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Sábado, 21 de octubre de 2017

Iglesia de Antioquía

De Enciclopedia Católica

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Origen e historia de la ciudad

Vea además el artículo Antioquía.

(Avrtoxeta, Antiocnia),

Del vasto imperio conquistado por Alejandro el Grande se formaron muchos estados, uno de ellos compuesto por Siria y otros países al este y al oeste de la misma. Este reino cayó en suerte a uno de los generales del conquistador, Seleuco Nicátor, o Seleuco I, fundador de la dinastía de los seléucidas. Hacia el año 300 a.C. fundó una ciudad a orillas del Orontes inferior, a unas veinte millas de la costa de Siria, y a una corta distancia por debajo de Antigonia, la capital de su derrotado rival Antígono. La ciudad que fue llamada Antioquía, por Antíoco, el padre de Seleuco, estaba destinada a ser la capital del nuevo reino. Estaba situada en la ladera norte del Monte Silpio, en un sitio agradable y bien elegido, que se extendía hasta el Orontes, que allí fluye de este a oeste. Creció rápidamente a grandes proporciones; se le añadieron nuevos barrios o suburbios, por lo que en última instancia, consistió en cuatro ciudades delimitadas por las tantas paredes distintas y por una muralla común, que con la ciudadela llegaba a la cima del Monte Silpio.

Cuando Pompeyo (64 a.C.) convirtió a Siria en una provincia romana, Antioquía continuó siendo la metrópolis de Oriente. También se convirtió en la residencia de los legados, o gobernadores, de Siria. De hecho, Antioquía, después de Roma y Alejandría, fue la ciudad más grande del imperio, con una población de más de medio millón. Cuando los emperadores venían a Oriente, la honraban con su presencia. Los seléucidas, así como los gobernantes romanos compitieron entre sí para adornar y enriquecer la ciudad con estatuas, teatros, templos, acueductos, baños públicos, jardines, fuentes y cascadas; una amplia avenida con cuatro filas de columnas, que formaban pórticos cubiertos en cada lado, atravesaban la ciudad de este a oeste hasta una distancia de varias millas. Su lugar de placer más atractivo fue la hermosa arboleda de laureles y cipreses llamada Daphne, a unas cuatro o cinco millas al oeste de la ciudad. Era famosa por su parecido a un parque, por su magnífico templo de Apolo y por el pomposo festival religioso que se celebraba allí en el mes de agosto; de ahí que a Antioquía a veces se le llamaba Epidafne.

La población incluía una gran variedad de razas. Había macedonios y griegos, sirios y fenicios nativos, judíos y romanos, además de un contingente de la Asia lejana; muchos acudían allí porque Seleuco les había dado a todos el derecho de la ciudadanía. No obstante, siempre se mantuvo predominantemente una ciudad griega. Los habitantes no gozaban de una gran reputación por el aprendizaje o la virtud; se dedicaban excesivamente al placer, y fueron universalmente conocidos por sus bromas y sarcasmo. No pocos de sus rasgos peculiares han llegado hasta nosotros a través de los sermones de San Juan Crisóstomo, las cartas de Libanio, el "Misopogon" de Julián, y otras fuentes literarias. No siempre se podía depender de su lealtad a la autoridad imperial. A pesar de estos defectos, siempre hubo en Antioquía un cierto número de hombres, especialmente en la colonia judía, que se dedicaban a los pensamientos serios, incluso a los pensamientos de la religión.

Después del siglo V Antioquía perdió gran parte de su tamaño e importancia. Fue azotada por terremotos frecuentes, no menos de diez desde el siglo II a.C. hasta finales del siglo VI d.C. Dos veces fue capturada y saqueada por los persas, en los años 260 y 540 d.C. En esta última ocasión fue casi completamente destruida, pero fue reconstruida por el emperador Justiniano I (527-565) en una escala mucho más pequeña, y la llamó Teópolis. Se dice que una gran parte de sus muros se mantuvo hasta 1825, un ejemplar de la arquitectura militar del siglo VI. En el año 638 fue tomada por los mahometanos, fue restaurada por el Imperio Bizantino en 969, y reconquistada por los selyúcidas en 1084. Desde 1098 hasta 1268 estuvo en manos de los cruzados y sus descendientes; el sultán Bibars de Egipto la tomó en 1268; y en 1517 entró con Siria al imperio turco. La antigua y populosa metrópolis de Oriente es ahora el pequeño pueblo de Antakia con cerca de 145,000 habitantes (vea Alepo).

Cristianismo de Antioquía

Puesto que la ciudad de Antioquía fue un gran centro de gobierno y de la civilización, la religión cristiana se propagó allí casi desde el principio. Nicolás, uno de los siete diáconos en Jerusalén, era de Antioquía ( Hch. 6,5). La semilla de la enseñanza de Cristo fue llevada a Antioquía por algunos discípulos de Chipre y de Cirene, que huyeron de Jerusalén durante la persecución que siguió al martirio de San Esteban (Hch. 11,19-20). Ellos predicaron las enseñanzas de Jesús, no sólo a la colonia judía, sino también a los griegos o gentiles, y pronto un gran número de ellos se convirtieron. Cuando la iglesia madre de Jerusalén oyó sobre lo ocurrido, envió allí a San Bernabé, quien llamó a Saulo de Tarso a Antioquía (Hch. 11,22-25). Allí trabajaron durante un año entero con tal éxito que los seguidores de Cristo fueron reconocidos como miembros de una comunidad diferenciada, "En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos" (ib., 26). Mostraban su caridad con las ofrendas enviadas a los hermanos hambrientos en Judea.

El mismo San Pedro vino a Antioquía ( Gál. 2,11), probablemente hacia el año 44, y según todas las apariencias, vivió allí durante algún tiempo (vea San Pedro). La comunidad de Antioquía, que está compuesta en parte por griegos o gentiles, tenía opiniones propias sobre el carácter y condiciones de la nueva religión. Había una facción entre los discípulos en Jerusalén que afirmaban que los gentiles convertidos al cristianismo debían pasar primero a través del judaísmo mediante la sumisión a las observancias de la ley mosaica, como la circuncisión y otras similares. Esta actitud parecía cerrarles las puertas a los gentiles, y fue muy discutida por los cristianos de Antioquía. Su petición de libertad cristiana fue defendida por sus líderes, Pablo y Bernabé, y recibió pleno reconocimiento en el Concilio Apostólico de Jerusalén (Hch. 15,22-32). Más tarde, San Pablo defiende este principio en Antioquía incluso frente a Pedro (Gal. 2,11).

Antioquía se convirtió pronto en un centro de propaganda misionera. Fue de allí que San Pablo y sus compañeros emprendieron el viaje para la conversión de las naciones. La Iglesia de Antioquía estuvo también completamente organizada casi desde el principio. Fue una de las pocas iglesias originales que conservó completa la lista de sus obispos, el primero de los cuales, Evodio, se remonta a la era apostólica. En una fecha muy temprana la comunidad cristiana de Antioquía se convirtió en el punto central de todos los intereses cristianos en Oriente. Después de la caída de Jerusalén (70 d.C.) fue la [[verdad]era metrópolis del cristianismo en esos países.

Mientras tanto, el número de cristianos creció hasta tal punto, que en la primera parte del siglo IV Antioquía era considerada como prácticamente una ciudad cristiana. Allí se construyeron muchas iglesias para el alojamiento de los adoradores de Cristo. En el siglo IV todavía había una basílica llamada "la antigua" y "apostólica". Probablemente fue uno de los más antiguos monumentos arquitectónicos del cristianismo; una antigua tradición afirmaba que fue originalmente la casa de Teófilo, el amigo de San Lucas (Hch. 1,1). También había santuarios dedicados a la memoria de los grandes Apóstoles Pedro, Pablo y Juan. San Agustín (Sermo, CCC., N. 5) habla de una “basílica de los santos Macabeos" en Antioquía, un famoso santuario de los siglos IV a VI (Card. Rampolla, en "Bessarione", Roma, 1897-98, I-II). Entre los templos paganos dedicados a usos cristianos estuvo el famoso Templo de la Fortuna (Tychæion). En él los cristianos de Antioquía guardaron en una urna el cuerpo de su gran obispo y mártir Ignacio. También hubo un martyrium o capilla memorial de San Babilas, un mártir del siglo III y obispo de Antioquía, que padeció la muerte en el reinado de Decio. Para el desarrollo de la arquitectura doméstica cristiana en las cercanías de la gran ciudad vea De Vogué, "Arquitectura civile et religieuse de la Syrie Centrale" (París, 1865-1877), y la obra similar de Howard Crosby Butler (Nueva York, 1903). La muy importante arquitectura monástica de la vecindad se describe en San Simeón Estilita el Viejo y arquitectura bizantina. El emperador Constantino (306-337) construyó una iglesia allí, que adornó tan ricamente que era la admiración de todos sus contemporáneos (San Juan Chrys. "Hom. in Ep. Ad Ef., X, 2; Eus. , "Vita Const.", III.50, y "De alaban. Const.", c. 9). Fue saqueada por completo, pero no destruida, por Cosroes en el 540.

La Iglesia de Antioquía se mostró digna de ser la metrópolis del cristianismo en Oriente. En los tiempos de la persecución proveyó una gran cuota de mártires, y los obispos dieron el ejemplo. Baste mencionar a San Ignacio de Antioquía a principios del siglo II; a Asclepíades durante el gobierno de Septimio Severo (193-211), y San Babilas bajo Decio (249-251). Produjo también una serie de grandes hombres, que sea por escrito o de otra forma se distinguieron al servicio del cristianismo. Son muy famosas las cartas del antedicho San Ignacio. Teófilo escribió en la última parte del siglo II una elaborada defensa y explicación de la religión cristiana. En épocas posteriores hubo hombres como San Flaviano, quien hizo mucho por reunir a los cristianos de Antioquía, divididos por las disputas arrianas; San Juan Crisóstomo, después obispo de Constantinopla, y Teodoreto, después obispo de Ciro en Siria.

Varias herejías tuvieron su auge en Antioquía. En el siglo III Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, profesó doctrinas erróneas. El arrianismo tuvo su raíz original no en Alejandría sino en la gran ciudad siria, Antioquía; el nestorianismo surgió de allí a través de Teodoro de Mopsuestia y Nestorio de Constantinopla. Una de las características peculiares de la vida antioquena fue la frecuencia de los conflictos entre los judíos y los cristianos; los historiadores (Leclercq, Dict. D'arco. et de Liturg. chret., I, col. 2396) señalan varias sediciones graves y masacres desde el final del siglo IV hasta principios del siglo VII (Leclercq, Dict. D'arch. et de Liturg. chret., I, col. 2396).

Patriarcado de Antioquía

Cuando se hubo desarrollado la primera organización de la Iglesia, debido a su origen e influencia, la Iglesia de Antioquía no podía dejar de convertirse en un centro de jurisdicción especial mayor, y desde los primeros tiempos se vieron indicios de dicho poder. Hacia el final del siglo II San Serapión, obispo de Antioquía, dio instrucciones sobre el Evangelio apócrifo de San Pedro a los cristianos de Rhossus, una ciudad de Siria, pero no de Cilicia. La tradición dice que el mismo Serapión consagró al tercer obispo de Edesa, que entonces estaba fuera del Imperio Romano. Los concilios celebrados a mediados del siglo III en Antioquía reunieron a los obispos de Siria, Palestina, Arabia y las provincias del este de Asia Menor. San Dionisio de Alejandría dijo que estos obispos formaban el episcopado de Oriente, entre cuyos miembros nombraba en primer lugar a Demetrio de Antioquía. En el Concilio de Ancira (314) presidido por Vitalis, obispo de Antioquía, casi los mismos países estuvieron representados a través de los obispos de las principales ciudades.

En general, las Iglesias en el "Oriente", como se le conocía a este complejo de provincias romanas (cf. Oriens Christianus), gravitaron hacia la Iglesia de Antioquía, cuyo obispo desde la antigüedad remota ejercía una cierta jurisdicción sobre ellos. Esta costumbre fue sancionada por el Primer Concilio de Nicea (325). Los Padres de esta asamblea decretaron en el sexto canon que se debían mantener los privilegios de la Iglesia de Antioquía. De acuerdo con el segundo canon del Concilio de Constantinopla (381 d.C.) la jurisdicción del obispo de Antioquía componía, y se limitaba a la diócesis civil de Oriente (vea Imperio Romano), que incluía todas las provincias orientales del Imperio Romano. En el Concilio de Éfeso (431) los obispos de Chipre fueron declarados independientes de Antioquía, y en el de Calcedonia (451) las tres provincias de Palestina se separaron de Antioquía y se colocaron bajo el obispo de Jerusalén (vea Chipre). Por lo anterior resulta evidente que, si bien en las primeras edades la jurisdicción de Antioquía se extendía sobre las comunidades cristianas en los países fuera del Imperio Romano, sus propios límites fueron Siria, Palestina y el este de Asia Menor. Gradualmente se vio muy restringido, de modo que a mediados del siglo V se limitaba a la parte norte de la diócesis civil de Oriente y los países fuera del Imperio Romano. El título dado al obispo de Antioquía a causa de esta jurisdicción superior fue el de " Patriarca", que tenía en común con otros dignatarios de rango similar. Podía ejercer su jurisdicción no sólo respecto a los fieles dentro de su territorio, sino también sobre el ordinario y los obispos metropolitanos de su patriarcado.

Parece digno de mencionar aquí que a principios del siglo IV la Iglesia Romana poseía en Antioquía propiedades tanto urbanas como rurales, tanto en las partes antiguos antiguas de la ciudad como en las "nuevas", e incluso en el barrio judío. (Liber Pontificalis, Ed. Duchesne, I, 177, 195, cf. CXLIX ss.) El patriarcado de Antioquía perdió gran parte de su importancia a partir de mediados del siglo V, debido a muchas circunstancias adversas. Los obispos de Constantinopla, quienes aspiraban al primer rango en la Iglesia de Oriente, adquirieron gradualmente, y mantuvieron por largo tiempo, una influencia dominante sobre la Iglesia de Antioquía. En la última parte del siglo V los monofisitas, bajo Pedro Fullo, trataron de tomar posesión de la sede patriarcal. Después de la muerte de su líder, Severo, (539) eligieron a sus propios patriarcas de Antioquía. Durante los siglos siguientes a la conquista de Antioquía por los sarracenos (638), la sucesión de los titulares ortodoxos de la sede patriarcal fue irregular, y tuvieron que sufrir mucho a manos de los nuevos conquistadores de la ciudad, que mostraron una marcada preferencia por los patriarcas monofisitas (ver Mahoma y mahometismo). Cuando el cisma griego se consumó en el siglo XI, el patriarcado ortodoxo de Antioquía, debido a la influencia bizantina tradicional, se vio envuelto en ella, y se mantuvo cismático a pesar de los repetidos esfuerzos de la Sede Apostólica para una reunión.

Para el 1907 el patriarca griego residía en Damasco, pues hacía tiempo que la ciudad de Antioquía había perdido toda importancia política. No fueron sólo los monofisitas los que desmembraron así de temprano el patriarcado de Antioquía. Los nestorianos que emigraron a Persia después de su condena en Éfeso (431) pronto se hicieron tan fuertes que, a finales del siglo V su obispo, Babaeus de Seleucia, se independizó de Antioquía, y estableció un nuevo patriarcado con su centro en Seleucia, después Bagdad. Los sirios que permanecieron unidos a Roma (ahora conocido como los cristianos caldeos) continuaron reconociendo a un patriarca propio, el cual es llamado el patriarca de Babilonia y vivía en Mosul. Entre las otras comunidades orientales unidas a Roma hay tres que tienen todos sus patriarcas de Antioquía, a saber: los maronitas, los melquitas y los sirios católicos (vea Iglesia Griega).

Patriarcado latino de Antioquía

Cuando los cruzados tomaron posesión de Antioquía en 1098, en el primer momento restablecieron al patriarca griego, entonces Juan IV. Unos dos años después el mencionado dignatario descubrió que estaba incapacitado para gobernar sobre los cristianos occidentales y se retiró a Constantinopla. Entonces los cristianos latinos eligieron (1100) un patriarca propio, un eclesiástico con el nombre de Bernardo, que había llegado a Oriente con los cruzados. A partir de ese momento Antioquía tuvo sus patriarcas latinos, hasta que en 1268 el último titular, Cristiano, fue condenado a muerte por el sultán Bibars, durante la conquista de la ciudad. También los griegos continuaron eligiendo sus patriarcas de Antioquía, pero estos por lo general vivían en Constantinopla. La jurisdicción de los patriarcas latinos en Antioquía se extendía sobre las tres principados feudales de Antioquía, Edesa y Trípoli; hacia el final del siglo XII se añadió la Isla de Chipre. En la práctica, eran mucho más dependientes de los Papas que sus antecesores, los patriarcas griegos. Después de la caída de Antioquía (1268) los Papas continuaron nombrando patriarcas, que, sin embargo, no pudieron tomar posesión de la sede. Desde mediados del siglo XIV han sido sólo dignatarios titulares. El título de Patriarca Latino de Antioquía se confiere aún, pero el beneficiario reside en Roma y es miembro del capítulo de la basílica de Santa María la Mayor.

Sínodos de Antioquía

En Antioquía se celebraron muchos sínodos debido a su posición especial. Una creencia, que muchos opinan la expresó por primera vez el Papa San Inocencio I (407-417); Mansi, (Conc. III, 1055), pero que otros sitúan alrededor de 787, (Herder, K. L., I,112), aceptaba que en el pasado los Apóstoles habían celebrado un concilio en Antioquía (vea Cánones Apostólicos). Sabemos por este texto (Pitra, Jur. Eccl. Gr. Hist., I, 90-93) que los Apóstoles le habían asignado el nombre de cristianos a los seguidores del Salvador, y que se le dieron instrucciones especiales a los misioneros apostólicos y a sus conversos. Estos cánones, según el cardenal Joseph Hergenröther (Herder, K. L., l. c.), son apócrifos, “una mera compilación sacada de la información de las Actas (canónicas) y de otros escritores”.

Cerca del año 251 se celebró, o se planeó celebrar, un concilio en Antioquía, sobre el tema del novacianismo al cual estaba inclinado Fabio, obispo de Antioquía. Los obispos principalmente interesados en él, aparte de Fabio, eran Heleno de Tarso, Firmiliano de Cesarea en Capadocia y Teócrito de Cesarea de Palestina, quienes invitaron también a San Dionisio de Alejandría. El asunto no tuvo ulteriores consecuencias, pues Fabio murió poco después y fue sucedido por Demetrio, cuyas opiniones sobre la reconciliación de los apóstatas eran menos extremas.

Entre los años 264 y 268 se celebraron tres diferentes sínodos debido a las doctrinas erróneas sobre la naturaleza de Cristo y su relación con Dios, atribuidas a Pablo, obispo de Antioquía, y nativo de Samosata. En estas deliberaciones tomaron parte obispos de Siria, Palestina, Arabia, Cilicia, Capadocia, el Ponto y Licaonia. Finalmente, en el tercer sínodo depusieron a Pablo, lo declararon culpable de herejía, y eligieron a Domno en su lugar. Pablo se pudo mantener por un tiempo bajo la protección de la princesa Zenobia de Palmira. Al final fue expulsado (272) por un decreto del emperador Aureliano (270-275).

Muchos de los sínodos celebrados durante el siglo IV reflejaron las luchas que siguieron a la controversia arrianas. El concilio de 330 depuso al ortodoxo San Eustatio, obispo de Antioquía; y por mucho tiempo la sede estuvo en poder de los arrianos. En el concilio de 340 San Atanasio de Alejandría fue depuesto, y fue consagrado en su lugar un tal Gregorio de Capadocia. El intruso pudo tomar posesión de su sede sólo con una escolta militar. La deposición de Atanasio fue ratificada en el sínodo del siguiente año (341), el cual se celebró en ocasión de la dedicación de la “gran”, o “dorada” iglesia antes mencionada como construida por Constantino. Los veinticinco cánones disciplinarios aprobados por este concilio fueron luego recibidos por la Iglesia universal. Los cuatro credos adoptados, aunque no fueron heréticos, se apartaban del símbolo de fe hecho en Nicea.

Se celebraron muchos otros sínodos en rápida sucesión. En el de 344 fue depuesto por mala conducta el obispo arriano Esteban de Antioquía. Las opiniones semiarrianas encontraron expresión en el símbolo de fe adoptado por este concilio; al mismo tiempo fue dirigido contra los arrianos, los sabelianos, pero también contra San Atanasio.

Los sínodos de 358, 361 y 362 revelaron y afirmaron el predominio de los arrianos. El obispo Eudoxio condenó tanto las opiniones ortodoxas como las semiarrianas. Se eligió como obispo a Melecio, que muchos pensaban que estaba del lado del arrianismo, y los arrianos proclamaron su lealtad al partido a pesar de las defecciones. Cuando el emperador Joviano ascendió al trono (363), se celebró un concilio en Antioquía, en el cual los obispos concordaron con la fe de Nicea, aunque añadieron al final una declaración semiarriana. Por fin, en 368, un gran número de obispos orientales, reunidos en Antioquía, rompieron del todo con el arrianismo. Dieron sus asentimientos al credo niceno como había sido expresada por el Papa San Dámaso I y un sínodo romano de 369; es decir, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una substancia.

El sínodo efectuado en 388 prohibía cualquier venganza por la muerte de un obispo asesinado por los paganos; otro sínodo en 390 condenó la secta de los mesalianos. Los sínodos de los siglos V y VI trataron a menudo con las controversias teológicas de su época. Así el concilio de 424 decretó la expulsión de Pelagio de la ciudad. En los sínodos de 432, 447, 451, 471, 478, 481, 482, 508, 512 y 565 se trató sobre fases del monofisismo y nestorianismo. Un sínodo del año 445 emitió una decisión sobre el asunto de Atanasio, obispo de Perrha, acusado de mala conducta y traído ante el patriarca de Antioquía. Finalmente, un sínodo celebrado en el año 542 fue causado por las controversias origenistas en Palestina.

Durante el período de la dominación latina se celebraron dos sínodos en Antioquía. En 1139 Radulfo, el segundo patriarca latino de Antioquía, fue depuesto por haber aspirado a completar su independencia de Roma, y por tratar cruelmente a algunos eclesiásticos. En 1204 el cardenal-legado Pedro decidió ciertas reclamaciones sobre el principado de Antioquía a favor del Conde de Trípoli, contra Armenia, que estaba puesta bajo interdicto. La vida religiosa en Antioquía se extinguió desde el momento en que la ciudad fue tomada por los mahometanos.


Bibliografía: MOMMSEN, Römische Geschichte (Berlín, 1886), V; RENAN, Les apôtres (París, 1894); St. Paul (París, 1893); ABBÉ FOUARD, Saint Peter (trad. al inglés, Nueva York, 1892); Saint Paul (trad. al inglés Nueva York, 1899); DöLLINGER, Christenthum und Kirche (Ratisbona, 1868); J. M. NEALE, The Patriarchate of Antioch (continuación póstuma de su Holy Eastern Church) (Londres, 1873); TREPPNER, Das Patriarchat von Antiochien (Friburgo, 1891); STIFTER, The Church of Antioch in Bibliotheca Sacra (1900), LVII, 645-659; S. VAILHÉ L'ancien patriarchat d'Antioche, in Echos d'Orient, 1899, 216-227; C. DIEHL, Justinien et la civilisation byzantine au VIe siècle (París, 1901); HARNACK, Mission und Ausbreitung des Christenthums (Leipzig, 1902); DUCHESNE, Histoire ancienne de l'église (París, 1906); IDEM, Christian Worship (trad. al inglés Londres, 1904); BINGHAM, Antiquities of the Christian Church (Londres, 1710), I; THOMASSEN, Discipline de l'église (Bar-le-Duc, 1864) I; BINTERIM, Denkwürdigkeiten (Maguncia, 1838) III; PHILIPPS, Kirchenrecht (Ratisbona, 1857) II; HEFELE, Conciliengesch. (2da. ed., Friburgo, 1886) I.—Las antigüedades profanas de Antioquía se describen en la obra clásica de OTTFRIED MÜLLER, Antiquitates Antiochenæ (Göttingen, 1839). Cf. R. FÖRSTER, Antiochia am Orontes in Jahrb. d. kaiser. deutsch. Inst. (1897) XII, 103, sq., y DAMIANI, Antioch During the Crusades, en Archæologia (18906) XV, 234-263; también REY, Recherches hist. et géogr. sur la domination des Latins en Orient (París, fd 1877). Las antigüedades eclesiásticas medievales del patriarcado son descritas en dos importantes obras: ASSEMANI, Bibliotheca Orientale etc. (Roma, 1719-28), y LEQUIEN, Oriens Christianus (París, 1740); cf. STREIBER, dAntiochien en Kirchenlex., I, 941-962, y LECLERCQ en Dict. d'arch. et de liturg. chrét., I, coll. 2359- 2427. Extensas bibliografías aparecen en esta última obra (coll. 2625-26) y en CHEVALIER, Rép. des sources hist. f(Topo-Bibl.), I, 168-170.

Fuente: Schaefer, Francis. "The Church of Antioch." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01567a.htm>.

Traducido por L H M.