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Jueves, 30 de marzo de 2017

Conocimiento

De Enciclopedia Católica

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Introducción

Al ser un hecho primitivo de conciencia, el conocimiento, estrictamente hablando, no puede ser definido; pero la conciencia directa y espontánea de conocer puede hacerse más clara al señalar sus características esenciales y distintivas. Primero será útil considerar brevemente los usos corrientes del verbo “conocer”. Decir que conozco a cierto hombre puede simplemente significar que me lo han presentado, y que lo puedo reconocer cuando lo vea de nuevo. Esto implica la permanencia de la imagen mental que me capacita para distinguir a este hombre de los demás. Algunas veces, también, se denota más que una mera familiaridad con los rasgos externos. Conocer a un hombre puede significar conocer su carácter, sus cualidades internas y profundas, y de ahí esperar que actúe de cierta manera bajo ciertas circunstancias. La persona que afirma que conoce que una ocurrencia es un hecho quiere decir que está tan seguro de ello como para no tener ninguna duda respecto a su realidad. Un alumno conoce su lección cuando la domina y puede recitarla, y éste, según sea el caso, requiere ya sea mera retención de memoria, o también, en adición a esta retención, la obra intelectual de entendimiento. Se conoce una ciencia cuando se entienden sus principios, métodos y conclusiones, y se coordinan y explican los varios hechos y leyes referentes a ella. Estos variados significados se pueden reducir a dos clases: una se refiere principalmente al conocimiento sensorial y al reconocimiento de experiencias particulares; el otro se refiere principalmente al entendimiento de leyes y principios generales. Esta distinción se expresa en muchos lenguajes por el uso de dos diferentes verbos--- por gnônai y eidénai , en griego; por cognoscere y scire, en latín, y por sus derivados en las lenguas romances; en alemán por kennen y wissen.

Elementos Esenciales del Conocimiento

(1) Conocimiento es esencialmente la conciencia de un objeto, es decir, de alguna cosa, hecho o principio perteneciente al orden físico, mental o metafísico, que se puede alcanzar de algún modo por las facultades cognitivas. Un evento, una substancia material, una persona, un teorema geométrico, un proceso mental, la inmortalidad del alma, la existencia de la naturaleza y atributos de Dios, pueden ser muchos de los objetos de conocimiento. Así el conocimiento implica la antítesis de un sujeto cognoscente y un objeto conocido. Siempre posee un carácter objetivo y cualquier proceso que pueda ser considerado como meramente subjetivo no es un proceso cognitivo. Cualquier intento de reducir el objeto a una experiencia puramente subjetiva podría resultar sólo en la destrucción del hecho de conocimiento mismo, lo cual implica el objeto, o no ser, tan claramente como lo hace el sujeto, o ser.

(2) El conocimiento supone un juicio implícito o explícito. La aprehensión, es decir, la concepción mental de un objeto presente simple, es generalmente contada entre los procesos cognitivos, aun así, en sí misma, no es conocimiento en el sentido estricto, sino sólo su punto de partida. Propiamente hablando, sólo conocemos cuando comparamos, identificamos, discriminamos, conectamos; y estos procesos, equivalentes a juicios, se hallan implícitamente incluso en el sentido de percepción ordinario. Inmediatamente se llega a unos pocos juicios, pero por mucho el mayor número requiere paciente investigación. La mente no es sólo pasiva en conocer, no es un espejo o plato sensible en el cual se retratan los objetos; es también activa al buscar las condiciones y causas, y en construir ciencia a partir de los materiales que recibe de la experiencia. Así que la observación y el pensamiento son dos factores esenciales del conocimiento.

(3) Verdad y certeza son condiciones del conocimiento. Una persona puede confundir el error con la verdad y dar su asentimiento sin reservas a una declaración falsa. Puede estar entonces bajo la irresistible ilusión de que conoce, y subjetivamente el proceso es el mismo que el del conocimiento, pero le falta una condición esencial, conformidad del pensamiento con la realidad, de modo que sólo hay la apariencia de conocimiento. Por otro lado, en la medida en que una seria duda permanezca en su mente, la persona no puede decir que conoce. “Pienso tal cosa” está lejos de denotar “conozco tal cosa”; el conocimiento no es una mera opinión o asentimiento probable. La distinción entre conocimiento y creencia es más difícil de esbozar, debido principalmente al significado vago de la última. Algunas veces creencia se refiere al asentimiento sin certeza, y denota la actitud de la mente especialmente respecto a asuntos que no están gobernados por leyes estrictas y uniformes como las del mundo físico, sino que dependen de muchos factores y circunstancias complejos, como sucede en los asuntos humanos. Conozco que el agua se congelará cuando llegue a cierta temperatura; creo que una persona es apta para cierto oficio, o que la reforma endosada por un partido político será más beneficiosa que la defendida por los otros.

Algunas veces, también, tanto creencia como conocimiento implican certeza, y denotan estados de afirmación mental de la verdad. Pero en la creencia la evidencia es más obscura y confusa que en el conocimiento, ya sea porque las bases en que descansa el asentimiento no son claras, o porque la evidencia no es personal, sino basada en el testimonio de testigos, o porque, en adición a la evidencia objetiva que produce el asentimiento, hay condiciones subjetivas que lo predisponen. La creencia parece depender de muchas grandes influencias, emociones, intereses, ambiente, etc., además de las razones convincentes por las que el asentimiento es dado a la verdad. La fe se basa en el testimonio de alguien más---Dios o el hombre según hablemos de fe divina o fe humana. Si la autoridad sobre la que descansa tiene todas las garantías requeridas, la fe da certeza del hecho, el conocimiento de que es verdad; pero en sí misma, no da la evidencia intrínseca de por qué es así.

Clases de Conocimiento

(1) Es imposible que todo el conocimiento que la persona ha adquirido esté presente de una sola vez en la conciencia. La mayor parte, de hecho todos con excepción de unos pocos pensamientos realmente presentes en la mente, están almacenados en forma de disposiciones latentes que permiten a la mente llamarlos cuando los necesite. De ahí que podemos distinguir el conocimiento actual del habitual. Este último se extiende a todo lo que esté en la memoria y es capaz de ser llamado a voluntad. Esta capacidad de ser llamado puede requerir varias experiencias; una ciencia no es siempre conocida después que se ha dominado una vez, pues incluso entonces se puede olvidar. Por conocimiento habitual se entiende el conocimiento listo para venir a la conciencia, y es claro que puede tener diferentes grados de perfección.

(2) Ya hemos señalado la distinción entre conocimiento como reconocimiento y conocimiento como entendimiento. En la misma conexión se puede mencionar la distinción entre conocimiento particular, o conocimiento de hechos e individuos, y conocimiento general, o conocimiento de leyes y clases. El primero trata con lo concreto, el último con lo abstracto.

(3) Según el proceso con que sea adquirido, el conocimiento es intuitivo e inmediato o discursivo y mediato. El primero viene de la percepción sensorial directa, o la intuición mental directa de la verdad de una proposición, basada por así decirlo en sus propios méritos. La última consiste en el reconocimiento de la verdad de una proposición al ver su conexión con otra que ya se sabe que es cierta. La proposición evidente es de tal naturaleza para ser inmediatamente clara a la mente. Nadie que entienda los términos puede fallar en conocer que dos más dos son cuatro, o que el todo es mayor que cualquier de sus partes. Pero la mayoría del conocimiento humano se adquiere progresivamente. El conocimiento inductivo comienza con hechos palmarios, y asciende a leyes y causas. El conocimiento deductivo procede de proposiciones evidentes generales para descubrir su aplicación general. En ambos casos el proceso puede ser largo, difícil y complejo. Uno puede conformarse con concepción negativa y evidencia analógica, y como resultado, el conocimiento será menos claro, menos certero y más sujeto a error (vea deducción, inducción).

El Problema del Conocimiento

El asunto del conocimiento pertenece a varias ciencias, cada una de las cuales toma un punto de vista diferente. La psicología considera el conocimiento como un hecho mental cuyos elementos, condiciones, leyes y crecimiento se han de determinar. Intenta descubrir la conducta de la mente al conocer, y el desarrollo del proceso cognitivo a partir de sus elementos. Provee a las otras ciencias la información sobre la que deben trabajar. Entre esta data se encuentran ciertas leyes de pensamiento que la mente debe observar para evitar la contradicción y para alcanzar el conocimiento consistente. La lógica formal también toma el punto de vista subjetivo; trata sobre estas leyes de pensamiento, y descuidando el lado objetivo del conocimiento (esto es, sus elementos materiales), estudia sólo los elementos formales necesarios para la consistencia y prueba válida. En el otro extremo la ciencia física o metafísica, al postular la validez del conocimiento, o por lo menos obviando este problema, estudia sólo los diferentes objetos del conocimiento, su naturaleza y propiedades. En cuanto a las preguntas cruciales, la validez del conocimiento, sus limitaciones y las relaciones entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido, éstos pertenecen a la provincia de la epistemología.

El conocimiento es esencialmente objetivo. Tales nombres como “dado” o el “contenido” del conocimiento pueden ser sustituidos por el de “objeto”, pero permanece el hecho simple de que conocemos algo externamente, que no está formado por, sino ofrecido a la mente. Sin embargo, esto no nos debe llevar a pasar por alto otro hecho igualmente evidente. Las mentes diferentes pueden frecuentemente tendrán diferentes opiniones sobre el mismo objeto. Además, incluso en la misma mente, el conocimiento sufre grandes cambios con el correr del tiempo; los juicios se modifican constantemente, ampliados o estrechados, según los hechos recién descubiertos y las verdades afirmadas. La percepción sensorial es influenciada por procesos pasados, asociaciones, contrastes, etc. En el conocimiento racional se producen una gran diversidad de asentimientos por las disposiciones personales innatas o adquiridas. En una palabra, el conocimiento claramente depende de la mente. De ahí la afirmación que es hecho sólo por la mente, que está condicionado exclusivamente por la naturaleza del sujeto pensante, y que el objeto del conocimiento no está de ningún modo fuera de la mente cognoscente. Para usar las palabras de Berkeley, ser es ser conocido (esse est percipi).

Sin embargo, el hecho de la dependencia del conocimiento sobre las condiciones subjetivas, está lejos de ser suficiente para justificar esta conclusión. Las personas concurren en muchas proposiciones, tanto del orden racional como del empírico; no difieren no tanto en los objetos del conocimiento como en los objetos de opinión, no tanto sobre lo que realmente conocen como en lo que creen conocer. Para dos personas con ojos normales, la visión de un objeto, en la medida en que podemos afirmar, es sensiblemente la misma. Para dos personas con mentes normales, la proposición de que la suma de los ángulos en un triángulo equivale a dos ángulos rectos tiene el mismo significado, y tanto para muchas mentes y para la misma mente en tiempos diferentes, el conocimiento de esa proposición es idéntico. Debido a asociaciones y diferencias en actitudes mentales, el margen de la conciencia variará y modificará en algo el estado mental total, pero el “focus” de la conciencia, el conocimiento mismo, será esencialmente el mismo. Santo Tomás de Aquino no puede ser acusado de idealismo, y aún así él hace de la naturaleza de la mente un factor esencial en el acto de conocer.

“La presencia del objeto conocido en la mente cognoscente produce el conocimiento. Pero el objeto está en el conocedor después que el modo del conocedor; por lo tanto, para cualquier conocedor, el conocimiento es al modo de su propia naturaleza” (Suma Teol., I, Q. XII, a.4).

¿Qué es esta presencia del objeto en el sujeto? No es una presencia física, ni incluso en la forma de un retrato, un duplicado o una copia. No puede ser definido por ninguna comparación con el mundo físico; es “sui generis”, una semejanza cognitiva, una “species intentionalis”.

Cuando se dice que el conocimiento, ya sea de realidades concretas o de proposiciones abstractas, consiste en la presencia de un objeto en la mente, no podemos denotar por este objeto algo externo en su existencia absoluta e aislada de la mente, porque no podemos pensar fuera de nuestro pensamiento, y la mente no puede conocer lo que no está presente en la mente. Pero esto no es base suficiente para aceptar el idealismo extremo y considerar el conocimiento como puramente subjetivo. Si el objeto de un asentimiento o experiencia no puede ser realidad absoluta, no se deduce que para un asentimiento o experiencia no haya una correspondiente realidad; y el hecho de que un objeto se alcance a través de la concepción de él mismo no justifica la conclusión de que la concepción mental es el todo de la realidad del objeto.

Es correcto decir que el conocimiento es un proceso consciente, pero es sólo parte de la verdad. Y de esto a inferir, con Locke, que, puesto que podemos estar conscientes sólo de lo que se realiza dentro de nosotros mismos, el conocimiento es sólo “versado con las ideas”, es tomar una opinión exclusivamente psicológica del hecho que se afirma a sí mismo principalmente como estableciendo una relación entre la mente y una realidad externa. El conocimiento se familiariza con las ideas en un proceso posterior, es decir, por la reflexión de la mente sobre su propia actividad. El subjetivista tiene sus ojos muy abiertos a la dificultad de explicar la transición de la realidad externa la mente, una dificultad, que después de todo, es sólo el misterio de la conciencia misma. Él los mantiene obstinadamente cerrados a la imposibilidad ulterior de explicar la construcción que hace la mente de una realidad externa fuera de los meros procesos conscientes. A pesar de todas las teorías al contrario, los hechos se imponen que en el conocimiento la mente no es meramente activa, sino también pasiva; que se debe conformar no simplemente a sus propias leyes sino a la realidad externa también; que no crea hechos y leyes sino que los descubre; y que el derecho a la verdad de reconocimiento persiste incluso cuando es ignorada o violada. La mente, es cierto, contribuye a su parte del proceso cognitivo, pero para usar la metáfora de San Agustín, la generación del conocimiento requiere otra causa: “Cualquier objeto que conozcamos es un co-factor en la generación del conocimiento de él. Pues el conocimiento se genera tanto por el sujeto cognoscente como por el objeto conocido” (De Trinitate, IX, XII). Por lo tanto se puede afirmar que hay realidades distintas de las ideas sin caer en el absurdo de sostener que son conocidas en su existencia absoluta, que es aparte de sus relaciones con la mente cognoscente. El conocimiento es esencialmente la unión vital de ambos.

Se ha dicho arriba que el conocimiento requiere la experiencia y el pensamiento. El intento de explicar el conocimiento por la experiencia solo probó ser un fracaso, y el favor que el asociacionismo encontró al principio duró poco. La crítica reciente de las ciencias ha acentuado el hecho, que ya ocupaba un lugar central en la filosofía escolástica, que el conocimiento, incluso de los mundos físicos y mentales, implica factores que trascienden la experiencia. El empirismo fracasó completamente en su intento de explicar y justificar el conocimiento universal, el conocimiento de las leyes uniformes bajo las cuales los hechos llegan a la unidad. Sin adiciones racionales, la percepción de lo que es o ha sido nunca podrá dar al conocimiento lo que cierta y necesariamente será. Tan cierto como es esto de las ciencias naturales, es aún más evidente en las ciencias abstractas y racionales como las matemáticas. Por lo tanto volvemos a las viejas opiniones aristotélicas y escolásticas, que todo conocimiento comienza con una experiencia concreta, pero para poder alcanzar su perfección requiere otros factores no dados en la experiencia. Necesita que la razón interprete la data de la observación, y que abstraiga el contenido de la experiencia a partir de las condiciones que las individualizan en tiempo y espacio, removiendo, por así decirlo, la envoltura exterior de lo concreto, y yendo a la médula de la realidad. Así el conocimiento no es, como en el criticismo de Kant, una síntesis de dos elementos, uno externo y otro que depende sólo de la naturaleza de la mente; no es el llenado de conchas vacías---formas o categorías mentales a priori---con la realidad desconocida e irreconocible. Incluso el conocimiento abstracto revela la realidad, aunque su objeto no puede existir fuera de la mente sin las condiciones de las cuales la mente la despoja en el acto de conocer.

El conocimiento es necesariamente proporcionado o relativo a la capacidad de la mente y las manifestaciones del objeto. No todos los hombres tienen la misma agudeza de visión o de audición, o las mismas aptitudes intelectuales. Ni la misma realidad es igualmente brillante desde todos los ángulos desde los que puede ser vista. Además, mejores ojos que los humanos pueden percibir rayos del espectro más allá del rojo y el violeta; intelectos superiores pueden desenredar muchos misterios de la naturaleza, conocerlos más y mejor, con mayor facilidad, certeza y claridad. El hecho de que no lo sepamos todo, y que nuestro conocimiento es inadecuado, no invalida el conocimiento que poseemos, no más que el horizonte que limita nuestra vista nos impide percibir más o menos claramente los varios objetos dentro de sus límites. La realidad se manifiesta a la mente de diferentes modos y con varios grados de claridad. Algunos objetos son brillantes en sí mismos y son percibidos inmediatamente. Otros son conocidos indirectamente al arrojarles luz tomada de otra parte, al mostrar a modo de causalidad, similitud, analogía su conexión con lo que ya sabemos. Esta es esencialmente la condición del progreso científico, hallar conexiones entre varios objetos, proceder de lo conocido a lo desconocido. Según nos alejamos de lo evidente, la vereda se tornará más difícil, y el progreso más lento. Pero, con los agnósticos, es injustificable asignarle fronteras claramente definidas a nuestros poderes cognitivos, pues pasamos gradualmente de un objeto a otro sin pausa, y no hay un límite agudo entre la ciencia y la metafísica. Los mismos instrumentos, principios y métodos que son reconocidos en las varias ciencias nos llevarán más y más alto, incluso al Absoluto, la Primera Causa, la fuente de toda realidad. La inducción nos llevará del efecto a la causa, de lo imperfecto a lo perfecto, de los contingente a lo necesario, de lo dependiente a lo que tiene existencia propia, de lo finito a lo infinito.

Y este mismo proceso por el que conocemos la existencia de Dios no puede fallar en manifestar algo---aunque pequeño---de su naturaleza y perfecciones. Que lo conocemos imperfectamente, a modo principalmente de negación y analogía, no priva a este conocimiento de todo valor. Sólo podemos conocer a Dios en la medida en que Él se manifiesta a través de sus obras que reflejan vagamente sus perfecciones, y en la medida que nuestra mente finita puede permitir. Tal conocimiento necesariamente permanecerá infinitamente lejos de ser comprensión, pero es sólo por una confusión de términos que induce a error que Spencer identifica lo irreconocible con lo incomprensible, y niega la posibilidad de todo conocimiento del Absoluto porque no podemos tener ningún conocimiento absoluto. Ver “a través de un cristal” y “de modo obscuro” está lejos de la visión “cara a cara” de la cual nuestra mente limitada es incapaz sin una luz especial proveniente de Dios mismo. Aun así es el conocimiento de Él lo que es la fuente de la inteligibilidad del mundo, de la verdad y de la inteligencia de la mente. (Vea también agnosticismo, certeza, epistemología, fe.


Fuente: Dubray, Charles. "Knowledge." The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/08673a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina