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Lunes, 22 de enero de 2018

Flavio Josefo

De Enciclopedia Católica

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Historiador judío, nació en el año 37 d.C., en Jerusalén; murió hacia el 101. Perteneció a una distinguida familia de clase sacerdotal, cuyos ancestros paternos él mismo remonta a cinco generaciones; la familia materna se consideraba descendiente de los Macabeos. Recibió una buena educación y sus relaciones con distinguidos eruditos le permitieron desarrollar sus dotes intelectuales, en especial su memoria y su capacidad de juicio. También se relacionó completamente y trató con los principales partidos político religiosos judíos de su época---esenios, fariseos y saduceos.

Impresionado por la gran importancia exterior de los fariseos y esperando conseguir a través de ellos una posición de influencia, se unió a su partido a los diecinueve años, aunque no compartía sus puntos de vista religiosos ni políticos. Se trasladó a Roma en el año 64 para conseguir de Nerón la libertad de algunos sacerdotes judíos encarcelados que eran amigos suyos. Logró ganarse el favor de Popea Sabina, esposa del emperador, y ganó su causa valiéndose de la influencia de ella. Pero quedó deslumbrado por la brillante vida de la corte en la metrópoli del mundo, de modo que se fue alejando cada vez más del espíritu del judaísmo estricto, y consideró inútil su lucha contra el paganismo. Después de su vuelta a Jerusalén, estalló la gran revuelta judía en el año 66. Como la mayoría de los judíos aristócratas, Flavio Josefo al principio desaprobaba la revuelta de sus conciudadanos incitados a la actividad por su condición de esclavos y ultrajados sentimientos religiosos. Sin embargo, cuando la fortuna pareció favorecer a los insurgentes, Josefo como el resto de la nobleza sacerdotal se les unió, y el Sanedrín de Jerusalén lo escogió para ser comandante en jefe en Galilea. Como tal estableció en cada ciudad a través del país un consejo de jueces, cuyos miembros eran reclutados entre los que compartían sus puntos de vista políticos. Guió las negociaciones diplomáticas y sus funciones militares con prudencia y astucia.

Aunque al principio los judíos tuvieron éxito, cuando el general Vespasiano avanzó con el ejercito principal desde Antioquía hacia Galilea, quemando y asesinando, los insurgentes huyeron o se refugiaron en sus fortalezas. Durante seis semanas Josefo y los espíritus más audaces entre los insurgentes se defendieron en la casi inexpugnable fortaleza de Jotapata. En el verano del año 67, cuando la guarnición estaba exhausta por la falta de agua y provisiones, los romanos tomaron por asalto la ciudadela; la mayoría de los patriotas fueron pasados a cuchillo, pero Josefo escapó de la masacre ocultándose en una cisterna de difícil acceso y salió de la misma sólo cuando recibió una garantía de que su vida sería respetada. Llevado ante la presencia del general victorioso, buscó con gran astucia congraciarse con Vespasiano, anunciando su elevación, así como la de su hijo Tito, a la dignidad imperial. A pesar todo ello, Vespasiano lo mantuvo como prisionero, y no fue sino hasta el año 69, después que realmente se había convertido en emperador, cuando Vespasiano le concedió la libertad.

Como un liberto de Vespasiano y de acuerdo a la costumbre romana, Josefo asumió el nombre de Flaviano, según el nombre familiar del emperador. Acompañó al emperador tan lejos como Egipto, y cuando este último le pasó a su hijo la tarea de continuar la guerra judía, entonces se une al séquito de Tito, y fue testigo ocular de la destrucción de la Ciudad Santa y su Templo. A riesgo personal había intentado persuadir a los judíos a que se rindieran. Luego de la caída de la ciudad se fue a Roma con Tito, y tomó parte en el triunfo de éste. Pero todos estos acontecimientos no perturbaron el sentimiento de honor nacional de Josefo; al contrario, aceptó el privilegio de la ciudadanía romana en reconocimiento a sus servicios, y la concesión de una renta anual y tierras en Judea. Los emperadores subsiguientes, Tito y su cruel hermano Domiciano, también se comportaron amablemente con Josefo, y le confirieron muchas señales de distinción. En la corte se le permitió dedicarse con exclusividad a su trabajo literario hasta su muerte, la cual ocurrió durante el reinado de Trajano (probablemente el año 101). Tanto en su vida como en sus escritos siguió una política a medias entre la cultura judía y la pagana, para lo que sus compatriotas judíos le acusaron de falto de principios e hipócrita. Sus obras están escritas en un griego elegante, para influir a la clase educada de su tiempo y librarla de varios prejuicios contra los judíos.

La primera obra de Josefo fue la "Guerra judía" (Peri tou Ioudaikou polemou) en siete tomos. Se basa principalmente en sus memorias tomadas durante la guerra de independencia (66-73 d.C.), en las memorias de Vespasiano, y en las cartas del rey Agripa. Mientras su historia de los sucesos bélicos es confiable, el relato de sus propios hechos esta muy impregnado de una tonta auto adulación . Esta obra ha provisto el trasfondo histórico para numerosas novelas históricos, en tiempos modernos "Lucius Flavius" por J. Spillmann, S.J., y "El Fín de Judá" por Anton de Waal.

La segunda obra de Josefo, las "Antigüedades Judías" (Ioudaike Archaiologia), contiene en veinte libros toda la historia de los judíos desde la Creación hasta el comienzo de la revuelta el 66 d.C. Los libros del I-XI están basados en el texto de los Setenta, aunque a veces también repite explicaciones tradicionales vigentes entre los judíos de su época. También cita numerosos pasajes de autores griegos cuyos escritos se han perdido. Por otro lado hizo concesiones al gusto de sus contemporáneos gentiles con omisiones arbitrarias, así como por el libre embellecimiento de ciertas escenas. Los libros XII-XX, en los que habla de los tiempos anteriores a la venida de Cristo y la fundación del cristianismo, son nuestra única fuente para muchos hechos históricos. En estos libros el valor de sus declaraciones está reforzado con la inserción de fechas que faltan en otras fuentes, y por la cita de documentos auténticos que confirman y suplementan la narrativa bíblica. La historia de Herodes el Grande aparece en los libros XV-XVII. El libro XVIII contiene en el capítulo III el famoso pasaje famoso donde se menciona al Redentor con las palabras siguientes:

”Por este tiempo vivió Jesús, un hombre lleno de sabiduría, si de hecho uno puede llamarle hombre. Porque realizaba hechos increíbles, y era maestro de los que recibían la verdad gozosamente. Atrajo hacia sí a muchos judíos y gentiles. Él era el Cristo. Por la acusación de las autoridades de nuestro pueblo, Pilato lo condenó a morir en la cruz; no obstante aquéllos que lo habían amado antes le permanecieron fieles. Al tercer día se les apareció de nuevo vivo, justo como, entre otras mil maravillas, habían predicho los profetas enviados por Dios. Y al día hoy no ha cesado el pueblo de los que se llaman cristianos debido a Él.”

Se han hecho esfuerzos para refutar las objeciones presentadas contra este pasaje tanto por razones internas como externas, pero la dificultad no ha sido superada todavía. El pasaje parece sufrir de diversas interpolaciones. El hecho de que las “Antigüedades" testifiquen la verdad de la Revelación Divina tanto para los judíos como para los cristianos, y confirme los datos históricos relatados en la Biblia por el testimonio incontrovertible de autores paganos, hace de esta obra de Josefo una de gran valor para la historia del pueblo escogido. Son de primordial importancia como fuentes históricas los relatos que presenta sobre el levantamiento y las relaciones mutuas entre las diferentes sectas judías, las cuales son tan importantes para la historia y sufrimientos del Salvador; su información respecto a la corrupción de las antiguas costumbres e instituciones judías; su declaración respecto a los conflictos internos de los judíos, y por último, su relato de la última guerra con los romanos, la cual puso fin a la independencia nacional de los judíos.

En su "Autobiografía" (phlaouiou Iosepou bios), escrita en el año 90 d.C., Josefo intenta, no sin intentos de auto alabanza, justificar su posición al comienzo de la rebelión judía. En su estructura e idioma el libro está influenciado probablemente por los escritos de Nicolás de Damasco, al que Josefo también había citado en las "Antigüedades". Su obra titulada "Contra Apion" (Kata Apionos), dividida en dos libros, es una defensa de la gran antigüedad de los judíos y una refutación de las acusaciones que había vertido contra ellos el gramático Apion de Alejandría en ocasión de una embajada ante el emperador Calígula.

Los primeros cristianos eran lectores entusiastas de la “Historia de los Judíos" de Josefo, y los Padres de la Iglesia, tales como San Jerónimo y San Ambrosio, así como los primeros historiadores eclesiásticos como Eusebio, son aficionados a citarlo en sus obras. San Juan Crisóstomo lo califica de un expositor útil de los libros históricos del Antiguo Testamento. Las obras de Josefo fueron traducidas al latín en una fecha temprana. Cuando se inventó el arte de la impresión, sus obras circularon en todos los idiomas. La primera traducción alemana fue editada por el reformador de Estrasburgo Kaspar Hedio, en el año 1531, y una traducción al francés fue impresa por Burgoing en Lión en 1558. Entre las más conocidas traducciones al inglés está la hecha por Whiston (Londres, 1737), revisada por Shilleto (5 vols., Londres, 1888-9). A mediados del siglo XIX el interés por las "Antigüedades Judías" fue reavivado por una traducción que la Sociedad de San Carlos Borromeo encargó al Profesor Konrad Martin, luego obispo de Paderborn, a realizar en colaboración con Franz Philip Kaulen (1ra. ed., Colonia, 1852-3; 2da. y 3ra. ed. por Kaulen, 1883 y 1892). La prueba de las obras de Josefo ha sido publicada por Dindorf en griego y latín (2 vols., París, 1845-47) y Bekker (6 vols., Leipzig, 1855-6). Hay ediciones críticas por Naber, (Leipzig, 1888-96) y Niese (7 vols., Berlín, 1887-95; texto sólo, 6 vols., Berlín, 1888-95).


Bibliografía: Consulte a SCHÜRER en Realencycl. für prot. Theol., s.v.; MÜLLER, Christus bei Flavius Josephus; EDERSHEIM in Dict. Christ. Biog., s.v. Para una bibliografía más completa vea SCHÜRER, Gesch. des jud. Volkes im Zeitalter Jesu Christi, I (3ra. ed., Leipzig, 1901), 98-106.

Fuente: Hoeber, Karl. "Flavius Josephus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/08522a.htm>.

Traducido por Félix Carbo Alonso. L H M.