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Jueves, 1 de octubre de 2020

Papa San Vitaliano

De Enciclopedia Católica

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El Papa San Vitaliano fue el septuagésimo sexto (76to) Papa de la Iglesia Católica. Se desconoce la fecha de su nacimiento; gobernó desde el 30 de julio de 657 hasta el 27 de enero de 672, día de su muerte. No se conoce nada sobre su vida antes de que ascendiera a la Santa Sede. Según el “Liber Pontificalis” (ed. Duchesne, I, 343) era natural de Segni en Campaña, y el nombre de su padre era Anastasio. Luego de la muerte de Eugenio I el 2 o 3 de junio de 657, Vitaliano fue elegido como su sucesor, y consagrado y entronizado el 30 de julio.

Al igual que su predecesor, Vitaliano trató de restaurar la relación con Constantinopla mediante avances amistosos al emperador oriental Constante II (641-668) y preparar así el camino para la solución de la controversia monotelita. Envió cartas (synodica) anunciando su elevación tanto al emperador como al patriarca Pedro de Constantinopla, que se inclinaba por el monotelismo. El emperador confirmó los privilegios de la Iglesia Romana y envió a San Pedro como regalo un códice de los Evangelios en una cubierta de oro ricamente adornada con piedras preciosas. El patriarca Pedro también envió una respuesta, aunque no definitiva, sobre el monotelismo, que trató de defender. Hizo parecer que opinaba igual que el Papa, quien había expuesto la fe católica en su carta a Pedro. Así se restauró la interacción eclesiástica entre Roma y Constantinopla basada en esta reserva mutua sobre la cuestión dogmática, y el nombre de Vitaliano fue colocado en los dípticos de la Iglesia Bizantina —el único nombre de un Papa colocado allí entre el reinado de Honorio I y el Sexto Concilio Ecuménico de 680-81.

Vitaliano también mostró la misma amabilidad con el emperador Constante II cuando este vino a Roma (663) y pasó doce días allí durante la campaña contra los lombardos. El 5 de julio, el Papa, acompañado por el clero romano, llegó al sexto hito para encontrarse con el emperador y lo acompañó a San Pedro, donde el emperador les entregó obsequios. El domingo siguiente, Constante fue con gran ceremonia a San Pedro, ofreció un palio forjado con oro y estuvo presente durante la Misa celebrada por el Papa. El emperador cenó con el Papa el sábado siguiente, asistió a Misa nuevamente el domingo en San Pedro y después de Misa se despidió del Papa. A su partida, Constante se llevó de Roma una gran cantidad de obras de arte de bronce, y tomó incluso las tejas de bronce del techo del Panteón, que había sido dedicado al culto cristiano. Luego se detuvo en Sicilia, donde oprimió cruelmente a la población, y fue asesinado en Siracusa en 668.

El Papa apoyó a su hijo Constantino IV Pogonato contra un usurpador y así lo ayudó a obtener el trono bizantino. El nuevo emperador no tenía intención de usar la fuerza para mantener el decreto monotelita (typus) de su padre, y el Papa Vitaliano probablemente se aprovechó de esa inclinación para tomar una posición más decidida contra el monotelismo y ganar al emperador para la ortodoxia; sin embargo, no tuvo éxito en este último intento. El patriarca monotelita Teodoro de Constantinopla (desde 678) incluso removió el nombre de Vitaliano de los dípticos. No fue hasta el Sexto Concilio Ecuménico (681) que se suprimió el monotelismo, y el nombre de Vitaliano fue repuesto en los dípticos de la Iglesia Bizantina.

El Papa Vitaliano tuvo mucho éxito en Inglaterra, donde las disputas aún dividían al clero anglosajón y al británico respecto a varias costumbres eclesiásticas. En el Sínodo de Streaneshalch (Whitby), el rey Oswiu de Northumbria se decidió por la aceptación general de las prácticas romanas respecto a la celebración de la Pascua y la forma de la tonsura. Junto con el rey Egberto de Kent, envió al sacerdote Wighard a Roma para ser consagrado allí después de la muerte del arzobispo Adeodato de Canterbury en 664, pero Wighard murió en Roma debido a la peste. El Papa escribió una carta al rey Oswiu prometiéndole enviar un obispo adecuado a Inglaterra lo antes posible. El elegido fue Adrián, abad de una abadía cerca de Nápoles, pero se consideraba indigno de ser consagrado obispo. Por recomendación suya, se escogió para arzobispo de Canterbury a Teodoro de Tarso, un monje altamente educado que entendía tanto latín como griego y que estaba en Roma, y el cual fue consagrado el 26 de marzo de 688. Acompañado por el abad Adrián, Teodoro se fue a Inglaterra, donde todo el clero lo reconoció como el jefe de la Iglesia de Inglaterra. El Papa le confirmó todos los privilegios que Gregorio Magno la había concedido anteriormente al arzobispo Agustín.

La sede arzobispal de Rávena estaba sujeta inmediatamente a Roma. El arzobispo Mauro de Rávena (648-71) trató de deshacerse de esta dependencia y convirtió su diócesis en autocéfala. Cuando el Papa Vitaliano lo llamó para que justificase sus puntos de vista teológicos, se negó a obedecer y se declaró independiente de Roma. El Papa lo excomulgó, pero Mauro no se sometió e incluso fue tan lejos como para excomulgar al Papa. El emperador Constante II se alineó con el arzobispo y emitió un edicto en el que removía al arzobispo de Rávena de la jurisdicción patriarcal de Roma, y ordenó que recibiera el palio de manos del emperador. El sucesor de Mauro, Reparato, de hecho fue consagrado (671) por tres de sus obispos sufragáneos y el emperador le entregó el palio. No fue hasta el reinado del León II (682-83) que se suprimió la independencia de la Sede de Rávena, cuando el emperador Constantino IV derogó el edicto de Constante y confirmó los antiguos derechos de la Sede Romana sobre la Sede de Rávena.

Vitaliano también tuvo ocasión de hacer cumplir su autoridad como juez supremo en la Iglesia Oriental. El obispo Juan de Lapa en Creta, depuesto por un sínodo presidido por el metropolitano Paulo, apeló al Papa y fue encarcelado por hacerlo. Sin embargo, escapó y fue a Roma, donde Vitaliano celebró un sínodo en diciembre de 667 para investigar el asunto, basando su acción en los registros del sínodo metropolitano de Creta, y declaró inocente a Juan. Vitaliano escribió al metropolitano Paulo exigiéndole la restauración de Juan a su diócesis y el regreso de los monasterios que le habían sido injustamente robados. Al mismo tiempo, el Papa ordenó al metropolitano que removiera a dos diáconos que se habían casado después de la consagración. Vitaliano también les escribió, respecto a Juan, a un oficial imperial y al obispo Jorge de Siracusa, quienes habían apoyado al depuesto obispo. Algunas de las cartas atribuidas a este Papa son espurias. Él fue enterrado en la Basílica de San Pedro.


Bibliografía: Liber Pontificalis, ed. Duchesne, I, 343 ss.; JAFFE, Regesta Rom. Pont., I (2da ed.), 235-237; MANSI, Conc. Coll., XI, 16 ss. HEFELE, Konziliengeschichte, III (2da ed.), 248 ss.; LANGEN, Geschichte de romaischen Kirche, IV (Bonn, 1855), 439-545.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Pope St. Vitalian." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15, págs. 484-485. New York: Robert Appleton Company, 1912. 1 Mar. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/15484b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.