caminos y en los puentes que dan testimonio de la piedad de la época. Se pueden ver ejemplos existentes de estos últimos en Pisa, Aviñón, Wakefield, Rotherham, Bradford-on-Avon y St. Ives, mientras que hace un siglo todavía quedaban restos de tales edificios en Rochester, York, Bath y Londres. (Vea HERMANDAD DE CONSTRUCCIÓN DE PUENTES). Las capillas a la vera de los caminos, destinadas al uso de los viajeros, a menudo se encontraban en las rutas que llevaban a algún santuario de peregrinaciones. La “Capilla de la Zapatilla”, en Norfolk, es un ejemplo muy bien conservado, que los peregrinos usaban antes cuando iban al famoso santuario de Nuestra Señora de Walsingham. En años recientes (a 1907) ha sido restaurado y pasó de nuevo a manos católicas.

Ley Eclesiástica sobre las Capillas (a 1908)

La ley actual (a 1908) de la Iglesia, aunque no restringe la erección de capillas que formen parte de una iglesia mayor, establece normas muy definidas respecto a las que pertenecen a la categoría de capillas privadas. Sin embargo, esto se aplica solo a aquellos destinadas a la celebración de la Misa; no hay restricción alguna en lo que respecta a la separación de una habitación en particular en una casa privada meramente con fines de oración y devociones privadas. Pero para una capilla en la que se va a celebrar la Misa, el derecho canónico legisla de manera muy estricta. A los cardenales, obispos (incluso titulares) y prelados regulares se les permite el uso de una capilla privada por derecho; para todos los demás se requiere un indulto especial.

El ordinario de la diócesis puede otorgar el permiso necesario para la capilla u oratorio de una institución tales como una casa religiosa, un orfanato, hospital, asilo o prisión, y tales capillas serán generalmente públicas o semipúblicas. Pero para una capilla estrictamente privada en una casa privada, destinada solo a la conveniencia de los residentes de la casa, se debe obtener un indulto papal, y tales indultos solo se otorgan por razones suficientes, por ejemplo, distancia de una iglesia, mala salud permanente de un miembro de la casa, etc.

Respecto al cumplimiento de la obligación de participar en la Misa en tales oratorios privados, la antigua ley de la Iglesia era que la obligación solo podía satisfacerse asistiendo a la iglesia parroquial. El Concilio de Trento modificó algo esta regla y desde entonces los teólogos han diferido en cuanto a cuál era la ley exacta. Para zanjar el asunto, León XIII, en 1899 (S. R. C. no. 4007), decidió que (1) la obligación se puede satisfacer en cualquier capilla pública o semipública a la que los fieles puedan asistir; pero (2) ordinariamente no puede ser satisfecha en una capilla estrictamente privada por personas que no sean aquellas para cuya conveniencia existe la capilla.

Esta regla, en la práctica, es susceptible de una interpretación algo amplia, y el indulto por el cual se otorga el permiso para la capilla generalmente extiende el privilegio a varias otras personas, por ejemplo, parientes, invitados, sirvientes, etc. Todos los lugares de culto en Inglaterra pertenecientes a católicos, como los de otros cuerpos religiosos fuera de la Iglesia Establecida, se denominaban anteriormente "capillas".


Bibliografía: Rock, Church of Our Fathers (Londres, 1852); NORTHCOTE AND BROWNLOW, Roma Sotteranea (Londres, 1869); WALCOTT, Church and Conventual Arrangement (Londres, 1861); BLOXAM, Principles of Gothic Ecclesiastical Architecture (Londres, 1882); GASQUET, Parish Life in Medieval England (Londres, 1896); BOND, Gothic Architecture in England (Londres, 1905); BARNES, Catholic Chapels Royal in Downside Review (1900-02); SMITH Y CHEETHAM, Dictionary of Christian Antiquities, s.v. Chapel (Londres, 1875); Transactions of the St. Paul's Ecclesiological Society (Londres, 1881-84), I; THOMASSIN, Vetus et Nova Ecclesiæ Disciplina (Venecia, 1766); PELLICCIA, The Polity of the Christian Church, tr. BELLETT (Londres, 1883); LENOIR, Architecture monastique (París, 1852); MARTIGNY, in Dict. des antiq. chrét. (París, 1865); VIOLLET-LE-DUC, Dict. raisonné de l'architecture (París, 1874); BUSS-KREUTZWALD, en Kirchenlexikon; LE CLERCQ, Manuel d'archéologie chrétienne (París, 1907).

Fuente: Alston, George Cyprian. "Chapel." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3, págs. 574-579. New York: Robert Appleton Company, 1908. 16 agosto 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/03574b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina