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Lunes, 6 de abril de 2020

Astrología

De Enciclopedia Católica

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Definición

Astrología es la supuesta ciencia que determina la influencia de las estrellas, especialmente de los cinco planetas más antiguos, en el destino del hombre (astrologia judiciaria: astrología mundana o judiciaria) o en los cambios del clima (astrologia naturalis: astrología natural) según ciertas reglas fijas que dependen de la posición de control de las estrellas (constelaciones y aspectos) en el momento considerado.

La astrología judiciaria —la rama más importante de este arte oculto— dependía para sus predicciones de la posición de los planetas en las “doce casas” al momento del nacimiento de un ser humano. Los cálculos necesarios para establecer estas posiciones eran lanzar el horóscopo o el diagrama de los cielos (thema coeli) en la natividad. Comenzando con el punto que se elevaba justo en el momento del nacimiento, el ecuador celeste se dividía en doce partes iguales, seis arriba y seis debajo del horizonte, y se dibujaban círculos a través de estos puntos y los puntos de intersección del horizonte y el meridiano; así los cielos se dividían en doce casas. La primera casa (horoscopus) comienza con el punto de la eclíptica que se está levantando (ascendens). Las doce casas se dividen en casas cardinales, también llamadas anguli, casas sucesivas (succedentes, anaphora) y casas declinantes o cadentes (cadentes, cataphora). Las casas simbolizan respectivamente: vida, propiedad personal, consanguinidad, riquezas, hijos y joyas, salud, matrimonio y transcurso de vida, forma de muerte y herencia, intelecto y disposición (también viajes largos), posición en la vida y dignidades, amigos y éxito, enemigos y desgracias. En el horóscopo, todos estos significados simbólicos se consideran en su relación con el recién nacido. Un hexámetro latino resume así el significado de las doce casas:

Vita, lucrum, fratres, genitor, nati, valetudo,
Uxor, mors, sapiens, regnans benefactaque, daemon.

La posición de los planetas y el sol y la luna en las doce casas en el momento del nacimiento es decisiva. Los planetas varían en cuanto a significado. Se dividen en estrellas diurnas (Saturno, Júpiter y también el sol) y estrellas nocturnas (la luna, Marte y Venus); Mercurio pertenece tanto al día como a la noche. El sol, Júpiter y Marte son masculinos; la luna y Venus son femeninas, Mercurio pertenece también a ambos géneros. Júpiter (fortuna major) y Venus (fortuna minor) son planetas buenos; Saturno (infortuna major) y Marte (infortuna minor) son planetas malignos. El sol, la luna y Mercurio son de carácter mixto. Cada uno de los planetas conocidos en la antigüedad, incluidos el sol y la luna, gobernaban un día de la semana; de ahí que los nombres todavía se usen para designar los diversos días. La astrología judiciaria también tuvo en cuenta la posición del sol en el zodiaco en el momento del nacimiento; los signos del zodíaco también tenían un significado astrológico especial respecto al bienestar y la aflicción del recién nacido, particularmente su salud. En astrología médica, cada signo del zodíaco gobernaba una parte especial del cuerpo, como por ejemplo: Aries, el carnero, la cabeza y sus enfermedades; Libra, el equilibrio, los intestinos. La astrología judiciaria postula la aceptación de la tierra como el centro del sistema solar. La astrología natural predice el clima a partir de las posiciones de los planetas, especialmente la luna. Muchas de sus teorías no deben ser rechazadas a priori, ya que la cuestión de la influencia meteorológica de la luna aún espera una solución que debe depender del progreso del conocimiento humano en cuanto a ondas de éter y asuntos afines.

Historia

La historia de la astrología es una parte importante de la historia del desarrollo de la civilización; se remonta a los primeros días de la raza humana. El curso inmutable y armonioso de los cuerpos celestes, la profunda impresión que hizo en el alma del hombre por el poder de fenómenos celestes como los eclipses, el sentimiento de dependencia del sol, el dador de la luz del día —todo esto probablemente sugirió, en las épocas primitivas de la raza humana, la pregunta de si el destino del hombre no dependía de estas majestuosas manifestaciones del poder divino. La astrología era, por lo tanto, la hermana adoptiva de la astronomía, la ciencia de la investigación de los cielos. Desde el principio, la astrología se empleó para las necesidades y el beneficio de la vida diaria; los astrólogos eran astrónomos solo incidentalmente y en la medida en que la astronomía ayudaba a la astrología en las funciones que esta última tenía que realizar en relación con el culto religioso.

Según la creencia de las primeras razas civilizadas de Oriente, las estrellas eran la fuente y, al mismo tiempo, los heraldos de todo lo que sucedía, y el derecho a estudiar la "ciencia divina" de la astrología era un privilegio del sacerdocio. Este fue el caso en Mesopotamia y Egipto, los centros de civilización más antiguos que conocemos en Oriente. Los habitantes más antiguos del Éufrates, los acado-sumerios, creían en la astrología judiciaria que estaba estrechamente entrelazada con su culto a las estrellas. Lo mismo es cierto para sus sucesores, los babilonios y los asirios, que fueron los principales exponentes de la astrología en la antigüedad. Ambos desarrollaron la astrología, especialmente judiciaria, al estado de una ciencia, y así avanzaron en conocimiento astronómico puro por un curso tortuoso a través del laberinto de predicciones astrológicas. Los sacerdotes asirio-babilonios (caldeos) eran los astrólogos profesionales de la antigüedad clásica. En su origen la astrología caldaica también se remonta al culto a las estrellas; esto lo demuestra el simbolismo religioso de los más antiguos textos cuneiformes del zodíaco.

El documento astrológico más antiguo existente es la obra llamada "Namar-Beli" (Iluminación de Bel) compuesta para el rey Sargón I (fines del siglo III a. C.) y que aparece en la biblioteca cuneiforme del rey Asurbanipal (668-626 a. C.). Incluye observaciones astronómicas y cálculos de eclipses solares y lunares combinadas con predicciones astrológicas, a las que ya pertenecía la interpretación de los sueños. Incluso en la época de la astrología caldea, que debería llamarse asiria, los cinco planetas, junto con el sol y la luna, se dividían de acuerdo con su carácter y su posición en el zodiaco, así como de acuerdo con su posición en las doce casas. Como estrella del sol, Saturno era el gran planeta y gobernante de los cielos. Ya para esa época se predecía el clima a partir del color de los planetas y de su ascenso y ocaso. La antigüedad clásica consideraba a Beroso, sacerdote del templo de Bel en Babilonia, como el escritor más antiguo sobre astrología; y, según Vitruvio, Beroso fundó una escuela de astrología en Cos. Séneca dice la antigüedad clásica conocía una traducción al griego, hecha por Beroso, del “Namar-Beli” de la biblioteca de Asurbanipal.

Los egipcios y los hindúes eran tan celosos astrólogos como las naciones del Éufrates y el Tigris. La dependencia del antiguo culto egipcio a la estrella (sol) (la base del culto a Osiris) de las primeras influencias caldeas pertenece a la cuestión aún irresoluta del origen de la civilización egipcia primitiva. Pero, sin duda, los sacerdotes de los faraones eran los dóciles alumnos de astrología de los antiguos sacerdotes caldeos. El misterioso Taauth (Thoth), el Hermes Trismegisto de la antigüedad, fue considerado el primer maestro de astrología en Egipto. Tiene fama de haber sentado las bases de la astrología en los "Libros Herméticos"; la división del zodiaco en los doce signos también se debe a él. En la antigüedad clásica, muchas obras sobre astrología o ciencias ocultas en general se atribuyeron a este mítico fundador de la astrología egipcia. La regla astrológica de calcular que lleva su nombre, "Trutina Hermetis", hizo posible calcular la posición de las estrellas en el momento de la concepción a partir del diagrama de los cielos en el momento del nacimiento.

Los egipcios desarrollaron la astrología a una condición que varía muy poco de la actual. Las horas del día y de la noche recibieron planetas especiales como sus gobernantes, y las personas de todas las clases sociales estaban bajo la influencia determinante de las estrellas que proclamaban a través de la casta sacerdotal el destino de la tierra y sus habitantes. Es significativo que en el antiguo Egipto la astronomía, así como la astrología, fue llevada a un estado de cultivo indudablemente alto. Las teorías asombrosamente atrevidas del mundo que se encuentran en los textos egipcios, que nos permiten inferir que sus autores incluso conocían la concepción heliocéntrica del universo, se basan completamente en puntos de vista astrológico-teosóficos.

La astrología de los antiguos habitantes de la India era similar, aunque apenas tan plenamente desarrollada; ellos también consideraban los planetas como gobernantes de las diferentes horas. Es digna de notar su división del zodíaco en veintiocho casas de la luna; esta concepción, como todo el resto de creencias fundamentales de la astrología hindú, se halla en el Rig-Veda. En India tanto la astrología como el culto a los dioses se remontan al culto a las estrellas. Incluso hoy día, los hindúes, especialmente los brahmanes, son considerados las mejores autoridades en astrología y los más hábiles lanzadores de horóscopos.

India influyó y ayudó al desarrollo de la astrología en la antigua China; tanto India como Mesopotamia en la de los medos y los persas. Los sacerdotes asirio-babilonios y egipcios fueron los maestros de los astrólogos griegos. Ambas castas sacerdotales se llamaban caldeos, y este nombre siguió siendo la designación de todos los astrólogos y astrónomos en la antigüedad clásica y en el período siguiente. Habla bien del buen sentido de los primeros filósofos el que separaran las hipótesis y los hechos astronómicos genuinos de la confusa masa de enseñanza astrológica errónea que los sacerdotes egipcios les habían confiado. Al mismo tiempo, fue a través de los antiguos filósofos helénicos que los secretos astrológicos de las castas sacerdotales orientales llegaron al mundo profano.

La primera mención del arte de la predicción astrológica en la literatura clásica temprana se encuentra en el "Prometeo Vinctus" de Esquilo (línea 486 ss.) —una fecha relativamente tardía. Las a menudo citadas líneas de la Odisea (Lb. XVIII, 136 ss.) no tienen nada que ver con la astrología. La escuela pitagórica probablemente cultivó la astrología como una ciencia oculta que mantenía la exclusividad de una casta. La enseñanza de Pitágoras sobre la “armonía de las esferas” apunta a cierta hipótesis astrológica de los sacerdotes egipcios. Es un hecho sorprendente que la astrología griega comenzó a florecer cuando la gloria de la civilización clásica temprana comenzó a declinar. Fue en la era de Eurípides, quien se refiere a las predicciones astrológicas en una pequeña comedia, que la creencia en la astrología comenzó a hacerse popular en Grecia. Después del derrocamiento del Imperio Asirio-Babilónico, los sacerdotes de esas regiones encontraron refugio en Grecia y difundieron sus enseñanzas astrológicas de boca en boca y por escrito. De esta manera, la astrología perdió el carácter de la ciencia oculta. La astronomía y la astrología permanecieron estrechamente unidas, y ambas ciencias estuvieron representadas por los llamados caldeos, matemáticos y genetlíacos.

La astrología propiamente dicha, desde la época de Posidonio, era llamada apotelesmatika (para indicar con mayor claridad la influencia de las estrellas sobre el destino final del hombre; apo, "de" y telos, "fin"). La astrología pronto impregnó toda la concepción filosófica de la naturaleza entre los griegos, y rápidamente alcanzó una posición dominante en el culto religioso. Platón se vio obligado a tomar en consideración la astrología como una “doctrina filosófica”, y su mayor discípulo, Aristóteles, fue el primero en separar la ciencia de la astrología de la meteorología, la cual se reservaba para los fenómenos atmosféricos. Los estoicos, que alentaban todas las formas de adivinación, eran activos promotores de la astrología. Cuanto más claramente se manifestaba la influencia de la enseñanza oriental en la civilización griega, y cuanto más confusas eran las condiciones políticas y las ideas religiosas de los Estados griegos, mayor era la influencia de los astrólogos en la vida pública, y más dañina era su actividad en la vida privada.

Todo astrónomo profesional era a la misma vez un astrólogo. Eudoxo o Cnidus, el autor de la teoría de las esferas concéntricas, quizás fue el primero en escribir en griego sobre asuntos puramente astrológicos, tras ser llevado a este tema por sus estudios en Egipto. La mayoría de los astrónomos griegos que conocemos siguieron sus pasos como, por ejemplo, Gémino de Rodas, cuya obra más importante trata sobre astronomía y astrología, Eisagoge eis ta Phainomena, (Introducción a los Fenómenos) fue comentada incluso por Hiparco. Aproximadamente en el 270 a. C. el poeta Arato de Soli en su poema didáctico, "Phænomena", explicó el sistema de Eudoxo, y en un poema llamado "Diosemeia", que se adjuntó al primero, interpreta las reglas de la astrología judiciaria y natural que se refieren a los diversos cambios de las estrellas. El poema de Arato fue muy admirado tanto por griegos como por romanos; Cicerón lo tradujo al latín, e Higio, el amigo de Ovidio, escribió un comentario sobre él. En esa época la astrología estaba tan bien desarrollada como en su segundo período de prosperidad: el Renacimiento.

La astrología médica también había asegurado en esa fecha una posición definitiva. Hipócrates de Cos en su obra "De Aere, Aqua et Locis", que muestra la influencia de los pitagóricos, discute extensamente el valor de la astrología y sus pronósticos para todo el dominio de la medicina. En la escuela de medicina alejandrina la prognosis, diagnóstico e higiene astrológica pronto cubrió con su fértil crecimiento las enseñanzas científicas heredadas que habían sido probadas por la práctica. De esta forma creció el favor de las curas "astrológicas". Estas formas del arte de la curación no carecen de interés tanto por la historia de la sugestión como para la del error humano. Las enfermedades de los órganos corporales más importantes se diagnosticaban de acuerdo con la influencia del signo del zodiaco en ese momento, y se aplicaba un medicamento que actuaba por sugestión o era del todo ineficaz. En la división del zodíaco según su efecto médico sobre las diferentes partes del cuerpo, el primer signo que se tomaba era el carnero (Aries), que gobernaba la cabeza, y el último de la serie era el pez (Pisces) que controlaba la salud o las dolencias de los pies.

A medida que se hizo más fuerte el apetito de los griegos por la misteriosa sabiduría de la astrología, los astrólogos egipcios y caldeos continuamente extraían aún más tesoros místicos pero, al mismo tiempo, más dudosos de su inagotable almacén. La recién fundada ciudad de Alejandría, donde floreció la cultura helénica posterior, fue un centro para todos los astrólogos y practicantes de las artes ocultas. De vez en cuando aparecían libros aquí, que profesaban haber tenido su origen en los primeros días de la civilización egipcia, que contenían el conocimiento secreto sobre temas astrológicos y místicos. Estos escritos parecían satisfacer las aspiraciones por el ideal de los hombres comunes, pero todo lo que ofrecieron fue una masa caótica de teorías sobre astrología y adivinación, y cuanto menos se entendían, más se aplaudían.

En el Renacimiento se estudió con entusiasmo estas obras pseudocientíficas de la antigüedad. Baste aquí mencionar los libros de Nequepso-Petosiris, a los que los neoplatónicos consideraban la autoridad egipcia más antigua sobre astrología, pero probablemente fueron escritos en Alejandría alrededor de 150 a.C. Por ese mismo tiempo, con toda probabilidad, Maneto, un sacerdote y viajero egipcio mencionado por Ptolomeo, escribió sobre astrología. Con el fin de satisfacer las exigencias que surgieron, cada grado de los cielos en la astrología egipcia tardía fue asignado a alguna actividad humana especial y a alguna enfermedad. Además de esto, las "esferas celestes", que desempeñan un papel tan importante en la historia de la astronomía, se incrementaron a 54, e incluso a un número mayor, y de los cálculos astrológicos realizados a partir de los movimientos complicados de estas esferas se predijo el destino de los hombres y las naciones. Así surgió en la época clásica tardía la sphoera barbarica (esfera extranjera) que en la Edad Media también tuvo una influencia controladora sobre la astrología.

Era de esperar que los romanos prácticos y sobrios pronto estuvieran insatisfechos con las doctrinas místicas y enigmáticas de la astrología alejandrina. Cato pronunció advertencias contra la actividad engañosa de los caldeos que habían entrado a Italia junto con la cultura griega. En el año 139 a.C. el pretor Cneio Cornelio Hispalo expulsó a todos los astrólogos de Italia; pero regresaron, ya que incluso el pueblo romano no podía comenzar una empresa importante sin la ayuda y los auspicios. Solo es necesario recordar al hombre más grande de la antigua Roma, Julio César. Cicerón, que en su juventud había trabajado con la astrología, protestó vigorosa e infructuosamente en su obra "De Divinatione".

Por otro lado, el emperador Augusto creía en la astrología y la protegía. La primera obra romana sobre astrología fue dedicada a él; y esta fue la “Astronomica”, escrita alrededor de 45 a.C. por Marco Manilio, que probablemente era caldeo de nacimiento. En cinco libros, este poema da un resumen de la astrología del zodiaco y las constelaciones. El quinto libro está dedicado a la sphoera barbarica. Es un hecho curioso que el poema no abarca la astrología de los planetas. A pesar de los repetidos intentos de suprimirla, como en los reinados de Claudio y Vespasiano, la astrología se mantuvo en el Imperio Romano como una de las principales formas de cultura. Cuanto más se hundían los romanos en religión y moral, más se entrelazaba la astrología con toda acción y creencia. Bajo Tiberio y Nerón los dos astrólogos llamados Trasilo, padre e hijo, ocupaban altas posiciones políticas.

El astrónomo más distinguido de la antigüedad, Claudio Ptolomeo, también fue un astrólogo celoso. Su "Opus Quadripartitum, seu de apotelesmatibus et judiciis astrorum, libri IV" es uno de los principales tratados sobre astrología de épocas anteriores y es una descripción detallada de las enseñanzas astrológicas. Esta obra ocupó en astrología una posición tan importante como la que Megale Euntaxis del mismo autor (también llamada "Almagest"), ocupó en la ciencia de la astronomía antes de la aparición de la teoría copernicana. Es un hecho sorprendente que, en el segundo libro del "Opus Quadripartitum", Ptolomeo trató de relacionar las diferencias psíquicas y corporales de las distintas naciones con las condiciones físicas de sus tierras natales, y hacer que estas condiciones, a su vez , dependiesen de las posiciones de las estrellas. Los astrólogos romanos escribían sus manuales imitando a Ptolomeo, pero le añadían predicciones y fantasías místicas.

Después de la muerte de Marco Aurelio, los caldeos fueron siempre personajes importantes en la corte imperial. Tan tarde como en la época de Constantino el Grande, el notario imperial Julio Firmio Materno, quien más tarde se convirtió al cristianismo, escribió sobre "Matemáticas, o el poder y la influencia de las estrellas" ocho libros que fueron la principal autoridad en astrología hasta el Renacimiento. Con el derrocamiento del antiguo Imperio Romano y la victoria del cristianismo, la astrología perdió su importancia en los centros de la civilización cristiana en Occidente. El último astrólogo conocido del viejo mundo fue Juan Laurencio (a veces llamado Lido) de Filadelfia en Lydia, quien vivió en los años 490-565 d.C.

La Astrología bajo el Cristianismo

Desde el principio, la Iglesia cristiana se opuso firmemente a las falsas enseñanzas de la astrología. Los Padres exigieron enérgicamente la expulsión de los caldeos que causaban tanto daño al Estado y a los ciudadanos al emplear un misticismo fantástico para jugar con los impulsos indelebles de la gente común, mantener vivas sus concepciones paganas y fomentar un culto desconcertante que, con sus tendencias fatalistas, creaba dificultades en el discernimiento de lo correcto y lo incorrecto y debilitaba los fundamentos morales de toda conducta humana. En la Iglesia cristiana primitiva no había espacio para los seguidores de esta pseudo ciencia. El notable matemático Águila Póntico fue expulsado de la comunión cristiana alrededor del año 120 debido a sus herejías astrológicas. Los primeros cristianos de Roma, por lo tanto, consideraban a los astrólogos como sus enemigos acérrimos y, desafortunadamente, demasiado poderosos; y los astrólogos probablemente hicieron su parte al atizar las crueles persecuciones a los cristianos. Con la expansión del cristianismo, los astrólogos perdieron su influencia y reputación, y gradualmente se hundieron a la posición de simples charlatanes.

La conversión de Constantino el Grande puso fin a la importancia de esa llamada ciencia, que durante quinientos años había regido la vida pública de Roma. En 321 Constantino emitió un edicto que amenazaba de muerte a todos los caldeos, magos y sus seguidores. Entonces la astrología desapareció por siglos de las partes cristianas de la Europa occidental. Solo las escuelas de aprendizaje árabes, especialmente aquellas en España, después de que los moros conquistaron la península ibérica, aceptaron esta dudosa herencia de la sabiduría de los tiempos clásicos, y entre los árabes se convirtió en un incentivo para la investigación astronómica pura. Los eruditos árabes y judíos fueron los representantes de la astrología en la Edad Media, mientras que la Iglesia y el Estado en los países cristianos rechazaron y persiguieron esta falsa doctrina y sus tendencias paganas.

Desafortunadamente, al mismo tiempo se reprimió el desarrollo de la astronomía, excepto en la medida que era necesaria para establecer ciertos principios astronómicos necesarios y para calcular la fecha de la Pascua. Sin embargo, la primera leyenda cristiana distinguió entre astronomía y astrología al atribuir la introducción de la primera a los ángeles buenos y a Abraham, mientras que la segunda fue atribuida a Cam. En particular San Agustín (De civitate Dei, VIII, xix y en otros lugares) luchó contra la astrología y trató de prevenir su fusión con la ciencia natural pura.

Una vez más, Oriente preparó un segundo período de prosperidad para la astrología. Los judíos, poco después de ser empujados a Europa occidental, se ocuparon en cuestiones astrológicas, al ser estimulados a ello por el Talmud. Los eruditos judíos tenían, además, un conocimiento de las obras sobre astrología más importantes de la época clásica y se convirtieron en los maestros de los árabes. Estos últimos, luego de la rápida expansión del mahometismo en Asia occidental y África septentrional, y de su derrota en Europa occidental por Carlos Martel, comenzaron a desarrollar su propia civilización. Los libros místicos que aparecieron en la literatura judía después de la época del Talmud, es decir, los libros llamados "Sefer Zohar" y "Sefer Yezirah" (Libro de la Creación), están llenos de reglas de adivinación que tratan especialmente de significados y cálculos astrológicos. La alta reputación del Talmud y la Cábala entre los judíos en la Edad Media explica su afición a las especulaciones astrológicas; pero en una fecha muy temprana, se debe notar, ellos distinguían entre astronomía, “la ciencia de leer las estrellas”, y la astrología, “la ciencia de la adivinación”.

Caliph Al-Mansur, el constructor de Bagdad, fue un gran promotor del aprendizaje, al igual que su hijo, el famoso Harun-al-Rashid. Fue el primer califa en llamar a eruditos judíos a su alrededor para desarrollar en su Imperio el estudio de las ciencias matemáticas, especialmente la astronomía. En el año 777 el erudito judío Jacob ben Tarik fundó en Bagdad una escuela para el estudio de la astronomía y la astrología que pronto tuvo una gran reputación; entre los entrenados aquí estaba Alkendi (Al-Kindi), un astrónomo notable. Fue uno de los discípulos de Alkendi, Abumassar (Abu Mashar), de Bath en Chorassan, (n. c. 805) a quien la Edad Media consideraba como uno de los más grandes astrólogos árabes. Dado que los califas consideraban la astrología como la aplicación práctica de la astronomía, también eran astrólogos todos los astrónomos árabes y judíos más importantes que estaban vinculados a esa corte o que enseñaban en las escuelas árabes.

Entre los astrólogos judíos notables se puede mencionar a Sahl ben Bishr al-Israel (c. 820); Rabban al-Taban, el muy conocido cabalista y erudito talmúdico; Shabbethai Donalo (913-970), quien escribió un comentario sobre la astrología del "Sefer Yezirah" que Europa occidental luego consideró como una obra estándar; y por último, el poeta lírico y matemático judío Abraham ibn Ezrah. Entre los astrónomos árabes notables estaban Massah Allah Albategnio, Alpetragio y otros. La astrología árabe-judaica de la Edad Media siguió el camino indicado por Ptolomeo, y sus enseñanzas fueron aparentemente la base inamovible de toda actividad astronómica y astrológica. Al mismo tiempo, el "Opus Quadripartitum" del gran alejandrino se corrompió con sutilezas talmúdicas y se superpuso con significados místicos y alegóricos, que se tomaron principalmente de la creencia judía posterior al Talmud sobre los demonios. Este deterioro de la astrología no es sorprendente si tenemos en cuenta la fuerte tendencia de todas las razas semíticas al fatalismo y su creencia ciega en un destino inevitable, una creencia que conlleva la desmoralización espiritual. El resultado fue que cada búsqueda concebible de la humanidad, cada enfermedad y, de hecho, cada nación tenía un "regente celeste" especial, una constelación de posición definitivamente asignada a partir de la cual se dedujeron las profecías más atrevidas.

Hasta la época de las Cruzadas, los países cristianos en general se libraron de cualquier problema surgido de una astrología degenerada. Solo la astrología natural, cuya corrección pensó el campesino que había reconocido por experiencia, aseguró una base firme a pesar de la prohibición de la Iglesia y el Estado. Pero la influencia gradualmente creciente del aprendizaje árabe sobre la civilización de Occidente, que alcanzó su punto más alto en la época de las Cruzadas, fue inevitablemente seguida por la difusión de las falsas teorías de la astrología. Este fue un resultado natural de la fusión de las enseñanzas de la astronomía pura con la astrología en las sedes del aprendizaje de Mahoma. La difusión de la astrología también fue promovida por los eruditos judíos que vivían en tierras cristianas, ya que consideraban la astrología como una parte necesaria de sus estudios cabalísticos y talmúdicos. El célebre poema didáctico "Imago Mundi", escrito por Gautier de Metz en 1245, tiene un capítulo completo sobre astrología. Pierre d'Ailly, el destacado teólogo y astrónomo francés, escribió varios tratados sobre el tema.

La importancia pública de la astrología creció a medida que aumentaban los desórdenes internos de la Iglesia y disminuía el poder papal e imperial. Hacia el final de la Edad Media, casi todos los pequeños príncipes, así como todos los gobernantes de importancia, tenían a su astrólogo de la corte, de cuyas declaraciones ambiguas dependían a menudo la riqueza y la desgracia de todo el país. Una de tales personas era Angelo Catto, el astrólogo de Luis XI de Francia. El renacimiento del aprendizaje clásico trajo consigo un segundo período de prosperidad para la astrología. Entre los pueblos civilizados del período del Renacimiento, tan profundamente conmovidos por el fermento religioso, social y político imperante, la enseñanza astrológica que había salido a la luz con otros tesoros del antiguo aprendizaje helénico encontró muchos discípulos ardientes. La tendencia romántica de la época y su sensualidad altamente cultivada fueron condiciones que contribuyeron a colocar este arte en una posición mucho más alta que cualquiera que haya alcanzado en su anterior período de prosperidad. Los precursores del humanismo se dedicaron a la astrología, y pocos de ellos percibieron el peligroso efecto psíquico de sus enseñanzas sobre las masas. Hacia el final del siglo XIII, los florentinos emplearon a Guido Bonatti como su astrólogo oficial y, aunque Florencia se quedó sola a este respecto, fue apenas cien años después cuando la astrología entró en su curso triunfante y un Cecco d 'Ascoli ya era su devoto adherente.

En la época de Petrarca la cuestionable actividad de los astrólogos en las cortes italianas había hecho tal progreso que este perspicaz humanista (De remed. Utr. Fortun. I, iii, ss; Epist. Rer. Fam., III; 8, etc.) atacó una y otra vez a la astrología y sus representantes con los más agudas armas de su ingenio, aunque sin éxito, e incluso sin ningún resultado excepto las débiles objeciones de Villani y las aún más ineficaces polémicas de Salutato en su poema didáctico (De fato et fortunâ". Emperadores y Papas se convirtieron en devotos de la astrología: —los emperadores Carlos IV y Carlos V, y los Papas Sixto IV, Julio II, León X y Paulo III. Durante la vida de estos gobernantes la astrología era, por así decirlo, el regulador de la vida oficial; es un hecho característico de la época, que en las cortes papales e imperiales los embajadores no fuesen recibidos en audiencia hasta que se consultase al astrólogo de la corte. [[Johann Müller {Regiomontano]], el distinguido matemático bávaro, practicaba la astrología, la cual de ahí en adelante asumió el carácter de la profesión para ganarse el sustento, como tal no estaba por debajo de la dignidad de un intelecto tan elevado como Kepler. Así, la astrología se convirtió una vez más en la madre adoptiva de todos los astrónomos.

A juicio de los hombres del Renacimiento — y esta era la era de un Nicolás Copérnico — las investigaciones y teorías astronómicas más profundas solo eran rentables en la medida en que ayudaban al desarrollo de la astrología. Entre los celosos mecenas del arte estaban los Medici. Catalina de Medici popularizó la astrología en Francia. Ella erigió un observatorio astrológico para sí misma cerca de París, y su astrólogo de la corte fue el famoso "mago" Michel de Notredame (Nostradamus) quien en 1555 publicó su obra principal sobre astrología —una obra que todavía se considera autoritativa entre los seguidores de su arte. Otro hombre muy conocido fue Lucas Gaurico, el astrólogo de la corte de los Papas León X y Clemente VII, quien publicó una gran cantidad de tratados astrológicos. En Alemania, Johann Stöffler, profesor de matemáticas en Tübingen, Matthias Landenberg y, sobre todo, Philipp Melanchthon, eran celosos y distinguidos defensores de la astrología. En Pico della Mirandola (Adversus Astrologos libri XII) y Paolo Toscanelli la astrología encontró sus primeros antagonistas exitosos; luego en el Renacimiento Johann Fischart y el franciscano Nas estuvieron entre sus oponentes (Cf. Philognesius, Practicarum, Ingolstadt, 1571).

El encantador ensayo de Gabotto, "L'astrologia nel quattrocento" en "Rivisto di filosofia scientica", VIII, 378, ss., ofrece mucha información sobre la astrología en el siglo XV. "La fatalita nelle credenze del medio evo" de A. Graf (en "Nuovo Antologia", 3era. serie, XXVIII, 201, ss.) también es valiosa para la astrología en el punto de inflexión de la Edad Media. Algunos de los últimos astrólogos romanos, entre los cuales probablemente se encontraba Fírmico Materno, pensaron reformar la astrología idealizándola y elevando su tono moral. El mismo propósito animó a Paolo Toscanelli, llamado Maïstro Pagollo, un médico muy respetado por la piedad de su vida, que pertenecía al círculo erudito y artístico que se reunió alrededor del hermano Ambrosio Camaldulense en el Monasterio de los Ángeles. Había profesores especiales de astrología, además de los de astronomía, en las universidades de Pavía, Bolonia e incluso en la Sapienza durante el pontificado de León X, mientras que a veces estos astrólogos superaban a los astrónomos. Los tres centros intelectuales de astrología en el período más brillante del Renacimiento fueron Bolonia, Milán y Mantua. La obra de J. A. Campano, publicada en Roma en 1495, y a menudo comentada en, a saber, "Oratio initio studii Perugiae habita", arroja una clara luz sobre la falta de comprensión mostrada por los Padres de la Iglesia en su actitud hacia el fatalismo pagano. Entre otras cosas allí se dice: "Quanquam Augustinus, sanctissimus ille vir quidem ac doctissimus, sed fortassis ad fidem religionemque propensior, negat quicquam vel mali astrorum necessitate contingere".

En el Renacimiento la religión también estaba subordinada al dictado de la astrología. La hipótesis de una época astrológica del mundo para cada religión era ampliamente creída por los astrólogos italianos de la época, quienes obtuvieron la teoría de fuentes arabio-judaicas. Así se decía que la conjunción de Júpiter con Saturno permitió el surgimiento de la fe hebrea; la de Júpiter con Marte, la aparición de la religión caldea; de Júpiter con el sol, la religión egipcia; de Júpiter con Venus, el mahometismo; y de Júpiter con Mercurio, el cristianismo. En algún día futuro, la religión del anticristo habría de aparecer sobre la conjunción de Júpiter con la luna. Ejemplos extraordinarios de la glorificación de la astrología en Italia durante el Renacimiento son los frescos pintados por Miretto en la Sala della Ragione en Pavía, y los frescos en el palacio de verano de Borso en Florencia. Petrarca, además, a pesar de su antagonismo público a la astrología, no estuvo, hasta su mejor momento, completamente libre de su mancha. En este sentido, sus relaciones con el famoso astrólogo Mayno de Mayneri son significativas (Cf. Rajna, Giorn. Stor., X, 101, sq.).

Incluso el progreso victorioso del sistema de Copérnico no pudo destruir de inmediato la confianza en la astrología. Los más grandes astrónomos aún estaban obligados a dedicar su tiempo a hacer predicciones astrológicas en las cortes principescas en aras del lucro; Tycho Brahe hizo tales cálculos para el emperador Rodolfo II, y el mismo Kepler, el astrónomo más distinguido de la época, fue el astrólogo de la corte imperial. Kepler también se vio obligado a lanzar horóscopos para Wallenstein, quien luego cayó completamente bajo la influencia del alquimista y astrólogo Giambattista Zenno de Génova, el Seni del “Wallenstein” de Schiller. La influencia de la teoría copernicana, la guerra de las mentes iluminadas contra la sabiduría pseudo-profética y la creciente percepción del daño moral y psíquico causado por el engaño astrológico finalmente causaron una disminución en la fortuna de la astrología, y eso precisamente en la época de Wallenstein.

En el mismo período, el más famoso de los astrólogos ingleses, William Lilly de Diseworth, Leicestershire, aún estaban escribiendo tratados astrológicos; recibía una pensión de 100 libras del consejo de estado de Cromwell y, a pesar de algunos incómodos incidentes, tenía no poca influencia con Carlos II. Entre sus obras se encontraba una "Astrología Cristiana" frecuentemente republicada. Shakespeare (en King Lear) y Milton conocían y abogaban por las teorías astrológicas, y Robert Fludd era un representante del arte en la corte real. Es cierto que Francis Bacon buscaba ganar seguidores para una astrología purificada y reformada con el propósito de destruir la forma existente de ese arte. Fue Jonathan Swift quien dio el golpe mortal a la creencia en la astrología en la sociedad inglesa con su inteligente sátira, "Predicción para el año 1708 por Isaac Bickerstaff, Esq", que merece ser leída incluso en la actualidad.

El último astrólogo de importancia en el continente lo fue Jean-Baptiste Marin, quien publicó la "Astrologia Gallica" (1661). El muy mal entendido naturalista suizo Teofrasto Paracelso fue un oponente de la astrología, y no su defensor, como se infirió anteriormente a partir de los escritos erróneamente atribuidos a él. El rápido crecimiento de la investigación experimental en las ciencias naturales en aquellos países que habían sido casi arruinados social y políticamente por la Guerra de los Treinta Años desterró completamente de la sociedad a los parásitos astrológicos. Una vez más, la astrología cayó al nivel de una vulgar superstición, y jugó un lamentable papel entre las clases que todavía tenían fe en las artes ocultas. El campesino se aferró a su creencia en el astrólogo natural y el progreso del arte de la imprenta y la difusión de la educación popular contribuyeron en gran medida a esta creencia. Porque no solo se diseminaron entre los pobres de las zonas rurales los "almanaques de agricultores", que contenían información respaldada por la propia experiencia del campesino, sino que las imprentas también proporcionaron al campesino una gran masa de libros baratos y fáciles de entender que contenían muchas tonterías astrológicas fantásticas.

Los notables descubrimientos físicos de las últimas décadas, en combinación con el creciente deseo de una concepción filosófico-religiosa elevada del mundo y la sensibilidad intensificada del hombre culto moderno —todo esto ha provocado que la astrología emerja de su escondite entre las supersticiones fútiles. El crecimiento de las ideas ocultistas, que quizás no deberían rechazarse del todo, está reintroduciendo la astrología en la sociedad. Esto es especialmente cierto en el caso de la astrología judiciaria, que, sin embargo, al alentar constantemente los puntos de vista fatalistas perturba la creencia en una Divina Providencia. Actualmente la astrología judiciaria no está justificada por ningún hecho científico. Presentar la teoría de las ondas de éter como argumento para las afirmaciones astrológicas no está de acuerdo con los métodos de la ciencia sobria. La astrología judiciaria, por lo tanto, puede reclamar un lugar solo en la historia del error humano, mientras que, sin embargo, como hecho histórico, refleja mucha luz sobre el oscuro laberinto del alma humana.

La Astrología entre los Antiguos Judíos

La Biblia está libre de cualquier mezcla vil de delirios astrológicos. No hay ninguna razón para arrastrar el pasaje de Josué 10,12 a las discusiones histórico-astrológicas; los hechos relatados allí —el sol se detuvo en Gabaón y la luna en el valle de Ayyalón— son de interés puramente astronómico. Sólo unos pocos indicadores en el Antiguo Testamento sugieren que, a pesar de la prohibición divina (Éx. 22,17, Deut. 18,10, Lev. 19,26, etc.), los judíos pudieron haber practicado la astrología en secreto, junto con otras supersticiones, especialmente después de haber estado expuestos a la influencia de los errores egipcios y babilónicos. Los profetas advirtieron a la gente contra la influencia perniciosa de adivinos y soñadores (Jer. 29,8; Zac. 10,1-2), entre los que se incluía a los astrólogos. Así, en el libro de la Sabiduría (13,1-2) se dice: "Son vanos todos los hombres... quienes... al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, señores del mundo.”

Job, un escrito de importancia en la historia de la astronomía y nomenclatura de las estrellas, también está libre de fatalismo astrológico. Pero los judíos tenían una predisposición natural a ese fatalismo, y cuando el helenismo se asentó en la Tierra Santa fue acompañado por la propagación de la astrología, mayormente entre los eruditos, los "filósofos", a quienes incluso en una época temprana iba dirigido el pasaje en Sabiduría. Además, Isaías (47,13-14) se burla de los astrólogos babilonios (“Que te salven los que describen los cielos, los que observan las estrellas... serán como tamo que el fuego quemará”), y Jeremías (10,2) exclama: "ni de los signos celestes os espantéis. ¡Que se espanten de ellos los gentiles!"

Sin embargo, después del Exilio la astrología se extendió tan rápidamente, sobre todo entre las clases educadas de Israel, que ya para la época helenística existía una literatura astrológica judía que mostraba una fuerte influencia persa-caldea. Los profetas habían sido adversarios de la astrología y de una recaída en el fatalismo. Si, cuando ellos profetizaban sobre los grandes acontecimientos por venir, la contemplación de la naturaleza y en especial de las estrellas los llenó de entusiasmo simpático, debido a su inspiración poética y al poder del don de profecía, esto no tiene nada que ver con la astrología. Por otra parte, no parece imposible que en el tiempo de Daniel los exiliados judíos practicasen la astrología. A juzgar por Daniel, 5,7.11, es posible que el profeta mismo ocupase un alto rango entre los astrólogos de la corte de Babilonia.

Después del Exilio se hizo un intento por separar la astrología de la hechicería y de las artes mágicas prohibidas, al negar que la bíblica prohíbe directamente la astrología y al pretender encontrar estímulo para tales especulaciones en Génesis 1,14. Es un hecho característico que en el antiguo Israel la astrología no recibió ningún estímulo directo, sino que su propagación se asoció con la recaída de muchos judíos en el antiguo culto semita a las estrellas que fue ayudado por la influencia persa-caldea. Jeremías es un testigo de esto (7,18; 19,13; 44,16-19.25). Coincidente con la difusión de la astrología antigua en el antiguo Israel y la decadencia de la nación fue la difusión de la demonología. Las oraciones judías a los planetas, en la forma en que se conservan con otras en el Códice de París, 2419 (folio 277r), entró en existencia en el momento en que el helenismo floreció por primera vez en Oriente, a saber, los siglos III y II a.C. En estas oraciones se asignaban ángeles y demonios especiales a los diferentes planetas; el planeta más grande y poderoso, Saturno tenía sólo un ángel, Ktetoel, y un demonio Belcebú. Estos demonios planetarios regulaban el destino de los hombres.

El testimonio más notable de las supersticiones astrológicas en la era de la decadencia de Israel es el apócrifo "Libro de los Secretos de Enoc", que, a pesar de sus fantasías desconcertantes, es un rico tesoro de información relativa a los problemas cosmológicos y puramente astronómicos en el Oriente helénico. Un escritor samaritano dijo que el autor de “Enoc” fue el descubridor de la astronomía, y el libro contiene valiosas explicaciones respecto a la astronomía y la astrología en la época de la dinastía macabea. Las evidencias de la demonología astrológica en el antiguo Israel, cuando la nación se vio afectada por el helenismo y la decadencia de Babilonia, se encuentran en la última parte del "Libro de los Secretos de Enoc" —"el Libro del Curso de las Luces del Cielo"— como también previamente en la cuarta sección que trata de las errancias de Enoc "a través de los lugares secretos del mundo." Este último es quizás el arquetipo de la “Divina Comedia” de Dante. De acuerdo con el "Libro de Enoc" La raza humana derivó su conocimiento de la astrología y de las "hechicerías lunares", junto con todas las otras formas de magia, a partir de los siete u ocho espíritus de los cuales proceden los principales pecados de la humanidad (Enoc, i, 8 ). Por otra parte, cabe destacar que el "Libro de Enoc" debe ser considerado como un testigo de la profecía nacional judía. No demuestra la influencia del helenismo en tal grado como lo hacen los versos de los "oráculos sibilinos", los cuales fueron registrados en el antiguo dialecto jónico durante el reinado de Ptolomeo Fiscón (145-112 a.C.) por los eruditos judíos en Egipto, y probablemente en una fecha posterior en la propia Tierra Santa.

La demonología astrológica de los judíos era continuamente alimentada por las fuentes egipcias y babilónicas, y formó a su vez la base para la astrología de ciertas sectas neoplatónicas. Junto con la astrología parsi, fue la base de la demonología astrológica de los gnósticos y priscilianos. La influencia del judaísmo helenístico también es claramente visible en el sistema filosófico de los harranitas o sabeos. Sólo es necesario mencionar aquí el alto honor pagado por los sabeos a los siete dioses planetarios que regulan el destino del hombre. De acuerdo con la creencia de los sabeos, cada planeta está habitado por un espíritu como la estrella-alma, y el desciframiento de las figuras de la conjunción y oposición de los planetas hacía posible la predicción del destino futuro.

Otros elementos de la astrología judaica tardía fueron adoptados por el primer escritor cristiano sobre astrología conocido, el astrólogo de la corte bizantina, Hefestión de Tebas. El poema astrológico didáctico de Johan Kamteros (alrededor de mediados del siglo XII), que fue dedicado al emperador bizantino Manuel I, parece haber sido extraído de fuentes judeo-gnósticas. Es un hecho sorprendente que, dado que "la astrología demonizada" ganó terreno en el antiguo Israel —y esta fue una rama de la astrología en gran aceptación entre los estudiosos judíos de la época de los Ptolomeos, y muy practicada por ellos— el culto a las estrellas aventuró una vez más a mostrarse abiertamente. No fue hasta la aparición del cristianismo que fueron barridas las absurdas, y, en parte, patológicamente degeneradas enseñanzas de la astrología judaica.

Cuanto más se hundió la nación judía en la escala de la religión y la civilización mayor fue el poder adquirido por las doctrinas erráticas de la astrología y la acompañante creencia en la demonología. Las obras terrenales del Salvador purificaron este ambiente nocivo. El Nuevo Testamento es el oponente de la astrología, la cual, mediante el fomento de un fatalismo apático, impide el desarrollo de una confianza creciente y fuerte en la Divina Providencia. La astronomía no puede identificar la “Estrella de los Sabios” (Mt. 2,2.7.9 ss.); quizás, según Ideler (Handbuch der mathemat. Und techn. Chron.) se denota la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno. Pero esta hipótesis, que sería de una importancia decisiva en para fijar el año del nacimiento de Cristo, aún carece de pruebas convincentes. Encuentra un apoyo curioso en el comentario de Abrabanel que, según los astrólogos judíos, una conjunción de Júpiter y Saturno era una señal del Mesías. Sin embargo, debe seguir siendo cuestionable si y en qué medida una predicción de los astrólogos judíos, o Kere schamajim, se ha de considerar como realizada en la "Estrella de los Magos" (Mt. 2,2 etc.).

Los primeros heraldos del cristianismo, los doce apóstoles, de inmediato comenzaron una audaz guerra contra el vicioso crecimiento de la superstición. También se enfrentaron con la propensión de la gente hacia la astrología y en su lugar plantaron en los corazones de los hombres la creencia en el poder y la bondad de Dios. Apoyados por las enseñanzas de las Escrituras, los Padres de la Iglesia se convirtieron en poderosos oponentes de la astrología y atacaron decididamente la desconcertante y desmoralizante influencia de sus devotos. Por lo tanto, se justifica la afirmación de que el Libro se mantuvo libre de la mancha de la ilusión astrológica. La pasión por la astrología mostrada por el decadente judaísmo, y conservada en la Biblia, es solo una prueba más de la propensión de las naciones semitas por las supersticiones fatalistas y del poder purificador y victorioso de la ética del cristianismo.

Se puede consultar la monumental obra de Campbell Thompson, “The Reports of the Magicians and Astrologers of Nineveh and Babylon" (Londres, 1902), para los valiosos hechos que arrojan luz sobre la dependencia de la astrología de los antiguos judíos de la de Babilonia. "Una rama especial de la astrología que se cultivaba celosamente en Babilonia era la astrología médica, o el pronóstico astrológico de la enfermedad." La astrología médica es importante respecto a la cuestión de la astrología en la Biblia. Fue favorecida en gran medida por la propagación del tratamiento empírico de la enfermedad entre los astrólogos. La Biblia misma da muy poca información referente a esta forma de la ciencia, pero fuentes judías subordinadas, sobre todo el Talmud permiten sacar conclusiones en cuanto a su importancia. La astrología médica, derivada de fuentes arabio-judías, volvió a florecer en la época del Renacimiento. Sus representantes profesionales eran llamados entonces “latromatemáticos”, por el modo matemático de llegar a conclusiones en su “arte de sanar”. [Cf. Karl Sudhoff, Jatromathematiker, vornehml. des XV. und XVI. Jahrhund., in Abhand. zur Gesch. der Medizin (Breslau, 1902), pt. II; Wilh. Ebstein, Die Medizin im Alten Testament (Stuttgart, 1901); Gideon Precher, Das Tranzendentae, Magie im Talmud (Vienna, 1850); Trasen, Sitten der alten Hebräer (Breslau, 1853).]

Principalmente en relación con la astrología médica, los babilonios distinguían entre un método de cálculo esférico (desde el punto de vista del observador a las estrellas, es decir, subjetivamente), y un método cósmico (desde la posición relativa de las estrellas, es decir, objetivamente). El primero se utilizaba en el pronóstico obtenido a partir de la observación de las doce casas de los cielos; el segundo, en el obtenido a partir de los doce signos del zodíaco.


Fuente: Jacobi, Maximilian. "Astrology." The Catholic Encyclopedia. Vol. 2, págs. 18-25. New York: Robert Appleton Company, 1907. 23 Mar. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/02018e.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina