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Domingo, 13 de junio de 2021

Diferencia entre revisiones de «Matilde de Canosa»

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Condesa de Tuscana, hija del Marqués Bonifacio de Tuscana y de Beatriz, hija de Frederick de Lorraine; nació en 1046 y murió el 24 de julio de 1114. En 1053 su padre fue asesinado. El Duque Gottfried de Lorraine, un oponente del Emperador Henry III, fue a Italia y se casó con la viuda Beatriz.
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'''Matilde de Canosa''', condesa de [[Toscana]], hija y heredera del marqués Bonifacio de Toscana y de Beatriz, hija de Federico de Lorena; nació en el 1046; murió el 24 de julio de 1114.   Su [[padres |padre]] fue [[homicidio |asesinado]] en 1053.   El duque Godofredo de Lorena, un oponente del emperador [[Enrique III]], fue a [[Italia]] y se casó con la [[viuda]] Beatriz. Pero, en 1055, cuando Enrique III entró a Italia, tomó [[prisión |prisioneras]] a Beatriz y a su hija Matilde y las hizo a llevar a [[Alemania]].  De ese modo la joven condesa se vio pronto arrastrada al bullicio de estos tiempos convulsos.    Sin embargo, eso no impidió que recibiera una excelente formación;  fue [[educación |educada]] finamente, [[conocimiento |conocía]] el latín, y era muy amante de los libros serios.  También era profundamente [[Virtud de Religión |religiosa]], e incluso en su juventud siguió con [[interés]] los grandes asuntos eclesiásticos que eran prominentes en ese entonces.    Antes de su muerte (1056) Enrique III le devolvió a su esposa y su hijastra a Godofredo de Lorena. 
  
Cuando en 1055 Henry III entró en Italia tomó a Beatriz y a su hija Matilda como prisioneras y las llevó a Alemania. La joven condesa se vio involucrada en la turbulencia intensa de esos tiempos. Eso, no obstante, no fue obstáculo para que recibiera una esmerada educación y capacitación. Sabía latín y tenía seria afición por libros serios. Fue también profundamente religiosa y aún en su juventud manifestó interés en asuntos eclesiásticos, que fueran prominentes.
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Cuando Matilde llegó a su adultez, contrajo [[Sacramento del Matrimonio |matrimonio]] con su hermanastro Godofredo de la Baja Lorena, de quien se separó en 1071.   Él fue [[homicidio |asesinado]] en 1076; el matrimonio no tuvo hijos, pero no se puede [[prueba |probar]] si el matrimonio se consumó, según afirman muchos historiadores.   Desde 1071, Matilde entró al gobierno y administración de sus extensas [[propiedad |posesiones]] en la [[Italia]] Media y Alta.    Estos dominios eran de la mayor importancia en las disputas eclesiásticas y políticas de esa época, pues la ruta desde [[Alemania]] vía la Alta Italia hacia [[Roma]] pasaba a través de ellos.  
  
Antes de la muerte de Henry III en 1056, envió de regreso a Gottfried de Lorraine, su mujer e hijastra. Cuando Matilda creció, contrajo matrimonio con su hermanastro Gottfried de Lower Lorraine, de quien se separó en 1071. El fue asesinado en 1076; el matrimonio no tuvo hijos, pero como muchos historiadores indican, no puede ser demostrado que el matrimonio no llegó a consumarse.
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El 22 de abril de 1072 [[Papa San Gregorio VII |Gregorio VII]] se convirtió en [[Papa]], y poco después comenzó la gran batalla por la independencia de [[la Iglesia]] y la reforma de la vida eclesiástica.  En este conflicto Matilde fue la intrépida, [[fortaleza |valiente]] e inquebrantable aliada de Gregorio y sus [[Sucesión Apostólica |sucesores]].     Inmediatamente después de su elevación al [[papado]], Gregorio entabló estrechas relaciones con Matilde y su madre.   Las cartas a Matilde (Beatriz murió en 1076) evidencia claramente la alta estima y simpatía del [[Papa]] por la princesa.  Él las llamaba “sus hermanas e hijas de [[San Pedro]]” (Regest., II, IX), y deseaba emprender una [[Cruzadas |cruzada]] con ellas para liberar a los [[cristianismo |cristianos]] en la [[Tierra Santa]] (Reg., I, XI).
  
Desde 1071, Matilda entró en la administración directa de sus posesiones en todo lo extenso en tierras de la medianía y la parte alta de Italia. Estos dominios tenían una gran importancia en las disputas eclesiásticas y políticas de la época, debido a que las rutas de Alemania a Italia pasaban por esas tierras.
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Matilde y su madre estuvieron presente en los [[sínodo]]s romanos de [[Cuaresma]] de 1074 y 1075, en los que el [[Papa]] publicó los importantes [[Decreto Papal |decretos]] sobre la reforma de la vida eclesiástica.  Ambas [[mujer]]es le informaron al pontífice favorablemente sobre la disposición del rey alemán [[Enrique IV]]; y el 7 de diciembre de 1074, [[Papa San Gregorio VII |Gregorio]] le escribió a ese monarca agradeciéndole la amigable recepción del [[legado]] papal, y su [[intención]] de cooperar en la erradicación de la [[simonía]] y el [[concubinato]] entre el [[Clero Secular |clero]].     Sin embargo, las disputas entre Gregorio y Enrique IV no tardaron en comenzar.    En una carta a Beatriz y Matilde (11 sept. 1075) el Papa se queja de la inconstancia y la inestabilidad del rey, quien aparentemente no tenía ningún deseo de estar en paz con él.    Al año siguiente (1076) el primer esposo de Matilde, Godofredo de Lorena, fue [[homicidio |asesinado]] en [[Amberes]].  Gregorio le dijo por carta al [[obispo]] Herman de [[Metz]] (25 agosto 1076) que desconocía en qué estado permanecía Matilde, “la fiel sierva de [[San Pedro]]”, bajo la guía de [[Dios]].
  
El 22 de abril de 1071, Gregorio VII llegó a ser papa y principió una gran batalla por la independencia de la Iglesia y la reforma de la vida eclesiástica. En este contexto, Matilda no mostró miedo, tuvo coraje, siendo aliada de Gregorio y sus sucesores.
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Debido a la acción del [[sínodo]] de [[Worms]] contra [[Papa San Gregorio VII |Gregorio]], este se vio obligado a declarar la [[excomunión]] contra [[Enrique IV]].  Dado que la mayoría de los príncipes del imperio se alinearon contra el rey, Enrique quiso reconciliarse con el [[Papa]] y, en consecuencia, viajó a [[Italia]] en medio de un invierno severo, para encontrarse con el Papa allí antes de que este dejase el territorio italiano en su viaje a [[Alemania]].  Gregorio, que ya había arribado a [[Lombardía]] cuando se enteró del viaje del rey, siguiendo el consejo de Matilde y por motivos de seguridad, se dirigió a la fortaleza de ella en las montañas de [[Canosa]].    El excomulgado rey le había pedido a la condesa Matilde, a su suegra Adelaida y al [[abad]] [[San Hugo el Grande |Hugo de Cluny]] que intercedieran por él ante el Papa. Estos cumplieron la petición del rey, y luego de gran oposición, Gregorio permitió que Enrique compareciese ante él personalmente en Canossa y que expiara su culpa mediante [[penitencia]] pública.
  
Inmediatamente de haber sido entronizado como papa, Gregorio estableció cercanas relaciones con Matilda y su madre. Las cartas a Matilda (Beatriz murió en 1076) evidencia la alta estima y simpatía del pontífice por la princesa.
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Después de la partida del rey, el [[Papa]] se dirigió a [[Mantua]].  Por seguridad, Matilde le acompañó con un grupo de [[hombre]]s armados, pero al oír el rumor de que el [[arzobispo]] [[Guiberto de Rávena]], enemistado con [[Papa San Gregorio VII |Gregorio]], le preparaba una emboscada se llevó al Papa de vuelta a [[Canosa]].    Allí redactó una primera escritura de donación, en la que le [[legados |legaba]] sus dominios y territorios desde Ceperano hasta Radicofani a la [[Santa Sede |Iglesia Romana]], pero mientras ella viviese, ella continuaría gobernándolos y administrándolos libre e independientemente.    Cuando poco después de reinició la contienda entre [[Enrique IV]] y Gregorio, Matilde constantemente apoyó al Papa con dinero y soldados.    Por su seguridad, el [[monasterio]] de Canosa hizo fundir su tesoro y envió a Gregorio setecientas libras de plata y nueve libras de oro como contribución a la [[guerra]] contra Enrique.   Este último se retiró de la Romagna a [[Lombardía]] en 1082, y arrasó las tierras de Matilde a su paso hacia [[Toscana]].  No obstante, la condesa se mantuvo inamovible en su respaldo a Gregorio. Fue confirmada en esta posición por su confesor, [[San Anselmo de Lucca |Anselmo]], [[obispo]] de [[Lucca]].
  
El papa las llamaba “la hermana e hija de San Pedro” (Regest., II, ix) y les expresaba deseos en función de establecer una cruzada que pudiera liberar a los cristianos en la Tierra Santa (Reg., I, xi). Matilda y su madre estuvieron presentes en los sínodos de Roma, de la cuaresma de 1074 y 1075, en los cuales el papa estableció los decretos importantes sobre la reforma de la vida eclesial. Tanto la madre como la hija le reportaron al pontífice favorablemente, acerca de la disposición del Rey Alemán Henry IV; y el 7 de diciembre de 1074, Gregorio le escribió a este monarca agradeciéndole la amigable recepción del legado papal, y por la intención de cooperar en la eliminación de la simonía y el concubinato entre los clérigos.
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De manera similar la condesa apoyó a los [[Sucesión Apostólica |sucesores]] del gran [[Papa]] en la contienda por la libertad de [[la Iglesia]].   Cuando en 1087, poco después de su [[coronación]], el [[Papa Beato Víctor III |Papa Víctor III]] fue expulsado de [[Roma]] por el [[antipapa]] [[Guiberto de Rávena |Guiberto]], Matilde avanzó sobre Roma con un ejército, ocupó el castillo de Sant´Angelo y parte de la ciudad e hizo regresar a Víctor.    Sin embargo, debido a las amenazas del emperador los romanos volvieron a abandonar a Víctor, de modo que se vio obligado a huir una vez más.      
  
Sin embargo, las disputas entre Gregorio y Henry IV no tardaron en aparecer. El papa, en una carta a Matilda y Beatriz (11 de septiembre de 1075) se queja de la inconsistencia y la volatilidad del rey, quien aparentemente no tiene intenciones de estar en paz con la Santa Sede. Al año siguiente (1076) el primer esposo de Matilda, Gottfried de Lorraine, fue asesinado en Antwerp.
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Por deseo del [[Papa Beato Urbano II |Papa Urbano II]], en 1089 Matilde se casó con el joven duque Welf de [[Reino de Baviera |Baviera]], de modo que la más fiel defensora de la silla papal pudiese obtener así un poderoso aliado.  En 1090, [[Enrique IV |Enrique IV]] regresó a [[Italia]] para atacar a Matilde, a quien ya había privado de sus posesiones en [[Lorena]].    Arrasó muchas de sus [[propiedad]]es, mediante una traición en 1091 conquistó [[Mantua]], su principal bastión, así como varios castillos.  Aunque los vasallos de la condesa se apresuraron a hacer la paz con el emperador, Matilde una vez más prometió fidelidad a la causa del [[Papa]] y continuó la [[guerra]], que ahora tomó un giro a su favor.   El ejército de Enrique fue derrotado ante [[Canosa]]. Welf, duque de Baviera, y su hijo del mismo nombre, el esposo de Matilde, se pasaron al lado de Enrique en 1095, pero la condesa se mantuvo firme.
  
Gregorio le escribió al Obispo Hermann de Metz, el 25 de agosto de 1076, indicándole que desconocía en donde estaba Matilda “la fiel sirviente de San Pedro”.
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Cuando el nuevo rey alemán, [[Enrique V]], entró a [[Italia]] en el otoño de 1110, Matilde le rindió homenaje por los [[feudalismo |feudos]] imperiales.  A su regreso se quedó tres días en [[Toscana]] con Matilde, le mostró mucho respeto y la nombró su vice-regente imperial en Liguria.  En 1112, ella reconfirmó la [[Donación (en Derecho Canónico) |donación]] de sus [[propiedad]]es a la [[Santa Sede |Iglesia Romana]] que había hecho inicialmente 1077 (Mon. Germ. Hist.: Legum, IV, I, 653 ss.).  Después de su muerte, Enrique fue a Italia en 1116 y tomó las tierras de ella —no solamente los feudos imperiales, sino también  que habían sido regales imperials, sino también los dominios.    La Iglesia Romana presentó su legítimo reclamo sobre la [[legados |herencia]].  Se inicio entonces una larga disputa sobre la posesión de los dominios de Matilde, la que se resolvió mediante un compromiso entre [[Papa Inocencio II |Inocencio II]] y Lotario III en 1133.  El emperador y el duque Enrique de [[Sajonia]] tomaron las posesiones de Matilde como [[feudalismo |feudos]] del [[Papa]] a una renta anual de 100 libras de plata. El duque prestó el [[juramento]] feudal al Papa; después de su muerte, las posesiones de Matilde serían devueltas por completo a la Iglesia Romana.  Posteriormente hubo nuevas disputas sobre estas tierras, y en los acuerdos entre los Papas y los emperadores del siglo XII se menciona a menudo este asunto. En 1213, el emperador [[Federico II]] reconoció el [[derecho]] de la Iglesia romana a las posesiones de Matilde.
  
En una de las resoluciones del Sínodo de Worms (1707) se amenazaba a Henry IV con la excomunión. Debido a que la mayoría de los príncipes del imperio tomaron partido contra el rey, Henry deseó reconciliarse con el papa. Para ello, viajó a Italia en medio de un severo invierno; deseaba ver al papa, antes de que éste último tratara de llegar a Alemania.
 
  
Gregorio ya había arribado a Lombardía, cuando supo lo del viaje del rey, y siguiendo el consejo de Matilda, fue a su fuerte en las montañas de Canossa, por motivos de seguridad. El rey excomulgado, le había pedido a la suegra de Matilda, Adelaida, y al Abad Hugo de Cluny, que intercedieron por él ante el papa. Estas personas hicieron lo que el monarca solicitaba, y luego de gran oposición, Gregorio permitió ver a Henry, en Canossa, y que enfrentara su culpa con penitencia pública.
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'''Bibliografía''':  DONIZO, Vita Mathildis, ed. BETHMANN in Mon. Germ. Hist.: Script., XII, 348-409; Vita alia in MURATORI,Scriptores rer. Italicorum, V, 389-397; Libelli de lite in Mon. Germ. Hist., I-III; HUDDY, Matilda, Countess of Tuscany (London, 1905); FIORENTINI, Memorie di Matilda, la gran contessa di Toscana (Lucca, 1642; new ed., 1756); TOSTI, La contessa Matilde e i Romani Pontefici (Florence, 1859; new ed., Rome, 1886);RENÉE, La grande Italienne, Mathilde de Toscane (Paris, 1859); OVERMANN, Die Besitzungen der Grossgräfin Mathilde von Tuscien (Berlin, 1892); HEFELE, Konziliengeschichte, v (2nd ed., Freiburg im Br., 1886); MEYER VON KNONAU, Jahrbücher des deutschen Reiches unter Heinrich IV. und Heinrich V. (6 vols., Leipzig, 1890-1907); POTTHAST, Bibl. hist. med. ævi, 2nd., II, 1486.
  
Después del encuentro, el pontífice tomó rumbo a Mantua. Por seguridad, Matilda le acompañó con un conjunto de hombres armados, pero sabiendo que existía un rumor, de que el Arzobispo Wibert de Rabean, enemistado con Gregorio, le tendería una emboscada, prefirieron regresar a Canossa. Aquí Matilda hizo un regalo en el sentido de que daba sus dominios de Ceperano y Radicofani a la Iglesia de Roma. Sin embargo, mientras viviera, los continuaría administrando de manera libre e independiente.
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'''Fuente''':  Kirsch, Johann Peter. "Matilda of Canossa." The Catholic Encyclopedia. Vol. 10, pág. New York: Robert Appleton Company, 1911. 30 agosto 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/10049b.htm>.
  
Cuando de nuevo se iniciaron las hostilidades entre Henry y Gregorio, Matilda constantemente manifestó su adhesión al pontífice, por medio de dinero y soldados. En el sitio donde se sentía segura, el monasterio de Canossa, su riqueza se derretía; le envió a Gregorio setecientas libras de planta y nueve libras de oro como una contribución de la guerra contra Henry.
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Traducido por Giovanni E. Reyes.  lmhm
 
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Este último se retiró de las tierras de Romagna a Lombardía en 1082, y trató de llegar a las tierras de Matilda en Tucana. No obstante, la condesa se mantuvo inamovible en su respaldo a Gregorio. Fue confirmada en esta posición por su confesor, Anselmo, Obispo de Lucca.
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De manera similar la condesa apoyó a los sucesores del gran papa en el respaldo a la libertad de la iglesia. Cuando en 1087, luego de la coronación del Papa Víctor III, fue llevado desde Roma por el antipapa Wibert, Matilda avanzó sobre Roma con su ejército, ocupando el castillo de San Ángel y parte de la ciudad; hizo un llamado para que Víctor regresara. Sin embargo, con las amenazas del emperador de los romanos, Víctor de nuevo desertó, de manera que se vio obligado a ponerse en fuga, nuevamente.
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Como deseo del Papa Urbano II, Matilda, en 1089, se casó con el joven Duque Welf de Bavaria. Ello a fin de que quien más fervientemente defendía la papa, obtuviera un poderoso aliado. En 1090, Henry IV retornó a Italia para atacar a Matilda, a quien ya le había privado de sus posesiones en Lorraine.
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Conquistó Mantua, la principal posesión de la dama, mediante traiciones en 1091, así como también se adueñó de varios castillos. Aunque los vasallos de la condesa se apresuraron a establecer condiciones de paz con el emperador, Matilda una vez más prometió fidelidad a la causa del papa y continuó la guerra, la que ahora tomó sentido a su favor.
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El ejército de Henry fue derrotado frente a Canossa. Welf, Duque de Bavaria, y su hijo del mismo nombre, esposo de Matilda, fueron sobre Henry en 1095, permaneciendo la condesa en sus posiciones. Matilda rindió homenaje al rey alemán Henry V, cuando entró en Italia en el otoño de 1110.
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Al regresar, se detuvo durante tres días en Tuscana para ver a Matilda. Le mostró mucho respeto y la hizo su vice-regente imperial en Liguria. En 1112, ella reconfirmó la donación de sus propiedades a la Iglesia Romana, lo que inicialmente había hecho en 1077 (Mon. Germ. Hist.: Legum, IV, i, 653 sqq.). Después de su muerte, Henry fue a Italia en 1116 y tomó las tierras de ella, no solamente lo que habían sido regales imperials, sino también las adyacencias.
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La Iglesia Romana estableció su legítimo alegato sobre las tierras, que eran herencia. Se inicio entonces una larga disputa sobre los dominios de Matilda, la que resultó en un compromiso entre Inocencio II y Lothair III en 1133. El emperador y el Duque Henry de Saxonia tomaron las tierras de Matilda a una renta anual de 100 libras de plata. El duque hizo el juramento ante el papa; luego de la muerte del duque, las posesiones de Matilda se restauraron a la Iglesia Romana.
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Después de un tiempo continuaron las disputas en estas tierras. Estas son circunstancias que se mencionan en los acuerdos que trataron de establecerse entre diferentes papas y emperadores del Siglo XII. En 1213 el Emperador Frederick II reconoció el derecho de la Iglesia Romana en las posesiones de Matilda.
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DONIZO, Vita Mathildis, ed. BETHMANN in Mon. Germ. Hist.: Script., XII, 348-409; Vita alia in MURATORI,Scriptores rer. Italicorum, V, 389-397; Libelli de lite in Mon. Germ. Hist., I-III; HUDDY, Matilda, Countess of Tuscany (London, 1905); FIORENTINI, Memorie di Matilda, la gran contessa di Toscana (Lucca, 1642; new ed., 1756); TOSTI, La contessa Matilde e i Romani Pontefici (Florence, 1859; new ed., Rome, 1886);RENÉE, La grande Italienne, Mathilde de Toscane (Paris, 1859); OVERMANN, Die Besitzungen der Grossgräfin Mathilde von Tuscien (Berlin, 1892); HEFELE, Konziliengeschichte, v (2nd ed., Freiburg im Br., 1886); MEYER VON KNONAU, Jahrbücher des deutschen Reiches unter Heinrich IV. und Heinrich V. (6 vols., Leipzig, 1890-1907); POTTHAST, Bibl. hist. med. ævi, 2nd., II, 1486.
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J.P. KIRSCH
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Transcrito por WGKofron
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Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes
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Última revisión de 11:35 30 ago 2020

Matilde de Canosa, condesa de Toscana, hija y heredera del marqués Bonifacio de Toscana y de Beatriz, hija de Federico de Lorena; nació en el 1046; murió el 24 de julio de 1114. Su padre fue asesinado en 1053. El duque Godofredo de Lorena, un oponente del emperador Enrique III, fue a Italia y se casó con la viuda Beatriz. Pero, en 1055, cuando Enrique III entró a Italia, tomó prisioneras a Beatriz y a su hija Matilde y las hizo a llevar a Alemania. De ese modo la joven condesa se vio pronto arrastrada al bullicio de estos tiempos convulsos. Sin embargo, eso no impidió que recibiera una excelente formación; fue educada finamente, conocía el latín, y era muy amante de los libros serios. También era profundamente religiosa, e incluso en su juventud siguió con interés los grandes asuntos eclesiásticos que eran prominentes en ese entonces. Antes de su muerte (1056) Enrique III le devolvió a su esposa y su hijastra a Godofredo de Lorena.

Cuando Matilde llegó a su adultez, contrajo matrimonio con su hermanastro Godofredo de la Baja Lorena, de quien se separó en 1071. Él fue asesinado en 1076; el matrimonio no tuvo hijos, pero no se puede probar si el matrimonio se consumó, según afirman muchos historiadores. Desde 1071, Matilde entró al gobierno y administración de sus extensas posesiones en la Italia Media y Alta. Estos dominios eran de la mayor importancia en las disputas eclesiásticas y políticas de esa época, pues la ruta desde Alemania vía la Alta Italia hacia Roma pasaba a través de ellos.

El 22 de abril de 1072 Gregorio VII se convirtió en Papa, y poco después comenzó la gran batalla por la independencia de la Iglesia y la reforma de la vida eclesiástica. En este conflicto Matilde fue la intrépida, valiente e inquebrantable aliada de Gregorio y sus sucesores. Inmediatamente después de su elevación al papado, Gregorio entabló estrechas relaciones con Matilde y su madre. Las cartas a Matilde (Beatriz murió en 1076) evidencia claramente la alta estima y simpatía del Papa por la princesa. Él las llamaba “sus hermanas e hijas de San Pedro” (Regest., II, IX), y deseaba emprender una cruzada con ellas para liberar a los cristianos en la Tierra Santa (Reg., I, XI).

Matilde y su madre estuvieron presente en los sínodos romanos de Cuaresma de 1074 y 1075, en los que el Papa publicó los importantes decretos sobre la reforma de la vida eclesiástica. Ambas mujeres le informaron al pontífice favorablemente sobre la disposición del rey alemán Enrique IV; y el 7 de diciembre de 1074, Gregorio le escribió a ese monarca agradeciéndole la amigable recepción del legado papal, y su intención de cooperar en la erradicación de la simonía y el concubinato entre el clero. Sin embargo, las disputas entre Gregorio y Enrique IV no tardaron en comenzar. En una carta a Beatriz y Matilde (11 sept. 1075) el Papa se queja de la inconstancia y la inestabilidad del rey, quien aparentemente no tenía ningún deseo de estar en paz con él. Al año siguiente (1076) el primer esposo de Matilde, Godofredo de Lorena, fue asesinado en Amberes. Gregorio le dijo por carta al obispo Herman de Metz (25 agosto 1076) que desconocía en qué estado permanecía Matilde, “la fiel sierva de San Pedro”, bajo la guía de Dios.

Debido a la acción del sínodo de Worms contra Gregorio, este se vio obligado a declarar la excomunión contra Enrique IV. Dado que la mayoría de los príncipes del imperio se alinearon contra el rey, Enrique quiso reconciliarse con el Papa y, en consecuencia, viajó a Italia en medio de un invierno severo, para encontrarse con el Papa allí antes de que este dejase el territorio italiano en su viaje a Alemania. Gregorio, que ya había arribado a Lombardía cuando se enteró del viaje del rey, siguiendo el consejo de Matilde y por motivos de seguridad, se dirigió a la fortaleza de ella en las montañas de Canosa. El excomulgado rey le había pedido a la condesa Matilde, a su suegra Adelaida y al abad Hugo de Cluny que intercedieran por él ante el Papa. Estos cumplieron la petición del rey, y luego de gran oposición, Gregorio permitió que Enrique compareciese ante él personalmente en Canossa y que expiara su culpa mediante penitencia pública.

Después de la partida del rey, el Papa se dirigió a Mantua. Por seguridad, Matilde le acompañó con un grupo de hombres armados, pero al oír el rumor de que el arzobispo Guiberto de Rávena, enemistado con Gregorio, le preparaba una emboscada se llevó al Papa de vuelta a Canosa. Allí redactó una primera escritura de donación, en la que le legaba sus dominios y territorios desde Ceperano hasta Radicofani a la Iglesia Romana, pero mientras ella viviese, ella continuaría gobernándolos y administrándolos libre e independientemente. Cuando poco después de reinició la contienda entre Enrique IV y Gregorio, Matilde constantemente apoyó al Papa con dinero y soldados. Por su seguridad, el monasterio de Canosa hizo fundir su tesoro y envió a Gregorio setecientas libras de plata y nueve libras de oro como contribución a la guerra contra Enrique. Este último se retiró de la Romagna a Lombardía en 1082, y arrasó las tierras de Matilde a su paso hacia Toscana. No obstante, la condesa se mantuvo inamovible en su respaldo a Gregorio. Fue confirmada en esta posición por su confesor, Anselmo, obispo de Lucca.

De manera similar la condesa apoyó a los sucesores del gran Papa en la contienda por la libertad de la Iglesia. Cuando en 1087, poco después de su coronación, el Papa Víctor III fue expulsado de Roma por el antipapa Guiberto, Matilde avanzó sobre Roma con un ejército, ocupó el castillo de Sant´Angelo y parte de la ciudad e hizo regresar a Víctor. Sin embargo, debido a las amenazas del emperador los romanos volvieron a abandonar a Víctor, de modo que se vio obligado a huir una vez más.

Por deseo del Papa Urbano II, en 1089 Matilde se casó con el joven duque Welf de Baviera, de modo que la más fiel defensora de la silla papal pudiese obtener así un poderoso aliado. En 1090, Enrique IV regresó a Italia para atacar a Matilde, a quien ya había privado de sus posesiones en Lorena. Arrasó muchas de sus propiedades, mediante una traición en 1091 conquistó Mantua, su principal bastión, así como varios castillos. Aunque los vasallos de la condesa se apresuraron a hacer la paz con el emperador, Matilde una vez más prometió fidelidad a la causa del Papa y continuó la guerra, que ahora tomó un giro a su favor. El ejército de Enrique fue derrotado ante Canosa. Welf, duque de Baviera, y su hijo del mismo nombre, el esposo de Matilde, se pasaron al lado de Enrique en 1095, pero la condesa se mantuvo firme.

Cuando el nuevo rey alemán, Enrique V, entró a Italia en el otoño de 1110, Matilde le rindió homenaje por los feudos imperiales. A su regreso se quedó tres días en Toscana con Matilde, le mostró mucho respeto y la nombró su vice-regente imperial en Liguria. En 1112, ella reconfirmó la donación de sus propiedades a la Iglesia Romana que había hecho inicialmente 1077 (Mon. Germ. Hist.: Legum, IV, I, 653 ss.). Después de su muerte, Enrique fue a Italia en 1116 y tomó las tierras de ella —no solamente los feudos imperiales, sino también que habían sido regales imperials, sino también los dominios. La Iglesia Romana presentó su legítimo reclamo sobre la herencia. Se inicio entonces una larga disputa sobre la posesión de los dominios de Matilde, la que se resolvió mediante un compromiso entre Inocencio II y Lotario III en 1133. El emperador y el duque Enrique de Sajonia tomaron las posesiones de Matilde como feudos del Papa a una renta anual de 100 libras de plata. El duque prestó el juramento feudal al Papa; después de su muerte, las posesiones de Matilde serían devueltas por completo a la Iglesia Romana. Posteriormente hubo nuevas disputas sobre estas tierras, y en los acuerdos entre los Papas y los emperadores del siglo XII se menciona a menudo este asunto. En 1213, el emperador Federico II reconoció el derecho de la Iglesia romana a las posesiones de Matilde.


Bibliografía: DONIZO, Vita Mathildis, ed. BETHMANN in Mon. Germ. Hist.: Script., XII, 348-409; Vita alia in MURATORI,Scriptores rer. Italicorum, V, 389-397; Libelli de lite in Mon. Germ. Hist., I-III; HUDDY, Matilda, Countess of Tuscany (London, 1905); FIORENTINI, Memorie di Matilda, la gran contessa di Toscana (Lucca, 1642; new ed., 1756); TOSTI, La contessa Matilde e i Romani Pontefici (Florence, 1859; new ed., Rome, 1886);RENÉE, La grande Italienne, Mathilde de Toscane (Paris, 1859); OVERMANN, Die Besitzungen der Grossgräfin Mathilde von Tuscien (Berlin, 1892); HEFELE, Konziliengeschichte, v (2nd ed., Freiburg im Br., 1886); MEYER VON KNONAU, Jahrbücher des deutschen Reiches unter Heinrich IV. und Heinrich V. (6 vols., Leipzig, 1890-1907); POTTHAST, Bibl. hist. med. ævi, 2nd., II, 1486.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Matilda of Canossa." The Catholic Encyclopedia. Vol. 10, pág. New York: Robert Appleton Company, 1911. 30 agosto 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/10049b.htm>.

Traducido por Giovanni E. Reyes. lmhm