Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Sábado, 20 de abril de 2019

Papa Julio II

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar

(GIULIANO DELLA ROVERE).

Nació el 5 de diciembre de 1443, en Albissola cerca de Savona; coronado el 28 de noviembre de 1503; falleció en Roma, en la noche del 20-21 de Febrero de 1513. Nació de una probablemente noble pero empobrecida familia, su padre fue Rafael della Rovere y su madre, Teodora Manerota, una dama de extracción griega. Siguió a su tío Francisco della Rovere a la Orden Franciscana, y fue educado bajo su tutelaje en Perugia. Con la elevación de su tío al papado como Sixto IV el 9 de agosto de 1471, comienza la carrera pública de Giuliano. El 15 de diciembre de 1471, fue creado Cardenal Sacerdote de San Pedro en Vincoli, y por lo tanto literalmente abrumado con beneficios, aunque durante la vida de Sixto IV nunca tuvo una participación prominente en la diplomacia eclesiástica. Ocupó las sedes episcopales de Carpentras (1471-2), Lausanne (1472-6), Catania (1473-4), Coutances (1476-7), Mende (1478-83), Viviers (1477-9), Sabina (1479-83), Bologna (1483-1502), Ostia (1483-1503), Lodève (1488-9), Savona (1499-1502), Vercelli (1502-3), y la Sede del Arzobispado de Avignón (1474-1503). Además era Abad comendador de Nonantola, Grottaferrata, y Gorze, y cobraba las rentas de otros varios beneficios eclesiásticos. Estos grandes ingresos, sin embargo, no eran gastados por él en vana pompa y disipación, como era la costumbre de muchos eclesiásticos de aquellos tiempos. Giuliano era patrocinador de las bellas artes, y gastaba la mayor parte de su dinero superfluo en la erección de magníficos palacios y fortalezas. Sin embargo su temprana vida privada estuvo lejos de ser inmaculada, como está suficiente atestiguado por el hecho de que antes de convertirse en papa fue padre de tres hijas, la más conocida de las cuales, Felice, entregó en matrimonio a Giovanni Giordano Orsini en 1506.

En junio de 1474, Giuliano fue enviado a la cabeza de un ejército para restaurar la autoridad papal en Umbría. Tuvo éxito en reducir a Todi y Spoleto pero para el sojuzgamiento de Citth di Castello necesitó de la ayuda del Duque Federico de Urbino. En febrero de 1476, fue enviado como delegado a Francia para regularizar los asuntos de su Arquidiócesis de Aviñón, y probablemente para oponerse al concilio que Luis XI intentaba convocar en Lyon. En 1480 fue enviado como delegado a los Países Bajos y Francia para lograr tres cosas, viz. para solucionar la disputa concerniente a la herencia Burgundiana entre Luis XI y Maximiliano de Austria, para obtener la ayuda de Francia contra los Turcos, y para lograr la liberación del Cardenal Balue a quien Luis XI había tenido en custodia estricta desde 1469 a causa de actos traicioneros. Después de completar exitosamente su misión volvió a Roma al comienzo de 1482, acompañado por el liberado Cardenal Balue. En ese momento estaba precisamente irrumpiendo una guerra entre el papa y Venecia por un lado y Ferrara por la otra. Giuliano hizo varios intentos por restaurar la paz, y fue probablemente instrumental en la disolución de la alianza Veneto-Papal el 12 de diciembre de 1482. También protegió a la familia Colonna contra la cruel persecución del Cardenal Girolamo Riario en 1484. Después de la muerte de Sixto IV el 12 de Agosto de 1484, Giuliano jugó un papel vergonzoso en la elección de Inocencio VIII. Viendo que sus propias chances para el papado eran extremadamente magras, empeñó todos sus esfuerzos en asegurar la elección de un papa que fuera más bien un títere en sus manos. Vio a tal persona en el débil e irresoluto Cardenal Cibo, quien debía su cardenalato a Giuliano. Para lograr la elección de su candidato no tuvo escrúpulos en recurrir al soborno. Cibo ascendió al trono papal como Inocencio VIII el 29 de agosto de 1484, y fue grandemente influenciado durante los ocho años de su pontificado, por el fuerte y enérgico Giuliano. La guerra que estalló entre el papa y el Rey Ferrante de Nápoles debe ser atribuida principalmente a Giuliano, y fue también debido a él que no llegara a una conclusión más temprana.

Después de la muerte de Inocencio VIII el 25 de julio de 1492, Giuliano nuevamente aspiró al papado pero su gran influencia durante el pontificado de Inocencio y su pronunciada simpatía por Francia lo había hecho odioso a los cardenales. Era lo suficientemente inteligente para comprender la situación. Estaba, sin embargo, poco dispuesto a ver que la tiara fuera al Cardenal Rodrigo Borgia, no porque este último fuese un candidato inmerecido, sino debido a su personal aversión hacia los Borgia. A pesar de los esfuerzos de Giulano en contrario, Rodrigo Borgia fue el candidato exitoso, y ascendió al trono papal como Alejandro VI el 11 de agosto de 1492. Temiendo por su seguridad en Roma, Giuliano se retiró hacia su fortificado castillo en Ostia hacia fines de 1492. Una aparente reconciliación entre Alejandro VI y Giuliano tuvo efecto en julio de 1493, pero Giuliano no confió en la sinceridad del papa y huyó vía Génova a la corte de Carlos VIII de Francia, a quien indujo a hacer una expedición a Italia con el propósito de destronar a Alejandro VI. Giuliano acompañó al rey en su expedición, pero mediante liberales concesiones Alejandro ganó a Carlos para su bando. En el tratado concertado entre ellos, se estipulaba que Giuliano permanecería en posesión de todas sus dignidades y beneficios, y se la garantizaría una segura y pacífica residencia en Roma. Giuliano, sin embargo, aún temía las maquinaciones secretas de Alejandro y regresó a Francia. Otra aparente reconciliación tuvo lugar en junio de 1497, cuando Giuliano asistió al papa en los asuntos matrimoniales de Cesar Borgia. Pero la desconfianza de Giuliano hacia Alejandro subsistía. Se evadió de Roma, pasando la mayor parte de su tiempo en Francia e Italia Septentrional.

Después de la muerte de Alejandro el 18 de agosto de 1503, volvió a Roma el 3 de septiembre para tomar parte de la elección del nuevo papa. Fue nuevamente un fuerte candidato para el papado, pero su gran ambición no sería todavía realidad. El enfermo y viejo Francisco Piccolomini ascendió al trono papal como Pío III, pero murió el 18 de octubre de 1503, después de un reinado de solamente veintiséis días. La chance de Giuliano de ser elegido no fue entonces mejor que en cualquier otra elección previa. Para asegurarse su suceso hizo grandes promesas a los cardenales y no hesitó en emplear el soborno. El cónclave comenzó el 31 de octubre y después de unas pocas horas los cardenales unieron sus votos en Giuliano, quien como papa tomó el nombre de Julio II. Fue el cónclave más corto en la historia del papado. En la capitulación precedente a la elección los cardenales aseguraron los siguientes términos: (1) la continuación de la guerra contra los Turcos; (2) la restauración de la disciplina eclesiástica y la convocatoria a un concilio con ese propósito dentro de los dos años; (3) que no se llevara a cabo guerra con ninguna otra nación sin el consentimiento de los dos tercios de los cardinales, quienes serían consultados sobre todos los temas importantes, especialmente en lo concerniente a la creación de nuevos miembros para el Sagrado Colegio; (4) que el papa con dos tercios de los cardenales determinarían el lugar de próximo concilio general. Tal ilegal restricción a los derechos papales, no lo podría tolerar papa alguno, menos aún el impaciente, irascible, ambicioso y guerrero Julio II, cuya valiente y abrumadora presencia le ganó el epíteto de pontífice terribile. El principal objetivo que vio en su pontificado fue el firme establecimiento y extensión del poder temporal. Para el logro de este objetivo ningún papa fue nunca más adecuado que Julio, cuya naturaleza y circunstancias habían tallado para soldado.

Venecia fue la primera en sentir la fuerte mano de Julio II. Con la excusa de humillar a Cesar Borgia, a quien Alejandro VI había hecho Duque de la Romagna, los venecianos habían reducido varios lugares en la Romagna a su propia autoridad. La Romagna era territorio eclesiástico, y cada una de sus ciudades que fue agregada a la república Veneciana fue perdida por el papado. Julio, por lo tanto, ordenó a Cesar Borgia a rendir los lugares fortificados de la Romagna a sus propias manos. Cesar Borgia se rehusó y fue arrestado por orden del papa. Venecia sin embargo, obstinadamente se rehusó a devolver las ciudades que había tomado previamente. Se alcanzó un acuerdo temporario en marzo de 1505, cuando Venecia restauró la mayor parte de sus conquistas en la Romagna. Mientras tanto se estaban cocinando problemas en Perugia y Bologna, dos ciudades que pertenecían a los Estado Papales. En Perugia los Baglioni y en Bologna los Bentivogli estaban actuando como déspotas independientes. La guerrera personalidad de Julio II dirigió personalmente la campaña contra ambos, poniéndose a la cabeza de su ejército el 26 de agosto de 1506. Perugia se rindió sin ningún derramamiento de sangre el 13 de septiembre y el papa procedió hacia Bologna. El 7 de octubre emitió una Bula deponiendo y excomulgando a Giovanni Bentivoglio y colocando a la ciudad bajo interdicto. Bentivoglio huyó, y Julio II entró triunfalmente en Bologna el 10 de noviembre. No dejó la ciudad hasta el 22 de febrero de 1507, arribando nuevamente a Roma el 27 de marzo. Los venecianos mientras tanto continuaban manteniendo Rimini y Faenza, dos importantes lugares en la Romagna: ellos más aún usurpaban los derechos papales, cubriendo las sedes episcopales vacantes en sus territorios independientemente del papa, y sometían al clero a los tribunales seculares y de muchos otros modos faltaban el respeto a la jurisdicción eclesiástica de Julio II. Incapaz de enfrentar solo a la poderosa República de Venecia, renuentemente se unió a la Liga de Cambrai el 23 de marzo de 1509. Esta Liga había sido formada por el Emperador Maximiliano I y Luis XII de Francia, principalmente con el objetivo de forzar a Venecia a devolver sus conquistas continentales recientes a sus dueños originales. El 27 de Abril de 1509, Julio II puso a Venecia bajo interdicto y despachó sus tropas hacia la Romagna. Venecia era demasiado débil para luchar contra las fuerzas combinadas de la Liga, y sufrió una derrota completa en la batalla de Agnadillo el 14 de mayo de 1509. Los Venecianos estuvieron entonces listos para entrar en negociaciones con Julio II, quien se retiró de la Liga y liberó a los Venecianos de la proscripción del 24 de Febrero de 1510, después de que ellos acordaron sobre los siguientes términos: (1) devolver las ciudades en disputa en la Romagna; (2) renunciar a sus reclamos de cubrir los beneficios vacantes; (3)reconocer los tribunales eclesiásticos para el clero y eximirlo de impuestos; (4) revocar todos los tratados hechos con las ciudades papales; (5) permitir a los súbditos papales libre navegación en el Adriático.

Julio II fue entonces nuevamente el supremo amo temporal sobre todos los Estados Pontificios, pero su orgullo nacional se extendía más allá del Patrimonio de San Pedro. Su ambición era liberar a la Italia completa de su sujeción a los poderes foráneos, y especialmente liberarla del amenazante yugo de Francia. Sus esfuerzos para obtener la ayuda del emperador Maximiliano, Enrique VIII de Inglaterra y Fernando de España se probaron fútiles por el momento, pero los suizos y los venecianos estaban dispuestos a tomar su lugar contra los franceses. Julio II inauguró las hostilidades deponiendo y excomulgando su vasallo, el Duque Alfonso de Ferrara, quien apoyaba a Francia. Luis XII contraatacó convocando un sínodo de obispos Franceses en Tours en Septiembre de 1510, donde fue decretado que el papa no tenía derecho a hacerle la guerra a un príncipe extranjero, y, en caso que llevara a cabo tal guerra, el príncipe extranjero tenía el derecho de invadir los Estado Eclesiásticos y apartar a sus súbditos de su obediencia al papa. El sínodo también amenazó al papa con un concilio general. Sin tomar en cuenta este sínodo, Julio nuevamente asumió el comando personal de su ejército y fue hacia la Italia del Norte. En Bologna cayó severamente enfermo, y probablemente habría sido capturado por los franceses de no haber sido por la oportuna aparición de los venecianos. Se había escasamente recobrado, cuando, enfrentando la inclemencia del tiempo, marchó contra Mirandola a la que tomó el 20 de enero de 1511. El 23 de mayo de 1511, los Franceses bajaron sobre Bologna, a la que Julio II había dejado nueve días antes, echaron a las tropas papales y reinstalaron a los Bentivogli.

Algunos de los cardenales estaban disconformes con la política anti Francesa del papa, y cinco de ellos fueron tan lejos como para convocar un concilio cismático en Pisa el 1 de septiembre. Estaban apoyados en su cisma por el Rey de Francia y por algún tiempo también por el Emperador Maximiliano. El papa buscó entonces ayuda de España, Venecia e Inglaterra, pero antes de completar las negociaciones con esos poderes él cayó peligrosamente enfermo. Desde el 25 al 27 de agosto de 1511, su estado fue desesperante. Fue durante esta enfermedad de Julio II que el Emperador Maximiliano concibió el fantástico plan de unir la tiara con la corona imperial sobre su propia cabeza (ver Schulte, "Kaiser Maximilian als Kandidat für den papstlichen Stuhl", Leipzig, 1906; y Naegle, "Hat Kaiser Maximilian I in Jahre 1507 Papst werden wollen" en "Historisches Jahrbuch", XXVIII, Munich, 1907, pp. 44-60, 278-305). Pero Julio II se recobró el 28 de Agosto, y el 4 de Octubre fue formada la así llamada Santa Alianza con el propósito de liberar a Italia de los designios de Francia. En el comienzo la Alianza incluía solamente al papa, los venecianos y España, pero Inglaterra se le unió el 17 de noviembre, y fue pronto seguida por el emperador y por Suiza. Bajo el liderazgo del brillante Gaston de Foix los Franceses fueron al principio exitosos, pero tras su muerte, tuvieron que ceder a las fuerzas superiores de la Alianza, y, siendo derrotados en la sangrienta batalla de Rabenna el 11 de abril de 1512, fueron llevados más allá de los Alpes. Bologna se sometió nuevamente a Julio II y las ciudades de Parma, Regio, y Piacenza fueron agregadas a los Estado Eclesiásticos.

Julio II fue principalmente un soldado, y la fama que acompaña a su nombre se debe especialmente al restablecimiento de los Estados Pontificios y la liberación de Italia de su sujeción a Francia. Aún así no olvida sus deberes como cabeza espiritual de la Iglesia. Estuvo libre de nepotismo; oyó misa casi diariamente y a menudo la celebraba él mismo; emitió una estricta Bula contra la simonía en las elecciones papales y otra contra los duelos; erigió diócesis en las recientemente descubiertas colonias Americanas de Haití (Española), Santo Domingo y Puerto Rico; condenó la herejía de Piero de Lucca concerniente a la encarnación el 7 de Setiembre de 1511; emitió varias ordenanzas para las reformas monásticas; instituyó la aún existente Capilla Julia, una escuela para canto eclesiástico y que estaba para servir como alimentadora de la Capilla Palatina; y finalmente convocó el Quinto Concilio de Letrán para erradicar de la Iglesia y especialmente de la Curia Romana los abusos, y para frustrar los designios de los cardenales cismáticos que habían convocado su no exitoso concilio primero en Pisa, luego en Milán (ver CONCILIOS DE LETRAN). Julio II ha también ganado una envidiable reputación como patrocinador de artes. Bramante, Rafael y Miguel Ángel dieron al mundo algunas de sus máximas obras maestras a su servicio. El colocó la piedra basal de la gigantesca Basílica de San Pedro el 18 de abril de 1506. Y concibió la idea de unir el Vaticano con el Belvedere, comprometiendo a Bramante para llevar a cabo el proyecto. Los famosos frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y de Rafael en la Stanze, el palacio de San Dámaso con sus galerías, la Vía Giulia y la Via della Lungara, la colosal estatua de Moisés que embellece el mausoleo de Julio II en la iglesia de San Pedro en Vincoli, y muchos otras magnificas obras dentro y fuera de Roma permanecen como testigos de su gran amor al arte.


Bibliografía: PASTOR, Gesch. der Papste seit dem Ausgang des Mittelalters (3rd ed., Freiburgo, 1904), 563-871, tr. ANTROBUS, The History of the Popes from the close of the Middle Ages, VI (Sam. Louis, 1898), 208-607; CREIGHTON, History of the Papacy during the Period of the Reformation, IV (Londres, 1887), 54-176; BROSCH, Papst Julius Il und die Grounding des Kirchenstaates (Gotha, 1878); DUSMENIL, Histoire de Jules II, sa vie et son pontificat (Paris, 1873) KLACZKO, Rome et la Renaissance, Essais et Esquisees, Jules II (2nd ed., Paris, 1902); GEBHART, Jules II (Paris, 1904); HEFELE, Conciliengesch., VIII (Freiburg, 1887), 395-588); LOUGHLIN, Cardinal Giuliano della Rovere in American Catholic Quarterly Review, XXV (Filadelfia, 1900), 138-47, trata solamente de su cardenalato hasta 1492; WICKHOFF, Die B ibliothek Jul ius' II in Jahrbuch der preussischen Kunstsammlungen, XIV (Berlin, 1893), 49-65; PARIS DE GRASSIS, Diarium, ed. FRATI, Le due spedizioni militari di Giulio II tratte dal Diario di Paris de Grassis Bolognese con documenti (Bologna, 1886), y DÖLLINGER, Beiträge zur politischen, kirchlichen und Kultur-Geschichte der secks letzten Jahrhunderte, III (Ratisbon y Vienna, 1882), 363 sq.

Fuente: Ott, Michael. "Pope Julius II." The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. 19 Dec. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/08562a.htm>.

Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi