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Domingo, 25 de junio de 2017

Fortaleza

De Enciclopedia Católica

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1. Hombría es etimológicamente lo que significan la palabra del latín virtus y la palabra del griego andreia, con las que podemos comparar arete (virtud), aristos (mejor), y aner (hombre). Mas (masculino) es a Marte, el dios de la guerra, lo que arsen (masculino) es a la correspondiente deidad griega Ares. Mientras que andreia (hombría) ha sido especializada para significar valor, virtus ha sido dejada en su más amplia generalidad, y es limitada solo en ciertos contextos, como cuando César dice: "Helvetii reliquos Gallos virtute praecedunt". Aquí el escritor ciertamente no estaba tomando el punto de vista piadoso de virtud, excepto en cuanto a que para la gente primitiva la virtud primordial era la valentía y la fuerza hábil para defender sus vidas y las de sus compañeros de tribu. En esta etapa de cultura podríamos aplicar la noción de Spinoza de que la virtud es la fuerza conservadora de la vida. "En la medida que un hombre busca y tiene éxito en lograr su utile, esto es, su esse, tanto más le es concedida la virtud; por otra parte, en la medida que descuide su utile o su esse, tanto más grande será su impotencia" (Eth., IV, prop. 20). "Virtud es la facultad humana que es definida solamente por la esencia del hombre, es decir, la que está limitada solo por los esfuerzos del hombre por perseverar en su esse" (prop. 22). La idea es continuada en las Proposiciones 23, 24, 25, 27. La voluntad de vivir-- der Wille zu leben - es la virtud raíz. Ciertamente Spinoza lleva su doctrina más allá del guerrero salvaje, ya que agrega que el poder preservativo y promocional de la vida son la adecuación de ideas, razonable conducta, adherencia a naturaleza inteligente y finalmente que "la más alta virtud del intelecto es el conocimiento de Dios" (lib. V, prop. xlii). En sus puntos de vista Spinoza usualmente mezcla lo noble con lo innoble: para gente ruda su filosofía se queda corta en virtud, el carácter del hombre fuerte defendiendo su existencia contra muchos asaltos.

Aristótles no dice que la fortaleza sea la más alta virtud; pero la selecciona para ser tratada primeramente cuando describe las virtudes morales: eipomen proton peri andreias (Eth. Nic., III, 6); mientras que Santo Tomás con dificultad dice explícitamente que la fortaleza ocupa el tercer lugar entre las virtudes cardinales después de la prudencia y la justicia. Los bravos en una tribu guerrera y el glamour de la bravura en la caballería errante, el despliegue de pompa por ejércitos modernos en desfile, no eran objetos para perturbar el sentido de proporción en la mente del Monje Sermoneador. Menos aún podría la etimología engañar su juicio haciéndolo pensar que la virtud primordial fuera el valor de un soldado condecorado por la Cruz Victoria. Tampoco despreciaría el tributo "Al Valor" en su propio rango.

2. Ahora llegamos a las definiciones. Si consultamos a Platón y Aristóteles encontraremos a aquel comparando al hombre con el dios Glaucus que por vivir en el mar tenía sus divinas extremidades difíciles de reconocer de tan incrustadas que estaban de algas y conchas: y eso representa al espíritu humano disfrazado por el extraño cuerpo que arrastra como pena. El alma en su propia naturaleza racional (para el propósito presente los términos psyche y nous, distinguidos por Aristóteles, los fusionamos en uno solo - el alma) es simple: el hombre es complejo, y siendo conflictivamente complejo, tiene que lidiar con un par de garañones en su cuerpo, uno innoble-- las conscupiscencias, el otro relativamente noble - el elemento espiritual en el que es "adelante", "apresúrate", "ataca", "arranca", "aguante". La fortaleza está basada en este último elemento, Pero el espíritu animal necesita ser llevado y guiado por el alma racional para que se convierta en virtud. Es en el pecho donde radican ho thymos, to thymoeides (coraje, pasión), a medio camino entre la razón en la cabeza y la conscupiscencia en el abdomen. La alta espiritualidad de Platón le impidió hablar muy exaltadamente de la fortaleza que se apoya en la excelencia corporal: consecuentemente hizo que los sabios legisladores educaran a sus ciudadanos más en el valor que en la temperancia, que es separable de la sabiduría y puede encontrarse en los niños o en meros animales (Laws, I, 630, C, D, E; 631, C; 667, A).

Aunque Aristóteles hace el coraje animal la sola base de la fortaleza - la voluntad es valiente, pero el espíritu animal co-opera (ho de thymos synergei) - no tiene semejante desprecio por el cuerpo, y habla más honorablemente del valor cuando tiene como objeto primordial la conquista del miedo corporal de cara a la muerte en batalla. A Aristóteles le gusta reducir el ámbito de sus virtudes como a platón le gusta ampliarlo. Junto con su predecesor (Lackes, 191, D, E) no extenderá la fortaleza para cubrir toda la firmeza o estabilidad que se hace necesaria para toda virtud, consecuentemente Kant podía decir: "Virtud es la fuerza moral de la voluntad para obedecer los dictados del deber " (Anthropol., sect. 10, a). El platónico Sócrates tomó otra visión limitada cuando dijo que el valor era episteme ton deinon kai me (Laches, 199); e infirió por ello que podía ser enseñada. Ya que por si mismo el hombre prefiere la virtud al vicio, podemos entonces decir que para él cada acto de vicio es una falla de la fortaleza. Aristóteles también lo habría admitido; sin embargo escogió esta definición: "Fortaleza es la virtud del hombre que al ser confrontado con una noble ocasión de arrostrar el peligro y la muerte, va a su encuentro sin miedo" (Eth. Nic., III, 6). Un espíritu así tiene que ser formado como hábito sobre datos más o menos favorables; y en ello se asemeja a otras virtudes del tipo moral. Aristóteles habría controvertido la descripción de Kant de estabilidad moral en todas las virtudes como una cualidad no cultivable para convertirla en hábito: "Virtud es la fuerza moral de la voluntad al obedecer los dictados del deber, nunca convertida en costumbre sino siempre surgiendo fresca y directamente de la mente " (Anthropol., I, 10, a). No toda clase de peligro a la vida satisface la condición de Aristóteles de verdadera fortaleza: debe estar presente algún despliegue de proeza -- alke kai kalon. Quizá no excluya muy positivamente el aguante pasivo del martirio, pero Santo Tomás parece estar protestando silenciosamente contra tal exclusión cuando sostiene que el valor está más bien en el aguante que en el ataque.

Como cometarista sobre Aristóteles, el profesor J.A. Stewart reta a los amigos de los mártires a defender su causa cuando dice: "Es solo cuando el hombre puede tomar las armas y defenderse, o donde la muerte es gloriosa, que puede mostrar coraje" (p. 283). Aquí la conjunción "o" tal vez salve la situación: pero no existe tal reserva en la p. 286, cuando agrega: "Los hombres muestran coraje cuando pueden tomar las armas y defenderse, o (e) donde la muerte es gloriosa. La condición primera puede darse sin la última, en cuyo caso la andreia no sera de tipo espúreo: la última condición, empero, no puede darse sin la primera. Muerte por una buena causa que aguantó el hombre sin temor, pero a la que no pudo resistirse activamente, no puede ser kalos thanatos (muerte gloriosa)." ¿Hace Aristóteles positivamente esta exclusión? Si es el caso, Santo Tomás lo corrige muy necesitadamente, como los británicos admitirían en el caso de sus soldados que frente a la costa de Sudáfrica en 1852, noblemente se mantuvieron en sus puestos y se hundieron sin oponer resistencia al hundirse el barco Birkenhead, para dar a los civiles más oportunidad de ser salvados. Como especímenes de valor no en un orden más alto, Aristóteles da los casos de soldados a quienes su habilidad les permite enfrentar sin mucha aprehensión lo que otros temerían y que están prestos a huir tan pronto es visto grave peligro: de hombres valientes en forma animal cuya acción es dificilmente moral: de valor donde la esperanza es grandemente en exceso del temor: de la ignorancia que no alcanza a apreciar el riesgo: y de la virtud civil que es motivada por la sanción de premio y castigo. En los casos anteriores falla la prueba de oi andreioi dia to kalon prattousi -- "el ejercicio de la fortaleza es virtud ", un principio que se opone al mero pragmatismo que mide el valor por la eficiencia en desempeño soldadesco. Aristóteles dice que los mercenarios, quienes no tienen un gran aprecio por el valor de sus propias vidas, exponen con mayor presteza sus vidas que el hombre virtuoso que entiende el valor de su propia vida y que considera a la muerte el peras - el fin de su propia existencia individual (phoberotaton d' ho thanatos peras gar). Algunos han admirado a los nihilistas rusos que se lanzan a una muerte cierta sin esperanza para ellos, ahora o en el más allá, pero con esperanza para futuras generaciones de rusos. Es en la esperanza por el fin que Aristóteles pone el estímulo para el valeroso acto que por si mismo trae dolor. Dulce et decorum est pro patria mori ("Es dulce y noble morir por la propia tierra natal " -- Horacio, Odas, III, ii, 13): la nobleza está en el acto, la dulzura principalmente en las consecuencias anticipadas, excepto cuando hay una fuerte nobleza (Aristotle, Eth. Nic., III, 5-9) en el auto sacrificio.

3. Santo Tomás se mantiene tan cerca como puede de Aristóteles, separándose de él en lo relacionado a la dignidad, tal vez, que se encuentra en la muerte pasiva de un mártir, a la esperanza por una vida futura, y al carácter de la virtud como una cuestión principalmente de fina conducta estética. Llama virtud específica de fortaleza la que enfrenta los más grandes peligros y por ello la que encuentra el riesgo de perder la vida en batalla. La fortaleza no concierne tanto la audacia como el timor: no tanto aggredi (ataque ) como sustinere (aguante): que significa que el hombre valeroso tiene que cuidar más bien aguantar contra circunstancias terríficas, que dominar su impetuosidad y en caso contrario excitarla hasta el grado requerido: principalior actus fortitudinis est sustinere, immobiliter sistere in periculis, quam aggredi. Séneca, como un estoico, también ataca el uso que Aristóteles hace del enojo como un instrumento en la mano de la virtud; trata a la pasión como mala y que debe ser suprimida. En el asalto se despliega la excitación animal, la furia de la batalla, que Santo Tomás llama pasión irrascible: y de esto dice Santo Tomás lo que Aristóteles dice de thymos, que es un agente a ser usado por la voluntad racional dentro de los límites debidos. Cualquier cosa como el maligno deseo de descuartizar un odiado enemigo por venganza o por salvaje deleite en derramar sangre debe ser excluído. Para el aguante (sustinere), Santo Tomás dice , no se demanda la parte irrascible, ya que es suficiente lo razonable, "ya que el acto de aguante radica solo en la razón per se". Como virtud cardinal, que es una consideración no hecha por Aristóteles, la fortaleza es tratada por Santo Tomás desde el aspecto de su necesidad para asegurar la estabilidad de virtudes en general: Cardinales principales dicuntur virtutes, quoe proecipue sibi vindicant id quod pertinet communiter ad virtutes. Las virtudes en general deben actuar con aquella firmeza que les otorga la fortaleza (II-II, Q, cxxiii).

4. La fortaleza, como uno de los dones del Espíritu Santo, es una virtud supernatural, y va mucho más allá del ámbito Aristotélico. Es lo que, como Cristianos debemos tener siempre en mente para hacer nuestros actos aceptables para la vida eterna. Pero aun nos mantenemos sujetos a los principios naturales de fortaleza como aquellos sobre los que tiene que construir la gracia. En la vida espiritual del Cristiano común, mucho de lo que ha dicho Aristóteles permanece cierto en su propio grado, aunque tenemos que apartarnos especialmente de la insistencia del maestro acerca del campo de batalla. Nuestro ejercicio no es en lo que se llama guerra estrictamente, sino en el coraje moral contra el espíritu maligno de los tiempos, contra las modas impropias, contra el respeto humano, contra la humana tendencia de buscar por lo menos lo cómodo, si no es que voluptuoso. Necesitamos coraje también para ser pacientes bajo la pobreza o privación y para hacer laudables luchas para elevarnos en la escala social. Se requiere fortaleza para remontar por encima del muerto nivel promedio de la Cristiandad hasta la región de la magnanimidad, y si la oportunidad lo permite, de magnificencia, que son las virtudes aliadas de la fortaleza; mientras que otra es la perseverancia, que no tolera descuidos ocasionales, menos aun arranques ocasionales de disipación para aliviar la tensión de moralidad y religión de alto tono.

5. Las condiciones físicas de la fortaleza son tratadas por ejemplo por Bain en "Las Emociones y la Voluntad ", y son tales como: "bondad y tono nervioso que mantienen todas las corrientes en su cursos apropiados con una cierta persistencia robusta; salud y frescura; frialdad tónica; espíritu ligero y boyante; temperamento alegre y sanguineo; dominio adquirido sobre el terror, como cuando el soldado se sobrepone a la fiebre del cañón de su primer encuentro, y el conferencista domina el nerviosismo de su primer discurso en público " (Chap V, no. 17). Estos asuntos físicos, aunque no directamente morales, son dignos de atención; hay mucha interacción entre las cualidades físicas y las morales y nuestra obligación es cultivar conjuntamente los dos departamentos de la fortaleza. Ver los autores citados en este artículo y en el artículo VIRTUDES CARDINALES.

J. RICKABY Transcrito por Robert B. Olson Ofrecido al Dios Todopoderoso por el don de fortaleza para todos los miembros de Su Santa Iglesia Católica Traducido por Javier L. Ochoa Medina