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Sábado, 29 de enero de 2022

Diferencia entre revisiones de «Metalistería al Servicio de la Iglesia»

De Enciclopedia Católica

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(Metalistería de los Carolingios)
(Metalistería en la Época de Carlomagno y los Otones)
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El rasgo característico del arte del período de las [migración |migraciones]], la ''verroterie cloisonnée'', desaparece gradualmente y cede el paso al esmalte ''cloisonné'' bizantino que floreció especialmente en [[Tréveris]] y [[Reichenau]].  El resurgimiento de la tendencia plástica en la metalistería fue de suma importancia.  Del período en discusión tenemos, incluso hoy día, varias decoraciones de [[altar]] y cubiertas de libros con representaciones de figuras, que revelan una habilidad verdaderamente asombrosa en el martillado de metales; tal es el valioso [[Frontal de Altar |antipendio]] de Enrique II de [[Basilea-Lugano |Basilea]].  Todavía se practicaba el método primitivo de cubrir un núcleo de madera con láminas delgadas de metal.  Los dos mejores ejemplos conocidos de este arte son una Madonna en la iglesia [[colegiado |colegiata]] en Essen (Rheinland) y una imagen de Santa Fe en Conques, [[Francia]].  En [[Italia]], la obra más importante de este período es la decoración del [[Altar Mayor |altar mayor]] de la [[Edificaciones Eclesiásticas |iglesia]] de [[San Ambrosio]] en [[Arquidiócesis de Milán |Milán]], obra de Wolvinus, ejecutada bajo el mandato del [[arzobispo]] Angelberto II (824-66).     
 
El rasgo característico del arte del período de las [migración |migraciones]], la ''verroterie cloisonnée'', desaparece gradualmente y cede el paso al esmalte ''cloisonné'' bizantino que floreció especialmente en [[Tréveris]] y [[Reichenau]].  El resurgimiento de la tendencia plástica en la metalistería fue de suma importancia.  Del período en discusión tenemos, incluso hoy día, varias decoraciones de [[altar]] y cubiertas de libros con representaciones de figuras, que revelan una habilidad verdaderamente asombrosa en el martillado de metales; tal es el valioso [[Frontal de Altar |antipendio]] de Enrique II de [[Basilea-Lugano |Basilea]].  Todavía se practicaba el método primitivo de cubrir un núcleo de madera con láminas delgadas de metal.  Los dos mejores ejemplos conocidos de este arte son una Madonna en la iglesia [[colegiado |colegiata]] en Essen (Rheinland) y una imagen de Santa Fe en Conques, [[Francia]].  En [[Italia]], la obra más importante de este período es la decoración del [[Altar Mayor |altar mayor]] de la [[Edificaciones Eclesiásticas |iglesia]] de [[San Ambrosio]] en [[Arquidiócesis de Milán |Milán]], obra de Wolvinus, ejecutada bajo el mandato del [[arzobispo]] Angelberto II (824-66).     
  
Ejemplos destacados del trabajo en metal francés son el [[Altar Portátil |altar portátil]] con forma de [[Baldaquino de Altar |baldaquino]], y la encuadernación de una copia de los [[Evangelios]] en la sala de joyas real de [[Munich-Freising |Munich]], que probablemente se hicieron en [[Reims]] y se llevaron a [[Alemania]] ya en el reinado del rey Arnulfo (m. 899).  Alemania posee, como prueba de una metalistería avanzada, cuatro cruces en la [[colegiado |colegiata]] de Essen que revelan la poderosa influencia del arte bizantino.    Estrechamente relacionada con Essen están la [[escuelas |escuela]] del [[monasterio]] de Helmershausen, donde el [[monje]] Rogero escribió el primer manual de artes industriales, "Schedula diversarum artium", y la escuela de [[Hildesheim]], que a través de la actividad del [[obispo]] Bernwardo se convirtió en el centro de la metalistería en el norte de Alemania.  Pertenecen a este período las puertas plegables de la [[catedral]] con toscos relieves, una [[columna]] que sigue el patrón de la Columna de [[Trajano]] en [[Roma]], y dos candelabros. En [[Francia]] apenas se ha conservado una obra de ningún tamaño; en [[Italia]] destacan varias puertas de bronce, por ejemplo, las de la [[basílica]] de [[San Pablo Extramuros |San Pablo]] en Roma (1070) y Monte Gargano (1070), porque fueron adquiridas en Bizancio y muestran la influencia del arte bizantino.
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Ejemplos destacados del trabajo en metal francés son el [[Altar Portátil |altar portátil]] con forma de [[Baldaquino de Altar |baldaquino]], y la encuadernación de una copia de los [[Evangelios]] en la sala de joyas real de [[Munich-Freising |Munich]], que probablemente se hicieron en [[Reims]] y se llevaron a [[Alemania]] ya en el reinado del rey Arnulfo (m. 899).  Alemania posee, como prueba de una metalistería avanzada, cuatro cruces en la [[colegiado |colegiata]] de Essen que revelan la poderosa influencia del arte bizantino.    Estrechamente relacionada con Essen están la [[escuelas |escuela]] del [[monasterio]] de Helmershausen, donde el [[monje]] Rogero escribió el primer manual de artes industriales, "Schedula diversarum artium", y la escuela de [[Hildesheim]], que a través de la actividad del [[obispo]] Bernwardo se convirtió en el centro de la metalistería en el norte de Alemania.  Pertenecen a este período las puertas plegables de la [[catedral]] con toscos relieves, una [[columna]] que sigue el patrón de la Columna de [[Trajano]] en [[Roma]], y dos [[candeleros]]. En [[Francia]] apenas se ha conservado una obra de ningún tamaño; en [[Italia]] destacan varias puertas de bronce, por ejemplo, las de la [[basílica]] de [[San Pablo Extramuros |San Pablo]] en Roma (1070) y Monte Gargano (1070), porque fueron adquiridas en Bizancio y muestran la influencia del arte bizantino.
  
 
===Metalistería Románica===
 
===Metalistería Románica===

Revisión de 13:09 21 sep 2021

Introducción

Metalistería al Servicio de la Iglesia Desde sus tiempos primitivos la Iglesia ha empleado utensilios y vasijas de metal en sus ceremonias litúrgicas; dicha práctica aumentó durante la Edad Media. La historia de la metalistería de la Iglesia en la Edad Media es, de hecho, la historia del arte de la metalistería en general, y esto no se debe solo a que la Iglesia fuera el principal mecenas de tales obras y a que casi todas las obras que se han conservado de la Edad Media son de carácter eclesiástico, sino también porque hasta el siglo XII las obras de orfebrería eran también casi exclusivamente fabricadas por monjes y clérigos. Pero en el período del Renacimiento también la fabricación de metalistería eclesiástica formó una rama muy importante del arte de la orfebrería, e incluso en nuestros días estas obras se cuentan entre aquellas en cuya producción ese arte puede desarrollarse más provechosamente; pero no sólo el arte de la orfebrería, que es el tratamiento artístico del metal precioso, tuvo su crecimiento y desarrollo al servicio de la Iglesia, también se han utilizado ampliamente los metales básicos, especialmente el hierro, el bronce y el latón. Sin embargo, dado que nos ocupamos del desarrollo histórico de la metalistería al servicio de la Iglesia, nos limitaremos más particularmente a los trabajos en los metales preciosos, sin excluir por completo de nuestra consideración los de los metales inferiores.

Antigüedad

Comenzando con la Antigüedad, primero debemos demostrar que la Iglesia hizo uso de valiosas obras de metal en los tiempos más antiguos. Honorio de Autun (m. 1145) señala que los Apóstoles y sus seguidores habían empleado cálices de madera en la celebración de la Santa Misa, pero que el Papa Ceferino había ordenado el uso de vidrio y el Papa Urbano I de vasos de plata y oro (Gemma animae, PL, CLXXII, 573). Esta opinión parece haber sido ampliamente difundida durante la Edad Media; sin embargo, es insostenible. Sin duda, el recurso a cálices de madera o de algún otro material barato se hizo necesario a menudo en la antigüedad como resultado de la falta de materiales más valiosos o durante los tiempos tormentosos de las persecuciones, pero esta costumbre no pudo haber sido generalizada. Si los primeros cristianos creyeron en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y de esto no cabe duda, seguramente también ofrecieron sus vasos más preciosos para que los Sagrados Misterios se celebraran dignamente.

Los primeros indicios positivos del uso de la metalistería al servicio de la Iglesia datan de los siglos III y IV. Es especialmente del "Liber Pontificalis", que ahora está accesible en las ediciones críticas de Duchesne y Mommsen (Vea LIBER PONTIFICALIS), de donde derivamos la información más interesante sobre el tema en discusión. Aquí nos encontramos por primera vez con la afirmación de que el Papa Urbano ordenó que los vasos sagrados se hicieran de plata, lo que de ninguna manera implica que antes de ese tiempo todos fueran de vidrio.

De mayor importancia son los relatos de las magníficas donaciones de valiosas obras en metal realizadas por el emperador Constantino a las basílicas romanas. Tomaría demasiado espacio enumerarlos todos y nos contentaremos con mencionar algunos ejemplos. A la basílica de el Vaticano le regaló siete grandes cálices (scyphi) del oro más puro, cada uno de los cuales pesaba diez libras (romanas); además, cuarenta cálices más pequeños de oro puro, cada uno de los cuales pesaba una libra. La iglesia de Santa Inés recibió un cáliz de oro macizo que pesaba diez libras, cinco cálices de plata de diez libras cada uno y dos patenas de plata (platos de metal para el pan eucarístico) de treinta libras cada una. Las patenas se mencionan a menudo en relación con los cálices; así, la Basílica de San Juan de Letrán recibió siete patenas de oro y dieciséis de plata de treinta libras cada una.

Aunque no en la misma medida, las otras iglesias también poseían valiosas piezas en metal para el servicio litúrgico. La Iglesia de Cartago, según el testimonio de Optato, poseía tantos objetos de valor de oro y plata que no fue fácil quitarlos u ocultarlos en el momento de las persecuciones (Contra Parmen., I, XVIII). En el Concilio de Calcedonia (451) se acusó a Ibas, obispo de Edesa, de haber robado un valioso cáliz engastado con piedras preciosas que un hombre piadoso había donado a la iglesia.

En cuanto a los diversos tipos de trabajos en metal utilizados en la Iglesia, el "Liber Pontificalis" menciona los siguientes, además del cáliz y la patena, que se usaron durante la vida del Papa Silvestre:

  • un cuenco de diez libras, destinado a la recepción del crisma en los bautismos y confirmaciones
  • una jofaina de plata para el bautismo, de veinte libras,
  • un cordero dorado de treinta libras, que se instaló en el baptisterio junto a Letrán.
  • siete ciervos plateados que arrojaban agua, cada uno de los cuales pesaba treinta kilos, y especialmente
  • numerosos vasos para vino, por ejemplo, en la basílica de El Vaticano, dos ejemplares del oro más puro, cada uno de un peso de cincuenta libras.
  • Es importante la declaración de que además del cordero dorado antes mencionado, había estatuas de plata de 5 pies de alto, del Redentor y San Juan que pesaban 180 y 125 libras respectivamente.
  • Además, hay que mencionar los cofres, cruces, relicarios y cubiertas de libros, todos en metal, que también fueron hechos en su totalidad o en parte de metales preciosos.

Con esta enumeración el número de utensilios metálicos empleados en la antigüedad cristiana no es completo. El centro del culto cristiano es el Sacrificio y el altar, por esta razón desde el principio fue hecho con material valioso o al menos cubierto con él. Además, se utilizaron placas de metal para adornar la confesión y el entorno inmediato del altar. Se usó una gran riqueza de metales preciosos en la superestructura del altar o baldaquino, que estaba decorado con estatuas de metal, con cálices y coronas votivas. Cuando León III mandó a restaurar el baldaquino, donado por el emperador Constantino, empleó para ese propósito 2704.5 libras de plata. También se utilizó una gran cantidad de metal para el iconostasio, una mampara que conecta de dos a seis columnas; así León III recuperó el iconostasio de la iglesia de San Pablo con un gasto de 1,452 libras de plata.

También se requiere una gran cantidad de trabajos en metal para la iluminación de la basílica. Constantino también regaló a la Basílica de Letrán 174 artículos separados de la mayor variedad destinados a ese propósito. Basta mencionar aquí solamente las lucernas o arañas (coronae), los candelabros y las lámparas, hechos de bronce, plata u oro. La Basílica de Letrán recibió entre las demás un candelabro con cincuenta lámparas del oro más puro que pesaban 120 libras, y un candelabro del mismo material con ochenta lámparas. Incluso los recipientes para almacenar el aceite a veces estaban hechos de metales preciosos. La Basílica de Letrán era propietaria de tres de estos vasos de plata, que pesaban 900 libras. Sin embargo, no nos han llegado prácticamente ninguno de todos estos tesoros, sólo se han encontrado unos pocos candelabros de bronce, que datan de los siglos V al VIII, la mayoría de ellos en Egipto.

Queda otro artículo de metal muy utilizado al servicio de la Iglesia desde los primeros siglos: el incensario. Según el "Liber Pontificalis", el baptisterio de San Juan de Letrán tenía un incensario de oro de quince libras, adornado con piedras preciosas verdes. Si tenemos en cuenta, pues, todos estos artículos, se deduce naturalmente que el uso de artículos de metal al servicio de la Iglesia alcanzó proporciones extraordinarias en la antigüedad cristiana.

Más difícil que la enumeración de las obras en metal es la descripción de su decoración y los procesos técnicos empleados en su fabricación, porque nuestras fuentes literarias son casi en su totalidad silenciosas sobre este punto, mientras que existen muy pocas de las antiguas obras cristianas que podrían iluminarnos. Por lo tanto, también en este caso debemos limitarnos especialmente a las declaraciones del "Liber Pontificalis". Aquí encontramos numerosas referencias a imágenes (imagines) de Cristo, la Santísima Virgen, los ángeles y los apóstoles; en la mayoría de los casos es imposible determinar si las obras fueron talladas o fundidas, lo cierto es que se emplearon ambos métodos. Las estatuas de Cristo y los apóstoles en el baldaquino que Constantino donó a la Basílica de Letrán eran sin duda talladas. En algunos casos, el núcleo de la estatua era de madera sobrepuesto o cubierto con plata u oro. Las imágenes pintadas también se decoraban a veces con relieves de plata u oro. Por ejemplo, Gregorio III utilizó cinco libras de oro puro y piedras preciosas en la decoración de una estatua de la Virgen en Santa María la Mayor. Las piedras preciosas en particular eran una forma favorita de decoración para los artículos hechos de metal; las estatuas de oro a veces estaban completamente cubiertas con ellas.

Cuando Sixto I proveyó muebles costosos para la confesión de la basílica de El Vaticano, Valentiniano regaló una tableta en relieve con las imágenes de Cristo y los apóstoles que estaba tachonada de piedras preciosas. También el baptisterio al lado de la Basílica de Letrán poseía un incensario que estaba adornado con piedras preciosas. Las obras en bronce a menudo tenían incrustaciones de plata. Así, las capillas de San Juan recibieron puertas con ornamentación plateada. Probablemente se trataba de una especie de niello (niel) (cf. Rosenberg, “Niello”, Frankfort, 1908). Para obtener efectos de color se empleaban además esmalte y verroterie cloisonée; más adelante se dará una descripción más detallada de estos. Llamaremos aquí la atención sólo sobre el espécimen más conocido que se ha conservado, el "pentáptico" en el tesoro de la catedral de Milán cuya división central está ornamentada por este proceso con el cordero pascual y la Cruz.

Por último, en cuanto a los talleres de los que la Iglesia obtenía sus obras en metal, no cabe duda de que existían en todas las grandes ciudades de los países civilizados de la antigua cristiandad; pero las ciudades del Imperio Romano de Oriente, y especialmente Bizancio, parecen haber sido preeminentes. Incluso en la actualidad existe una tendencia a considerar casi todas las obras más importantes que se han conservado como productos del arte oriental. De hecho, un gran número de trabajos en metal fueron traídos de Oriente a los países occidentales. Mencionamos aquí solo un relicario en forma de cruz en la Basílica de San Pedro en Roma, un regalo del emperador bizantino Justino II.

Edad Media

Metalistería Bizantina

Comenzamos la Edad Media con la metalistería bizantina, para quitar de entrada la impresión de que el término bizantino se usa para expresar un período de tiempo definido; se utiliza más bien para denotar un círculo geográfico definido de arte y cultura, es decir, Bizancio con sus alrededores inmediatos y más distantes. Hubo dos factores que ejercieron una poderosa influencia sobre la obra bizantina: primero, la extravagancia casi ilimitada que prevaleció en la Corte imperial y que, como resultado de las íntimas relaciones existentes entre Iglesia y Estado, se hizo sentir también en esta última; segundo, el estrecho contacto con el arte de las provincias del interior, particularmente con el arte persa. La influencia persa, o, para usar un término más general, la oriental, dio lugar a una búsqueda extravagante de efectos de color en la metalistería acompañada de una supresión del objeto principal, a saber, la producción de obras plásticas. Para comprender este último cambio, debemos explicar brevemente algunos términos técnicos.

Para dar forma artística a una masa informe de metal, se emplean procesos de fundición y martillado o cincelado. En el primer proceso, el metal se lleva a un estado líquido y se vierte en una forma hueca, que se ha preparado previamente presionando un modelo sólido en una masa flexible. Aunque la fundición debe considerarse como el modo original de tratar los metales, sin embargo, en lo que respecta a dar forma artística al oro y la plata, el martillado era de mayor importancia. Mediante martillazos se ahueca la hoja de metal y de esta manera se le da forma plástica. Muy estrechamente relacionado con el martilleo está el arte del grabado, que consiste en dirigir el golpe del martillo no directamente sobre el metal sino transmitirlo mediante pequeños cinceles de acero. Son estos dos últimos procesos los que tenemos principalmente en mente cuando hablamos del arte del orfebre. Por medio de ellos, el antiguo arte de Occidente produjo sus más bellas obras en metal.

Un estado de cosas diferente existió en Oriente, y particularmente en el hogar del arte mesopotámico-persa y sirio, donde, por así decirlo, el ojo tenía más un don para el color que el que tenía la mano para la formación plástica. El oro brillante aquí recibió una decoración adicional mediante esmaltes de colores. Esta preferencia por la representación coloreada en lugar del plástico se transmitió también a Bizancio. Pero siempre será un mérito de la orfebrería bizantina su producción de magníficas obras en metal para el servicio de la Iglesia. El proceso empleado en Oriente y Bizancio se conoce como esmalte cloisonné (émail cloisonné); este consiste en soldar tiras muy finas de oro sobre la placa base de oro para formar celdas en las que se presiona y se fusiona en su lugar la pasta de esmalte, combinándose el esmalte con el metal durante la fusión.

En Bizancio, el esmalte cloisonné forzó el arte de martillar y cincelar a una posición muy subordinada; se usaba el esmalte para decorar artículos seculares, como cuencos y espadas, pero sobre todo los trabajos en metal para la Iglesia. La ornamentación consistía en parte en diseños decorativos y en parte en representaciones figurativas. Entre las obras que nos han llegado hay muchas de una pureza en miniatura, que a pesar de su pequeño tamaño son verdaderamente monumentales en su concepción. De las obras más grandes, solo se ha conservado un número muy pequeño, la más famosa es el frontal (Pala d´oro) dorado del altar de San Marcos en Venecia. Las piezas restantes son en su mayor parte relicarios que se colgaban del cuello (Vea ENCOLPION) o se colocaban sobre el altar (ejemplos en Velletri y Cosenza), cruces y cubiertas de libros (un magnífico ejemplar en la sala de joyas real de Munich). Del período en el que este arte alcanzó su máxima perfección, los siglos X y XI, tenemos la llamada staurotheca (una tablilla relicario) en la catedral de Limburgo en el Lahn, el relicario de Nicéforo Focas (963-969) en el convento de Lavra (Athos), y la banda inferior de la llamada corona de San Esteban en los tesoros de la corona en Budapest (1076-77). El terrible saqueo de la capital por los cruzados occidentales (1204) asestó el golpe mortal a este floreciente arte.

Aunque los ejemplos de obras en metal bizantinas decoradas con esmalte son por mucho los más numerosos, no faltan del todo muestras de trabajo martillado. En primer lugar, podemos mencionar dos relicarios arquitectónicos que tienen la forma de una estructura central coronada por una cúpula (en Aquisgrán y Venecia). Las tablillas del relicario con relieves tallados tienen la forma de un pequeño altar plegable o de una cruz, que a menudo lleva los retratos del emperador Constantino y su madre en el anverso, y en el reverso, la Crucifixión. Un tipo distinto de la orfebrería griega son los iconos; uno de los más valiosos se encuentra en la colección Swenigorodskoi (San Petersburgo). En la catedral de Halberstadt (siglo XI) se encuentra un espécimen raro con excelente cinceladura, una píxide de plata dorada con la crucifixión de Cristo. En un solo lugar de Occidente es posible en la actualidad hacerse una idea de la magnificencia y el costo de las obras en metal bizantinas, en los tesoros y la biblioteca de San Marcos en Venecia, que todavía posee una parte del botín del año 1204.

Metalistería de las Naciones Bárbaras

Aunque la fabricación de obras en metal artísticas para la Iglesia no estuvo acompañada de dificultades en los países de la civilización más antigua, las condiciones fueron mucho más desfavorables entre las naciones bárbaras que abrazaron el cristianismo. Sin embargo, sabemos que entre ellos los artículos de metal se usaban mucho al servicio de la Iglesia. Gregorio de Tours en un lugar habla de sesenta cálices, quince patenas, veinte encolpia de oro puro, que el rey Childeberto tomó como botín en el año 531 en una campaña contra los visigodos. Cuando San Patricio llegó a Irlanda tenía en su séquito, entre otros, tres metalistas, a saber, Mac Cecht, Laebhan y Fortchern. Todavía existen cincuenta y tres campanillas, tubulares y en forma de caja, que pertenecen a este arte irlandés de la metalistería; entre los francos San Eligio de Noyon (588-659), orfebre, fue incluso consagrado obispo.

Aquí surge la pregunta interesante, cómo estos "bárbaros" lograron producir obras artísticas en metal. Solo las obras mismas que se han conservado pueden responder a esta pregunta. Es cierto que hay solo pocas de estas; las más importantes a considerar aquí son:

  • un cáliz y una patena que se encontraron cerca de Gourdon (Borgoña) y ahora se conservan en la Biblioteca Nacional de París;
  • un relicario también borgoñón, en San Mauricio (Suiza);
  • las famosas coronas votivas de los reyes visigodos de Guarrazar, especialmente las de Recesvinto y Svintila (631);
  • una cubierta para el Evangelio de la reina Teodolinda en Monza;
  • un relicario en forma de bolso de Hereford (ahora en Berlín);
  • una cubierta de Evangelio de Lindau (luego comprada por J. Pierpont Morgan); y
  • el cáliz de Tassilo en Kremsmünster (Austria).

Además, puede asignarse a este período, debido a su estilo, la cruz de San Cutberto en la catedral de Durham, el cáliz de Ardagh, los templetes de varias campanas irlandesas antiguas y algunos báculos y cruces en la colección de la Real Academia de Irlanda, Dublín, y en el Museo Británico de Londres. Cuando consideramos que estas obras se extienden por un período de más de cuatro siglos y son el producto de varias etnias, es evidente a la vez que solo podemos dar una leve insinuación del carácter y la decoración de la metalistería de la Iglesia entre las naciones bárbaras.

El material utilizado en la fabricación de estas obras es casi exclusivamente oro, mientras que su decoración artística consiste en su mayor parte en el llamado verroterie cloisonnée, un mosaico de vidrio. El proceso empleado en esta decoración es similar al del esmalte cloisonné; el engaste de las piedras semipreciosas o gemas de pasta se realiza en una de dos maneras: o se colocan entre bandas delgadas de metal como esmalte cloisonné, o se colocan en aberturas que se cortan en la propia placa de oro. A veces, la placa de oro está completamente cubierta con las piedras. La ornamentación cincelada, por otro lado, es menos frecuente, se encuentra de manera tosca en el relicario de Hereford. Que el niel no era desconocido para las naciones "bárbaras" lo prueba el cáliz en Kremsmünster, un regalo de Tasilo, duque de Baviera (alrededor de 780). En el arte irlandés la filigrana también encontró un desarrollo muy delicado, uno de los ejemplos más valiosos, uno que muestra una concentración de todos los procesos con los que estaban familiarizados los maestros nativos, es el cáliz de Ardagh.

Metalistería en la Época de Carlomagno y los Otones

El segundo período abarca la época de Carlomagno y los emperadores de nombre Otón, es decir, en números redondos un período de 200 años. Si apenas se puede decir que este período añadió algo esencialmente nuevo a la metalistería de los siglos anteriores, es cierto que dio nuevas formas y un mayor desarrollo a muchos de los artículos ya en uso. Ahora también nos encontramos a menudo con obras fundidas en bronce, mientras que en el llamado "estilo del período de las migraciones" de la época anterior no era necesario ni siquiera mencionarlas. Con el aumento de la riqueza de la Iglesia, surgió también la necesidad de una mayor cantidad de valiosas obras en metal. Este fue especialmente el caso de los grandes monasterios que contaban entre sus propios miembros con obreros metalistas de gran habilidad artística. La manufactura de los trabajos en metal para la Iglesia durante los siglos X y XI estuvo de hecho tan ampliamente en manos de los monjes que todo este período ha sido designado como el período del arte monástico.

Mientras que Francia había liderado el desarrollo durante el siglo IX, a partir del siglo X Alemania fue gradualmente tomando la delantera. Una de las causas que ayudaron a lograr este resultado fue el vivo interés que varios de los príncipes eclesiásticos más prominentes tuvieron en el arte de la metalistería tal como se desarrolló dentro de la Iglesia; el más digno de mención en este sentido es el arzobispo Egberto de Tréveris y después de él los obispos Meinwerk de Paderborn y Bernwardo de Hildesheim. En Francia el arte de la metalistería floreció especialmente en Reims, pero también en Corbie Tours y Metz. En Alemania los centros de orfebrería de la Iglesia fueron, además de Tréveris, especialmente los monasterios de Ratisbona, Reichenau, Essen, Hildesheim y Helmershausen.

El rasgo característico del arte del período de las [migración |migraciones]], la verroterie cloisonnée, desaparece gradualmente y cede el paso al esmalte cloisonné bizantino que floreció especialmente en Tréveris y Reichenau. El resurgimiento de la tendencia plástica en la metalistería fue de suma importancia. Del período en discusión tenemos, incluso hoy día, varias decoraciones de altar y cubiertas de libros con representaciones de figuras, que revelan una habilidad verdaderamente asombrosa en el martillado de metales; tal es el valioso antipendio de Enrique II de Basilea. Todavía se practicaba el método primitivo de cubrir un núcleo de madera con láminas delgadas de metal. Los dos mejores ejemplos conocidos de este arte son una Madonna en la iglesia colegiata en Essen (Rheinland) y una imagen de Santa Fe en Conques, Francia. En Italia, la obra más importante de este período es la decoración del altar mayor de la iglesia de San Ambrosio en Milán, obra de Wolvinus, ejecutada bajo el mandato del arzobispo Angelberto II (824-66).

Ejemplos destacados del trabajo en metal francés son el altar portátil con forma de baldaquino, y la encuadernación de una copia de los Evangelios en la sala de joyas real de Munich, que probablemente se hicieron en Reims y se llevaron a Alemania ya en el reinado del rey Arnulfo (m. 899). Alemania posee, como prueba de una metalistería avanzada, cuatro cruces en la colegiata de Essen que revelan la poderosa influencia del arte bizantino. Estrechamente relacionada con Essen están la escuela del monasterio de Helmershausen, donde el monje Rogero escribió el primer manual de artes industriales, "Schedula diversarum artium", y la escuela de Hildesheim, que a través de la actividad del obispo Bernwardo se convirtió en el centro de la metalistería en el norte de Alemania. Pertenecen a este período las puertas plegables de la catedral con toscos relieves, una columna que sigue el patrón de la Columna de Trajano en Roma, y dos candeleros. En Francia apenas se ha conservado una obra de ningún tamaño; en Italia destacan varias puertas de bronce, por ejemplo, las de la basílica de San Pablo en Roma (1070) y Monte Gargano (1070), porque fueron adquiridas en Bizancio y muestran la influencia del arte bizantino.

Metalistería Románica

Metalistería Gótica

Renacimiento

Fuente: Kleinschmidt, Beda. "Metalwork in the Service of the Church." The Catholic Encyclopedia. Vol. 10, págs. 218-225. New York: Robert Appleton Company, 1911. 19 sept. 2021 <http://www.newadvent.org/cathen/10218a.htm>.

Está siendo traducido por Luz María Hernández Medina