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Domingo, 20 de agosto de 2017

Ortodoxia

De Enciclopedia Católica

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Ortodoxia (orthodoxeia) significa recta creencia o pureza de fe. La creencia recta no es meramente subjetiva, como si descansara en el conocimiento y convicciones personales, sino que está de acuerdo con las enseñanzas y dirección de una autoridad extrínseca absoluta. Esta autoridad es la Iglesia fundada por Cristo y guiada por el Espíritu Santo. Por consiguiente, es ortodoxo aquél cuya fe coincide con las enseñanzas de la Iglesia Católica. Así como la divina revelación forma el depósito de la fe confiado a la Iglesia para la salvación del hombre, también, con las verdades claramente deducidas de ella, forma el objeto y contenido de la ortodoxia.

Aunque el término ortodoxo u ortodoxia no aparece en las Escrituras, se insiste repetidamente en su significado. Así Cristo proclama la necesidad de la fe para la salvación (Mc. 16,16). San Pablo enfatizando ese mismo mandato en términos más específicos, enseña “un Señor, una fe, un bautismo” (Ef. 4,5.6). De nuevo cuando se dirige a Tito en sus labores ministeriales, le aconseja que hable de acuerdo con la “sana doctrina” (Tito 2,1). Y no sólo San Pablo enfatiza en la sana doctrina que se ha de enseñar, sino que además dirige la atención a la forma en que se ha de enseñar: “Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe…” (2 Tim. 1,3).

Consistente con las enseñanzas y el método de Cristo y de los apóstoles, los Padres señalan la necesidad de preservar puro e inmaculado el depósito de la revelación. “La religión no se debe buscar” dice San Agustín, “ni en la confusión del paganismo”, ni en la mancilla de la herejía, ni en el letargo del cisma, ni en la ceguera del judaísmo, sino sólo entre aquéllos que se llaman cristianos católicos, o los ortodoxos, es decir, los custodios de la sana doctrina y seguidores de la recta enseñanza”. (De Vera Relig., cap. V). San Fulgencio escribe: “Me regocijo de que seas solícito por la verdadera fe sin mancha de perfidia, sin la cual la conversión no sirve de nada ni puede existir” (De Vera Fide ad Petrum, Proleg).

La Iglesia, igualmente, en su celo por la pureza de la fe y enseñanzas, se ha adherido rigurosamente al ejemplo dado por los Apóstoles y primeros Padres. Esto se manifiesta en toda su historia, pero especialmente en los defensores de la fe como San Atanasio, en los concilios, condenas de herejías y sus definiciones de la verdad revelada. Es una doctrina definida de la Iglesia que la fe ortodoxa es requisito para la salvación. “Quien quiera salvarse”, declara el Credo de San Atanasio, “debe primero que todo mantener integra e inviolada la fe católica, sin la cual seguramente se perderá eternamente”. Numerosos concilios y decisiones papales han reiterado este dogma (cf. Concilio de Florencia Denz., 714; Prof. de Fe del Papa Pío IV, Denz., 1000; condenación del indiferentismo y Latitudinarismo en el Syll. Del Papa Pío IX, Denz., 1715, 1718; Concilio Vaticano I, "De Fide". can. VI, Denz., 1815, condenación de la postura modernista respecto a la naturaleza y origen del dogma, Encyc. "Pascendi Dominici Gregis", 1907, Denz., 2079). Mientras que la verdad debe ser intolerante con el error (2 Cor. 6,14-15), la Iglesia no niega la posibilidad de salvación a aquellas personas honestas y sinceras que están fuera de su redil que viven y mueren en ignorancia invencible de la verdadera fe (cf. Concilio Vaticano I, Sess. III, cp. III, Denz., 1794; S Aug., Ep.XLIII ad Galerium). (Ver la Iglesia, fe, herejía, Indiferentismo Religioso).


Fuente: Callan, Charles. "Orthodoxy." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/11330a.htm>.

Traducido por Pedro Royo. L H M.