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Miércoles, 3 de junio de 2020

Papa Constantino

De Enciclopedia Católica

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El Papa Constantino fue consagrado el 25 de marzo de 708; murió el 9 de abril de 715; era sirio, el hijo de Juan y “un hombre notablemente afable”. La primera mitad de su pontificado estuvo marcada por una cruel hambruna en Roma; la segunda, por una extraordinaria abundancia. Durante algún tiempo tuvo problemas con Félix, arzobispo de Rávena, a quien él mismo había consagrado. Confiado en el poder secular, el nuevo obispo se negó a ofrecerle al Papa la debida obediencia. Félix se sometió solo después de haber probado una horrible desgracia.

Constantino recibió como peregrinos a dos reyes anglosajones, Coenredo de Mercia y Offa de los sajones orientales. Ambos recibieron la tonsura en Roma y abrazaron la vida monástica (Beda, Hist. Eccl., V, xix, xx). San Egwin, obispo de Worcester, fue a Roma con ellos y obtuvo del Papa varios privilegios para su Abadía de Evesham ("Chron. Abbat. de Evesham", en R. S.; "St. Egwin and his Abbey of Evesham", Londres, 1904). Los documentos existentes sobre este monasterio que llevan el nombre de este Papa son espurios (se encuentran en Haddan y Stubbs, "Councils", III, 281.); pero su privilegio para los monasterios de Bermondsey y Woking (ibid., 276) puede ser genuino.

En 692, el emperador Justiniano II había ordenado la celebración del llamado Concilio Quinisexto in Trullo. En esta asamblea, a la que solo asistieron obispos griegos, se aprobaron 102 cánones, muchos de los cuales establecieron costumbres opuestas a las de Roma. Según el canon XIII, el celibato del clero secular griego se convirtió en cosa del pasado; y con el canon XXXVI se dio un paso más en la dirección de hacer que el patriarca de Constantinopla fuese bastante independiente de la Santa Sede. Justiniano hizo todo lo posible para asegurar la adhesión de los Papas a estos decretos; pero uno tras otro, todos se negaron. Finalmente envió una orden a Constantino para que acudiera a Constantinopla. En el 709 zarpó hacia Oriente con varios obispos y clérigos y, según la costumbre, dejó al arcipreste, al archidiácono y al Primicerius, o jefe de los notarios para que gobernaran la Iglesia durante su ausencia. Dondequiera que tocara su nave, era, por orden de Justiniano, recibido con tanto honor como el propio emperador. Entró triunfante en Constantinopla y, a pedido de Justiniano, cruzó a Nicomedia, donde residía el emperador en ese entonces. Por extraño que parezca, este cruel príncipe recibió al Papa con el mayor honor, se postró ante él y besó sus pies. Después de recibir la Sagrada Comunión de manos del Papa, renovó todos los privilegios de la Iglesia Romana. No se conoce exactamente que sucedió entre ellos respecto al Concilio Quinisexto. Sin embargo, parecería que Constantino aprobó los cánones que no se oponían a la verdadera fe o a la sana moral, y que con esta aprobación cualificada de su concilio el emperador quedó satisfecho.

Tan pronto Constantino regresó a Roma (octubre de 711) Justiniano II fue destronado por Filípico Bardanés. Este nuevo emperador luchó por revivir el monotelismo y envió una carta al Papa, la cual este mandó a examinar y a condenar en un sínodo. Además, cuando el emperador quemó las actas del Sexto Concilio General, restauró en los dípticos los nombres que ese concilio había mandado a eliminar, reconstruyó sus imágenes y eliminó la representación del concilio que colgaba frente al palacio, el Papa y el pueblo de Roma colocaron en el pórtico de San Pedro una serie de representaciones de los seis concilios generales, y se negaron a colocar el nombre del nuevo emperador en sus estatutos o en sus monedas. También se negaron a colocar su estatua, según la costumbre, en la capilla oficial de San Cesáreo en el Palatino, (cuyo lugar fue descubierto en 1907), o orar por él en el Canon de la Misa.

Enviaron a Roma un nuevo duque para castigar a los romanos por estas medidas audaces, y sin duda estos habrían tenido mucho que sufrir si no hubiese sido por la oportuna deposición de Filípico por el ortodoxo Anastasio II (Whitsun Eve, 713). El nuevo emperador se apresuró a enviar a Roma, a través del exarca Escolástico, una carta en la que profesaba su ortodoxia y su adhesión al Sexto Concilo General, que había condenado el monotelismo. Constantino también recibió una carta de Juan, el patriarca de Constantinopla, en la que reconocía que “la preeminencia apostólica del Papa es para toda la Iglesia, lo que la cabeza es para el cuerpo”, y que “según los cánones él es la cabeza del sacerdocio cristiano”. Juan le aseguró al Papa que, si bien había cooperado con el emperador Filípico, él siempre había sido ortodoxo de corazón, y que el decreto, redactado en el concilio en el que el emperador herético esperaba restablecer el monotelismo (712), era realmente de sentido ortodoxo, aunque aparentemente no lo era en las palabras (Vea la carta de Juan en el epílogo del Diácono Agatón, en Mansi, "Coll. Conc.", XII, 192.)

Entre otros hombres distinguidos que vinieron a Roma en los días de Constantino estaba Benedicto, arzobispo de Milán. Él vino no solo a orar en los santuarios de los apóstoles, pues era un hombre de una santidad tan notable que se distinguió por ello en toda Italia (Pablo el Diácono, Hist., VI, xxix), sino también para dialogar con el Papa a quién pertenecía la jurisdicción inmediata sobre la Iglesia de Pavía. En una época, ciertamente en el siglo V, los obispos de Pavía estaban sujetos a los obispos de Milán y eran consagrados por ellos. Por alguna razón, tal vez porque los lombardos convirtieron a Pavía en su capital, sus obispos habían dejado de depender de los de Milán y quedaron directamente sujetos a los Papas. En consecuencia, cuando se le demostró a Benedicto que durante mucho tiempo al menos habían sido consagrados en Roma, definitivamente renunció a su reclamo de jurisdicción sobre ellos. La visita de un Papa a una ciudad distante de Roma era tan comparativamente rara, que la gente de varios lugares a los que Constantino visitó en su viaje hacia y desde Constantinopla estaba demasiado complacida de poder aprovechar la oportunidad de que consagrara un obispo para ellos. Está registrado que consagró doce de esta manera y, en los tiempos y lugares habituales, no menos de sesenta y cuatro.


Bibliografía: Lib. pontificalis, ed. DUCHESNE, 389; MANN, Lives of the Popes (Londres, St. Louis, 1902), I, pt. II, 127 s.

Fuente: Mann, Horace. "Pope Constantine." The Catholic Encyclopedia. Vol. 4, págs. 294-95 . New York: Robert Appleton Company, 1908. 2 Mar. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/04294b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.