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Viernes, 20 de octubre de 2017

Pablo de Samosata

De Enciclopedia Católica

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Obispo de Antioquía. Contra él se celebraron varios sínodos, probablemente tres, alrededor de los años 264 – 266 (vea Concilios de Antioquía). San Dionisio de Alejandría quiso asistir al primero de ellos, pero no pudo por enfermedad. Estuvieron presentes Firmiliano de Cesarea, San Gregorio Taumaturgo, su hermano Atenodoro y muchos otros. Pablo era el procurador civil (Procurator ducenarius), protegido por Zenobia, la famosa reina de Palmira. Era un hombre rico y reunía obsequiosos amigos entre los obispos cercanos. Muchos defendían su doctrina y él se declaraba ortodoxo. En las primeras reuniones, los obispos quedaron satisfechos; en la siguiente fue condenado, prometió retractarse de sus errores, pero no lo hizo. Se reunió otro concilio. Firmiliano murió cuando iba de camino, y la dirección la asumió un presbítero de Antioquía llamado Malquión, un consumado hombre de letras y director de la escuela de literatura griega en Antioquía. En la disputa con Pablo claramente lo condenó como hereje y procuró su deposición. En Eusebio se ha conservado parte de una carta escrita por Malquión en nombre del sínodo y dirigida al Papa San Dionisio de Roma, a Máximo de Alejandría y a los obispos y clero de todo el mundo; sólo quedan unos pocos fragmentos del informe manuscrito sobre la disputa.

La carta acusaba a Pablo de adquirir grandes riquezas por medios ilícitos, de mostrar altanería y mundanalidad, de haber colocado para sí un púlpito elevado en la iglesia y de insultar a quienes no le aplaudían y agitaban sus pañuelos etc. Había causado escándalo al admitir mujeres viviendo en su casa y había permitido que sus clérigos hicieran lo mismo. Pablo no podía ser expulsado de la sede hasta que el emperador Aureliano tomara posesión de Antioquía (272), e incluso entonces rehusó desocupar la casa que pertenecía a la Iglesia. Se apeló al emperador pagano Aureliano, que por entonces estaba a favor de los cristianos, quien decidió muy justamente, según Eusebio (VII, 30, 19), que se diera la casa a quienes dijeran los obispos italianos y la ciudad de Roma; evidentemente estaba informado de que el asunto de la legitimidad dependía de la comunión con Roma y que se daría tras ser examinado por el Papa y su concilio. Pablo fue desahuciado por la autoridad civil en absoluta desgracia. Nada más sabemos de su vida.

Su doctrina era similar al monarquismo dinámico de Teodoto y de mote le llamaban seguidor de Artemas. Sobre su doctrina podemos reunir los siguientes puntos: El Padre, Hijo y Espíritu Santo son una sola persona (prosopon). El Hijo o Logos no tiene hipóstasis, siendo solamente la sabiduría y ciencia de Dios, que está en Él como la razón está en el hombre. Antes de la creación nació como Hijo (Logos prophorikos) sin una virgen; no tenía una forma y no podía hacerse visible al hombre. Obró en los profetas, sobre todo en Moisés (hay que recordar que Zenobia era judía y que su monarquismo puede haber tenido la intención de ser agradable para ella) y de forma más elevada en el Hijo de David que nació del Espíritu Santo de una Virgen. Cristo, el Salvador es esencialmente un hombre pero el Espíritu Santo le inspiraba desde lo alto. El Padre y el Hijo son un Dios, mientras que Cristo es de la tierra con su propia personalidad. Así pues, hay dos personas en Cristo. El Logos como Sabiduría habita en el hombre Jesús como nosotros vivimos en nuestras casas y obraba en El como inspiración, enseñándole y estaba unido con El, pero no sustancialmente (o esencialmente, ousiodos), sino cualitativamente (kata poioteta). María no parió al Verbo, porque María no existía antes de los mundos, sino a un hombre como nosotros. Pablo negaba la inferencia de que hay dos Hijos. El Hijo de la Virgen es grande por la Sabiduría, que habita en El como en ningún otro.

La unión de dos personas es posible solamente por acuerdo de la voluntad, brotando en unidad de acción y es originada por el amor. Por esta clase de unión Cristo tuvo mérito, pero no hubiera tenido ningún merito si la unión hubiera sido por naturaleza. Por la inalterabilidad de Su voluntad Él es como Dios y estaba unido a El permaneciendo limpio de pecado. Por su lucha y sufrimiento venció al pecado de nuestros primeros padres y se unió a Dios, siendo uno con Él en la intención y en la acción. Dios obraba en Él para que hiciera milagros y probara que era el Redentor y Salvador de la raza humana. Por el siempre creciente e incesante movimiento de amistad, Él se ha unido a sí mismo con Dios de manera que no puede separarse ya por toda la eternidad y su Nombre está sobre todo Nombre como un don de amor. Se le ha entregado el juicio; se le puede llamar "Dios que viene de la Virgen", "Dios de Nazaret". Se dice que preexistía, pero sólo como predestinación. Normalmente Pablo consideraba el bautismo de Cristo como un paso en su unión con el Logos. Si hubiera sido Dios por naturaleza, argüía Pablo, habría dos dioses. Prohibió los himnos a Cristo y atacó abiertamente las antiguas interpretaciones (alejandrinas) de la Escritura.

Su partido no desapareció inmediatamente. El Primer Concilio de Nicea declaró que el bautismo conferido por los seguidores de Pablo era inválido. Hay algo, pero no mucho, de su enseñanza en los sistemas lucianistas y arrianos que surgieron en Antioquía; pero su cristología era muy opuesta a ésta, que iba a reaparecer de forma modificada en Teodoro de Mopsuestia, Diodoro, Nestorio y hasta en Teodoreto, aunque estos últimos antioquenos rechazaban cualquier parecido con el hereje Pablo, hasta en la cristología.

Debe darse por cierto que el concilio que condenó a Pablo rechazó también el término homoousion; pero naturalmente lo rechazó sólo en el falso sentido en que lo usaba Pablo; no porque con ese término quisiera indicar una unidad hipostática en la Trinidad (como San Hilario de Poitiers), sino porque quería decir una sustancia común de la que procedían tanto el Padre como el Hijo o que se dividía entre ellos (así San Basilio, San Atanasio); pero el asunto no está claro. Los objetores a la doctrina de Nicea en el siglo IV hicieron uso copioso de esta desaprobación de la palabra nicena por un famoso concilio.

La mejor colección de fragmentos está en Routh, "Rell. SS.", III. Hay otros fragmentos en Pitra, "Analecta sacra", III-IV. La carta de San Dionisio es falsa. Normalmente se rechaza la de los seis obispos a Pablo, aunque Harnack, siguiendo a Hagemann, la considera genuina.


Bibliografía: HARNACK, Gesch. der Altchristl. Litt., I (1893); BARDENHEWER, Gesch. der Altkirchlichen litt., II (1903); HEFELE, Councils, I (tr. 1883); RÉVILLE, La Christologie de Paul de Samosate in Etudes de critique et d'histoire (Paris, 1896).

Fuente: Chapman, John. "Paul of Samosata." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/11589a.htm>.

Traducido por Pedro Royo. L H M.