Papa San Clemente I

De Enciclopedia Católica

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El cuarto Papa

El Papa Clemente I (llamado Clemente Romano para distinguirlo del alejandrino), es el primero de los sucesores de San Pedro y el primero de los Padres Apostólicos. Su fiesta se celebra el 23 de noviembre. Ha dejado un escrito genuino, una carta a la Iglesia de Corinto, y muchas otras que se le atribuyen.

Según Tertuliano, que escribía hacia el 199, la Iglesia Romana reclamaba que Clemente fue ordenado por San Pedro (De Praescript., XXXII), y San Jerónimo nos dice que en su tiempo “la mayoría de los latinos” afirmaban que Clemente era el sucesor inmediato del Apóstol (De viris illustr., XV). El mismo San Jerónimo en varios otros lugares sigue esta opinión, pero aquí afirma correctamente que Clemente fue el cuarto Papa. Las primeras evidencias muestran gran variedad. La lista de Papas más antigua es la que hizo San Hegesipo en tiempos del Papa San Aniceto, (c. 160 d.C.) (Harnack la atribuye a un autor desconocido de tiempos de Sotero, c 170), citada por San Epifanio (Haere., XXVII, 6). Parece que fue utilizada por San Ireneo (Haer.,III. III), por Julio Africano, que compuso una cronografía en el año 222, por el autor de un poema latino contra Marción en el siglo III o IV y por San Hipólito, cuya cronología se extiende hasta el año 234, y probablemente se halla en el Catálogo Liberiano de 354. El catálogo mismo fue adoptado en el “Liber Pontificalis”. Eusebio usó en su Crónica y en su historia a Africano; en la carta corrigió ligeramente las fechas. La crónica de San Jerónimo es una traducción de la de Eusebio y es el medio principal para restaurar la griega perdida de éste último; la versión armenia y los epítomes coptos no son fiables. Las variaciones en el orden son las siguientes:

  • (1) Lino, Cleto, Clemente (Hegesipo. ap Epifanio, Canon de la Misa)
  • Lino, Anacleto, Clemente (Ireneo, Africano en Eusebio)
  • Lino, Anacleto, Clemente (Jerónimo)
  • (2) Lino, Cleto, Anacleto, Clemente (Poema contra Marción)
  • (3) Lino, Clemente, Cleto, Anacleto (Hipólito(?), “Liberian Catal.”; “Liber Pontif.”)
  • (4) Lino, Clemente, Anacleto (Optato, Agustín).

En la actualidad ningún crítico duda de que Cleto, Anacleto y Anencleto sean la misma persona. Anacleto es un error latino; Cleto es una forma corta (y más cristiana) de Anencleto. Lightfoot pensó que la transposición de Clemente en el “Catálogo Liberiano” fue un mero accidente, como el error similar “Aniceto Pío” por “Pío Aniceto“ que aparece más adelante en la misma lista. Pero puede haber sido una alteración deliberada hecha por Hipólito basada en la tradición mencionada por Tertuliano. San Ireneo (III, III) nos dice que Clemente “vio a los Apóstoles benditos y conversó con ellos y que aún le sonaba en sus oídos la predicación de los Apóstoles, y tenía su tradición ante sus ojos, y no era él solo sino que aún sobrevivían muchos a los que los Apóstoles les habían enseñado”. De igual manera Epifanio nos dice (de Hegesipo) que Clemente fue contemporáneo de Pedro y Pablo. Pero a Lino y a Cleto se le atribuyeron doce años a cada uno en la lista. Si Hipólito encontró a Cleto duplicado por error (Cleto XII, Anacleto XII), la elevación de Clemente parecería haber sido 36 años después de la muerte de los Apóstoles. Como esto haría casi imposible que Clemente hubiera sido su contemporáneo, puede haber hecho que Hipólito lo moviera a una posición anterior. Más aún, San Epifanio (loc. cit) afirma: ”No sabemos con certeza si él recibió la ordenación episcopal de Pedro durante la vida de los Apóstoles y declinó el oficio, pues él dice en una de sus epístolas escribe: ‘Me retiro, me voy, que la gente de Dios esté en paz”, (pues hemos hallado esto establecido en ciertas memorias) o si fue nombrado por el obispo Cleto después de que éste sucediera a los Apóstoles”.

Las “Memorias” eran ciertamente las de Hegesipo. Parece improbable que se apele a él sólo por la cita de la Epístola, c. LIV; probablemente Epifanio quiere decir que Hegesipo dijo que Clemente había sido ordenado por Pedro y que declinó ser obispo, aunque 24 años después realmente ejerció como tal durante nueve años. Epifanio no pudo reconciliar estos dos hechos; parece que Hipólito rechazó el segundo.

Cronología

La fecha propuesta por Hegesipo no es difícil de restaurar. Epifanio implica que coloca el martirio de los Apóstoles en el año doce de Nerón. Africano calculó el año décimo cuarto (pues él había atribuido un año de menos a los reinados de Calígula y Claudio), y añadió la fecha imperial para el ascenso de cada Papa pero al faltarle dos años para el de Aniceto no pudo hacer que encajasen los intervalos con los años de episcopado dados por Hegesipo. Tuvo la misma dificultad en su lista de obispos alejandrinos.

Hegesipo.................. Africano (de Eusebio)........ Intervalo........ Fechas reales d.C. ........
Lino.............12 Nerón..............14 12 Nerón...........12..........66
Cleto............12 Tito..................2 12 Vespasiano....10..........78
Clemente I......9 Domiciano........12 (7) Domiciano.....10..........80
Evaristo..........8 Trajano.............2 (10) Trajano..........2..........99
Alejandro.......10 Trajano............12 10 Trajano.........10........107
Sixto.............10 Adriano.............3 (9) Adriano..........1.........117
Telesforo........11 Adriano............12 (10) Adriano.........11........127
Higinio............4 Antonino Pío.......1 4 Antonino Pío....1........138
Pío................15 Antonino Pío.......5 15 Antonino Pío....5........142
Aniceto Antonino Pío......20 Antonino Pío...20........157

Si comenzamos, como quería Hegesipo, con Nerón 12 (ver la última columna) la suma de sus años sale bien para los tres últimos Papas. Pero Africano comenzó con un error de dos años y para que esté bien en Higinio ha de permitir un año de menos a cada uno de los papas precedentes, Sixto y Telesforo. Pero hay una fecha que no coincide, Trajano 2, que le da siete y diez años a Clemente y Evaristo respectivamente en vez de nueve y ocho. Evidentemente se vio obligado a insertar una fecha tradicional ---y de hecho vemos que Trajano 2 fue la fecha que quería Hegesipo. Ahora sabemos que Hegesipo habló de que Clemente conoció a los Apóstoles y nada dijo acerca de otros Papas hasta Telesforo “que fue un glorioso mártir”. No es sorprendente, pues, hallar que Africano tenía, además de la duración del episcopado, dos fechas fijas desde Hegesipo, las de la muerte de Clemente en el segundo año de Trajano, y la del martirio de Telesforo en el primer año de Antonino Pío. Podemos aceptar, por consiguiente, que hacia el año 160 se creía que la muerte de San Clemente había sucedido en al año 99 d.C.

Identidad

Orígenes identifica al Papa Clemente con el colaborador de San Pablo (Flp. 4,3 ) y también lo hacen Eusebio, Epifanio y Jerónimo ---pero este Clemente era probablemente un filipense. A mitad del siglo XIX se acostumbraba identificarlo con el cónsul del año 95, T. Flavio Clemente, quien fue martirizado al final de su consulado por su primo hermano, el emperador Domiciano. Pero los antiguos nunca sugirieron esto, se dice que el Papa siguió viviendo hasta el reinado de Trajano.

Es improbable que fuera miembro de la familia imperial. El uso continuo del Antiguo Testamento en su epístola les ha sugerido a Lightfoot, Funk, Nestle y otros que era de origen judío. Probablemente fue un liberto o hijo de un liberto de la casa del emperador, donde había miles o decenas de miles de sirvientes. Sabemos que hubo cristianos en la casa de Nerón (Flp. 4,22). Es altamente probable que los portadores de la carta de Clemente, Claudio Efebo y Valerio Vito, pertenecieran a ella, pues los nombres de Claudio y Valerio aparecen con gran frecuencia en inscripciones entre los libertos del emperador Claudio (y sus dos predecesores del mismo clan) y su esposa Valeria Mesalina. Se describe a los dos mensajeros como “hombres fieles y prudentes que han caminado entre nosotros irreprensiblemente desde la juventud hasta la vejez”, así que probablemente eran ya cristianos y vivían en Roma antes de la muerte de los Apóstoles, unos treinta años antes.

El prefecto de Roma durante la persecución de Nerón era Tito Flavio Sabino, hermano mayor del emperador Vespasiano y padre del martirizado Clemente. Flavia Domitila, esposa del mártir, era nieta de Vespasiano y sobrina de Tito y Domiciano; ella pudo haber muerto mártir por los rigores de su destierro. Las inscripciones de la catacumba de Domitila demuestran que fue fundada por ella. No es seguro que sea alguien distinta de otra Flavia Domitila, quien es llamada “virgen y mártir”. (vea Flavia Domitila y Santos Nereo y Aquileo, Domitila y Pancracio). El cónsul y su esposa tenían dos hijos Vespasiano y Domiciano y su tutor era Quintiliano. Nada se conoce de sus vidas. El hermano mayor del mártir Clemente era T. Flavio Sabino, cónsul en el año 82, mandado a matar por Domiciano, con cuya hermana se había casado. El papa Clemente es representado como su hijo en las Actas de los Santos Nereo y Aquileo, pero esto le haría demasiado joven para haber conocido a los Apóstoles.

Martirio

Nada se conoce sobre la vida y muerte de San Clemente. Las actas griegas apócrifas de su martirio fueron impresas por Cotelier en su “Patres Apost” (1724, I, 808; reimpresas en Migne, P.G., II, 617, mejor edición por Funk ”Patr. Apost.” II, 28). Relatan cómo convirtió a Teodora, esposa de Sisinio, cortesano de Nerva, y (después de los milagros) al mismo Sisinio y a otras cuatrocientas veintitrés personas de rango. Trajano destierra al Papa a Crimea donde aplaca la sed de dos mil cristianos con un milagro. La gente del lugar se convierte y se construyen 75 iglesias. En consecuencia, Trajano ordena que Clemente sea arrojado al mar atado a un ancla de hierro. Pero la marea retrocede cada año dos millas, revelando un santuario de construcción divina que contiene los huesos del mártir. Esta narración no es anterior al siglo IV, y es conocida para San Gregorio de Tours en el siglo VI.

Hacia 868 San Cirilo, cuando estaba en Crimea de camino a evangelizar a los “khazars”, excavó en un montículo (no en una tumba bajo el mar) algunos huesos y un ancla, las cuales se creyó que eran las reliquias de San Clemente. San Cirilo las llevó a Roma y Adrián II las depositó junto con las de San Ignacio de Antioquía en el altar mayor de la basílica de San Clemente en Roma. La historia de este traslado es evidentemente verdadera pero no parece haber existido tradición respecto al montículo, que parecía ser simplemente una tumba. El ancla parece ser la única evidencia de identidad pero no podemos deducir de la narración que perteneciera a los huesos dispersos (vea Acta SS., 9 marzo, II, 20).

El primero en mencionar a San Clemente como mártir es Rufino (c. 400). El Papa San Zósimo, en una carta a África en el año 417, relata el juicio y absolución parcial del hereje Celestio en la basílica de San Clemente; el Papa había elegido esta iglesia porque Clemente había aprendido la fe de San Pedro, y había dado su vida por ella (Ep. II). También es llamado mártir por el escritor conocido como Predestinato (c. 430) y por el sínodo de Vaison en 442. Los críticos modernos piensan que es posible que el martirio fuera sugerido por una confusión con su homónimo, el cónsul martirizado. Pero la falta de tradición sobre su entierro en Roma favorece la opinión de que murió en el exilio.

La Basílica

La iglesia de San Clemente en Roma está en el valle entre el Esquilino y el Celio en el camino que va directamente del Coliseo al Palacio de Letrán. Ahora está en manos de la provincia irlandesa de los dominicos. Aunque fue construida por Pascual II tan tarde como los primeros años del siglo XII, tras la destrucción de esa parte de la ciudad por los normandos de Robert Guiscard, es el más perfecto modelo de las primitivas basílicas de Roma, con su atrio y el coro cerrado por una pared y sus ambones. Pascual II siguió las líneas de una iglesia anterior, a escala bastante menor y aprovechó algunos de sus materiales y accesorios. La pared de mármol del coro actual es del tiempo de Juan II (533 – 35). En 1858 el prior P. Mulooly, O.P., desenterró la iglesia más antigua, bajo el edificio actual. En niveles inferiores todavía se encontraron habitaciones de fecha imperial y paredes del período republicano.

La iglesia inferior fue construida durante el gobierno de Constantino (m. 337) o poco después. San Jerónimo da a entender que no era nueva en su tiempo: Nominis eius (Clementis) memoriam usque hodie Romae extructa ecclesia custodit (De viris Illustr., XV). Es mencionada en inscripciones de Dámaso (m. 383) y Siricio (m. 398). De Rossi pensó que las habitaciones inferiores pertenecieron a la casa de Clemente, y que la que está inmediatamente debajo del altar era probablemente la memoria original del santo. Estas habitaciones comunican con un santuario de Mitra que yace bajo el ábside de la iglesia, en el nivel inferior. De Rossi pensó éste era una capilla cristiana profanada adrede por las autoridades romanas durante la última persecución. Lightfoot ha sugerido que los aposentos pudieron pertenecer a la casa de T. Flavio Clemente el cónsul, y más tarde tomadas equivocadamente por la residencia del Papa, pero esto parece gratuito. En el santuario de Mitra se encontró una estatua del Buen Pastor.

Escritos Pseudo Clementinos

Al Papa San Clemente I se le han atribuido falsamente muchos escritos:

  • 1. La “Segunda Epístola Clementina a los Corintios”, de la que se habla en el 3 más abajo.
  • 2. Dos “Epístolas a las Vírgenes” que aún existe en siríaco en un manuscrito de Amsterdam de 1470. Los originales griegos se han perdido. Muchos críticos creían que eran auténticos, pues eran conocidos en el siglo IV por San Epifanio (quien dice se leían en las iglesias) y por San Jerónimo. Sin embargo ahora todos admiten que no pueden ser del mismo autor de la “Epístola a los Corintios“ genuina. Algunos escritores, como Hefele y Wescott, las han asignado a la segunda mitad del siglo II, aunque es más probable que sean del siglo III (Harnack, Lightfoot). Harnack piensa que las dos cartas fueron originalmente una sola. Las editó por primera vez Wetstein, 1470, con una traducción al latín y fueron reimpresas por Gallandi, “Bibli. Vett. Patr.” I y Migne P.G. I. Se encuentran en latín solamente en Mansi, “Concilia”, I y en Funk “Patres Apost.”, II. Véase Lightfoot, “Clement of Roma” (Londres, 1890), I, Bardenhewer, “Gesch. der altkirchl. Litt” (Friburgo im Br., 1902), I; Harnack en “Sitzungsber. der k. preuss Akad. Der Wiss.” (Berlín, 1891), 361 y “Chronol.” (1904), II, 133.
  • 3. A la cabeza de las falsas decretales del Pseudo-Isidoro hay cinco cartas atribuidas a San Clemente. La primera es la carta de Clemente a Santiago traducida por Rufino (ver III); la segunda es otra carta a Santiago, que se halla en muchos manuscritos de los “Reconocimientos”. Las otras tres son obra del Pseudo Isidoro (vea falsas decretales)

La Epístola a los Corintios

Unos pocos espíritus violentos habían llevado a la Iglesia de Corinto a una sedición contra sus dirigentes. No parece que se hiciera una apelación a Roma, pero San Clemente envió una carta en nombre de la Iglesia de Roma para restaurar la paz y la unidad. Comienza explicando que su tardanza en escribir ha sido causada por las repentinas calamidades que recientemente habían caído una tras otra sobre la Iglesia Romana. La referencia apunta claramente a la persecución de Domiciano. Se recuerda la antigua gran reputación de la Iglesia de Corinto, su piedad y hospitalidad, su obediencia y disciplina. La envidia ha causado las divisiones; fueron celos los que llevaron a Caín, Esaú, etc. al pecado. Pedro, Pablo y otros muchos cayeron como víctimas de ella. Se urge a los corintios a arrepentirse siguiendo el ejemplo de los patriarcas y a ser humildes como el mismo Cristo. Que observen el orden como lo hace toda la creación.

Un curioso pasaje sobre la resurrección es como una interrupción en la secuencia: toda la creación prueba la resurrección, como el fénix, que cada quinientos años se consume a sí mismo y sus descendientes pueden resurgir de sus cenizas (23-6). Abandonemos el mal, continúa Clemente, y acerquémonos a Dios con pureza, pendientes de su bendición, que los patriarcas obtuvieron tan ricamente, pues el Señor vendrá rápidamente con sus recompensas; miremos a Jesucristo, nuestro sumo sacerdote, que está sobre los ángeles a la derecha del Padre (36).

La disciplina y la subordinación son necesarias como en un ejército y en el cuerpo humano, mientras que la arrogancia es absurda porque el hombre no es nada. Los Apóstoles previeron las desavenencias y proveyeron para una sucesión de obispos y diáconos que no puede ser cambiada a placer. El justo ha sido siempre perseguido. Lean la primera epístola de San Pablo a ustedes, cómo condena al espíritu que divide. Es sorprendente que unos pocos deshonren la Iglesia de Corinto. Pidamos perdón; nada es más hermoso que la caridad; fue demostrada por Cristo cuando dio su carne por nuestra carne, su alma por nuestras almas; viviendo en su amor seremos del número de los salvados a través de Jesucristo, por quien sea la gloria a de Dios por siempre jamás. Amén (58). Pero si alguien desobedece, está en gran peligro; pero rogaremos para que el Creador preserve el número de sus elegidos en todo el mundo. Aquí sigue una bella oración Eucarística (59-61).

Luego sigue la conclusión: “Hemos dicho bastante sobre la necesidad de arrepentimiento, unidad, paz, pues hemos estado hablando a los fieles, que han estudiado profundamente las Escrituras, y entenderán los ejemplos señalados y los seguirán. Ciertamente seremos felices si ustedes obedecen. Hemos enviado dos mensajeros venerables para mostrarles cuán grande es nuestra ansia de paz entre ustedes” (62-64), “Finalmente que el Dios omnisciente y Amo de los espíritus y Señor de toda carne, que eligió al Señor Jesucristo y a nosotros a través de Él como pueblo especial, conceda a cada alma que es llamada tras su excelente y Santo Nombre la fe, el temor, paz, paciencia, templanza, castidad y sobriedad, para que le sean gratos a nuestro sumo sacerdote y guardián, Jesucristo, por quien a Él sea la gloria y majestad, poder y honor, ahora y siempre por los siglos de los siglos, Amén. Ahora envíen rápidamente de vuelta a nosotros a nuestros mensajeros Claudio Efebo y Valerio Bito, junto con Fortunato también en paz y alegría para que puedan informar inmediatamente de la paz y concordia por la que rezamos y ardientemente deseamos y así podamos también con mayor rapidez alegrarnos de vuestro buen orden. La gracia de nuestro señor Jesucristo esté con vosotros y con todos los hombres en todos los lugares que han sido llamados por Dios y a través de Él, a quien se debe todo honor y gloria, poder y grandeza y dominio eterno, a Él, desde las edades pasadas y para siempre y siempre. Amén.” (64 – 5).

El estilo de la Epístola es formal y simple, moderado y digno y a veces elocuente. El griego es correcto, aunque no clásico. Las citas del Antiguo Testamento son largas y numerosas. La Versión de los Setenta usada por Clemente se inclina en lugares hacia aquello que aparece en el Nuevo Testamento, aunque presenta suficiente evidencia de independencia; sus variantes están a menudo con A, pero se oponen a B con menos frecuencia que las del Nuevo testamento; ocasionalmente se opone a los Setenta con Teodoción o Aquila (ver H. B Swete, introd. to the O.T in Greek. Cambridge 1900) Nunca cita literalmente el Nuevo Testamento. Se dan de vez en cuando dichos de Cristo pero no con las palabras de los Evangelios. Por lo tanto, no se puede probar que usara ninguno de los Evangelios Sinópticos. Menciona la primera Epístola de San Pablo a los Corintios y parece hablar implícitamente de una segunda. Conoce las epístolas a los Romanos y a Tito y aparentemente cita otras de las de San Pablo, pero el libro del Nuevo Testamento que más usa es la Epístola a los Hebreos. Quizás haya alguna referencia a la de Santiago y Primera de Pedro. (Vea las listas de citas en Funk y Lightfoot, Wescott, Introducciones a las Sagradas Escrituras, tales como las de Cornely, Zahn, etc. y “The New Test. In Apost Fathers” por un Comité de la Sociedad de Hist. Teología de Oxford, Oxford 1906). El tono de autoridad que se usa en la carta es digno de notarse, especialmente en la última parte (56, 58, etc.)”Pero si ciertas personas desobedecieran las palabras habladas por Él a través de nosotros, que entiendan que se meterán en no ligera transgresión y peligro; pero nosotros no seremos culpables de su pecado” (59). “Quizás parezca extraño“, escribe el obispo Lightfoot, “describir esta noble declaración como el primer paso hacia el dominio papal, pero sin duda es el caso.” (I, 70).

Doctrina

En la Epístola hay poca enseñanza dogmática intencional, ya que es casi completamente exhortatoria. Es importante un pasaje sobre la Santísima Trinidad. Clemente usa la afirmación del Antiguo Testamento: “El Señor vive”, y substituye así la Trinidad: “Como vive Dios y el Señor Jesucristo vive y el Espíritu Santo--- la fe y esperanza del elegido, así seguramente el que la cumpla” etc. (58). Cristo es frecuentemente representado como sumo sacerdote y se hace referencia frecuente a la redención. Clemente habla insistentemente de la justificación por las obras.

Sus palabras sobre el ministerio cristiano han levantado muchas polémicas (42 y 44): ”los Apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de Dios. Así que Cristo es de Dios y los apóstoles de Cristo. Ambas (misiones) por consiguiente vinieron en el orden debido por la voluntad de Dios… Así predicando por todas partes en el campo y en la ciudad, nombraron a sus primicias, que habiendo sido probados por el Espíritu, para ser obispos y diáconos para los que habrían de creer. Y esto no es una moda nueva, pues ciertamente ya se había escrito desde tiempos muy antiguos acerca de los obispos y diáconos: pues así dice la Escritura: “yo nombraré a sus obispos en justicia a sus diáconos en fe” (una extraña cita de Isaías 60,17)...”Y nuestros Apóstoles supieron a través de nuestro Señor Jesús que habría luchas por el nombre del oficio de obispo. Por esa causa, habiendo recibido completo conocimiento previo, ellos nombraron a las antedichas personas, y después dictaron una ley de manera que si ellos se dormían otros hombres aprobados les sucedieran en su ministerio”. Rothe, Michiels (Origines de l'episcopat, Lovaina, 1900, 197), y otros entienden torpemente "si ellos, los Apóstoles, se durmiesen". Pues epinomen dedokasin, que el latín traduce legem dederunt, Lightfoot lee epimonen dedokasin, "ellos han provisto una continuidad". De todos modos el significado general dice claramente que los Apóstoles proveyeron una sucesión legal de ministros.

Se menciona varias veces a los presbíteros, pero no se les distingue de los obispos. No hay mención en absoluto de la existencia de un obispo en Corinto y se habla de las autoridades eclesiásticas siempre en plural. R. Sohm piensa que no había aún obispo en Corinto cuando Clemente escribió (así Michiels y muchos otros escritores católicos; Lightfoot deja la cuestión abierta), pero que como consecuencia de la carta se nombró un obispo para Corinto; piensa que Roma era el origen de todas las instituciones y leyes eclesiásticas (Kirchenrecht 189). Harnack en 1897 (Chronol. I) defendió la paradoja de que la Iglesia de Roma era tan conservadora como para ser gobernada por presbíteros hasta Aniceto; y que cuando se compuso la lista de papas (c. 170) había habido un obispo durante menos de veinte años; Clemente y otros de la lista eran solamente presbíteros de influencia especial.

Lightfoot discute elaboradamente el carácter litúrgico de algunas partes de la Epístola. La oración (59 –61) ya mencionada, que nos recuerda la anáfora de las primeras liturgias, no puede ser vista, dice Duchesne, “como una reproducción de un formulario sagrado sino que es un ejemplo excelente del estilo de oración solemne en el que estaban acostumbrados a expresarse los líderes espirituales de aquel tiempo en las reuniones de adoración (Origines du culte Chret, 3ra. ed., 50; tr., 50). El fino pasaje sobre la creación, 32 –3, está casi en el estilo de un prefacio y concluye introduciendo el Santo con la mención acostumbrada de los poderes angélicos: “Observemos toda la multitud de ángeles cómo permanecen allí al servicio de Su Voluntad. Pues la Escritura dice: Diez mil veces diez mil permanecían junto a Él y miles y miles de servían y gritaban en voz alta: Santo, Santo, Santo es el Señor de Sebaot; toda la creación está llena de su gloria. Sí y reunámonos en concordia con el corazón atento y lloremos ante Él.” La combinación de Daniel 7,10, con Isaías 6,3, puede ser de una formula litúrgica. Es interesante notar que su contemporáneo el Apocalipsis de San Juan (4,8) muestra las cuatro criaturas vivientes representando a toda la creación, cantando el Santo en la Misa celestial.

Las referencias históricas de la carta son profundamente interesantes: “Para pasar de los ejemplos de los días antiguos, vengamos a esos campeones que vivieron muy cerca de nuestro tiempo. Pongamos ante nosotros los nobles ejemplos que pertenecen a nuestra generación. Debido a la envidia y a los celos los grandes y rectos pilares de la Iglesia fueron perseguidos, y lucharon incluso hasta la muerte. Pongamos ante nuestros ojos a los buenos Apóstoles. Así Pedro quien por culpa de los perversos celos soportó no una o dos sino muchas penalidades y así, habiendo dado su testimonio fue a su lugar elegido en la gloria. Pablo quien por envidias y disensiones nos enseñó con su ejemplo el premio de la paciente resistencia. Después de que hubo estado varias veces en prisión, llevado al destierro, apedreado, predicó en Oriente y Occidente, y ganó el noble reconocimiento, premio de su fe habiendo enseñado rectitud a todo el mundo y habiendo alcanzado los limites más lejanos de Occidente; y cuando hubo llevado su testimonio ante los gobernantes, partió de este mundo y fue al lugar santo habiendo sido hallado como notable ejemplo de paciente resistencia. (5)

Es obvio que a estos dos Apóstoles se les menciona porque sufrieron en Roma. Parece que San Pablo fue a España según tenía planeado (Rom. 15,28) y como declaran los espurios “Hechos de Pedro” y el Fragmento Muratorio. “ante estos hombres de vidas santas se reunió una vasta multitud de los elegidos que a través de muchas indignidades y torturas, habiendo sido víctimas de celos, dejaron un valiente ejemplo entre nosotros. Mujeres perseguidas a causa de celos después de que sufrieran crueles y atroces insultos como Danaids y Dircae, alcanzaron con seguridad la meta en la carrera de la fe y recibieron un noble premio, a pesar de la debilidad de sus cuerpos” (6). La [[vasta multitud” de hombres y mujeres “entre nosotros” en Roma se refiere a la horrible persecución de Nerón descrita por Tácito, “Ann.” XV, XLIV. Ha sucedido en el pasado reciente y el escritor continúa: “nosotros estamos en la misma lista y nos espera la misma prueba” (7). En ese momento está en marcha otra persecución, la de Domiciano a la que se refiere encubiertamente como una serie de “repentinas y repetidas calamidades y reveses”, que son las que han impedido que la carta se escribiera antes. El martirio del cónsul Clemente (probable patrono de la propia familia del Papa) y el exilio de su esposa estarán entre esos desastres.

Fecha y autenticidad

La fecha de la carta está determinada por estas noticias de persecución. Es extraño que unos pocos y buenos estudiosos (tales como Grocio, Grabe, Orsi, Uhlhorn, Hefele, Wieseler) la dataran poco después de Nerón. Hoy se acepta universalmente, siguiendo a Lightfoot, que fue escrita en el último año de Domiciano (Harnack) o inmediatamente tras su muerte en el año 96 (Funk). (Nota del Editor: En 1996, el Papa Benedicto XVI, como el cardenal Ratzinger, apoyó la fecha de 70 d.C., y para el 2002 la mayoría de los eruditos apoyaban una fecha anterior al 96, algunos concurren con la fecha de 70 d.C.) La Iglesia Romana llevaba en existencia varias décadas, ya que los dos enviados a Corinto habían vivido en ella desde la juventud hasta entonces. La Iglesia de Corinto es llamada archai (47). Obispos y diáconos han sucedido a obispos y diáconos nombrados por los Apóstoles (44). Y sin embargo el tiempo de los Apóstoles es “muy reciente” y “de nuestra propia veneración” (5). La evidencia externa está de acuerdo. Las fechas dadas por San Hegesipo para el episcopado de Clemente son aparentemente los años 90 – 99, y ese escritor temprano constata que el cisma en Corinto tuvo lugar bajo el gobierno de Domiciano (Eusebio, Hist. Ecl. III.16, pues kata ton deloumenon es insignificante si se toma como refiriéndose a Clemente y no a Domiciano; además, todo el relato de Eusebio de la persecución de ese emperador, III, XVII-XX, se basa en Hegesipo). San Ireneo dice que Clemente todavía recordaba a los Apóstoles, y lo mismo hicieron otros, implicando un intervalo de muchos años después de la muerte de ellos. Volkmar situó la fecha en el reinado de Adriano, porque se cita el Libro de Judit, que él declaró había sido escrito en ese reinado. Fue seguido en esto por Baur, pero no por Hilgenfeld. Tal fecha es manifiestamente imposible, aunque solo sea porque la Epístola de Policarpo sigue completamente el modelo de Clemente y toma prestado libremente de él. Posiblemente fue empleada por [[San Ignacio de Antioquía | San Ignacio) (c. 107) y ciertamente en la carta de los de Esmirna sobre el martirio de San Policarpo, c. 156.

La Epístola está a nombre de la Iglesia de Roma pero las primeras autoridades siempre se la atribuyen a Clemente. San Dionisio, obispo de Corinto, escribió hacia el 170 a los romanos en tiempos del Papa Sotero: “Hoy guardamos el día santo, el día del Señor, y en él leemos tu carta y la guardaremos siempre para que nos instruya, como la primera escrita por Clemente”. (Eusebio, Hist. Ecl., IV.30). Hegesipo atribuyó la carta a Clemente. Ireneo (c. 180-185) quizás utilizando a Hegesipo, dice: “Bajo este Clemente no hubo ninguna pequeña sedición entre los hermanos en Corinto y la Iglesia de Roma envió una carta que fue suficiente entre los corintios para restablecer entre ellos la paz, renovándoles su fe, y anunciando la tradición que había recibido recientemente de los Apóstoles” (III, III). Clemente de Alejandría (c. 200) cita frecuentemente la Epístola como de Clemente y así también lo hacen Orígenes y Eusebio. A Lightfoot y a Harnack les gustar señalar que oímos antes hablar de la importancia de la iglesia de Roma que de la autoridad de su obispo. Si Clemente hubiera hablado en su propio nombre, ellos seguramente habrían notado que él escribía no como Obispo de Roma, sino como un “presbítero” de edad que había conocido a los Apóstoles. San Juan ciertamente estaba aún vivo, y Corinto estaba bastante más cerca de Éfeso que de Roma. Evidentemente, Clemente escribió con carácter oficial con toda la autoridad de la Iglesia Romana de la que Ignacio e Ireneo tienen tanto que decir.

La segunda Carta a los Corintios

En los dos mismos manuscritos griegos que la Epístola de Clemente nos ha llegado una antigua homilía de un autor anónimo llamada Segunda Epístola de Clemente a los Corintios. Fue mencionada por primera vez por Eusebio (Hist. Ecl., III.37), quien la consideraba espuria, y desconocida para los antiguos; es seguido (quizás no independientemente) por Rufino y por San Jerónimo. Su inclusión como carta de Clemente en el Códice Alejandrino de toda la Biblia, en el siglo v, es el primer testimonio de la creencia en su autenticidad; en el siglo VI es citada por los dirigentes monofisitas Timoteo de Alejandría y Severo de Antioquía y fue después conocida para muchos griegos. Este testimonio contrasta enormemente con la veneración que se daba a la carta genuina. Muchos críticos aceptaron la teoría de Hilgenfeld de que es la carta del Papa San Sotero a los Corintios mencionada por San Dionisio en el fragmento mencionado arriba, hasta que Brienio descubrió la parte final de la obra, que demostró que no era una carta en absoluto, sino una homilía. Sin embargo, Harnack ha defendido su punto de vista una y otra vez. Una aparente referencia a los juegos ístmicos en 7 sugiere que la homilía fue predicada en Corinto; esto sería lo natural si la carta hubiera sido dirigida a los corintios. Lightfoot y otros piensan que es anterior a [[marcionitas | Marción] (c. 140), pero sus referencias a los puntos de vista gnósticos no nos permiten colocarla mucho antes. La materia del sermón es una exhortación muy general y no hay ningún plan o secuencia definidos. Algunas citas de Escrituras desconocidas son interesantes.

La editio princeps de las dos "Epístolas a los Corintios" es la de Patrick Young, 1633 (2da ed., 1637), del famoso Códice Alejandrino (A) de toda la Biblia en griego. Siguieron cierto número de ediciones en los siglos XVII y XVIII (enumeradas por Funk, Gebhardt y Lightfoot). En el siglo XIX podemos notar las de C. J. Hefele (Tubinga, 1ra. ed., 1839), Jacobson (Oxford, 1ra. ed., 1840, etc.), Dressel (Leipzig, 1857), en las ediciones de los Padres Apostólicos por estos escritores. Una edición por el obispo J. B. Lightfoot apareció en 1869 (Londres y Cambridge), una por J. C. M. Laurent en 1870 (Leipzig), y una por O. von Gebhardt y A. Harnack en 1875 (Leipzig). Todas estas ediciones se basan en un único manuscrito, que da ambas cartas incompletas y no siempre legibles. Tischendorf escribió en 1873 (Clementis Rom. Epistulw, Leipzig) sobre su traducción dudosa y dio un llamado facsímil en 1867 (Appendix codicum celeberrimorum Sinaitici et Vaticani, Leipzig). Una reproducción fotográfica de todo el códice fue publicada en el Museo Británico en 1879. En 1875 el texto completo de ambas Epístolas fue publicado por Brienio en Constantinopla, a partir de un manuscrito en la biblioteca patriarcal de esa ciudad. Fue usada en la "Clementis Romani Epistule &' (2da. ed., Leipzig, 1876) de Hilgenfeld en la segunda edición de Gebhardt y Harnack (1876). En la edición de Lightfoot de 1877 (Londres) también se usó por primera vez una versión en siríaco. El manuscrito fue escrito en 1170, y está en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge. Ha sido publicado completo por R. L. Bensley y R. H. Kennett, "The Epistles of St. Clement to the Corinthians in Syriac" (Londres, 1899). la "Opera Patrum Apostolicorum" del Dr. Funk apareció por primera vez en 1878-81 (Tubinga). La gran edición comprehensiva y póstuma de Lightfoot “Clement of Rome” (la cual contiene un facsímil fotográfico del manuscrito de Constantinopla) fue publicada en 1890 (2 vols., Londres). El texto griego y la traducción al inglés fueron reimpresas por Lightfoot, "The Apostolic Fathers" (I vol., Londres, 1891). En 1878 Dom Germain Morin descubrió una traducción al latín de la Epístola auténtica en un manuscrito del siglo XI en la biblioteca del Seminario de Namur (Anecdota Maredsolana, 2 vols., "S. Clementis ad Corinthios Epistulae versio antiquissima", Maredsous, 1894). Harnack y otros atribuyen la versión al siglo II. Ha sido usada para corregir el texto en la última edición de Funk (1901), y por R. Knopf, "Der erste Clemensbrief" (en "Texte and linters", Nueva Serie, Leipzig, 1899). Además de la excelente traducción al inglés de Lightfoot, hay una traducción de las dos Epístolas en "Ante-Nicene Chr. Lit." (Edimburgo, 1873, I).

Bibliografía

La editio princeps de las dos "Epístolas a los Corintios" es la de Patrick Young, 1633 (2da. ed., 1637), a partir del famoso Códice Alejandrino (A) de la totalidad de la Biblia en griego. Siguió cierto número de ediciones en los siglos XVII y XVIII (enumeradas por Funk, Gebhard y Lightfoot). En el siglo XIX podemos notar las de C. J. Hefele (Tübingen, 1ra ed., 1839), Jacobson (Oxford, 1ra. ed., 1840, etc.), Dressel (Leipzig, 1857), en las ediciones de los Padres Apostólicos por estos escritores. Una edición por el obispo J. B. Lightfoot apareció en 1869 (Londres y Cambridge), una por J. C. M. Laurent en 1870 (Leipzig), y la otra por O. von Gebhardt y A. Harnack en 1875 (Leipzig). Todas estas ediciones se hallan en un manuscrito, que da ambas cartas incompletas, y no siempre legibles. Sobre sus variantes dudosas Tischendorf escribió en 1873 (Clementis Rom. Epistulae, Leipzig), y dio un llamado facsímil en 1867 (Appendix codicum celeberrimorum Sinaitici et Vaticani, Leipzig). Una reproducción fotográfica de todo el códice fue publicada en el Museo Británico en 1879. En 1875 Brienio de Constantinopla publicó el texto completo de ambas Epístolas a partir de un manuscrito en la biblioteca patriarcal de esa ciudad. Fue usado en la "Clementis Romani Epistulae" de Hilgenfeld (2da. ed., Leipzig, 1876), en la segunda edición de Gebhardt y Harnack (1876). En la edición de Lightfoot de 1877 (Londres) también se usó por primera vez una versión en siríaco. El manuscrito fue escrito en 1170, y está en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge. Ha sido publicado completo por R. L. Bensley y R. H. Kennett, "The Epistles of St. Clement to the Corinthians in Syriac" (Londres, 1899). La "Opera Patrum Apostolicorum" del Dr. Funk apareció por primera vez en 1878-81 (Tübingen). La gran edición póstuma y comprehensiva del "Clement of Rome" de Lightfoot (que contiene un facsímil fotográfico del manuscrito de Constantinopla) fue publicado en 1890 (2 vols. Londres). El texto griego y una traducción al inglés fueron reimpresos por Lightfoot, "The Apostolic Fathers" (1 vol., Londres, 1891). En 1878 Dom Germain Morin descubrió una traducción al latín de la Epístola original en un manuscrito del siglo XI en la bibliotgeca del Seminario de Namur (Anecdota Maredsolana, 2 vols., "S. Clementis ad Corinthios Epistulae versio antiquissima", Maredsous, 1894). Harnack y otros atribuyen la versión al siglo II. Ha sido usada para corregir el texto en la última edición de Funk (1901), y por R. Knopf, "Der erste Clemensbrief" (en "Texte und Unters.", New Series, Leipzig, 1899). Además de la excelente traducción al inglés de Lightfoot, hay una traducción de las dos Epístolas en "Ante-Nicene Chr. Lit." (Edimburgo, 1873, I).

Fuente: Chapman, John. "Pope St. Clement I." The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/04012c.htm>.

Traducido por Pedro Royo.

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Domingo, 27 de julio de 2014