Invitatorio

De Enciclopedia Católica

El invitatorio, como lo implica la palabra, es la invitación dirigida a los fieles para que vengan a tomar parte en el Oficio Divino. El salmo 95(94) “Veinte” ha sido usado con este propósito desde tiempo s muy antiguos. En la vida de San Porfirio de Gaza leemos que este santo, con el deseo de que el pueblo se le uniera en la oración, hacía cantar el “Veinte exultemos Domino”, y el pueblo contestaba “Aleluya” después de cada versículo. En el Oficio bendictino el “Venite exultemus Domino” es recitado diariamente al comienzo de los nocturnos en el Oficio de la noche y es llamado el invitatorio. Nunca es omitido, pero las antífonas que siguen a cada verso cambian de acuerdo a si el oficio que se recita es uno de feria o del oficio de un santo. Estas antífonas se repiten dos veces antes del salmo y una vez después del "Gloria Patri". La Regla de San Benito llama a este salmo el invitatorio, mientras que la Regla del Maestro (Magister Anonymus, un autor franco del siglo VII) lo llama el Responsorium hortationis. La liturgia mozárabe hace uso de una palabra expresiva: sonus, como para denotar la campana que llama a la iglesia. La liturgia romana más antigua que conocemos no contiene un invitatorio; pues se omite en la liturgia primitiva, que es representada en nuestros días por la de los últimos tres días de la Semana Santa. Si la encontramos en el Oficio de Difuntos es debido a que fue introducida en un período posterior. El Concilio de Aquisgrán (816) menciona el salmo invitatorio "Venite" y prohíbe su uso en el Oficina de Difuntos. Este mismo canon, al hablar de la manera de recitar el invitatorio emplea las mismas palabras de la Regla de San Benito, las que muestran claramente que el uso de este salmo estaba estrechamente relacionado con el oficio monástica.

El invitatorio se decía lentamente adrede, como el salmo anterior: "Domine, quid multiplicati sunt". Esto era para permitir que los monjes que venían a la vigilia llegaran a tiempo para el comienzo del Oficio. De hecho, realmente parece que estos dos salmos preliminar (Sals. 3 y 95(94) eran las oraciones que se decían en privado por los monjes mientras se levantaban y venían al coro: ". Ego dormivi et soporatus sum et exsurrexi" Es posible que en el transcurso del tiempo se introdujo la costumbre de recitarlos en voz alta en el coro, a la espera de la llegada de los que llegaban tarde, y por lo tanto, después de un tiempo, fueron insertados en el propia Oficio. En efecto, el salmo "Venite" parece estar dirigido a los que iban a venir a la vigilia y no a los que ya estaban allí. En Roma, en la fiesta de la Epifanía del Señor, no había invitatorio. La salmodia comenzaba, y todavía comienza, con los salmos del primer nocturno y sus antífonas. "Hodie non cantamus Invitatorium sed absolute incipimus” (Hoy cantamos sin invitatorio pero comenzamos sin él) es una instrucción en una rúbrica del antifonario del Vaticano. El salmo "Venite" era recitado con su antífona propia en su lugar apropiado, es decir, el último de los salmos del segundo nocturno. Más tarde este salmo se convirtió en el primer salmo del tercer nocturno, y la antífona se repitió al igual que cuando se usaba en el invitatorio. Amalario y Durando de Mende trataron como es usual de explicarlo místicamente, pero la explicación más probable es que el invitatorio fue suprimido porque el salmo era recitado más tarde y no deseaban recitarlo dos veces en el mismo Oficio.

El Breviario benedictino, que tenía himnos para su tercer nocturno, no tuvo la misma razón para excluirlo y lo retuvo en la fiesta de la Epifanía. Sin embargo, vemos que, antes del siglo IX, la liturgia romana no tenía el invitatorio, al menos no con tanta regularidad como la liturgia benedictina. Es probable que se introdujera por primera vez por imitación de la práctica monástica, en esos días solo en los que el pueblo asistía a la vigilia, cuando el invitatorio podía así ser dirigido a alguien. El "Ordines Romani" nos informan que en los grandes festivales se celebraban dos oficios nocturnos: una, sin el invitatorio, que era recitado por los sacerdotes de la capilla papal en su capilla, y el otro con el invitatorio, al que asistían las personas. Amalario nos dice que en su tiempo sólo el Oficio para la vigilia de domingo tenía el invitatorio, el Oficio de feria no lo tenía, porque el pueblo no asistía. El Día de los Difuntos se recitaba el invitatorio porque los fieles venían ese día a orar por los muertos, pero esto nos trae a una fecha muy posterior. Muy probablemente el origen del invitatorio se encuentra en la llamada con que se despertaba a los monjes: “Venite adoremus Dominum”, que pronto se convirtió en la antífona o estribillo del salmo "Venite Exultemus Domino", que esta oración, naturalmente, recordaba. Amalario llama nuestra atención a un hecho curioso. Durante la semana se recitaba el invitatorio sin la inserción de las antífonas: "Invitatorium diebus festivis hebdomadibus sine modulatione Antiphone Solet Dici." La versión del salmo "Venite exultemus” usada en el Breviario es la del antiguo salterio romano, que difiere en algunos pasajes de la Vulgata.


Fuente: Leclercq, Henri. "Invitatorium." The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/08089a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina. rc

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Sábado, 2 de agosto de 2014