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Lunes, 22 de julio de 2019

Saba y Sabeos

De Enciclopedia Católica

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Esta Sabá (Sheba) no debe ser confundida con Seba en Etiopía de Isaías 43,3; 45,14. Esta se encuentra en Jôf de la Arabia del sur cerca de 200 millas al noroeste de Aden. La Biblia menciona a los sabeos como un pueblo distante (Joel 4,8), famosos comerciantes (Ezequiel 27,22-23; 38,13; Job 6,19); que exportaban oro (Is. 60,6; Sal. 72(71),15; Ez. 38,13), piedras preciosas (Ez. 27,22), perfumes (Jeremías 6,20), incienso (Is. 60,6) y quizás esclavos (Joel 4,8) y practicaban el bandidaje. Las genealogías del Génesis los relaciona ahora con Dedán, como hijos de Ramá (10,7; cf. 1 Crón. 1,9) y de Yoqsán (25,3; cf. 1 Crón. 1,32), ahora con Asarmot (Jasarmávet), como hijos de Yoqtán (10,26-28, cf. 1 Crón. 1,20-22). Estos detalles indican a dos Sabás, una en el sur contigua a Hadhramot, otra en el norte cerca de Taima (Job 1,15; 6,19) y El 'Ela (cf. "Comptes rendus de l'académie des Inscriptions" etc., junio 1910); pero todavía no se puede decidir cuál fue el hogar original de los sabeos. Hommel de hecho la ubica en el norte, cerca del Dedán idumeo, y la identifica con Aribi-Yareb (cuyas reinas figuran en las inscripciones asirias), con la Sabá, cuya reina visitó a Salomón (1 Rey. 10), la que es probablemente mencionada como tributaria a Tiglatpileser III (745-27 a.C.), y cuyo gobernante, Itamara, pagó tributo a Sargón en el 715 a.C. Según Glaser, de ahí los sabeos se movieron hacia el sur en el siglo VIII o IX y establecieron su reino sobre las ruinas del poder de Minae. Esta teoría es plausible y resuelve la dificultad de 1 Reyes 10; pero la identificación de Sabá con Aribi-Yareb es arbitraria, y toda la presente evidencia desaprueba la existencia de reyes en Sabá hasta mucho después. Sargon, que ostentaba el título de rey sobre sus tributarios, se los deniega a Itamara, la Yetamara de las inscripciones sabeas, y estas inscripciones apuntan a un largo período de gobierno por parte de Mukarribs (sacerdotes-reyes), diez de cuyos nombres se han preservado.

Su capital fue Çirwah. Las autoridades concuerdan en datar su gobierno hacia el comienzo del siglo X a.C., y en hacer el advenimiento de los reyes contemporáneo con la destrucción del reino de Minae. Aquí el acuerdo cesa. Glaser, por ejemplo, ubica a los reyes sabeos desde 820, Müller desde 750, y ellos ciertamente no pueden ser ubicados con posterioridad a 500 a.C., ya que por lo menos diecisiete de ellos reinaron antes de 115 a.C., fecha en que comenzó una nueva era. Los himayaritas (homeritas de la geografia clásica) derrocaron ese año al Reino de Saba, y fundaron el “Reino de Sabá y Raidân". En 25 a.C. el ejército de Aelio Gallo fracasó miserablemente ante las murallas de Marib, la capital Sabea. Alrededor del 300 d.C. los cada día más numerosos inmigrantes abisinios derrocaron a la dinastía himyarita e inauguraron el “Reino de Sabá, Raidan, Hadhramôt, y Yemen", el que, después de ceder el lugar por un tiempo al reino judeo-sabeo y a una violenta persecución religiosa (cf. Pereira, "Historia dos Martyres de Nagran", Lisboa, 1899) fue restablecido por la intervención bizantina en 525. Tras la ruta del virrey Abraha a la Meca en 570, los persas aprovecharon su oportunidad, y la Arabia del sur se convirtió en una provincia persa hasta su incorporación al Islam.

Los descubrimientos modernos confirman los relatos clásicos y bíblicos de la prosperidad sabea. La tierra está cubierta por ruinas de fortalezas y ciudades amuralladas, de templos y obras de irrigación. La más famosa de las inmensas represas es la de la capital, Marib, que prestó servicio, tras repetidas restauraciones, hasta el siglo VI d.C. Gracias a la irrigación, la agricultura floreció. El oro también abundaba, así como la plata y especias preciosas. El bandidaje reforzaba los productos naturales. Pero la principal fuente de riqueza era la ruta de comercio desde la India hasta Egipto y el norte de Siria, que pasaba por la capital sabea (cf. Müller, "Der Islam im Morgen- und Abendland", I, 24 ss.). Por lo tanto, cuando en el siglo I d.C., los Tolomeos cambiaron la ruta de Sud Arabia por un camino directo desde Alejandría hacia Egipto, comenzó la declinación de la prosperidad sabea. Así la explosión de la represa de Marib fue la consecuencia y no la causa de la desintegración de las tribus sabeas, como pretende la leyenda árabe.

El sistema de gobierno sabeo Sabea parece haber estado basado en un sistema feudal. Parece que dos reyes compartían el poder supremo, pero la monarquía no era hereditaria, y a la muerte del rey pasaba al primer varón nacido durante el reinado entre una de las familias principales. Las cabezas de esas familias compartían con el rey el derecho exclusivo de autorizar la construcción de castillos, e incluso eran llamados los reyes de sus propias tribus. De los otros magistrados, por ejemplo, los magistrados epónimos, sabemos poco más que sus nombres. Parece haber prevalecido entre ellos un amplio principio de igualdad individual; los extranjeros eran admitidos como clientes; los esclavos abundaban. Parece que las mujeres disfrutaban de iguales derechos que sus consortes y son llamadas a veces “señoras del castillo”. Prevalecía el concubinato, pero no la poligamia. El arte sabeo en ciertos aspectos ha merecido una gran alabanza, pero carece de originalidad y delata en diferentes períodos la influencia de las civilizaciones circundantes. Las monedas, con la cabeza del rey con un búho en el reverso, son a veces de fina mano de obra (cf. Schlumberger, "Le trésor de San'a Daris", 1880). La primera data del siglo V a.C. Muchos escritores recientes le atribuyen a los sabeos el invento del alfabeto semita.

El dios supremo de Saba era Il-Mukah, al cual se le unía en una capacidad inferior de esposa o hija, la diosa del sol Shamsh. Otras deidades eran Athatr, la estrella de la mañana o el atardecer, Ta'lab, "Patron de Riyâm", Haubas, Rammâm, y otros nombres que pueden ser meramente epítetos del dios luna. La íntima afinidad y la sumisión hacia la deidad es la característica de la religión sabea. Las inscripciones conmemoran gratitud por éxitos en las armas, “muertes premeditadas”, salud, preservación, retornos a salvo, botines y ricas cosechas. Los adoradores se ofrecían a sí mismos y a sus hijos a los dioses, registraban sus votos y atestiguaban su cumplimiento. Los exvotos consistían en imágenes doradas del objeto, y un rey llegó a dedicar hasta treinta estatuas (¿doradas?) en una ocasión.

Sólo podemos hacer una breve alusión a la influencia predominante que algunos eruditos le atribuyen a la Arabia del Sur en la formación de las instituciones mosaicas. Se pone especial énfasis en el origen árabe del nombre divino y de muchos términos religiosos, en el escrúpulo de los árabes acerca del uso del nombre divino, su designación de sacerdotes como levitas, sus leyes de pureza ceremonial, su culto sin imágenes, sus ofrendas por los pecados, etc., especialmente cuando son miradas a la luz de los antepasados de Abraham, y de la íntima relación de Moisés con Madián. Sin embargo, aparte del hecho de que la cuestión pertenece al problema mineo en lugar del sabeo, el material disponible al presente (1912) no garantiza ninguna solución probable a la cuestión.


Bibliografía: Geógrafos clásicos: GLASER, Skizze der Geschichte u. Geographic Arabiens (Berlín, 1890). Geógrafos árabes: vea especialmente Müller, Die Burgen u. Schölsser Südarabiens nach dem Iklîl des Hamdani (Viena, 1879). Sabean Inscriptions: Corpus inscr. Semit., IV (París, 1889); HOMMEL, Südarabische Chrestomathie (Munich, 1892); MULLER and MORDTMAN, Sabäische Denkmäler (Viena, 1883); MULLER, Sudarabische Alterthumer im Kunsthistorische Hofmuseum (Viena, 1889). Reference General: HOMMEL, Aufsätze u. Abhandlungen (Munich, 1892); WEBER, Arabien vor dem Islam (Leipzig, 1901); Idem, Studien zur Sudarab. Altertumskunde, I-III (Berlin, 1901-7); GRIMME, Mohammed (Munster, 1895); KÖNIG, Fünf neue Landschaftenamen im a. Test. (Berlín, 1902); HARTMANN, Der islamische Orient, II (Leipzig, 1909); HASTINGS, Dict. of the Bible. Para el aspect bíblico: HOMMEL, Ancient Hebrew Tradition (Nueva York y Londres, 1897); IDEM en HILPRECHT, Explorations in Bible Lands (Edimburgo, 1903), 741-52; LANDSDORFER, Die Bibel u. die südarab. Altertumsforschung (Munster, 1910); GRIMME in Zeitschrift der morgenländischen Geschichte, LXI, 3S ss. Sabaean Religion: NIELSEN, Die altarab. Mondreligion (Estrasburgo, 1904); IDEM, Der Sabäische Gott Il-Mukah (Leipzig, 1910). Exploraciones Modernas: HOMMEL en Hilprecht, op. cit., 697-726; WEBER, Forschungsreisen in Südarabien bis zum Auftreten Glasers (Leipzig, 1906); IDEM, E. Glasers Forschungsreisen in Südarabien (Leipzig, 1908).

Fuente: Hartinger, J.A. "Saba and Sabeans." The Catholic Encyclopedia. Vol. 13, pp. 285-286. New York: Robert Appleton Company, 1912. 9 Oct. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/13285c.htm>.

Traducido por Luis Alberto Álvarez Bianchi