Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Martes, 4 de agosto de 2020

Jerarquía de la Iglesia Primitiva

De Enciclopedia Católica

Revisión de 12:57 23 may 2020 por Luz María Hernández Medina (Discusión | contribuciones) (Discusión de Textos Anteriores al 150 d.C.)

Saltar a: navegación, buscar

Definición

Jerarquía de la Iglesia Primitiva: La palabra jerarquía se usa aquí para denotar los tres grados de obispo, sacerdote y diácono ( ministri). Según la doctrina católica (Concilio de Trento, ses. XXIII, can. VI), esta triple gradación debe su existencia a la institución divina. Otro nombre para esta jerarquía es hierarchia ordinis porque sus tres grados corresponden a los tres grados del Sacramento de las Órdenes Sagradas. Sin embargo, la palabra jerarquía se utiliza también en un sentido más amplio. Se obtiene una mayor gradación de dignidad con la inclusión del obispo de Roma, el jefe de la Iglesia y Vicario de Cristo, a quien se subordinan los tres grados antes mencionados debido al origen divino de la jerarquía.

Sin embargo, si se tienen en cuenta esas características que son de origen meramente eclesiástico, la jerarquía incluirá no solo las órdenes sagradas restantes, a saber, el subdiaconado y las órdenes menores, sino también todos los clérigos que poseen facultades definidas no conferidas por las órdenes mismas. Tales son los cardenales, nuncios, delegados, patriarcas, primados, metropolitanos, arzobispos, vicarios generales, archidiáconos, deanes, párrocos y curas. Esta jerarquía en el sentido más amplio se denomina hierarchia jurisdictionis porque las personas en cuestión tienen poder real en la Iglesia.

Hay todavía un tercer sentido en el que se puede usar el término “jerarquía”; este incluye a todo el clero y a los laicos en la medida en que todos son miembros de la Iglesia. No se puede mostrar ninguna instancia de la palabra hierarchia, correspondiente al término hierarches, antes del Pseudo Areopagita. No se debe interpretar como hiera arche (oficio sagrado), sino como hieron arche (oficio de ritos sagrados) (Petavio, "De angelis", II, ii, 2). El que la expresión heriarquia haya encontrado aceptación general se debe a la autoridad del Pseudo Areopagita. El tercer sentido de la expresión también se remonta a Dionisio [cf., J. Stiglmayr en "Zeitschr. Für kathol. Theologie", XII (1898), 180 ss.].

En el presente artículo el término “jerarquía” se utiliza en el sentido más estricto. Sin embargo, dado que la historia más antigua de esta triple institución, —el episcopado, el presbiterado y el diaconado— no puede darse sin una investigación detallada de toda la organización y la constitución interna de la Iglesia primitiva, se propone examinar en su totalidad la historia más antigua de la organización de la Iglesia cristiana hasta el año 150 d.C.; y en este examen es esencial que extendamos nuestra investigación al oficio apostólico, como la raíz de la cual surgió el episcopado cristiano primitivo. Aquí no se tratará sobre la fundación de la Iglesia por Cristo ni de la historia de la primacía del obispo de Roma (Vea los artículos OBISPO, IGLESIA, COLEGIO APOSTÓLICO, DIÁCONO, SACERDOTE, PRIMACÍA, PAPA, SUCESIÓN APOSTÓLICA.

El tema se tratará bajo los siguientes encabezados:

  • Principios que gobiernan la agrupación de los documentos originales pertenecientes al tema;
  • Enumeración de los grupos de documentos y la explicación del porqué estos grupos se han organizado de ese modo;
  • Discusión e interpretación de todos los textos de fecha anterior a mediados del siglo II (el fraseado completo de los textos será necesario solo en casos excepcionales);
  • Evidencia detallada encontrada en inscripciones paganas, papiros y trozos de vasijas (“ostraka), que arrojan luz sobre las instituciones cristianas;
  • Testimonios históricos o cuasihistóricos sobre la constitución del cristianismo primitivo, tomados de Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Orígenes, Eusebio, Jerónimo, Teodoro de Mopsuestia y otros;
  • Breve sinopsis de los principales resultados de la investigación.

Principios que Gobiernan la Agrupación de los Documentos Originales

La división común en un período apostólico y post-apostólico no puede aplicarse adecuadamente a la colección de testimonios históricos relacionados con la constitución de la Iglesia primitiva; tal división es de hecho engañosa porque:

  • a. Nuestras fuentes para los primeros tiempos son demasiado escasas y fragmentarias para darnos algo parecido a una imagen clara de las instituciones; por lo tanto, es evidente que la mera omisión de ciertas cosas en estas fuentes no nos da derecho a inferir su inexistencia.
  • b. Aunque el desarrollo de los elementos primarios y principios fundamentales de la constitución interna de la Iglesia fue sorprendentemente rápido y uniforme, al menos en las características esenciales, las variaciones en las diferentes localidades fueron considerables.
  • c. Varios testimonios tomados del final del siglo I y primera mitad del II contienen información histórica valiosa directamente relacionada a la organización de la Iglesia primitiva, y así nos llevan al límite de la época más temprana.
  • d. En estos testimonios se halla una gran cantidad de fórmulas de interés arqueológico, y muchas declaraciones implícitas de concepciones legales contemporáneas. Contienen, por así decirlo, las instituciones cristalizadas del primer período.
  • e. Uno no debe imaginar la estructura eclesiástica primitiva como un mero agregado de fragmentos separados, sino más bien como un organismo vivo y desarrollado regularmente, de cuya construcción interna podemos, bajo ciertas condiciones, llegar a conclusiones definitivas en cuanto a su origen y crecimiento.

Los dos últimos puntos muestran que es permisible e incluso necesario determinar a partir de fuentes posteriores, mediante un método cauteloso y crítico, el estado más temprano de la constitución eclesiástica. Una investigación científica primero agrupará todas las fuentes hasta mediados del siglo II, y luego concebirá el desarrollo hasta ese momento en su conjunto. La investigación mostrará que muchas de las instituciones son indudablemente post-apostólicas, mientras que del mayor número de ellas solo se puede decir que siguieron cierto orden consecutivo; es imposible determinar la fecha exacta de su primera aparición. Las encíclicas de San Ignacio (alrededor de 110) marcan el final de un período definido; y hay otras fuentes, cuyas fechas se conocen exactamente, que nos permiten determinar los primeros comienzos y algunos pasos intermedios en el desarrollo de este período. Esto permite esbozar con mayor o menor precisión las etapas restantes sin fijar la fecha exacta de cada documento. Por ejemplo, no se puede dudar de que ciertas descripciones en la "Doctrina de los Doce Apóstoles" (Didajé) suponen una fase más antigua de desarrollo corporativo que la que encontramos en las Epístolas Pastorales y la Epístola de Clemente. Sin embargo, este hecho no decide la cuestión de si la Didajé fue escrita antes de la Epístola de Clemente y las Epístolas Pastorales. En cuanto a estas últimas, está claro que el sistema de gobierno representado en ellas representa una fase anterior a la dada en las Cartas de Ignacio.

No es nuestra intención en este artículo llevar a cabo una revisión preliminar y superficial de las fuentes, que solo establecería los hechos más evidentes de la cronología. Esta tarea ya se ha llevado a cabo con la suficiente frecuencia desde puntos de vista muy diferentes, y se ha demostrado con evidencia incontestable que los diversos grados de la jerarquía no existieron desde el principio en su forma final, sino que crecieron a través de varios procesos, en parte de desarrollo y en parte de auto diferenciación. Suponiendo, por lo tanto, que el proceso de desarrollo ha sido determinado en sus esquemas más generales, podemos organizar las fuentes conforme a ello. Ya sea que la cronología se trate previamente o en consecuencia a tal arreglo, ese factor debe considerarse por separado.

La clasificación ahora resultará de todo el material documental hasta la segunda mitad del siglo II. De todo el material recogeremos primero aquellos testimonios que evidentemente exhiben la etapa más avanzada de desarrollo y el parecido más cercano a las instituciones de este período. Estos documentos formarán el cuarto grupo. Luego reuniremos todos aquellos relatos en los que se muestra la plenitud de la autoridad apostólica junto con un sistema de gobierno eclesiástico algo inacabado y fluctuante; estos forman el primer grupo. Los documentos restantes se asignarán al segundo o tercer grupo en consecuencia, ya que están más relacionados con el primero o con el cuarto.

Grupos de Documentos

Enumeración

1. El primer grupo incluye:

2. El segundo grupo incluye:

3. El tercer grupo incluye:

4. El cuarto grupo incluye:

Explicación de los Grupos

(1) Observaciones Generales: Los apologistas (excepto Justino), los fragmentos de los presbíteros y de Papías, la Carta a Diogneto (los capítulos XI y XII son espurios), las “Actas” y “Pasiones” de los mártires de ese período, excepto un pasaje de la “Passio Polycarpi”, los propiamente llamados apócrifos (excepto la Ascensión de Isaías): ninguno de estos aporta nada directamente relacionado a nuestro asunto. Lo mismo es cierto para los papiros, ostraka e inscripciones cristianas. No se puede atribuir valor de testimonio independiente a cuatro pasajes que tratan sobre el llamado especial y vocación de los Doce, a saber, (a) el evangelio ebionita (Epifanio, "Hær.", XXX, 13), (b) la Apología de Arístides (Texte und Untersuch., IV, III, 1893, 9, 10), (c) el Sermón de la Misión de Pedro (Kerygma Petrou; Robinson, "Texts and Studies", 1891, 86 sq., fragm. 1), y (d) un papiro copto en Estrasburgo —(cf. Göttinger gel. Anz., 1900, 481 ss.). Respecto al papiro cristiano griego más antiguo, vea Wessely "Les plus anciens monuments du christianisme écrits sur Papyrus" ("Patrologia Orientalis", ed. Graffin and Nau, IV, 2).

Incluso sin tener en cuenta la falta de un texto crítico, debemos abandonar cualquier intento de argumentación a partir de las Clementinas, ya que incluso las partes más antiguas se muestran cada vez más como producto del siglo III. El escritor del documento original puede haber utilizado de vez en cuando tradiciones válidas en cuestiones que afectan la constitución de la Iglesia, pero es culpable de invenciones y cambios arbitrarios. Todas las conclusiones sobre las condiciones primitivas que la perspicacia y el aprendizaje de Hilgenfeld le permitieron sacar de las Clementinas deben ceder ante la presión de una crítica cuidadosa. El presente escritor tampoco hace uso de la llamada "Constitución de la Iglesia Apostólica", debido a la invalidez de la hipótesis de Harnack ("Die Quellen der sog. Apost. Kirchenord.", 1886, 32 ss.), que basaría los caps. 16-21: 22-28 en dos fuentes antiguas que datan de mediados del siglo II. El trabajo pertenece al siglo III y apenas admite conclusiones críticamente seguras. Lo mismo es cierto para la Didaskalia siríaca.

(2) Observaciones sobre el Primer Grupo, Sección (a): Según las restricciones hechas arriba, consideramos aquí los relatos del Evangelio solo en la medida en que su testimonio nos permite formar una idea de la Iglesia tal como existió en la primera generación. Los relatos sobre la posición, la autoridad, la actividad de los Doce originales en Jerusalén (Hechos 1-6) llevan los signos más evidentes de antigüedad y autenticidad, y están de acuerdo con toda la otra información sobre la dignidad de los Apóstoles que nos fue transmitida desde los primeros tiempos.

(3) Observaciones sobre el Primer Grupo, Sección (d): Respecto a los presbíteros de los Hechos de los Apóstoles, no será suficiente establecer históricamente el hecho de que alrededor del año 50 d.C. había presbíteros en Jerusalén y en otras localidades de Palestina, y, que al mismo tiempo en su primer viaje Pablo nombró presbíteros en Asia Menor. Queda otra cuestión importante por resolver, si todos estos presbíteros son, en un verdadero sentido de la palabra, los predecesores de ese colegio primitivo que encontramos, por ejemplo, alrededor de 115, en los escritos de Ignacio de Antioquía. No existe la más mínima razón crítica —lo probaremos en detalle más adelante)— de por qué deba considerarse a los presbíteros de Asia Menor como diferentes a los superiores mencionados en la Primera Epístola a los Tesalonicenses. Por otro lado, consideramos que los presbíteros-obispos de Éfeso (Hechos 20) pertenecen al segundo grupo de fuentes, porque representan una autoridad mucho más definida.

(4) Observaciones sobre el Primer Grupo, Sección (b) y sobre el Segundo Grupo: En la Primera Epístola a los Tesalonicenses el estado de la Iglesia como cuerpo corporativo no difiere en ningún punto esencial del descrito en los relatos del primer grupo. El Apóstol Pablo aparece como la primera, no, la única autoridad. En las epístolas a los Efesios, Filipenses y Colosenses las condiciones han cambiado un poco. De hecho, el gobierno personal del Apóstol sigue siendo supremo; pero algunos rasgos apuntan a un paso gradual del poder a otros superiores. Se nos recuerda este hecho por el título de la Epístola a los Filipenses, en el cual se menciona a los obispos y diáconos. Nos lo recuerda de nuevo la mención de Arquipo, el ministro en la Epístola a los Colosenses. La nota a Filemón está asimismo relacionada en alguna medida con este cambio. En el segundo grupo colocamos también la Epístola a los Efesios, ya que muestra una notable disminución en la importancia de individuos dotados de los carismas como miembros del organizado Cuerpo de Cristo. Por razones similares insertamos aquí la Didajé.

(5) Observaciones sobre el Tercer y Cuarto Grupos: Todos los escritos enumerados en el tercer grupo muestran la organización de la Iglesia más desarrollada. El cuarto grupo es testigo de la preponderancia del episcopado monárquico. No es fácil encontrar el lugar adecuado para “El Pastor” de Hermas. El grado de desarrollo orgánico que se supone en esa obra, el pronunciado control de los presbíteros y la presencia, según todas las apariencias, de una personalidad destacada, Clemente, todo esto apunta a una etapa intermedia, cuyo lugar estamos muy inclinados a fijar entre la Primera Carta de Clemente y las encíclicas de Ignacio. Solo se menciona a Clemente una vez y de pasada; poco, por lo tanto, se puede reunir en cuanto a la posición que le ha asignó Hermas. Por otro lado, la organización de la Iglesia es más estable de lo que era en Corinto al momento del primer Clemente alrededor del año 98 d.C. Es todavía una pregunta abierta si Hermas realmente intentó llevar su descripción de la Iglesia al final del siglo I al darle un matiz de antigüedad; el categórico "no" de los estudiosos recientes provoca contradicciones. En cualquier caso, el intento de Hermas, suponiendo que se hubiese hecho, fue bastante débil. Pero, por otro lado, el tono personal no es prueba de lo contrario. Aún así, hay fuertes indicios de que el profeta escribió alrededor del año 150 d. C. Es cierto que en ninguna parte se menciona un obispo monárquico, pero de esto no se deduce que Hermas terminase su obra antes de la elección de su hermano Pío al obispado de Roma. Solo porque era el hermano del jefe de la Iglesia, debió haber pensado que era más aconsejable guardar silencio sobre él y antedatar los abusos que reprendió.

Discusión de Textos Anteriores al 150 d.C.

Textos del Primer Grupo

Si juzgamos la organización de las Iglesias representadas en el primer grupo de documentos simplemente de acuerdo con el relato dado en los textos, sin utilizar una teoría definida como base, se presentan naturalmente nueve preguntas en cuanto a:

  • A. la posición de los Doce;
  • B. la posición de los siete ministros de la mesa (cf. diakonein trapezais Hch. 6,2) mencionados en los Hechos, y de los presbíteros de Palestina;
  • C. el origen de la autoridad apostólica;
  • D. las relaciones entre los apóstoles y las comunidades cristianas;
  • E. los derechos de las comunidades cristianas;
  • F. la posición de los individuos poseedores de los carismas;
  • G. el origen de la autoridad eclesiástica en general;
  • H. la posición de los superiores mencionada en algunos textos;
  • I. la posición de los compañeros de trabajo apostólicos.

A. LA POSICIÓN DE LOS DOCE:

En los primeros seis capítulos de los Hechos los Once (doce si incluimos a Matías) aparecen como un cuerpo gobernante a quien la comunidad de Jerusalén está sujeta (1,13.25.26; 2,14.37.42-43; 4,33.35.37; 5,2.12.18-42; 6,2-6). El personaje principal es Simón Pedro (1,15 ss; 2,14.37; 4,8; 5,3 ss. 15.29). Junto a él se encuentra Juan (3,1.3.4.11; 4,1.13 ss.). Según estos textos, los Doce son heraldos de la Palabra de Dios y gobernantes de la comunidad. Esta concepción concuerda con las tradiciones de los Sinópticos, las cuales nos informan: (a) del nombramiento especial de los Doce, (b) del cargo que se les ha confiado y su destino futuro.

1. Selección especial de los Doce:

(a) Nombramiento: La vocación de los individuos, es decir, de Pedro, Andrés, Santiago y Juan, los cuales serán pescadores de hombres (Mc. 1,16-20; Mt. 4,18-22). Según Lucas 5,10, después de la pesca milagrosa Jesús le dice a Simón que ahí en adelante será pescador de hombres. El llamado de Mateo (Mc. 2,13.14; Mt. 9,9; Lc. 5,27.28). Nombramiento de los Doce (Mc. 3,13-19; Mt. 10,2-4; Lc. 6,12-16). Cristo “los llamó también apóstoles (Lc. 6,13).

(b) El oficio de los Doce y su destino futuro: Estarán con Él y serán enviados a predicar (Mc. 3,14). Son sal de la tierra y luz del mundo (Mt. 5,13-16). También deben proteger al mundo contra la corrupción y elevarlo con su santo ejemplo. Lo que Cristo les ha dicho en la oscuridad, ellos lo hablarán en la luz (Mt. 10,26-27).

(c) Misión de los Doce a predicar el Reino y a sanar a los enfermos (Mc. 6,7 ss.; Mt. 10,5 ss.; Lc. 9,1 ss.). No irán a los gentiles. Misión de los Setenta (Lc. 10,1-16). Todos están obligados a recibir y a oír a los Doce y a los Setenta; de otro modo les espera un juicio muy severo.

(d) El poder de atar y desatar dado a los Doce (Mt. 18,15 ss.); juzgarán a las doce tribus de Israel (Lc. 22,30).

(e) Misión al mundo (Mc. 16,14-18; Mt. 32,18-20; Lc. 24,44-49).

(f) Los apóstoles sobrevivirán a su Maestro y pasarán días de tristeza (Mc. 2,19.20); Mt. 9,15; Lc. 5,34-35; igualmente Mc. 8,35 ss.; Mt. 16,24 ss.; Lc. 9,22 ss.; 17,20 ss.). Serán llevados ante los tribunales (Lc. 12,11.12; 21,12 ss.; Mc. 13,9 ss.; Mt. 10,17 ss.).

2. Nombramiento Especial y Posición de Simón Pedro:

Pedro es el fundamento de la Iglesia y el guardián de las llaves; él tiene todo el poder para atar y desatar (Mt. 16,18 ss.). Pedro será ser como un mayordomo sabio y fiel, a quien el maestro establece sobre su familia (Lc. 12,41 ss .; cf. Mt. 24,45 ss.). Cristo ora por Pedro, el cual confirmará a sus hermanos en la fe (Lc. 22,31-34). Ningún pasaje en la primera literatura cristiana nos permite explicar la primitiva y marcada posición de importancia que disfruta la Iglesia de Jerusalén por la importancia de esta ciudad misma. Solo los Doce son los portadores de esta autoridad, y más tarde Santiago, el "hermano del Señor", y su círculo. En ninguna parte aparece que los hermanos dotados de los carismas tuviesen alguna influencia en asuntos de gobierno. La autoridad apostólica se representa como resultado de la ordenanza divina. Esta autoridad incluía la jurisdicción. Los Doce consideraban sus prerrogativas como un poder moral conferido por Dios y Cristo, como un derecho que exigía a los demás el servicio correlativo de la obediencia.

B. LOS SIETE AYUDANTES APOSTÓLICOS (HCH. 6) Y LOS PRESBÍTEROS DE PALESTINA:

(1) Los Siete Administradores de la Mesa:

Debido a la queja de los cristianos judíos helenistas de que sus viudas eran menos cuidadas que las de los "hebreos", los Doce proveen que toda la comunidad (cf. episkepsasthe de 6,3, y exelexanto de 6,5) “busque” y elija a siete hombres, llenos del Espíritu Santo y sabiduría (cf. to plethos ton matheton, Hch. 6,2, y enopion pantos tou plethous, 6,5). Los propios apóstoles tienen la intención de instalar en su oficio a las personas elegidas (6,3). Esto permite a los Doce dedicarse (de ahora en adelante exclusivamente) a la oración y a la predicación. Los siete elegidos son presentados a los apóstoles quienes “habiendo hecho oración, les impusieron las manos” (6,5.6). No se puede arrojar ninguna duda crítica sobre ninguna parte de la narración. No nos ha llegado ningún nombre oficial para los Siete. Se describe su oficio como la administración de las mesas (diakonein trapeizas, 6,2) y el cuidado del apoyo temporal a los pobres. Sin embargo, en realidad, uno de esos elegidos, Esteban, pronto se dedica con celo ardiente a predicar la Palabra de Dios. Otro, Felipe, se convierte en misionero (8,5 ss.) y en 21,8 se le llama evangelista.

Las fuentes muestran que estos siete hombres, elegidos por el pueblo en obediencia a los apóstoles, fueron investidos por los apóstoles en el oficio de limosneros con oración e imposición de manos. Además, podrían actuar como predicadores. No sabemos si esta institución existió por algún período de tiempo. No existe una tradición dogmática estrictamente hablando, ni ninguna razón histórica decisiva para suponer que estos siete hombres fuesen diáconos en el sentido posterior de la palabra. La cuestión de su posición generalmente se mira desde un punto de vista incorrecto; pues a partir de la diferencia entre la esfera de actividad original y la posterior, no podemos inferir una falta de continuidad entre el oficio de los Siete y el de los diáconos del siglo II. El oficio de los Siete no era más completamente independiente que el de los diáconos posteriores.

Con el tiempo, un mismo oficio puede cambiar los límites de su competencia en un grado muy considerable; tanto así que solo puede quedar un mínimo de lo que era originalmente. Sin embargo, nadie habla en este caso de un oficio esencialmente diferente. Para estar convencidos de esto, solo tenemos que considerar los oficios romanos de pretor y cuestor. En tiempos posteriores también el cuidado de los pobres y enfermos era uno de los deberes de los diáconos propiamente dichos. La distribución de la Eucaristía también era parte de su deber. No es imposible que el último deber mencionado ya esté incluido en la expresión "ministrar a las mesas", utilizada en nuestro texto; para comparación vea Hch. 2,46, "partían el pan por las casas (klontes te kat okon arton) y tomaban el alimento con alegría (metelambanon trophes)".

Sin embargo, el punto más importante es este: los Siete fueron nombrados a su oficio por los apóstoles con imposición de manos y oración. Esta oración debe haber contenido, implícitamente al menos, la petición de que el Espíritu Santo podría empoderase y fortaleciese a los elegidos para cumplir su oficio (de ministrar a las mesas), confiriendo así todo lo que era esencialmente necesario para hacer de su oficio el mismo que el diaconado posterior. Tampoco la Iglesia ha colocado la esencia del diaconado en otra cosa.

(2) Los Presbíteros de Palestina:

No sabemos si hay o no una base histórica para la tradición legendaria de que los primeros doce apóstoles, siguiendo el mandato de su Maestro, permanecieron doce años en Jerusalén. En todo caso solo Simón Pedro; Santiago, Juan y Santiago el “Hermano del Señor” se encuentran en Jerusalén entre los años 45 y 50.

Por esta época aparecieron presbíteros además de los apóstoles. Se les menciona por primera vez en Hch. 11,30 y se les encuentra en varias comunidades cristianas de Palestina. En Jerusalén los presbíteros ocupan un rango intermedio entre los apóstoles y el resto de la comunidad. Junto con los apóstoles escriben la carta que transmite la decisión tomada por la Iglesia de Jerusalén sobre el modo apropiado de observar la Ley (15,1-30; cf. 16,4). Los Hechos mencionan a los presbíteros en relación con Santiago solo en otra ocasión (21,18).

Es contrario a los principios de la investigación histórica asociar la primera aparición de los presbíteros palestinos con la posición monárquica de Santiago de la casa de David. Fue solo en un momento posterior, probablemente después que Pedro hubo dejado Jerusalén por un largo tiempo o para siempre que Santiago aparece como el obispo monárquico de la Ciudad Santa. Al principio los presbíteros eran simplemente ayudantes de los Doce fuera de la capital. Luego, se necesitaba un sustituto de los Apóstoles también en Jerusalén, cuando la mayoría de ellos habían abandonado esa ciudad. Esto no fue una revolución en el sistema de gobierno de la Iglesia; fue simplemente el curso natural de los acontecimientos. Nadie que entienda claramente la práctica y las ideas de los primeros tiempos dudará de que la instalación de estos presbíteros se haya efectuado mediante la imposición de manos y la oración. Muy probablemente el presbiterado de los primeros tiempos fue solo una dignidad.

Textos del Segundo Grupo

Textos del Tercer Grupo

Textos del Cuarto Grupo

Evidencia Detallada en Inscripciones Paganas, Papiros y Trozos de Vasijas

Testimonios Históricos o Cuasihistóricos

Breve Sinopsis de los Principales Resultados Obtenidos del Examen de Todos los Textos

Fuente: Dunin-Borkowski, Stanislaus de. "Hierarchy of the Early Church." The Catholic Encyclopedia. Vol. 7, págs. 326-344. New York: Robert Appleton Company, 1910. 21 mayo 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/07326a.htm>.

Está siendo traducido por Luz María Hernández Medina