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Martes, 21 de agosto de 2018

Esenios

De Enciclopedia Católica

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Una de las tres sectas judías lideres mencionadas por Josefus que florecieron en el segundo siglo AC., las otras dos siendo los Fariseos y los Saduceos. Concerniente a su origen, historia y dogma hay mucha controversia inconclusa. Las únicas fuentes antiguas que tenemos son algunos párrafos en Philo Judaeus, una descripción un poco más larga en Josefus y una corta nota en Plinio. La siguiente sinopsis es derivada principalmente de los dos primeros.

Son denominados Essæi por Philo, que lo derivó de hosios (sagrado); Essæi y Esseni por Josefus. Su número, según los dos autores era en torno de 4000 y sus principales ubicaciones de residencia, a lo largo de la parte occidental - aunque lejos de la playa – del Mar Muerto. Ellos también habitaban otros sitios - excepto los más aislados -, y pueblos de Palestina, aunque algunos eran encontrados en las ciudades. La secta surgió aproximadamente en el año150 AC (Judas fue el primero en ser llamado de “esenio”, 110 AC) y desapareció a fines del primer siglo DC. Ellos adoraban a un Dios, Creador y Controlador de todas las cosas, omnipotente y omnisciente. Moisés era considerado con altísima estima y blasfemar su nombre significaba la muerte. El sol era considerado con tal reverencia que llega a levantar sospechas de idolatría. Se admitía un Destino, aunque el libre albedrío, aparentemente, no era negado. Se recusaban a participar de los sacrificios en el templo por miedo de impurezas, pero hacia allá enviaban ofrendas; parece que no ofrecían ningún tipo de sacrificio sangriento ya que clamaban que una mente reverente era la mejor ofrenda a Dios. El Sabbat era guardado con la más rigurosa exactitud, no se respondía ni mismo a los llamados de la naturaleza. Reunidos en sus sitios de asamblea, donde se sentaban según la superioridad de edad, la escritura era leída y explanada, generalmente de manera alegórica, por algún miembro sabio. Ellos se lavaban con frecuencia, ya que se daba extrema importancia a la pureza ceremonial y seguían escrupulosamente las prescripciones contra las profanaciones levíticas; mismo un joven tocar un anciano era algo impuro para el último. Cuáles eran sus doctrinas esotéricas nosotros no lo sabemos. La muerte era bienvenida, ya que alegaban que sus cuerpos eran corruptibles y de materia efímera, pero sus almas eran inmortales, viviendo para siempre, y procedían del más sutil éter, siendo atraídas para dentro de los cuerpos como que para una cárcel, a causa de algún deseo natural. Pero cuando se libertaban de las ataduras de la carne, entonces ellas se regocijaban por la liberación de una larga esclavitud, ascendiendo a las alturas. Y estando ellos de acuerdo con la opinión de los griegos, declaraban que los buenos vivían más allá del Océano, en un sitio jamás afligido por la nieve, ni tempestad, ni calor intenso, sino siempre calmo y refrescado por la brisa fresca que soplaba desde el Océano. Para las almas malas, ellos atribuían un antro, tempestuoso y sombrío, repleto de tormentos sin fin. Algunos dedujeron a través de las palabras aquí mencionadas, que los esenios no creían en la resurrección del cuerpo.

Entre sus virtudes, los esenios cultivaban sobretodo la obediencia, la sinceridad, la continencia, la justicia y la templanza; tenían muchas atenciones con los enfermos, respecto con los ancianos, y mostraban mucha hospitalidad y amabilidad con los extranjeros. Consideraban todos los hombres como iguales y la esclavitud como contraria a la naturaleza. Los culpados de crímenes graves eran punidos con una larga exclusión, o total excomunión, las cuales implicaban grande sufrimiento y frecuentemente la muerte, visto que no se permitía que comieran nada preparado por manos de extraños. La Filosofía era rechazada como algo inútil y fuera de la capacidad de comprensión del hombre, pero la Ética era estudiada con celo. Buscaban las propiedades medicinales de la naturaleza, pues dedicaban cuidados especiales a los enfermos, independientemente de su credo, y también investigaban las propiedades de los minerales. A ellos se atribuían poderes mágicos y la habilidad de predecir. Sobre la última, Josefus nos cuenta algunos casos, entre ellos lo del esenio Manahem, el cual predijo el Grande Reinado a Herodes, cuando era sólo un niño, sin ninguna perspectiva regia. Todas las cosas eran de uso común, ni sus casas pertenecían a si mismos. Trabajaban sobretodo en actividades agrícolas, o fabricaban implementos agrícolas o artículos domésticos, pero jamás armas bélicas, las cuales no se les permitía llevar, excepto objetos de autodefensa cuando salían de viaje. Cosechas y pagas iban para los administradores, que se las distribuían según la necesidad de cada uno. Vestimentas y calzados eran usados hasta que se desgastaran. No se permitía comercio alguno, excepto la permuta. La unción con aceite era considerada una profanación. Siervos eran prohibidos como tentaciones que llevaban a la injusticia. Sus gobernantes eran electos, así como sus sacerdotes – si así puedan ser llamados – y sus administradores. En las ciudades, se designaba un encargado para cuidar de los hermanos que estuvieran en tránsito. Una centena de miembros constituía un tribunal cuya decisión unánime era irrevocable. Los miembros eran divididos en cuatro clases. La rutina cotidiana se daba como siegue: se levantaban antes del alba y no hablaban de asuntos profanos antes de nacer el sol, y hacia él encaminaban una oración, como si le pidieron que naciera. Cada uno era entonces enviado a las tareas designadas, en las cuales trabajaban hasta la quinta hora, i.e., las once horas, cuando todos se reunían, y ya se habiendo bañado en agua especialmente exorcizada y vestidos de blanco, entraban al comedor común, quietos y silenciosos. Delante de cada uno se ponía el pan y un plato con un sólo tipo de alimento. Un sacerdote daba gracias y solamente entonces ellos podrían comer. Al fin de la comida, se decía otra oración, se quitaban sus vestimentas blancas y recobraban sus hatos, a continuación trabajaban hasta anochecer, cuando cenaban de la misma manera. Para la comida del mediodía, que aparentemente era considerada un ayuno de sacrificio, siendo preparada por los sacerdotes, no se admitía forasteros, pero para la cena, era todo lo contrario. Llevándose en cuenta que cada uno hablaba a su turno y que observaban grande moderación con la comida y bebida, el silencio en las comidas les parecía a los forasteros, así se cuenta, algo muy solemne y misterioso. Muchos de los esenios alcanzaban mucha edad y obtenían tanta fuerza física y mental que los peores tormentos a ellos infligidos por los romano fallaron en debilitar su constancia y encontraban la muerte con una sonrisa.

La mayoría de los esenios renunciaba al matrimonio, no porque creían haber algún mal en ello pero porque no se fiaban de las mujeres y deseaban paz y armonía. Ellos perpetuaban su secta adoptando niños y admitiendo adultos que estuvieran “hartos de luchar contra el rudo mar de la vida”. Como Plinio dice. Al llegar, recibían un delantal para llevar en sus abluciones, una vestimenta blanca y una herramienta parecida con una pequeña pala con la cual cavaban un hoyo y escondían sus excrementos de los rayos del sol. Por un año se les testaban sus templanzas mientras cumplían de fuera de la comunidad sus reglas ascéticas. Entonces se seguía un nuevo juzgamiento de dos años, durante el cual compartían de los ritos de purificación - pero no de las comidas - de los iniciados. Si considerados satisfactorios, eran elegidos miembros totales y se comprometían bajo terribles juramentos de honrar a Dios, observar la justicia, ser leal a todos, especialmente a las autoridades, y si ellos mismos ejercían tal autoridad, no excederse a los otros por sus vestimentas, amar la verdad y honestidad, no disimular nada a sus compañeros, no revelar nada a extraños, mantener en secreto a todo costo sus libros y los nombres de sus ángeles. Ese era el único momento en que los esenios rendían juramentos, todos consideraban sus palabras tan sagradas que Heródes les excusaba del juramento de fidelidad. Algunos de ellos observaban las mismas reglas aunque casados, pero simplemente por el bien de la orden y solamente tras una probación de tres años y si la mujer les pareciera saludable y capaz de parir.


Los esenios han recibido atención por los últimos tres siglos fuera de toda la proporción de su numero, de su influencia en la vida contemporánea, o de su importancia como un factor de desarrollo religioso. Eso emergió de dos causas, una externa y otra interna. La última fue la curiosa mezcla de elementos judíos y extranjeros en sus dogmas y costumbres. Esa peculiaridad incitó la curiosidad y ejercitó la ingenuidad de los eruditos, para dilucidarse la combinación. Que los esenios eran realmente judíos, no obstante hablando muy probablemente el griego (judíos por raza, dice Josefus), es reconocido. Su creencia en un sólo Dios, reverencia por un sólo Dios, estricta observancia del Sabbat, fanática adherencia a la circuncisión (Hipólito), etc., todo apunta hacia ello; mientras su actitud con relación al sol, elección de sacerdotes, modo de vida, igualados al pitagoreano por el propio Josefus, etc., parecían demostrar influencias ajenas. La fuente de tales influencias, como todo que es esenico, genera controversias, pero hasta ahora nadie tuvo éxito en determinarla satisfactoriamente. El budismo, el parsismo, el pitagorismo (viejo, nuevo y órfico) helenismo, etc., fueron todos aclamados como uno de los padres de esa secta híbrida. Es suficiente decir que las influencias persas-babilónicas, a través de la Cautividad, el helenismo filtrándose a través de Alejandría y el uso de la lengua griega se pueden ampliamente contar como elementos extranjeros. La alegación de que sus elementos - si despojados de su apariencia griega - pueden tener sus raíces en fundamentos bíblicos, no es fácilmente rechazada. La causa externa de tanta atención fue la tendencia de los deístas ingleses y racionalistas continentales, los cuales se esforzaron en transformar los esenios en predecesores desde los cuales, gradualmente y bien naturalmente, los cristianos se desenvolvieron, y los masones, que simularon hallar en el esenismo la pura cristiandad. En consideración a tales quimeras, es suficiente decir que hay entre el esenismo y el cristianismo algunos puntos de semblanza; no podría ser de otra forma ya que el esenismo era judío en sus orígenes y el cristianismo no fue destructivo, sino progresivo. En cambio, las diferencias son fundamentales. Que Juan Baptista y Cristo eran esenios no es más que mera suposición basada en analogías que surgieron, natural y independientemente del ascetismo y de la pobreza voluntaria. Luego, de la misma forma, la alardeada dependencia entre esenismo y monasticismo puede ser solucionada en las peculiaridades necesarias a cualquier vida ascética, comunista (ved “Wuccu” en “Studien u. Mittheilungen d. Ben. Cist. Ordens”, 1890, I 223-30; Berliere en “Revue Bénéd”, 1891, VIII, 12-190). “ La actitud de Jesús y sus discípulos es totalmente antiesenica”. (Jewish Encyc.). El riguroso silencio sobre cualquier Mesías se debe parte quizás al secreto de los esenios y, principalmente, sin duda, a Su rechazo por parte de su cronista Josefus. En fin, nuestro conocimiento actual de los esenios es superficial y nada fiel, sino que sus fuentes son escasas, tendenciosas y no-fiables.

Fuentes antiguas: Philo, Quod Omnis Probus Liber, xii, también sumarios de su Apologia Jud. en Eusebius, Præp. Evang., VIII, xi; Josefus, Bell. Jud., XIII, v, 9; XV, x, 4-5; XVIII, i, 5, etc., en tr. Complete Works (Paris, 1875), ed. Dindorf; Plinio, Hist. Nat. V. xvi-xvii; Hipólito, Philsophumena (Göttingen, 1859) IX; Epifanio, Hæreses, xix. Literatura Moderna. – muy larga. Ved: Lightfoot, Collosians and Philemon (London, 1884); Edershiem, Life and Times of Jesus the Messiah (New York, 1896), I; Riggs, Hist. of the Jew. People (New York, 1900); Morrison, The Jews under Roman Rule (New York, 1890); Oesterley and Box, The Religion and Worship of the Synagogue (New York, 1907), vi; Keim, Hist. of Jesus of Nazara (London, 1873; Prideaux, Connection of the O. and N. Test.; Carpzovius, Apparatus Hist-Crit (Leipzig, 1748), 31, 215; Schürer, A Hist. of the Jewish People in the Time of Christ (tr. Edinburgh, 1886), una bibliografia completa; Greitz, Gesch. d. Juden (1905), III (tr. London, 1892); Döllinger, Heidenthum u. Judenthum (1857) tr., The Gentile and the Jew (London); Ewald, Gesch, d. Volk Israel (1868), tr. Hist. of Israel (London, 1870); Krüger, Beiträge zur Hennt. d. Pharisäer u. Essener in Theol. Quart. (Tubingen, 1894); Friedländer, Zur Entstehungsgesch. d. Christenhums (Vienna, 1894; Idem, Die religiösen Bewegungen d. Judent im Zeit. Jesu (Berlin, 1905); Smith, Dict. of the Bible; Ginsburg in Dict. Christ. Biog.; Conybeare in Hast., Dict. of Bible, s. v.; Idem, Dict. of Christ and the Gospels, s. v.; König in Kirkenlex.; The Jewish Encyclopedia.

E.P. GRAHAM Transcribed by M. Donahue Traducción de Raquel Cantarelli