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Lunes, 23 de octubre de 2017

Maitines

De Enciclopedia Católica

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Nombre

La palabra "maitines" (latín Matutinum o Matutinae), viene de Matuta, el nombre latino para la diosa griega Leucothae o Leucothea, diosa blanca, o diosa de la mañana (Aurora): Leucothee graius, Matuta vocabere nostris, Ovid, V, 545. De ahí que Matutine, Matutinus, Matutinum tempus, o simplemente Matutinum. La palabra realmente usada en el Breviario Romano es Matutinum (es decir, tempus); algunos de los autores antiguos prefieren Matutini Matutinorum, o Matutinae. De cualquier modo el significado primitivo de la palabra bajo estas diferentes formas era Aurora, amanecer. Primero se aplicó al Oficio de laudes, el cual, de hecho, se decía al amanecer (vea laudes), y su sinónimo litúrgico era la palabra Gallicinium (canto del gallo), la cual también designaba a este oficio. El oficio nocturno retuvo su nombre de vigilias, puesto que, como regla, las vigilias y los maitines (laudes) se combinaban, y el último servía, en cierta medida, como el cierre de las vigilias. Entonces el nombre maitines se extendió al oficio de vigilias, y el de la mañana se continuó llamando laudes, un término, que en sentido estricto sólo designa los últimos tres Salmos de ese oficio, es decir, los Salmos “Laudate”. En el tiempo que se realizó este cambio de nombre, la costumbre de decir las vigilias de noche se observaba sólo en los monasterios, mientras que en los demás lugares se decían en la mañana, de modo que al final no pareció un mal uso el dar a un oficio nocturno un nombre que, estrictamente hablando, se aplicaba sólo al oficio del amanecer. Sin embargo, el cambio fue sólo gradual. San Benito (siglo VI) en su descripción del Oficio Divino siempre se refiere a las vigilias como el oficio nocturno, mientras que llama maitines al del amanecer, y llama laudes a los últimos tres Salmos de ese oficio (Regula, cap. XIII-XIV; vea laudes). El Concilio de Tours (567) ya le había aplicado el título “maitines” al oficio nocturno: ad Matutinum sex antiphonae; Laudes Matutinae; Matutini hymni también se hallan en varios autores antiguos como sinónimos de laudes. (Hefele-Leclercq, "Hist. des Conciles", V, III, 188, 189) .

Origen (maitines y vigilias)

Vea también el artículo vigilia.

La palabra vigilias, que al principio se aplicaba al oficio nocturno, también viene de una fuente latina, tanto el término como su uso, principalmente las vigiliae, vigilias nocturnas o vigilancias de los soldados. La noche desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana se dividía en cuatro vigilancias o vigilias de tres horas cada una: la primera, la segunda, la tercera y la cuarta vigilias. Desde el punto de vista litúrgico y, en su origen, el uso del término es muy vago y elástico. Por lo general designaba las reuniones nocturnas, sinaxis, de los cristianos. Bajo esta forma, podría decirse que la vigilancia (vigilia) data de principios del cristianismo. Fue ya sea debido a la clandestinidad de sus reuniones, o debido a alguna idea mística que hizo de la mitad de la noche la hora par excellence para la oración, en las palabras del Salmo: media nocte surgebam ad confitendum tibi, que los cristianos escogieron la noche para sus sinaxis, y de todas las demás noches, preferiblemente la del sábado. Hay una alusión a ella en los Hechos de los Apóstoles (20,4) como también en una carta de Plinio el Joven. Los servicios litúrgicos de estas “sinaxis” se componían de casi los mismos elementos que los de la sinagoga judía; lecturas de los Libros de la Ley, cántico de los Salmos, diversas oraciones. Lo que les daba su carácter cristiano era el hecho de que eran seguidas por el servicio Eucarístico, y que a la lectura de la Ley, pronto se añadieron los Apóstoles y los Hechos, así como los Evangelios y algunos otros libros que no eran canónicos, como por ejemplo, las Epístolas de San Clemente, la Epístola de Bernabé, el Apocalipsis de San Pedro, etc.

Las vigilias más solemnes, que se celebraban en los aniversarios de los mártires o en ciertas fiestas, también eran conocidas por este título, especialmente durante los siglos III y IV. La vigilia, en este caso también fue llamada pannuchis, porque la mayor parte de la noche se dedicaba a ella. Comenzaban en la noche y sólo terminaban a la mañana siguiente, y además de la Cena Eucarística, constaban de homilías, cantos y diversos oficios. Estas últimas vigilias fueron las que dieron lugar a ciertos abusos, y finalmente la Iglesia las abolió (vea vigilia). A pesar de esto, sin embargo, las vigilias, en su sentido más estricto del Oficio Divino nocturno, se mantuvieron y desarrollaron. Entre los escritores de los siglos IV al VI nos encontramos varias descripciones de ellas. El "De virginitate", un tratado del siglo IV, las da como siguientes inmediatamente a laudes. Sin embargo, el autor no determina el número de Salmos que se recitaban.

Metodio en su “Banquete de las Vírgenes” (Symposion sive Convivium decem Virginum) dividía el oficio nocturno o pannychis en vigilias, pero es difícil determinar qué quería decir con estos nocturnos. San Basilio también da una descripción vaga del oficio nocturno o vigilias, pero en términos que nos permiten concluir que se cantaban los Salmos, a veces por dos coros y a veces como responsorios. Casiano nos da un relato más detallado del oficio nocturno de los monjes del siglo V. El número de Salmos, que varió al principio, posteriormente se fijó en doce, con la adición de una lección del Testamento y otra del Nuevo Testamento. San Jerónimo defendió las vigilias contra los ataques de Vigilancio, pero es principalmente respecto a las vigilias en las tumbas de los mártires que él habla en su tratado “Contra Vigilantium”. De todas las descripciones la más completa es la que aparece en el "Peregrinatio Ætheriae", el autor de la cual asistía a los maitines en las Iglesias de Jerusalén, donde se desplegaba gran solemnidad. (Para todos estos textos, vea Bäumer-Biron, loc. cit., p. 79, 122, 139, 186, 208, 246, etc.). Otras alusiones se hallan en San Cesáreo de Arles, San Nicecio o Nicetas de Tréveris, y San Gregorio de Tours (vea Baumer-Biron, loc. cit., I, 216, 227, 232).

Los elementos de los maitines desde el siglo IV hasta el VI

En todos los autores que hemos citado, la forma de las oraciones nocturnas parecería haber variado mucho. Sin embargo, en estas descripciones, y a pesar de ciertas diferencias, encontramos los mismos elementos repetidos: los Salmos generalmente cantados en forma de responsorios, es decir, por uno o varios cantores, el coro repetía un verso, que servía como un responsorio, alternativamente con los versículos de los Salmos que eran cantados por los cantores; lecturas tomadas del Antiguo y el Nuevo Testamento, y más tarde, de las obras de los Padres y Doctores; letanías o plegarias; la oración por los diversos miembros de la Iglesia, clérigos, fieles, neófitos y catecúmenos; por los emperadores, los viajeros, los enfermos y en general por todas las necesidades de la Iglesia, e incluso las oraciones por los judíos y los herejes. [Baumer, Litanie u. Missal, en "Studien des Benediktinerordens", II (Raigern, 1886), 287, 289.]. Es muy fácil encontrar estos elementos esenciales en nuestros maitines modernos.

Los maitines en la liturgia romana y otras

En la liturgia romana moderna los maitines pueden ser considerados como el oficio más importante debido a su extensión, a la posición que ocupan y a la materia de que están compuestos, y además, los más notales por la variedad y riqueza de sus elementos. Comienzan más solemnemente que los demás oficios, con un Salmo (Sal. 95(94), llamado el invitatorio, el cual es cantado o recitado en forma de un responsorio, de acuerdo con la costumbre más antigua. Los himnos, que han sido admitidos tardíamente a la liturgia romana, así como los himnos de las otras horas, forman parte de una colección muy antigua que, al menos hasta donde concierne a algunos de ellos, puede decirse que pertenecen al siglo VII, o incluso hasta el siglo VI. Por regla general, sugieren el significado simbólico de esta hora (vea sección V más abajo), la oración de la mitad de la noche.

Esta forma principal del Oficio debe distinguirse del Oficio del domingo, del de las fiestas y del ferial o de la semana. El Oficio del domingo se compone del invitatorio (Sal. 95(94), himno, tres nocturnos, el primero de los cuales consiste de doce Salmos, y el segundo y tercero de tres salmos cada uno; nueve lecturas, tres para cada nocturno, y cada lectura excepto la novena es seguida por un responsorio; y finalmente, el cántico Te Deum, que es recitado o cantado después de la novena lectura en lugar del responsorio. El Oficio de las fiestas es similar al del domingo, excepto que sólo hay tres salmos con el primer nocturno en lugar de doce. El oficio de días de semana o ferial y el de las fiestas simples se compone de un solo nocturno, con doce Salmos y tres lecturas. El Oficio de Difuntos y el de los tres últimos días de la Semana Santa son más simples, las absoluciones, bendiciones e invitatorio se omiten, por lo menos durante los tres últimos días de la Semana Santa, ya que el invitatorio se dice en el Oficio de Difuntos.

Las características principales de este oficio que lo distinguen de todos las demás son las siguientes:

(1) Los Salmos utilizados en maitines se componen de una serie que comienza con el Salmo 1 y va sin interrupción hasta el Salmo 108 inclusive. El orden del Salterio es seguido casi sin interrupción, excepto en el caso de las fiestas, cuando los salmos son seleccionados de acuerdo a su significación, pero siempre de la serie 1 a 108, los Salmos restantes se reservan para las vísperas y las demás oficios.

(2) Las lecturas son un elemento único, y en los demás oficios que dan lugar a un capítulo o lectura corta. Este último posiblemente ha sido introducido en aras de la simetría, y, en su forma actual, en todo caso, da una idea muy incompleta de lo que es la verdadera lectura o lección. Por el contrario, las lecturas de maitines son lecturas en el sentido apropiado del término: consisten de las partes más importantes del Antiguo y del Nuevo Testamento, extractos de las obras de los principales [[Doctores de la Iglesia, y leyendas de los mártires o de los demás santos. Las lecturas de la Sagrada Escritura se distribuyen de acuerdo con ciertas reglas fijas (rúbricas) que asignan tales o cuales libros de la Biblia a ciertas estaciones del año. De esta manera extractos de todos los libros de la Biblia se leen en el Oficio durante el año. Sin embargo, la idea de hacer leer toda la Biblia en el Oficio, según propuesta por varios reformadores del Breviario, sobre todo durante los siglos XVII y XVIII, nunca ha sido considerada favorablemente por la Iglesia, la cual considera el Oficio Divino como una oración y no como un objeto de estudio para el clero.

(3) El invitatorio y, en ciertos días, el final o Te Deum también forman una de las principales características de este Oficio.

(4) Los responsorios, más numerosos en este Oficio, recuerdan la forma más antigua de la salmodia; la del Salmo cantado por uno solo y contestado por todo el coro, en contraposición a la forma de antífona, que consiste de dos coros que recitan los Salmos alternativamente.

(5) La división en tres o dos nocturnos es también una característica especial de maitines, pero es imposible decir por qué algunos han pensado que es un recuerdo de las vigilias militares (que no fueron tres, sino cuatro, vigilias relojes) o incluso de las antiguas vigilias, ya que normalmente no había más que una reunión en medio de la noche. La costumbre de levantarse tres veces para la oración sólo pudo haber estado en boga, como excepcional, en ciertos monasterios, o para alguna de las fiestas más solemnes (vea nocturnos).

(6) En el Oficio de la Iglesia de Jerusalén, del cual el peregrino Aetheria nos da una descripción, las vigilias del domingo finalizan con la lectura solemne del Evangelio, en la gruta del Santo Sepulcro. Esta práctica de la lectura del Evangelio se ha conservado en la liturgia benedictina. Es de lamentar que en la liturgia romana esta costumbre, tan antigua y tan solemne, ya no es representada, sino por la homilía.

La liturgia ambrosiana, mejor quizás que ninguna otra, ha conservado huellas de las grandes vigilias o pannychides, con su complejo y variado despliegue de procesiones, salmodias, etc. (cf. Dom Cagin; "Paleographie Musicale", vol. VI, p. 8, ss.; Paul Lejay; Ambrosien (rit.) en "Dictionnaire d'Archeol. Chret. et de Liturgie", vol. I, p. 1423 ss.). La liturgia misma también ha conservado vigilias de salmodia extensa. Este Oficio nocturno se adaptó en un período posterior a una forma más moderna, acercándose más y más a la liturgia romana. Aquí también se encuentran los tres nocturnos, con la antífona, Salmos, lecturas y responsorios, los elementos comunes de los maitines romanos, y con algunas características especiales muy ambrosianas. En el Oficio benedictino, maitines, al igual que el texto del Oficio, sigue muy de cerca la liturgia romana. El número de Salmos, a saber, doce, es siempre el mismo, y existen tres o dos nocturnos de acuerdo con el grado de solemnidad del Oficio particular celebrado. Normalmente hay cuatro lecturas, seguidas por sus responsorios para cada nocturno. Los dos rasgos más característicos de los maitines benedictinos son: los cánticos del tercer nocturno, que no se hallan en la liturgia romana, y el Evangelio, que se canta solemnemente al final, siendo el último rasgo muy antiguo, como ya se señaló. Por el contrario, en la liturgia mozárabe los maitines se componen de un sistema de antífonas, colectas y versículos que los hacen desviarse bastante del sistema romano.

Significado y simbolismo

De lo anterior queda claro que maitines sigue siendo el Oficio principal de la Iglesia, y el que, en su origen, es el de mayor antigüedad, tan lejos como la época apostólica, tan lejos incluso como el inicio mismo de la Iglesia. Es sin duda, después de haber pasado por un gran número de transformaciones, el antiguo Oficio nocturno, el Oficio de la vigilia. En cierto sentido es, tal vez, el Oficio que fue primitivamente la preparación para la Misa, es decir, la Misa de los catecúmenos, que presenta en todo caso la misma construcción que ese oficio ---la lectura del Antiguo Testamento, luego las Epístolas y los Hechos, y, finalmente, el Evangelio--- todo el conjunto mezclado con la salmodia, y terminando con la homilía (cf. Cabrol:. "Les Origines liturgiques", París, 1906, 334 ss). Si por un tiempo este Oficio pareció ser secundario al de laudes u oficio matutino, es porque este último originalmente fue parte de maitines, y reclamó para sí la solemnidad debido quizás a la hora en que se celebraba, que permitía a todos los fieles estar presente.

Según otra teoría sugerida por el testimonio de Lactancio, San Jerónimo y San Isidoro, los cristianos, al ser ignorantes de la fecha de la venida de Cristo, pensaron que volvería a medianoche, y muy probablemente la noche del Sábado Santo o el domingo de Pascua, en o cerca de la hora en que se levantó del sepulcro. De ahí la importancia de la Vigilia Pascual, que de este modo se habría convertido en el modelo o prototipo de los demás vigilias del sábado, y de paso de todas las vigilias nocturnas. La idea del segundo Adviento habría dado lugar a la Vigilia Pascual, y esta última al oficio de la Vigilia del sábado (Batiffol, "Hist. Du Bréviaire", 3). La institución de la vigilia sabatina, por consiguiente, sería tan antigua como la del domingo.

Vea también los artículos horas canónicas, laudes, vigilia, Breviario, nocturnos.


Bibliografía: BONA, De Divina Psalmodia in Opera Omnia (Amberes, 1677), 693 ss.; GRANCOLAS, Commentarius historicus in Rom. Breviar., 100; PROBST, Brevier und Breviergebet (Tubinga, 1854), 143 ss.; BAUMER, Histoire du Breviaire, tr. BIRON, I (París, 1905), 60 ss.; DUCHESNE, Christian Worship (1904), 448, 449; BATIFFOL, Histoire du Breviaire, 3 ss.; THALHOFER, Handbuch der Katholischen Liturgik, II, 434, 450; GASTOUE, Les Vigiles Nocturnes (París, 1908) (Collection Bloud);

Fuente: Cabrol, Fernand. "Matins." The Catholic Encyclopedia. Vol. 10. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/10050a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina. rc