Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Domingo, 1 de noviembre de 2020

Papa Pascual II

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar

Papa Pascual II (Raniero) sucedió a Urbano II, y reinó desde el 13 de agosto de 1099 hasta el día de su muerte en Roma el 21 de enero de 1118. Nació en Italia central y fue recibido a edad temprana como monje en Cluny. A sus veinte años fue enviado a Roma por asuntos de su monasterio,y allí Gregorio VII lo retuvo en la corte papal y lo nombró cardenal-sacerdote de la iglesia de San Clemente. Fue en esta iglesia donde se reunió el cónclave después de la muerte del Papa Urbano, y el cardenal Raniero fue la elección unánime del sagrado colegio. Protestó enérgicamente contra su elección, sosteniendo, con algo de justicia, que su formación monástica no lo había preparado para hacer frente a los graves problemas que enfrentaba el papado en esa época turbulenta. Sus protestas fueron ignoradas por sus colegas y fue consagrado al día siguiente en San Pedro.

Una vez Papa, no mostró más vacilaciones y blandió el cetro con firmeza y prudencia. Las líneas principales de su política habían sido trazadas por las mentes maestras de Gregorio y Urbano, cuyos pasos siguió fielmente, mientras que la inusual duración de su pontificado, unida a una gran amabilidad de carácter, hicieron de su reinado un factor importante en el desarrollo del dominio papal medieval. Urbano II había vivido para presenciar el éxito total de su maravilloso movimiento por la liberación de Tierra Santa y la defensa de la cristiandad. Había muerto quince días después de que Jerusalén cayera en manos de los cruzados. Continuar la obra inaugurada por Urbano siguió siendo la política fija de la Santa Sede durante muchas generaciones. Pascual laboró arduamente mediante sínodos y viajes a través de Italia y Francia para mantener vivo el espíritu cruzado.

De importancia más vital fue el Conflicto de las Investiduras. Fue una suerte que el antipapa Guiberto (Clemente III) muriera pocos meses después de la elevación de Pascual. La facción imperialista propuso otros tres antipapas, Teodorico (1100), Alerico (1102) y Maginulfo, que tomó el nombre de Silvestre IV (1105); pero el cisma prácticamente terminó. Pascual envió a dos de estos pretendientes a hacer penitencia en monasterios; el tercero tuvo poco o ningún seguimiento. Enrique IV, debilitado por sus conflictos anteriores, no tenía deseos de reanudar la lucha. Se negó obstinadamente a abjurar de su reclamo a las investiduras imperiales y, en consecuencia, fue nuevamente excomulgado y murió en Lieja el 7 de agosto de 1106.

Su muerte y el ascenso de su hijo fueron de dudosa ventaja para la causa papal; pues, aunque se había hecho pasar por el campeón de la Iglesia, pronto se mostró tan reacio como su padre a renunciar a cualquiera de las pretensiones de la corona. Dado que el Papa continuó denunciando y anatematizando las investiduras por laicos en los sínodos que presidió, los principales de los cuales fueron en Guastalla (1106) y Troyes (1107), y como Enrique persistió en otorgar beneficios a su gusto, las relaciones amistosas entre los dos poderes pronto se volvieron tensas.

Pascual decidió cambiar su propuesto viaje a Alemania y se dirigió a Francia, donde fue recibido con entusiasmo por el pueblo francés y por el rey Felipe (que hizo penitencia por su adulterio y se reconcilió con la Iglesia). A Enrique le molestó la discusión de un asunto alemán en suelo extranjero, aunque la cuestión de las investiduras era de interés universal; y amenazó con resolver el asunto de forma tajante tan pronto como las circunstancias le permitieran ir a Roma para recibir la corona imperial. En agosto de 1110 cruzó los Alpes con un ejército bien organizado y, lo que enfatizó la entrada de un nuevo factor en la política medieval, acompañado de un grupo de abogados imperialistas, uno de los cuales, David, era de origen celta. Enrique aplastó a la oposición en su camino a través de la península, y envió una embajada para arreglar con el pontífice los preliminares de su coronación. El resultado se plasmó en el Concordato de Sutri. Antes de recibir la corona imperial, Enrique debía renunciar a todos sus pretensiones sobre las investiduras, mientras que el Papa se encargó de obligar a los prelados y abades a devolver todos los derechos temporales y privilegios que tenían de la corona.

Cuando el pacto se hizo público en San Pedro en la fecha asignada para la coronación, el 12 de febrero de 1111, se produjo un feroz tumulto encabezado por los prelados que de un plumazo habían sido degradados del estatus de príncipes del imperio a la mendicidad. La indignación fue más intensa porque los derechos de la Sede Romana se habían librado de tal confiscación. Después de disputas infructuosas y tres días de disturbios, Enrique llevó al Papa y a sus cardenales al cautiverio. Abandonado por todos, después de dos meses de prisión, Pascual cedió al rey ese derecho de investidura contra el que tantos héroes habían luchado. La violencia de Enrique rebotó sobre sí mismo: toda la cristiandad se unió para anatematizarlo. Las voces que se alzaron para condenar la debilidad de Pascual fueron ahogadas por la denuncia universal de su opresor. Pascual reconoció humildemente su debilidad, pero se negó a romper la promesa que había hecho de no infligir la censura sobre Enrique por su violencia.

Fue una pena para la memoria de Pascual que estuviera tan estrechamente asociado con el episodio de Sutri. Como jefe de la Iglesia, desarrolló una actividad de gran alcance. Mantuvo la disciplina en todos los rincones de Europa. Los más grandes campeones de la religión, hombres como San Anselmo de Canterbury, lo miraban con reverencia. Dio su aprobación a las nuevas órdenes de Císter y Fontevrault. En sus numerosos viajes trajo al papado en contacto directo con la gente y dedicó un gran número de iglesias. Si no se le dio para resolver el problema de las investiduras, despejó el camino para su sucesor más afortunado.


Bibliografía: DUCHESNE, Lib. Pont, II, 296 ss.; GREGOROVIO, The Historians of the City of Rome; HEFELE, Concilieng., V, ed. VON REUMONT; HERGENRÖTHER, Kircheng., II, 378; ARTAND DE MONTOR, Hist. of the Popes (Nueva York, 1867).

Fuente: Loughlin, James. "Pope Paschal II." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11, págs. 514-515. New York: Robert Appleton Company, 1911. 24 Aug. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/11514b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina