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Martes, 24 de octubre de 2017

Monotelismo y monotelitas

De Enciclopedia Católica

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Monotelismo (a veces monoteletas de monotheletai, pero esta se translitera más naturalmente al latín como i). Herejía del siglo VII, condenada en el Sexto Concilio General. Era esencialmente una modificación del monofisismo, propagado en la Iglesia Católica para reconciliar a los monofisitas, con la esperanza de una vuelta a la unión.

La cuestión teológica

Los monofisitas eran habitualmente representados por sus oponentes católicos como negadores de toda humanidad en la naturaleza humana de Cristo después de la unión. Esto era una deducción lógica de su lenguaje, pero estaba muy lejos de ser la verdadera enseñanza de sus principales doctores. Pero al menos es cierto que hacían que la unidad de Cristo (en la que insistían contra los nestorianizantes reales o supuestos) implicara solo un principio de intención y voluntad y solamente una clase de actividad u operación (energeia). La personalidad les parecía que se manifestaba en la voluntad y en la acción y pensaban que una sola personalidad debía suponer una sola voluntad y una sola categoría de acción. La Persona de cristo, siendo –divino-humana debe por consiguiente suponer una voluntad divino-humana y una actividad divino-humana (vea eutiquianismo, monofisismo).

Las dos voluntades

La doctrina católica es simple en sus líneas principales. La facultad de la voluntad es una parte integral de la naturaleza humana: por consiguiente nuestro Señor tenía una voluntad humana, puesto que tomó una naturaleza humana perfecta. Su voluntad Divina por otra parte es numéricamente una con la del Padre y el Espíritu Santo. Es necesario, entonces, reconocer dos voluntades en Cristo.

Pero si la palabra voluntad se toma no como la facultad sino como la decisión tomada por la voluntad, entonces es verdad que las dos voluntades siempre actuaron en armonía: había dos voluntades que querían y dos actos, pero un objeto, una voluntad querida; en la frase de S. Máximo había duo thelemata aunque mia gnome.

La palabra voluntad se usa también para significar no la decisión de la voluntad sino una mera veleidad o deseo voluntas ut natura (thelesis) como opuesta a voluntas ut ratio (boulesis). No son otra cosa que dos movimientos de la misma facultad, ambos existen en Cristo sin imperfección alguna, y el movimiento natural de Su voluntad humana está perfectamente sujeto a su movimiento racional o libre.

Por fin al apetito sensitivo también se le denomina a veces voluntad. Es una parte integral de la naturaleza humana de Jesucristo, pero sin ninguna de las imperfecciones inducidas por el pecado original o actual: Él no puede tener pasiones (en el sentido de la palabra que implica una rebelión contra la razón), ni concupiscencia, ni “voluntad de la carne”. Por consiguiente esta voluntad inferior se le ha de negar a Cristo, en cuanto es llamada voluntad, porque resiste a la voluntad racional (en este sentido Juan IV le dijo a Honorio que había negado a Cristo la voluntad inferior); pero ha de admitirse en El en cuanto se llama voluntad, porque obedece a la voluntad racional y así es voluntas per participationem: de hecho , en este sentido el apetito sensual es llamado voluntad menos apropiadamente en Cristo que en nosotros porque quo perfectior est volens, eo magis sensualitas in eo de voluntate habet.

Pero el sentido estricto de la palabra voluntad (votuntas, thelema) es siempre la voluntad racional, la voluntad libre. Por ello es correcto decir que en Cristo sólo hay dos voluntades: la divina, que es de naturaleza divina y la voluntad humana racional, que actúa siempre en armonía y en libre sujeción a la voluntad divina. La negación por lo herejes de más de una voluntad en Cristo tenía como consecuencia necesaria que Su naturaleza humana fuera incompleta. Confundían la voluntad como facultad con la decisión de la facultad. Argüían que dos voluntades debían querer decir voluntades contrarias, lo que muestra que no podían concebir dos facultades distintas que tuvieran el mismo objeto.

Más aún, vieron correctamente que la voluntad divina es el último principio de gobierno, to hegemonikon, pero que una voluntad libre humana actuando bajo su guía, les parecía algo ocioso. Pero esta omisión impide que los actos del Señor sean libres, que sean actos humanos, que sean meritorios y de hecho hace que Su naturaleza humana no sea otra cosa que un instrumento irracional irresponsable de la divinidad, una máquina, de la que la divinidad es el motor. Para Severo el conocimiento de Nuestro Señor era de forma similar, de una clase – Solo tenía conocimiento divino y no facultad cognitiva humana. Estas conclusiones meticulosas no fueron contempladas por los inventores del monotelismo y Sergio simplemente negó dos voluntades para afirmar que no había repugnancia en la naturaleza humana de Cristo ante los impulsos de la divina y ciertamente no vio las consecuencias de sus desastrosas enseñanzas.

Las dos operaciones

Operación o energía , actividad (energeia, operatio), es paralela a la voluntad en que solo hay una actividad de Dios, ad extra, común a las Tres Personas, mientras que hay dos operaciones en Cristo, debido a sus dos naturalezas.

La palabra energeia no se emplea aquí en el sentido aristotélico (actus, en cuanto opuesto a potentia, dynamis), porque esto sería prácticamente e idéntico a esse (existentia), y es una cuestión abierta entre los teólogos católicos si en Cristo hay un esse o dos. Ni energeia significa que simplemente la action (como Vázquez seguido por Lugo y otros defendieron erróneamente) sino al facultad de acción, incluido el acto de la facultad. Petavius no tiene dificultades en refutar a Vázquez, hacienda referencia a otros escritores del siglo diecisiete, pero él mismo habla de duo genera operationum como equivalente de duo operationes, lo que introduce una desafortunada confusión entre energeia y praxeis o energemata, que está entre la voluntad de acción y las múltiples acciones producidas por la facultad

Esta confusión de términos es frecuente en los teólogos posteriores y ocurre en los antiguos, por ejemplo, S. Sofronio. Las acciones de Dios son innumerables en la creación y en la Providencia, pero su energeia es una, porque tiene una naturaleza de Tres Personas.

Las varias acciones del Hijo encarnado proceden de dos distintos e inconfusas energeiai, porque tiene dos naturalezas. Todas son las acciones de un sujeto (agente o principium quod), pero son o divinas o humanas según la naturaleza (principium quo) de que las produce. Los monofisitas tenían razón al decir que todas las acciones, humanas y divinas, del Hijo encarnado deben ser referidas a un agente que es el hombre-Dios; pero estaban equivocados al inferir que sus acciones, las divinas y las humanas, deben ser llamadas teándricas o humano-divinas y deben proceder de una sola energeia humano-divina: S. Sofronio y después de él S. Máximo y S. Juan Damasceno mostraron que las dos energeia producen tres clases de acciones, puesto que las acciones son complejas y algunas tienen mezcla de lo humano y lo divino.

• (1) Hay acciones divinas ejercidas por Dios Hijo en común con el Padre y el Espíritu Santo (e.g. la creación de almas o la conservación del universo) en el queso naturaleza Humana no toma parte en absoluto. Es verdad que es correcto decir que un niño gobernaba el universo ( por la communicatio idiomatum), peor es una cosa de palabras y es una predicación accidental, no formal. El que se hizo niño gobierna el universo como Dios, no como niño y por una actividad que es totalmente divina, no humano-divina.

• (2) Hay otras acciones divinas que el Verbo Encarnado ejercía en i a través de la naturaleza humana, como resucitar a los muertos con una palabra, curar a los enfermos a través del tacto o la palabra y aunque las usa pero por esa intima conexión la palabra teándrica no parece estar fuera de lugar respecto a todo el acto complejo, mientras que la acción divina ejercida a través del humano puede ser llamada formalmente teándrica, o divino-humana.

• (3) Es más, hay acciones puramente humanas de Cristo, tales como caminar o comer, que se deben a la libre voluntad humana, actuando en respuesta a una moción de la voluntad divina. Estas salen de la potential humana, pero bajo la dirección de la divina. Por consiguiente son llamadas también teándricas, pero en un sentido diferente – son materialmente teándricas, humano-divinas. Hemos visto antes que para algunas de las acciones de nuestro Señor la palabra teándrica no se puede aplicar en absoluto; a algunas puede aplicarse en un sentido y a otras en diferentes sentidos. El concilio de Letrán de 649 anatematizó la expresión una deivirilis operatio, mia theandrike energeia, por la que todas las acciones divinas y humanas son realizadas

• Es desafortunado que el respeto que todos sentían por el Pseudo-Dionisio Areopagita ha impedido a los teólogos proscribir totalmente las expresión deivirilis operatio. Se ha mostrado arriba que es correcto hablar de deiviriles actus o actiones o energemata. La kaine theandrike energeia, del Pseudo-Dionisio fue defendida pro Sofronio y Máximo como refiriéndose a la divina energeia cuando produce los actos mixtos (formalmente teándricos); teándrico se convierte así en un epíteto correcto de la divina operación bajo ciertas circunstancias, y eso es todo.

Aunque los monofisitas hablaban en general de “una operación teándrica”, sin embargo el discurso de S. Martín en el concilio lateranense nos dice que un tal Colluthus ni siquiera se atrevía a ir tan lejos no fuera que “teándrico” dejara alguna operación a la naturaleza humana; prefería la palabra thekoprepes, Deo decibilis (Mansi, X, 982).

La negación de dos operaciones, aun más que la negación de dos voluntades, hace a la naturaleza humana de Cristo el instrumento inanimado de la voluntad divina. S. Tomás señala que aunque un instrumento participa en la acción del agente que lo usa, hasta un instrumento inanimado tiene una actividad propia; mucho más la naturaleza humana de Cristo tiene una operación propia bajo la más elevada moción que recibe de la divinidad. Pero por medio de esta elevada moción las dos naturalezas actúan en concierto, según las famosas palabras de S. León en el Tome:” "Agit enim utraque forma cum alterius communione quod proprium est; Verbo scilicet operante quod Verbi est, et carne exsequente quod carnis est. Unum horum coruscat miraculis, aliud succumbit injuriis" (Ep. 28, 4).

Estas palabras fueron citadas por Ciro, Sergio, Sofronio, Honorio, Máximo etc., y jugaron una parte importante en la controversia. Esta intercomunicación de las dos operaciones se sigue de la doctrina católica del perichoresis, circuminsessio, de las dos inconfusas e inseparables naturalezas, como leemos de nuevo en S. León: "Exprimit quidem sub distinctis actionibus veritatem suam utraque natura, sed neutra se ab alterius connexione disjungit" (Serm. liv, 1). S. Sofronio (Mansi, XI, 480 ss.) y S. Máximo (Ep. 19) expresaron su verdad en el mismo comienzo de la controversia así como más adelante. S. Juan Damasceno insiste en ello. Sto. Tomás lo explica bien:: "Motum participat operationem moventis, et movens utitur operatione moti, et sic utrumque agit cum communicatione alterius".

Krüger y otros han dudado si se podía decir que la cuestión de las dos operaciones estaba ya decidida) en tiempos de Justiniano (como mantenía Loof). Pero parece que las palabras de S. León, anteriores, son suficientemente claras. Los escritos de Severo de Antioquía asumían que sus oponentes católicos mantenían dos operaciones y un oscuro monje del siglo sexto, Eustasio (De duabus naturis, P. G., LXXXVI, 909) acepta la expresión. Muchas de las numerosas citas de los Padres griegos y latinos que se presentaron en el concilio laterano y en otras ocasiones no son concluyentes, aunque algunas de ellas son bastante claras. Teólogos realmente conocedores como Sofronio y Máximo no tenían dudas, aunque Ciro y Honorio estaban asombrados. El patriarca Eulogio de Alejandría (580-607) había escrito contra los que enseñaban una sola voluntad, pero Ciro y Sergio no conocían esta obra.

Historia

El origen de la controversia monotelita lo relata Sergio en su carta al papa Honorio. Cuando en el curso de la guerra, que comenzó hacia 619, el emperador Honorio llegó a Teodosiopolis (Erzeroum) en Armenia, alrededor de 622, un monofisita llamado Pablo, líder de los acéfalos, pronunció ante él un discurso a favor de los herejes. El emperador le refutó con argumentos teológicos e incidentalmente hizo uso de la expresión “una operación” de Cristo. Más tarde, m, hacia 626, preguntó a Ciro, obispo de Fasis y metropolitano de Lazi, si sus palabras eran correctas. Ciro no estaba seguro y, por orden del emperador, escribió pidiendo consejo a Sergio, patriarca de Constantinopla, en el que Heraclio tenía mucha confianza: Sergio en respuesta le envió una carta que se decía escrita por Mannas de Constantinopla al papa Virgilio y aprobada por éste en la que se citaba a varias autoridades a favor de una operación y una voluntad. Esta carta fue más tarde reconocida como falsificación y reconocida como tal en el sexto concilio general. Nada más ocurrió, según Sergio, hasta junio de 631, año en que Ciro fue promovido por el emperador a la sede de Alejandría. Todo Egipto era entonces monofisita y estaba continuamente amenazado por los sarracenos. Heraclio sin duda deseaba logar la unión de todos con la iglesia católica porque el país estaba muy debilitado pro las disensiones nutre los herejes entre ellos mismos y por la animosidad contra la religión oficial. Emperadores anteriores habían hecho esfuerzos para lograr la unión , poro en el siglo quinto el Henoticón de Zenón había sido condenado por los papas, pero no había satisfecho a todos los herejes y la condena el siglo sexto de los “Tres Capítulos” casi causa un cisma entre oriente y occidente y además sin lograr aplacar a los monofisitas.

Ciro, de momento, tuvo más éxito. Imaginando, sin duda como todos los católicos hacían, que el monofisismo implicaba que la naturaleza humana de Cristo era una no-entidad después de la unión le encantó que los monofisitas aceptaran una serie de nueve “capitula” en los que se afirma la formula “en dos naturalezas”, de Calcedonia, y se cita “un compuesto hipostático” y physike kai kath hypostasin enosis, junto con los adverbios asygchytos, atreptos, analloiotos. Se cita a S. Cirilo, el gran doctor de los Monofisitas y todo es satisfactorio , hasta que en la posición número siete se habla de Nuestro Señor como “operando sus obras humanas y divinas por una operación teándrica, según el divino Dionisio”.

Esta famosa expresión de Pseudoareopagita es tomada por los críticos modernos para mostrar que escribió bajo influjo monofisita. Pero Ciro creía que era una expresión ortodoxa, usada por Mennas y aprobada por el papa Virgilio. Así que salió triunfante en aquella vuelta a la Iglesia en la que un gran número de monofisitas teodosianos, de manera, como dice Sergio, toda la gente de Alejandría y casi de todo Egipto, la Tebaida y Libia tenían una sola voz y donde antes no querían ni oír el nombre del papa León ni del Concilio de Calcedonia ahora los aclamaban a gritos en los santos misterios. Pero los monofisitas vieron con más claridad y Anastasio del Monte Sinaí nos dice que presumían de que “No habían llegado a la comunión de Calcedonia sino que Calcedonia comulgaba con ellos al reconocer una naturaleza de Cristo a través de una operación.”

Por aquel tiempo estaba en Alejandría, Sofronio, un monje muy venerado de Palestina que llegaría a ser Patriarca de Jerusalén. Se puso con fuerza a la expresión “una operación”. Ciro se defendió, pero no logró convencerle. Fue a Constantinopla y exigió a Sergio, por cuyo consejo se había utilizado expresado la expresión, que se retirara el séptimo de los “Capitula”. Sergio pensó que era demasiado duro porque destruiría la gloriosa unión conseguida, pero quedó tan impresionado que escribió a Ciro diciéndole que sería bueno para el futuro dejar de utilizar las dos expresiones, “una operación “ y “ dos operaciones” y que creía necesario acudir con el tema al papa. (Hasta aquí su propia historia). Esto debe llevarnos a no juzgar a Sergio muy duramente. Puede que sea una invención que sus padres fueran monofisitas (así Atanasio del Sinaí), pero en todo caso se opuso a ellos y basó su defensa de “una operación” en las citas de los Padres de la carta espuria de su predecesor ortodoxo Mennas quien , estaba convencido, tenía la aprobación del papa Virgilio.

Era un político que no sabía demasiado de teología. Pero hay más de lo que él admite. Al principio Ciro no dudaba. Su carta a Sergio explica con mucha corrección que había dicho que el emperador estaba equivocado y había citado las famosas palabra de S. León en el Tome a Flaviano: "Agit utraque natura cum alterius communione quod proprium est" como claramente difinitorios de dos operaciones distintas pero inseparables. Sergio fue responsable de inducirle a error enviándole la carta de Mennas. Más aún, S. Máximo nos dice que Sergio había escrito a Teodoro de Faran, pidiéndole su opinión : Teodoro estaba de acuerdo ( es probable que Esteban de Dora se equivocara creer que Teodoro era un monotelita al hacer de Teodoro un monotelita ante Sergio). También trabajó sobre el severiano Pablo el tuerto, el mismo con el había disputado Heraclio. Había pedido a Jorge Arsas, un monofisita seguidor de Pablo el Negro de Antioquía, que le proveyera de autoridades para la “una operación “, diciendo en su carta que estaba preparado para realizar la unión sobre esta base. El Alejandrino S. Juan el Limosnero (609 o 619) Había escrito esta carta de Arsas con su propia mano y sólo la irrupción de los sarracenos impidió (619) que la usara para que Sergio fuera depuesto.

En su carta a Honorio, Sergio desarrolla sin saberlo otra herejía. Admite que “una operación“, aunque utilizada por unos pocos Padres, es una expresión extraña, y puede sugerir la negación de la unión sin confusión de las dos naturalezas.

Pero “dos operaciones” es también peligroso, al sugerir “dos voluntades contrarias, como cuando Dios quiere que se cumpla su Pasión salvadora”, su Humanidad se resistía y contradecía a su Voluntad y así habría dos voluntades contrarias lo que es impío ya que es imposible que en el misma sujeto haya dos voluntades al mismo tiempo y una contraria a la otra respecto al mismo objeto”. Hasta aquí tiene razón, pero continúa:” Porque la doctrina salvadora de los Padres enseña claramente que la carne animada intelectualmente del Señor nunca realiza sus movimientos naturales aparte de, y por sus propios ímpetus de forma contraria a la dirección del Verbo de Dios hipostáticamente unido a ella, y solo en el momento y la manera y hasta donde el Verbo de Dios lo desea”, de la misma manera que nuestro cuerpo es movido por nuestra alma racional.

Aquí habla Sergio de la voluntad natural de la carne y de la Divina voluntad, pero no menciona la más alta voluntad libre, que de hecho está totalmente sometida a la voluntad divina. Se puede entender que él incluye esta voluntad intelectual en “ la carne intelectualmente animada”, pero su pensamiento no es claro y sus palabras expresan simplemente la herejía de una voluntad. Concluye que es mejor confesar simplemente que “el único engendrado Hijo de Dios que verdaderamente Dios y Hombre, obra tanto las obras divinas como las humanas y de un solo y mismo Verbo encarnado procede indivisible e inseparadamente tambas operaciones las divinas y las humanas como enseña San León: Agit enim utraque, etc."

Si estas palabras y la cita de León quieren decir algo, es dos operaciones, pero el error de Sergio está precisamente despreciar la expresión. Hay que tener siempre en cuenta que la precisión teológica es una cuestión de definición y la definición es un asunto de palabras. La prohibición de las palabras correctas es siempre herejía, aunque el autor de la prohibición no tenga intención herética y esté simplemente confundido o con falta de visión. Honorio replicó reprobando a Sofronio y alabando a Sergio por rechazar su “nueva expresión “de “dos operaciones”. Aprueba las recomendaciones de Sergio y no culpa a los capitula de Ciro.

En un punto va más allá que cualquiera de ellos por que usa las palabras:“De donde reconocemos una Voluntad de nuestro Señor Jesucristo”. Podemos fácilmente creer el testimonio del abad Juan Simponio, que escribió una carta para Honorio en la que intentaba solamente negar una voluntad inferior de la carne en Cristo que contradecía a Su más alta voluntad y que no se estaba refiriendo en absoluto a su divina voluntad, pero en conexión con la carta de Sergio tal interpretación es escasamente la más obvia.

Está claro que Honorio no quería ser hereje, como tampoco lo quería Sergio, pero también era igualmente incorrecto en su decisión, y su posición hacía que el error fuera más desastroso. En potra carta a Sergio dice que ha informado a Ciro de que las nuevas expresiones, una y dos operaciones, han de ser abandonadas, ya que su uso es muy tonto.

En uno de los últimos meses de 638 se llevó a efecto la carta del papa sobre el asunto de la “Exposición “compuesta por Sergio y autorizada por el emperador; es conocida como la Ecthesis de Heraclio. Sergio murió el 9 de diciembre, unos días antes de que se celebrara un concilio en el que la Ecthesis fue aclamada como “verdaderamente de acuerdo con las enseñanzas apostólicas”, palabras que parecen hacer referencia a que el concilio se basó en la carta de Honorio. Ciro recibió las noticias de este concilio con gran alegría. La Ecthesis en sí misma es una completa profesión de fe según los cinco concilios ecuménicos. Su peculiaridad consiste en añadir una prohibición de la expresión una y dos operaciones, y una formación de una voluntad en Cristo, porque de los contrario habría que mantener voluntades contrarias. La carta de Honorio había sido un documento serio pero no una definición de fe obligatoria para toda la Iglesia. La Ecthesis era una definición. Pero Honorio no la había conocido puesto que había muerto el 12 de octubre. Los enviados que vinieron para la confirmación por parte del emperador del nuevo papa Severino, rehusaron recomendar la Ecthesis al pie de la letra pero prometieron presentársela para su juicio (ver MAXIMUS de CONSTANTINOPLA).

Severino no fue consagrado hasta mayo de 640 y murió dos meses después pero no sin antes condenar la Ecthesis. Juan IV, que le sucedió en diciembre, no perdió tiempo en reunir un sínodo para condenarla formalmente. Cuando Heraclio, que había intentado aplicar la doctrina de Honorio, oyó que el documento había sido rechazado en Roma, se desentendió del asunto y le echó la culpa a Sergio. Murió en febrero de 641. El papa escribió al hijo mayor de Heraclio, diciéndole que la Ecthesis debía retirarse y pidiendo disculpar por el papa Honorio que no había querido enseñar una voluntad humana en Cristo. S. Máximo Confesor publicó una defensa similar de Honorio, pero ninguno de estos dos apologistas dicen nada del error inicial, la prohibición de “las dos operaciones” que pronto9 se iba a convertir en el principal punto de controversia. De hecho no era posible defender a Honorio en este punto. Pero Pirro, el nuevo patriarca de Constantinopla, apoyaba la Ecthesis y la confirmó en un gran concilio, que S. Máximo reprueba como convocado irregularmente. Tras la muerte de Constantino y el exilio de su hermano Heracleonas, el mismo Pirró fue exiliado a África donde fue persuadido, en una famosa controversia con S. Máximo a renunciar a la apelación a Virgilio y Honorio y condenar la Ecthesis; viajó a Roma y se sometió al papa Teodoro, porque había muerto Juan IV (octubre 642). Mientras tanto no faltaban las protestas en Oriente.

S. Sofronio, una vez nombrado patriarca de Jerusalén, murió un poco antes que Sergio, sin embargo tuvo tiempo para hacer pública en su entronización una defensa formal del dogma de dos operaciones y dos voluntades, que fue después aprobada por el sexto concilio. Este notable documento fue la primera exposición completa de la doctrina católica. Fue enviado a todos los patriarcas y S. Sofronio pidió humildemente las correcciones. Sus referencias a S. León son interesantes, especialmente su afirmación: “Acepto todas sus cartas y enseñanzas como procedentes de la boca de Pedro el Corifeo y las beso y las abrazo contada mi alma”. Más adelante habla de que recibe las definiciones de León como las de S. Pedro, S. Cirilo y Marcos. Además reunió una colección de los testimonios de los Padres a favor de dos operaciones y dos voluntades. Finalmente envió a Roma a Esteban, obispo de Dora, el primer obispo del patriarcado que nos ha dejado una conmovedora descripción de la manera en la que el santo le llevó al sagrado lugar del Calvario y allí le dijo: “Rendirás cuentas al Dios que fue crucificado aquí por nosotros, en su venida gloriosa y terrible cuando venga a juzgar a los vivos y a los muertos, su retrasas y permites que su Fe esté en peligro, puesto que, como sabes, yo he permitido debido a la invasión de los sarracenos que ha caído sobre nosotros por nuestros pecados. Pásala rápidamente de de uno a otro confín del mundo hasta que llegues a la sede apostólica donde están los cimientos de las doctrinas sagradas. Haz que conozcan todos los hombre, no una ni dos sino muchas veces, lo que se ha hecho y no te canses de urgir y suplicar hasta que su sabiduría apostólica produzca una conclusión victoriosa”.

Obligado por todos los obispos ortodoxos orientales Esteban viajó por primera vez a Roma. El día de la muerte de S. Sofronio, su sede patriarcal fue invadida por el obispo de Joppa, que defendía la Ecthesis. Otro hereje se sentó en la sede de Antioquía. En Alejandría, la unión con los monofisitas duró poco. En el 640 la ciudad cayó en manos de los árabes dirigidos por Amru y la desafortunada herejía ha permanecido hasta nuestros días (excepto unos pocos meses en 646) bajo el gobierno del infiel. Así, todos los patriarcados de Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría se separaron de Roma. Sin embargo, no hay duda de que , excepto en Egipto, la mayor parte de los obispos y todos sus fieles eran ortodoxos y no aceptaron la Ecthesis.

Los obispos de Chipre, que eran independientes de los patriarcados, celebraron un sínodo el 29 de mayo de 643 contra la Ecthesis. Escribieron una carta de apelación al papa Teodoro: “Cristo, Nuestro Dios, ha instituido tu silla Apostólica, ¡oh cabeza santa!, como un cimiento fijo e inamovible. Porque tu eres Pedro como dijo la Divina palabra y sobre ti se apoyan las columnas de la Iglesia y a ti te encargó las llaves del reino de los cielos. Te ordenó atar y desatar con autoridad en el cielo y en la tierra. Tú eres encargado de destruir las herejías profanas, como Corifeo y líder de la fe ortodoxa y limpia. No desprecies, pues padre, la Fe de nuestros Padres arrojada por las olas y puesta en peligro. Dispersa las reglas de los tontos con la luz de tu divino conocimiento, ¡Oh santo! Destruye las blasfemias e insolencia de los nuevos herejes con sus nuevas expresiones, porque nada falta a tu ortodoxia y piadosa definición y tradición para el aumento de la fe entre nosotros. Nosotros – ¡Oh tu inspirado que conversas con los santos Apóstoles y te sientas con ellos! - creemos y confesamos desde antiguo, enseñando como el santo y temeroso de Dios papa León y declaramos que cada naturaleza obra en comunión con la otra lo que le es apropiado.” Etc.

Se declaran listos para sufrir el martirio antes que abandonar la doctrina de S. León: pero su arzobispo Sergio, cuando surgió la persecución, se pasó al campo de los perseguidores, no de los mártires.

Está muy claro que S. Máximo y sus amigos constantinopolitanos S. Sofronio y los obispos de Palestina, Sergio y sus sufragáneos, no sabían que la Sede Apostólica había sido comprometida por las cartas de Honorio, pero la miraban como el único puesto de salvación. Igualmente en 646, los obispos de Africa y de las islas cercanas se reunieron en concilios, en cuyo nombre los primados de Numidia, Byzacene y Mauritania enviaron una carta común al papa Teodoro, quejándose de la Ecthesis: “Nadie puede dudar que en la Sede Apostólica hay una fuente inagotable manando aguas para todos los cristianos”. Etc. Adjuntan cartas al emperador y al patriarca Pablo, para que sean enviadas a Constantinopla por el papa. Tienen miedo de escribir directamente, porque el anterior gobernador, Gregorio (que había presidido la disputa entre S. Máximo y Pirro) se había rebelado y autoproclamado emperador y acababa de ser derrotado; esto era un golpe a la ortodoxia que dejaba en descrédito a Constantinopla. Víctor, elegido Primado de Cartago después de que se escribieran las cartas, añadió una suya.

Pablo, el patriarca a quien el emperador había sustituido por Pirro, no había sido reconocido por el papa Teodoro que le exigía que antes se juzgase a Pirro en un concilio ante dos representantes de la Santa Sede. La respuesta de Pablo se ha conservado: los puntos de vista que expresa son los de la Ecthesis, y los defiende refiriéndose a Honorio y Sergio. Teodoro pronunció sentencia de deposición contra él y Pablo respondió destruyendo el altar latino que pertenecía a la Santa Sede y que se conservaba en el Palacio de Placida en Constantinopla, para que los enviados papales no pudieran celebrar el Santo Sacrificio. Junto con muchos laicos y sacerdotes ortodoxos, los persiguió, encarceló, exiló etc.

Pero Pablo, a pesar de esta violencia, no tenía intención de oponerse a las definiciones de Roma. Hasta ese momento Honorio había sido defendido allí; se decía que no había enseñado una voluntad y la prohibición de la Ecthesis de dos operaciones no era otra cosa que reforzar el camino que había aprobado Honorio y hasta el momento parecía que nada se había publicado oficialmente en Roma sobre el tema. Pablo, lógicamente creyó que sería suficiente si abandona a la enseñanza de una voluntad y prohibía toda referencia a una o dos voluntades así como a una o dos operaciones. Era difícil decir que eso iba contra las enseñanzas del papa Honorio. Sería una medida pacífica u oriente y occidente volverían a unirse.

Pablo persuadió al emperador que retirara la Ecthesis, y que la sustituyera por la elaborada confesión de fe, una mera medida disciplinaria prohibiendo las cuatro expresiones bajo penas severas. Ninguno de los súbditos ortodoxos del emperador tenía permiso para disputar sobre ello, pero nadie que hubiera usado las expresiones en el pasado debía ser culpado. La trasgresión de esta ley significaría la deposición para los obispos, la excomunión para los monjes, pérdida de oficio y dignidades para los oficiales, multas para los laicos ricos y penas corporales y exilio permanente para los pobres.

Con esta cruel ley se liberaba de culpa a la herejía y se prohibía la ortodoxia. Se la conoce como Tipo de Constante. No es un documento monotelita porque prohíbe tanto esa herejía como la fe católica. La fecha está entre septiembre de 648 y septiembre de 649. El papa Teodoro murió el 5 de mayo del 649 y le sucedió S. Martín I en julio. En octubre el papa reunió un gran concilio en el Laterano al que asistieron 105 obispos. El discurso inaugural del papa relata la historia de la herejía y condena la Ecthesis, a Ciro, Sergio, Pirro, el Tipo (documento que defendía a los monotelitas). Juan IV había hablado de Sergio con respeto y Martín no menciona a Honorio porque era imposible defenderle si se iba a condenan el Tipo como herejía. Esteban de Dora, que visitaba Roma por tercera vez, presento un largo memorial, lleno de devoción a la Sede Apostólica. Una delegación de 37 abades que vivían cerca de Roma y que habían huido de los sarracenos desde sus lugres de Jerusalén, África, Armenia, Cilicia exigieron la condenación de Sergio, Pirro, Pablo y Ciro y que se anatematizase el Tipo por la Sede Apostólica.

Los documentos heréticos leídos eran parte de una carta de Teodoro de Faran, la séptima proposición de Ciro, la carta de Sergio a Ciro y extractos de los sínodos celebrados por Sergio y Pirro ( que ahora se había retractado de su arrepentimiento) y la aprobación de la Ecthesis por Ciro. La carta de Sergio a Honorio no se leyó, ni se dijo nada de la correspondencia de éste con Sergio. S. Martín hizo un resumen y después se leyó la carta de Pablo al papa Teodoro y el Tipo9. El concilio admitió la buena intención de este documento ( para salvar al emperador y condenar a Pablo), pero lo declaró herético por prohibir la enseñanza de dos operaciones y dos voluntades. Se leyeron numerosas citas de los Padres y de escritores monofisitas y se acordaron veinte cánones,; el número dieciocho condena a Teodoro de Faran a, Ciro, Sergio, Pablo, la Ecthesis y el Tipo, bajo anatema. Todos firmaron una carta al emperador y se envió a toda la iglesia una encíclica en nombre de S. Martín y del concilio, dirigida a todos los obispos, sacerdotes, diáconos, abades, monjes, ascetas y a la totalidad de la Iglesia católica. Fue una condena final y completa de la política constantinopolitana. Roma había hablado ex cátedra.

Esteban Dora había sido nombrado vicario papal en oriente, pero por error no se le había dicho que además de deponer a los obispos herejes debía poner en su sitio a obispos ortodoxos, Entonces, el papa encargó de esto a Juan, obispo de Filadelfia en Palestrina al que se ordenó nombrar obispos, sacerdotes y diáconos en los patriarcados de Antioquía y Jerusalén. Martín envió cartas a esos patriarcados y a Pedro, el gobernador, al parecer, pidiéndole que apoyara a su vicario. Este Pedro era amigo y corresponsal de S. Máximo. El papa depuso a Juan. arzobispo de Tesalónico y declaró nulos e inválidos los nombramientos de Macario de Antioquía y Pedro de Alejandría.

Constante contestó haciendo que secuestraran a S. Martín en Roma, llevándolo prisionero a Constantinopla. El santo rehusó aceptar la Ecthesis, y después de muchos sufrimientos, muchos de los cuales ha narrado el mismo en un emotivo documento, murió mártir en Crimen en marzo de 655 (Ver Papa Martín I). S, máximo (622) su discípulo el monje Atanasio, otro Atanasio, envidado del papa, murieron por los malos tratos, mártires por causa de su ortodoxia y devoción a la Sede Apostólica.

Mientras S. Martín era insultado y torturado en Constantinopla, el patriarca Pablo moría”: ¡Ay, esto aumentará la severidad de mi juicio! decía al emperador cuando le visitaba. Esto llevó a Constante a mantener de momento al papa con vida. Cuando murió Pablo, Pirro fue repuesto. Pedro, su sucesor, envió una carta ambigua al papa Eugenio, en la Que no mencionaba dos operaciones, observando así las prescripciones del Tipo. El pueblo romano se amotinó cuando fue leída en Sta. María la Mayor y no permitió que el papa siguiera celebrando la misa hasta que prometiera que iba a rechazar la carta.

Constante envió una carta al papa por manos de un tal Gregorio, con un regalo para S. Pedro. El rumor en Roma era que los legados papales aceptarían una declaración de “una y dos voluntades” (dos por las naturalezas, una por la unión). S Máximo rehusó creer esos informes. De hecho Pedro escribió al papa Vitaliano (657-672) profesando “una y dos voluntades y operaciones” y añadiendo citas mutiladas de los Padres, pero la explicación era completamente insatisfactoria, probablemente porque era una excusa para mantener el Tipo.

En 663 Constante fue a Roma, intentado hacer de ella su residencia, debido a su poca popularidad en Constantinopla, porque además de asesinar a un papa proscribir la fe ortodoxa, había asesinado a su hermano Teodosio. El papa le recibió con los debidos honores y Constante, que había rehusado confirmar las elecciones de Martín y Eugenio, ordeno que el nombre de Vitaliano se inscribiera en los dípticos de Constantinopla. No se hizo mención del Tipo.

Sin embargo Roma no le gustó a Constante y después de saquear las iglesias, se retiró a Sicilia donde oprimió al pueblo, Fue asesinado en su baño en 668. Vitaliano se opuso vigorosamente a la rebelión de Sicilia y Constantino Pogonato, el nuevo emperador encontró la isla en paz a su llegada. No parece que le interesara el Tipo que no fue aplicado, aunque no abolido, ya que estuvo completamente ocupado en la guerra contra los sarracenos hasta 678, año en el que decidió reunir un gran concilio para poner fin a los que le parecía una lucha entre las sedes de Roma y Constantinopla. En este sentido escribió al papa Dono (676-78), que ya había muerto. Su sucesor S. Agatón reunió un sínodo en Roma y ordeno que se celebraran otros en occidente. Así se produjo un retraso de dos años y los patriarcas herejes Teodoro de Constantinopla y Macario de Antioquía aseguraron al emperador que el papa depreciaba a los orientales y a su monarca e intentaron, aunque sin éxito, borrar el nombre de Vitaliano de los dípticos. El emperador pidió que al menos tres representantes de Roma fueran enviados, con doce arzobispos u obispos de occidente y cuatro monjes de cada uno de los monasterios griegos de occidente, quizás como intérpretes. También envió a Teodoro al exilio, quizás porque era un obstáculo para la reunión.

La primera sesión del Sexto Concilio Ecuménico, tuvo lugar en Constantinopla (7 nov.680) presidiendo Constantino Pogonato que tenía a su izquierda, en el lugar de honor, a los legados papales. Macario de Antioquía fue el único prelado que defendió el monotelismo y fue condenado en su momento como hereje (ver MACARIO DE ANTIOQUIA).

las cartas de S.Agatón y del concilio romano insistían en las decisiones del concilio laterano, y afirmaban repetidamente la inerrancia de la Sede Apostólica. Estos documentos fueron aclamados por el concilio y aceptados por Jorge, el nuevo patriarca de Constantinopla, y por sus sufragáneos. Macario había apelado a Honorio y cuando fue condenado se abrió un paquete que había entregado al emperador y en que se hallaban las cartas de Sergio a Honorio y de Honorio a Sergio. Puesto que eran similares al Tipo, ya declarado herético, era inevitable condenarlas. El quinto concilio había puesto el ejemplo de condenación de escritores fallecidos, que habían muerto en la comunión católica, pero Jorge sugirió que sus predecesores muertos fueran olvidados y solo se condenara su doctrina.

Los legados pudieran haber salvado el nombre de Honorio como se había acordado pero evidentemente tenían directrices de Roma para no poner objeciones a su condena si se estimaba necesaria. El decreto dogmático final contiene las decisiones de los cinco concilios generales precedentes, condena la Ecthesis y el Tipo, y a los herejes por su nombre, incluyendo a Honorio, y “saluda con las manos alzadas” las cartas del papa Agatón y su concilio (ver HONORIO I, papa). El escrito al emperador, firmado por todos los obispos, declara que han seguido a Agatón y las enseñanzas apostólicas. “El príncipe de los Apóstoles luchó con nosotros, porque para asistirnos teníamos a su imitador y al sucesor de su silla. La antigua ciudad de Roma te ha ofrecido una confesión divinamente escrita y se ha hecho la luz del día de los dogmas gracias al pergamino occidental. Y la tinta brilló y a través de Agaton hablo Pedro; y tu el rey autócrata, votaste con el Todopoderoso que reina contigo”,

Todos los Padres firmaron también una carta para el papa. El emperador dio trámite al decreto en un edicto largo en el que se hace eco e la decisión del concilio, añadiendo: “Estas son las enseñanzas de las voces de los Evangelios y de los Apóstoles, estas son las doctrinas del santo sínodo y de las lenguas elegidas y patrísticas que se han preservado sin fallo, por Pedro, la roca de la fe, la cabeza de los Apóstoles y en esta fe vivimos y reinamos”.

La carta del emperador al papa está llena de expresiones similares, como por ejemplo:” Gloria a Dios, que hace cosas maravillosas, que ha mantenida segura la fe entre vosotros sin daño y ¿por qué no había de hacerlo sobre al roca en la que ha fundado su Iglesia y profetizado que las puertas del infierno, las emboscadas de los herejes, no prevalecerán contra ella?

De ella, como un relámpago desde la bóveda celeste salio la palabra de la verdadera confesión” etc. Pero S. Agatón, realizador de muchos Milagros, había fallecido y no recibió la carta así que quedó en manos de S. León II confirmar el concilio. Así se unió de nuevo el oriente al occidente después de un cisma incompleto pero deplorable.

Al parecer, Justiniano II creía en 687 que el sexto concilio no había sido completamente aplicado, porque escribió al papa Conon que había convocado a los enviados papales, a los patriarcas, metropolitanos , obispos , senado y oficiales civiles y representantes de sus ejércitos y les hizo firmar el acta original que se había descubierto recientemente.

En 711 el trono fue tomado por Filípico Bardanes, que había sido discípulo del abad Esteban, discípulo a su vez “o mas bien líder” de Macario de Antioquía. Restauró en los dípticos a Honorio y los demás herejes condenados por el concilio; quemó las actas (privadamente, en el palacio), depuso al patriarca Ciro y mandó al destierro a varias personas que se regaron a rechazar el concilio. El 4 de junio de 713, cayó y Anastasio II (713-15) restauró la ortodoxia. El papa Constantino se había negado a reconocer a Bardanes. El patriarca intruso, Juan VI, le escribió una larga carta de apología, explicando que se había sometido a Bardanes para evitar males mayores y afirmando con muchas palabras la primacía de Roma sobre la Iglesia Universal. Esto fue el fin del Monotelismo


Bibliografía: Las principales fuentes para el conocimiento de los monotelitas son las actas del concilio de Letrán y del sexto concilio, las obras de San Máximo Confesor y Anastasio del Sinaí, las Collectanea de of Anastasio Bibliotecario. Solo unas pocas obras posteriores merecen ser mencionadas: COMBÉFIS, Auctarium novum, II (Historia Monothelitarum et Dissertatio apol. pro actis VI synodi (Paris, 1648); PETAVIUS, De Incarnatione, VIII, IX; HEFELE, Hist. De los Concilios); BARDENHEWER, Ungedruckle Excerpte aus einer Schrift des Patriarchen Eulogius von Alexandria (en Theolog. Quartalschrift, 1896, no. 78); OWSEPIAN, Die Entstehungsgeschichte des Monotheletismus nach ihren Quellen geprüft (Leipzig, 1897). Ver también HONORIO I PAPA Y MAXIMO DE CONSTANTINOPLA.

Fuente: Chapman, John. "Monothelitism and Monothelites." The Catholic Encyclopedia. Vol. 10. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/10502a.htm>.

Traducido por Pedro Royo