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Jueves, 19 de octubre de 2017

Budismo

De Enciclopedia Católica

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Es el sistema religioso monástico, fundado c. 500 A.C. sobre la base del Brahmanismo panteísta. Las especulaciones de la escuela Vedanta de pensamiento religioso, en los siglos octavo y siguientes, A.C. dieron lugar a varios esquemas rivales de salvación. Estos movimientos comenzaron con la misma visión mórbida de que la vida conciente es una carga y que no vale el vivirla, y que la verdadera felicidad está en vivirla en un estado de sueño sin soñar, libre de todos los deseos, libre de la acción conciente. Ellos dan por sentada la doctrina Upanishad de la interminable cadena de nacimientos, pero difieren del Brahmanismo panteísta tanto en su actitud hacia los Vedas como en su plan para asegurar la liberación de los renacimientos y de la existencia conciente. En su absoluto rechazo a los ritos Védicos ellos se marcan a si mismos como herejías. De estos movimientos el destinado a ganar mayor renombre fue el Budismo.

El Fundador

De Buda, el fundador de este gran movimiento, la tradición legendaria tiene mucho que decir, pero es conocido muy poco con valor histórico. Su padre parece haber sido un raja de rango menor, que regía una pequeña comunidad en la frontera sur del distrito hoy conocido como Nepal. El apellido de la familia de Buda era Gotama (en Sánscrito Gautama), y probablemente se los conocía en vida por este nombre. Todo indicaría que fue luego de su muerte que sus discípulos le confirieron una cantidad de nombres laudatorios, siendo el más común Buda, i.e. "el iluminado". Como los jóvenes nacido en su época, el debe haber pasado algún tiempo estudiando los Vedas sagrados. Siguiendo la costumbre inmemorial del Oriente, se casó a una edad temprana y, si se confía en la tradición, ejercitó el privilegio de los príncipes de mantener un harén. Su esposa principal le proporcionó un hijo. Su corazón no tenía descanso. Los placeres del mundo pronto dejaron de interesarle, y abandonando su hogar se retiró al bosque, donde paso varios años como ermitaño en austera autodisciplina, estudiando sin duda, el camino de la salvación como se enseñaba en los Upanishads. Esto tampoco llevó paz a su mente. Dejo los rigurosos ayunos y mortificaciones, que casi el costaron su vida, y se dedicó, a su propia manera, a una larga y seria meditación, cuyo fruto fue su firme creencia de que había descubierto el único método verdadero de escapar de la miseria del renacer y de alcanzar el Nirvana. Entonces salió a predicar su evangelio de liberación, comenzando en Benares. Su personalidad magnética y su sincera, impresionante elocuencia, pronto ganaron a su causa una cantidad de los de la casta de los guerreros. También los Brahmanes sintieron lo persuasivo de sus palabras y no pasó mucho tiempo antes de que estuviera rodeado de una banda de discípulos entusiastas, en cuya compañía fue de lugar en lugar, haciendo conversos mediante su prédica. Estos pronto se tornaron muy numerosos y fueron conformando una gran hermandad de monjes. Tal fue el trabajo al cual se entregó Buda con severo celo por más de cuarenta años. Al final, desgastado por su larga vida de actividad cayó enfermo luego de una comida de carne de cerdo desecada, y murió en el octogésimo año de su vida. La fecha aproximada de su muerte es 480 A.C... Es digno de hacer notar que Buda fue contemporáneo de otros dos famosos filósofos religiosos, Pitágoras y Confucio

En los libros sagrados de tiempos posteriores Buda es descripto como un carácter sin defecto, adornado con toda gracia de mente y corazón. Puede haber alguna duda en tomar el subidamente coloreado portarretrato de la tradición Budista como la exacta representación del original, pero Buda puede ser reconocido con las cualidades de un gran y buen hombre. Los registros históricos lo describen moviéndose de lugar en lugar, sin considerar su confort personal, calmo y sin miedo, suave y compasivo, igualmente considerado con los pobres y los ricos, con la única idea de liberar a todos los hombres de los lazos de la miseria, e irresistible en su manera de emprender el camino de la liberación. En su suavidad, su disposición a pasar por alto insultos, su celo, castidad y simplicidad de vida, recuerda no poco a San Francisco de Asís. En toda la antigüedad pagana ninguna personalidad ha sido descripta como tan noble y atractiva.

Textos Budistas

Las principales fuentes del temprano Budismo son los libros sagrados comprendidos en las primeras dos divisiones del Ti-pitaka (triple-cesto), la triple Biblia de la Escuela de Budistas del Sur. En India, hoy, los Budistas se encuentran solamente en el Norte, en Nepal, y en el extremo sur, en la isla de Ceilán. Representan dos diferentes escuelas de pensamiento, la Norteña adorando a Buda como suprema deidad personal aunque al mismo tiempo adoptando la mayoría de las supersticiones degradantes del Hinduismo, la Sureña adhiriendo en gran medida a las enseñanzas originales de Buda. Cada escuela tiene un canon de libros sagrados. El canon Norteño está en Sánscrito, el Sureño en Pali, una lengua más suave, en la que fue transformada el Sánscrito por el pueblo del Sur. El canon Sureño, Ti-pitaka, que refleja más fidedignamente las enseñanzas de Buda y sus primeros discípulos, comprende:

  • el Vinaya-pitaka, una colección de libros sobre las reglas disciplinarias de la orden,
  • el Sutta-pitaka, folletos didácticos consistentes en parte de supuestos discursos de Buda; y
  • el Abhidhamma-pitaka, que comprende tratados más detallados sobre temas doctrinarios.

La mayoría de las Vinavas y algunas de las Suttas se han hecho accesibles a los lectores Ingleses en el libro "Sagrados Libros de Oriente". El Ti-pitaka parece datar de los siglos segundo y tercero A.C., pero se le han hecho unas pocas adiciones aún después de que se encomendara su escritura en la primera parte del primer siglo de la Era Cristiana. Si bien puede haber partes doctrinarias y disciplinarias de la época de Buda, ninguno de los veintinueve libros comprendidos en el Ti-pitaka puede probarse más antiguo que 300 A.C. Estos libros despojados de sus cansadoras repeticiones, serían aproximadamente iguales en tamaño a la Biblia, aunque como un todo son vastamente inferiores a las Sagradas Escrituras en espiritualidad, profundidad de pensamiento, variedad de temática y riqueza de expresión.

También hay unos pocos libros extra-canónicos, también en Pali a los cuales los Budistas Sureños confieren gran valor, el Dipavanza y Mahavansa, que proporcionan una historia acrítica del Budismo hasta alrededor del año 300 A.D., los "Comentarios de Buddhagosa", y el Milinda Panha, hábilmente traducida por Rhys Davids bajo el título "Las Preguntas del Rey Milinda". Estos trabajos pertenecen a los siglos cuarto y siguientes de nuestra era. En el Tri-pitaka de la Escuela Norteña están incluidos los bien conocidos Saddharma-pundarika (Loto de la Verdadera Ley), y las biografías legendarias de Buda, el Buddha Charita, y el Lalita Vistara (Libro de las Hazañas), que son generalmente asignados al último cuarto del primer siglo A.D. Además del Tri-pitaka, los Budistas Norteños consideran como canónicos varios escritos de tiempos más recientes adaptados del abominable Hindú Tantras.

Budismo Primitivo

El Budismo no fue de ningún modo enteramente original. Tiene mucho en común con la enseñanza panteísta Vedanta, de donde surge la creencia en karma, por lo cual el carácter de la presente vida es el producto neto de los actos buenos o malos de una existencia previa; la creencia en una serie de constantes renacimientos para todos los que ponen su corazón en la preservación de sus existencias individuales; la pesimista visión de que la vida como máximo es miseria y no digna de ser vivida. Y así, el gran fin por el cual Buda trabajó arduamente fue exactamente el mismo que dio color al esquema panteísta de salvación propuesto por ascesis Brahmánica, esto es, la liberación del hombre de la miseria mediante su liberación de su apego a la existencia conciente. Fue en su concepción sobre el estado final de los salvados y en el método mediante el cual éste se obtendría que ellos diferían. El panteísta Brahmán decía:

Reconoce tu identidad con el gran dios impersonal, Brahma, de este modo dejas de ser una criatura de deseos; no estás más tomado firmemente en la cadena de los renacimientos; a la muerte pierdes tu individualidad, tu existencia conciente, para ser absorbido en el todo-dios Brahma.

En el sistema de Buda, el todo-dios Brahma era enteramente ignorado. Buda pone la abstrusa especulación al fondo, y, aunque no ignora el valor del correcto conocimiento, insitía en la parte salvadora de la voluntad como la cosa necesaria. Para obtener la liberación del nacimiento, todas las formas de deseo deben ser absolutamente extinguidos, no solo los deseos malignos, sino también el deseo de aquellos placeres y comodidades que son consideradas inocentes y legales, el deseo incluso de preservar la propia existencia conciente. Era a través de esta extinción de todo deseo que la cesación de la miseria iba a ser obtenida. Este estado de ausencia de deseo y dolor era conocido como Nirvana (Nibbana). Esta palabra no fue acuñada por Buda, pero en su enseñanza, asumió un significado con un nuevo matiz. Nirvana significa fundamentalmente una "extinción", y por tanto la extinción del fuego del deseo, la mala voluntad, la ilusión vana, de todo lo que, en fin, liga al individuo al renacer y a la miseria. Fue en la vida del santo Budista, un estado de calmo reposo, de indiferencia hacia la vida y la muerte, hacia el placer y el dolor, un estado de imperturbable tranquilidad, donde el sentido de libertad de de los lazos del renacimiento originaba hundir en la insignificancia el malestar así como el disfrute de la vida. Pero no era sino hasta después de la muerte que el Nirvana era obtenido en forma completa. Algunos expertos así lo han pensado. Y, en verdad, si las especulaciones sicológicas encontradas en los libros sagrados son parte de la enseñanza personal de Buda, es difícil ver como puede haber sostenido algo distinto como el fin ultimo del hombre. Pero la consistencia lógica no debe buscarse en la mística India. Si debemos confiar en los libros sagrados, él expresamente rehusó en varias ocasiones a pronunciarse sobre la existencia o inexistencia de aquellos que han entrado en el Nirvana, sobre la base de que es irrelevante, no conducente a la paz y a la iluminación. Sus discípulos íntimos sostenían la misma opinión. Un monje que interpretó que el Nirvana significaba aniquilación fue amonestado por un monje mayor, y convencido de que no tenía derecho a sostener tal opinión ya que el sujeto esta envuelto en impenetrable misterio. La erudita monja Khema dio una respuesta similar al Rey de Kosala, quien le preguntó si el fallecido Buda estaba todavía en existencia. Si el Perfecto existe después de la muerte, si el no existe después de la muerte, si existe y al mismo tiempo no existe después de la muerte, si el ni existe ni no existe después de la muerte, esto no ha sido revelado por Buda. Desde que, entonces, la naturaleza del Nirvana era demasiado misteriosa para ser entendida por la mente Hindú, demasiado sutil para ser expresado en términos de existencia o no existencia, caería en el vacío intentar una solución positiva a la cuestión. Basta saber que significa un estado de reposo inconsciente, un sueño eterno que no conoce despertar. A este respecto era prácticamente igual al ideal del Brahmanismo panteísta.

En la concepción Budista del Nirvana no se tiene en cuenta el todo-dios Brahma. Y como se sostenía que las oraciones y ofrendas a los dioses tradicionales no eran de provecho para alcanzar este estado negativo de felicidad, Buda, con mayor consistencia que la mostrada en el Brahmanismo panteísta, rechazó a ambos, a los Vedas y a los ritos Védicos. Fue esta actitud la que marcó al Budismo como una herejía. Por esta razón también, Buda fue ubicado por algunos como un ateo. Buda, sin embargo, no era un ateo en el sentido de negar la existencia de dioses. Para él los dioses eran una realidad viviente. En sus presuntos dichos, como en las escrituras Budistas en general, lo dioses son mencionados a menudo, y siempre con respeto. Pero Buda no reconocía su dependencia de ellos como los brahmanes panteístas. Ellos eran como el hombre, sujetos a decadencia y renacimiento. El dios de hoy podría renacer en el futuro en alguna condición inferior, mientras que un hombre de gran virtud podría tener éxito en elevarse a si mismo en el próximo nacimiento al rango de un dios del cielo. Los propios dioses, entonces, no menos que los hombres, tenían necesidad de esa perfecta sabiduría que lleva al Nirvana, y por tanto era en vano rezarles o hacerles sacrificios con la esperanza de obtener el beneficio que ellos mismos no poseían. Eran inferiores a Buda, desde el momento que él había alcanzado ya el Nirvana. De igual manera, aquellos que seguían los pasos de Buda no tenían necesidad de adorar a los dioses mediante oraciones y ofrendas. La adoración de los dioses era tolerada, sin embargo, en el Budista laico que todavía estaba aferrado a la ilusión de la existencia individual, y prefería la vida doméstica al estado de sin-hogar. Más aún, el sistema de Buda convenientemente proveía para aquellos que aceptaban en teoría la enseñanza que solamente el Nirvana era el verdadero fin del hombre pero que todavía carecía del coraje para sofocar todos los deseos. Los diversos cielos de la teología Brahmánica, con sus positivos, aún sensuales, deleites eran conservados como la recompensa de las almas virtuosas aún no maduras para el Nirvana. Aspirar a tal recompensa le era permitido al monje tibio; le era recomendado al laico. De allí la frecuente referencia al cielo y sus seguros deleites en los mas antiguos escritos Budistas, como un aliento a la recta conducta. Generalmente no se le da suficiente relevancia a este lado más popular de las enseñanzas de Buda, sin las cuales sus seguidores habrían estado limitados a una insignificante y poco duradera banda de almas heroicas. Fue este elemento, tan relevante en las inscripciones de Asoca, el que atemperó la severidad de la doctrina Budista del Nirvana, e hizo su sistema aceptable a las masas.

Con el objeto de asegurar esa extinción del deseo, única conducente al Nirvana, Buda prescribió para sus seguidores una vida de apartamiento de las comodidades, placeres y ocupaciones de los hombres de vida común. Para asegurar este fin, el adoptó para sí mismo y sus discípulos la quieta, aislada, contemplativa vida de los ascetas Brahmanes. Era extraño a su plan que sus seguidores se involucraran en cualquier forma de afán industrial, por temor a que ellos pudieran de este modo verse enredados en asuntos y deseos mundanos. Su medio de subsistencia era la limosna; por tanto el nombre comúnmente aplicado a los monjes Budistas era bhikkus, mendigos. El apartamiento de la vida familiar era absolutamente necesario. La vida matrimonial debía ser evitada como un pozo de brasas, porque era incompatible con el sofocamiento del deseo y la extinción de la existencia individual. Del mismo modo, debía renunciarse a las posesiones y el poder mundanos – todo aquello que pudiera llevar al orgullo, codicia o autoindulgencia. Sin embargo en su exigencia a sus seguidores de una vida de severa simplicidad, Buda no fue a los extremos de fanatismo que caracterizó a tantos de los Brahmanes ascetas. Él escogió el camino intermedio de un ascetismo moderado que comparó con el laúd, que produce los tonos apropiados solamente cuando las cuerdas no están ni demasiado tensas ni demasiado flojas. Cada miembro no tenía permitido más que un juego de vestimenta, de color amarillo y de calidad barata. Esto, junto con una estera para dormir, afeitadora, aguja, colador de agua, y escudilla de limosna, constituían el conjunto de sus posesiones terrenas. Su única comida, que era tomada antes del mediodía, consistía principalmente de pan, arroz y curry, que reunía diariamente en su tazón de limosna mediante la mendicidad. Agua o leche de arroz era su bebida acostumbrada, vino y otros intoxicantes estaban rigurosamente prohibidos, aún como medicina. Carne, pescado y delicadezas eran muy raramente comidas excepto en enfermedades o cuando el monje cenaba con algún patrón. El uso de perfumes, flores, ungüentos y la participación en diversiones mundanas entraba también en la clase de cosas prohibidas. En teoría, el código moral del Budismo era poco más que una copia del Brahmanismo. Como este último, se extendía a pensamientos y deseos, no menos que a palabras y acciones. La falta de castidad en todas sus formas, la embriaguez, la mentira, el robo, la envidia, el orgullo y la dureza son apropiadamente condenados. Pero lo que, quizás, trae al Budismo más cerca del Cristianismo es su espíritu de bondad y perdón de las injurias. Para cultivar la benevolencia hacia los hombres de todas las clases, para evitar la ira y la violencia física, a ser paciente ante los insultos, a devolver bien por mal – todo esto era inculcado en el Budismo y ayudaba a hacerla una de las más apacibles de las religiones. A tal punto llegaba esto que el monje Budista, como el asceta Brahmán, tenía que evitar con el mayor cuidado la destrucción de cualquier forma de vida animal.

En el curso del tiempo, Buda extendió su sistema monástico a incluir mujeres. Comunidades de monjas auque viviendo cerca de los monjes, estaban enteramente aisladas de ellos. Tenían que responder a la misma regla de vida, subsistir de limosnas y pasar sus días en retiro y contemplación... Nunca eran tan numerosas como los monjes, y más tarde se convirtieron en un factor muy insignificante en el Budismo. En esta apertura a sus compañeros y compañeras que el sentía ser la senda verdadera de salvación, Buda no hizo discriminaciones en la condición social. Aquí reside uno de los contrastes más notables entre la vieja religión y la nueva. El Brahmanismo estaba inextricablemente entrelazado con las distinciones de casta. Era un privilegio de nacimiento, del cual los Sudras y los miembros de las clases aún inferiores estaban absolutamente excluidos. Buda, por el contrario, daba la bienvenida a hombres tanto de baja como de alta cuna y condición. La virtud, y no la sangre, fue declarada como el test de superioridad. En la hermandad que construyó a su alrededor, todas las distinciones de casta fueron dejadas de lado. El despreciado Sudra se encontraba en pie de igualdad con el Brahmán de alta cuna. En esta religiosa democracia de Budismo reside, sin duda, una de sus más poderosas influencias de conversión entre las masas. Pero al poner a sus seguidores en un plano de igual consideración, Buda no tenía la intención de cumplir el papel de un reformador social. No pocos estudiosos le han atribuido el propósito de derribar la diferencia de castas en la sociedad y de introducir condiciones más democráticas. Buda no tenía más intención de abolir las castas que la que tenía de abolir el matrimonio. Era solamente en los límites de su propia orden que insistía en la igualdad social como lo hacía con el celibato. En todo lugar en que el Budismo ha prevalecido, el sistema de castas ha permanecido intocable.

Estrictamente hablando, la orden de Buda estaba compuesta solamente por aquellos que renunciaba al mundo para vivir una vida de contemplación como monjes y monjas. El verdadero carácter de su vida, sin embargo, los hacía depender de la caridad de hombres y mujeres que preferían la vida en el mundo y disfrutar de las comodidades de la vida doméstica. Aquellos que así simpatizaban con la orden y contribuían a su mantenimiento, formaban el elemento laico en el Budismo. A través de esta amigable asociación con la orden, ellos podían contar con una feliz recompensa después de la muerte, no el Nirvana pero sí los deleites temporarios del cielo, con la posibilidad adicional de ser capaces de obtener el Nirvana en algún nacimiento futuro, si así lo deseaban. La mayoría, sin embargo, no compartía el entusiasmo del Arhat o santo Budista por el Nirvana, y estaban suficientemente contentos con la esperanza de una vida de positiva dicha en el cielo, aunque no fuera permanente.

Desarrollo Posterior y Difusión del Budismo

La falta de todo rito religioso en el Budismo no fue sentida profundamente durante la vida de su fundador. La devoción personal hacia él reemplazó el lugar del fervor religioso. Pero no había pasado mucho tiempo desde su muerte cuando esta misma devoción hacia él comenzó a asumir la forma de veneración religiosa. Sus supuestas reliquias, consistentes en sus huesos, dientes, tazón de limosnas, vasija de cremación, y cenizas de su pira funeraria, fueron encerradas en montículos de forma de bóveda llamados Dagobas, o Topes, o Stupas, y fueron honrados con ofrendas de luces, flores e incienso. Imágenes y estatuas de Buda se multiplicaron por todos lados, y similarmente honrados, siendo llevados por todos lados en solemne procesión en los días festivos. También los lugares, asociados con su nacimiento, iluminación, primera prédica y muerte fueron considerados especialmente sagrados, y se convirtieron en objeto de peregrinaciones y de ocasión para recurrentes festivales. Pero como Buda había entrado en el Nirvana y no podía ser sensible a estos honores religiosos, se sintió la necesidad de una personalidad viviente a quien la gente pudiera orar. Las posteriores especulaciones de los monjes Budistas sacaron a luz tal personalidad en Metteyya (Maitreya), el amado, ahora reinando felizmente en el cielo como un bodhisattva, un ser divino destinado en el futuro remoto a convertirse en Buda, nuevamente para poner en movimiento la rueda de la ley. A este Matteyya los Budistas convirtieron en el objeto viviente de veneración del que tan largamente habían tenido necesidad, y le rindieron homenaje religioso como el futuro salvador del mundo.

Surgimiento de la Escuela Norteña

Tal fue el carácter del culto religioso observado por quienes menos se apartaron de las enseñanzas de Buda. Es lo que se encuentra hoy en el llamado Budismo Sureño, sostenido por los habitantes de Ceilán, Burma y Siam. Hacia finales del siglo primero A.D., sin embargo, unos cambios mucho más radicales tuvieron lugar en la visión religiosa de la gran masa de Budistas en la India Septentrional. Debido, sin duda, a la siempre creciente popularidad de los cultos de Vishnu y Siva, el Budismo fue modificado de tal modo como para permitir la adoración de una eterna, suprema deidad, Adi.Buda, de quien el Buda histórico fue declarado haber sido una encarnación, un avatar. Alrededor de este Buda supremo que moraba en el más alto cielo, estaban agrupados un incontable número de bodhisattvas, destinadas, en las edades futuras, a convertirse en Budas humanos para beneficio los hombres en error. Elevarse al rango de bodhisattvas mediante obras meritorias era el ideal ahora sostenido para las almas pías. En lugar del Nirvana, Sukhavati se convirtió en el objeto de los píos anhelos, el cielo de los sensuales placeres, donde reinaba Amitabha, una emanación del eterno Buda. Para la obtención de Sukhavati, la necesidad de una conducta virtuosa todavía no había sido totalmente olvidada, pero fue otorgada una extravagante importancia a la veneración de reliquias y estatuas, peregrinaciones, y, sobre todo, al recitado de nombres sagrados y formulas mágicas. Muchas otras formas gruesas de superstición Hindú fueron también adoptadas. Esta innovación, completamente subversiva de la enseñanza de Buda, suplantó el más viejo sistema en el Norte. Fue conocido como el Mahayana, o Gran Vehículo, a diferencia de la otra y original forma de Budismo, despectivamente llamada Hinayana o Pequeño Vehículo, quien mantuvo el propio en el Sud. Es solamente por los pocos millones de Budistas Sureños que las enseñanzas de Buda han sido sustancialmente preservadas.

La orden de Buda parece haber crecido rápidamente, y a través de la buena voluntad de los gobernantes, cuyo origen inferior los excluía de los privilegios Brahmánicos, haberse convertido en los dos siglos siguientes en un rival formidable de la vieja religión. El interesante edicto en la roca de Asoka – un real converso al Budismo quien en el segundo cuarto del tercer siglo A.C. sostuvo dominio sobre gran parte de la India – brinda evidencia de que el Budismo se encontraba en la más floreciente condición, mientras un tolerante y amable espíritu era desplegado hacia otras formas de religión. Bajo sus auspicios fueron enviados misioneros a evangelizar Ceilán en el Sur, y en el Norte, Kasmer, Kandahar y al llamado país de Yavan, identificado por la mayoría de los estudios con los asentamientos Griegos en el valle de Kabul y su vecindad, y posteriormente conocido como Bactria. En todos estos lugares el Budismo echó rápidamente raíces y floreció, aunque en los países Septentrionales la religión se volvió posteriormente corrupta y se transformo en la forma de culto del Mahayana.

El Budismo en China

En el primer siglo de la Era Cristiana, el conocimiento de Buda hizo su camino a China. A invitación del Emperador Ming-ti, los monjes Budistas fueron en 67 A.D, con los libros sagrados, imágenes y reliquias. Las conversiones se multiplicaron, y durante los siguientes pocos siglos las comunicaciones entre los dos países fueron muy cercanas. No solamente los misioneros Budistas de la India trabajaban en China, sino que muchos monjes Chinos mostraron su celo por la recientemente adoptada religión haciendo peregrinajes a los santos lugares en la India. Unos pocos de ellos escribieron interesantes registros, aún existentes, de lo que vieron y oyeron en sus viajes. De estos peregrinos, los más destacados fueron Fahien, quien viajó por la India y Ceilán en los años 399-414 A.D., y Hiouen-Tsang quien hizo extensos viajes por la India dos siglos después (629-645 A.D.). El reemplazo de la original forma de Budismo en los países del norte de la India llevó al correspondiente cambio en el Budismo de China. Los posteriores misioneros, siendo mayormente del Norte de la India, llevaron con ellos la nueva doctrina, y en corto tiempo el Mahayana o Budismo Norteño prevaleció. Dos de los bodhisattvas de la teología Mahayana se convirtieron en objetos favoritos de devoción para lo Chinos – Amitabha, señor del paraíso Sukhavati, y Avalokitesvara, extravagantemente alabado en el "Loto de la Verdadera Ley" como listo para liberar de cualquier tipo de peligro a aquellos que pensaran en él o valoraran su nombre. El último, conocido como Fousa Kwanyin, es adorado, ya como una deidad masculina, ya como la diosa de la misericordia, quien viene a aliviar a los creyentes. Amitabha toma el nombre Chino de Amita, o Mito. Es creencia que las ofrendas de flores e incienso hechas ante su estatua y la frecuente repetición de su nombre aseguran una vida futura de dicha en su distante paraíso Occidental. Una excesiva devoción a las estatuas y reliquias, el empleo de artes mágicas para mantener alejados a los espíritus malignos, y la observancia de muchas de las gruesas supersticiones del Taoismo, completan la pintura del Budismo en China, una lastimosa representación de lo que Buda hizo conocer al hombre. El Budismo Chino fue introducido a Corea en el siglo cuarto, y de allí llevado a Japón dos siglos después. El Budismo de estos países es en lo principal igual al de China, con la adición de una cantidad de supersticiones locales. Vietnam fue también evangelizado por Budistas Chinos en un período muy temprano.

Budismo Tibetano (Lamaísmo)

El Budismo fue por primera vez introducido en el Tibet en la última parte del siglo séptimo, pero no comenzó a prosperar hasta el siglo noveno. En 1260, el Budista conquistador del Tibet, Kublai Chan, elevó al lama principal, un monje del gran monasterio Sakja, a la posición de gobernante espiritual y temporal. Su sucesor moderno tiene el título de Dalai Lama. El Lamaísmo está basado en el Budismo Norteño de la India, después de que fuera saturado con los repugnantes elementos del culto a Siva. Sus deidades son innumerables, su idolatría ilimitada. Es también muy dado al uso de fórmulas mágicas y la interminable repetición de nombres sagrados. Su fórmula favorita es, Om mani padme hum (O joya en el loto, Amen), la cual, escrita en banderines expuestos al viento, y multiplicada sobre papelitos convertidos a mano o por el viento o por el agua, en las llamadas ruedas de plegarias, se piensa que asegura para el agente un indecible mérito. El Dalai Lama, residente en el gran monasterio de Lhas, pasa por la encarnación de Amitabha, el Buda del paraíso Sukhavati. Nueve meses después de su muerte, un recientemente nacido bebé es seleccionado por adivinación como el reencarnado Buda.

Los misioneros católicos al Tibet a principios del siglo pasado quedaron impresionados por la semejanza exterior con la liturgia y disciplina Católica que presentaba el Lamaísmo – su infalible líder, los grados del clero correspondiendo con el obispo y el sacerdote, la cruz, mitra, manto, incensario, agua bendita, etc. De inmediato se levantaron voces proclamando el origen Lamaísta de los ritos y prácticas Católicas. Desafortunadamente para esta superficial teoría, se mostró que la Iglesia Católica, junto a las iglesias Cristiano Orientales tenían estas características mucho antes de que el Lamaísmo tuviera existencia. La amplia propagación del Nestorianismo sobre Asia Central y Oriental tan tempranamente como 635 A.D. ofrece una explicación natural para tales semejanzas como sedimentos agregados sobre el Budismo Indio. El celo misionero de los lamas Tibetanos llevó a la extensión de su religión a Tartaria en los siglos doce y siguientes. Mientras el Budismo Norteño estaba así ejerciendo una amplia influencia sobre Asia Central y Oriental, la original forma de Budismo estaba haciendo pacíficas conquistas de los países e islas en el Sur. En el siglo quinto misioneros de Ceilán evangelizaron Burma. Dentro de los siguientes dos siglos se extendió a Siam, Camboya, Java y las islas adyacentes.

Estadísticas

El número de Budistas en todo el mundo es comúnmente estimada en alrededor de cuatrocientos cincuenta millones, esto es, alrededor de un tercio de la raza humana. Pero en este estimado, el error se produce al clasificar a los Chinos y Japoneses como Budistas. El profesor Legge, cuyos años de experiencia en China le dan un juicio de especial peso, declara que los Budistas en todo el mundo no son más de cien millones, siendo largamente superados en número no solamente por los Cristianos, sino también por los adherentes al Confucianismo y al Hinduismo. El profesor Monier Willams tiene la misma opinión. Aún si el Budismo, sin embargo, superara al Cristianismo en número de adherentes, sería un error atribuir a la religión de Buda, como algunos hacen, una más exitosa propaganda que la de la religión de Cristo. Esta última ha hecho sus inmensas conquistas, no comprometiéndose con el error y la superstición, sino ganando almas mediante la exclusiva aceptación de sus verdades salvadoras. En todo lugar donde se ha difundido, ha mantenido su individualidad. En cambio, la vasta mayoría de los adherentes del Budismo adhieren a formas de credo y culto que Buda, si viviera, reprobaría. El Budismo Norteño se convirtió exactamente en lo opuesto a lo que Buda enseñó a los hombres, y en su propagación a tierras extranjeras se acomodó a las degradantes supersticiones de los pueblos que trataba de ganar. Son solamente los Budistas Sureños de Ceilán, Burma y Siam los que merecen ser identificado con la orden de Buda. Suman como máximo treinta millones de almas.

Budismo y Cristianismo

A primera vista son sorprendentes una cantidad de semejanzas entre Budismo y Cristianismo.

• La orden de monjes y monjas Budistas ofrecen puntos de similitud con los sistemas monásticos Cristianos, particularmente con las órdenes mendicantes.

• Hay aforismos morales adscriptos a Buda que no son disímiles a algunos de los dichos de Cristo.

• Sobre todo, en la vida legendaria de Buda, que en su forma completa es la resultante de muchos siglos de sedimentación, hay muchos paralelismos, algunos más, algunos menos sorprendentes, con las historias de los Evangelios de Cristo.

Unos pocos estudiosos de tercera clase dando por sentado que todas estas semejanzas son pre-Cristianas, y llevados por el principio falaz de que la semejanza siempre implica dependencia, han tratado vanamente de mostrar que el monasticismo Cristiano es de origen Budista, y que el pensamiento y la leyenda Budista han sido libremente incorporados en los Evangelios. Para darle mayor atractivo a su teoría, no tienen escrúpulos en forzar a su servicio, además de las pocas semejanzas bona fide, muchas otras que fueron ya burdamente exageradas, ya ficticias, ya extraídas de fuentes Budistas menos antiguas que los Evangelios. Si, de esta vasta selección de supuestas infiltraciones, son eliminadas todas esas exageraciones, ficciones y anacronismos, los puntos de semejanza que quedan son, quizás con una excepción, y tal como puede ser explicado, de origen independiente.

La excepción es la historia de la conversión de Buda de la mundana vida de príncipe a la vida de un asceta, la que fue transformada por algún Cristiano Oriental del siglo séptimo, en el popular cuento medieval de "Barlaam y Josaphat". Aquí hay videncia histórica de la conversión de una leyenda Budista en una leyenda Cristiana, tal como, por otra parte, las esculturas de escenas de los Evangelios sobre los monasterios Budistas de Jamalgiri, en el Panjab del Norte, descriptos en el erudito trabajo de Fergusson y Burgess. "Los Templos Cuevas de la India", ofrece evidencia confiable que los Budistas de aquel tiempo no tenían escrúpulos en embellecer la leyenda de Buda con adaptaciones de fuente Cristiana.

Pero ¿hay alguna base histórica para la aseveración de que la influencia Budista fue un factor en la formación del Cristianismo y de los Evangelios Cristianos? Los abogados de esta teoría pretenden que las inscripciones en las rocas de Asoka conllevan el testimonio de la propagación del Budismo sobre el mundo greco parlante tan tempranamente como hacia el tercer siglo A.C., desde que mencionan la floreciente existencia del Budismo entre los Yavanas, i.e. Griegos dentro del dominio de Antioco. Pero en el juicio unánime de eruditos de primer nivel, los Yavanas aquí mencionados significan simple y solamente los pueblos grecos parlantes en la extrema frontera próxima a la India, concretamente, Bactria y el valle de Kabul. De nuevo la afirmación en la crónica Budista tardía, Mahavansa, de que entre los Budistas que fueron a consagrarse al gran Stupa en Ceilán en el siglo segundo A.C., "había más de treinta mil monjes de la cercanía de Alassada, la capital del país de Yona" es tomada para probar que mucho antes de la época de Cristo, Alejandría en Egipto, era el centro de comunidades Budistas florecientes. Es verdad que Alassada en Pali es Alejandría; pero los mejores eruditos concuerdan en que la ciudad referida aquí no es la antigua capital de Egipto, sino como el texto lo indica, la principal ciudad del país de Yona, el país Yavana de las inscripciones en la roca, a saber, Bactria y alrededores. Por tanto, la ciudad a la que se refiere es mas probablemente Alejandría ad Caucasum.

En resumen, no hay nada en los registros Budistas que pueda ser tomado como evidencia confiable del despliegue del Budismo al oeste hacia el mundo Griego tan temprano como la época de la fundación de la religión Cristiana. Que las instituciones Budistas eran en aquel momento desconocidas en el Occidente puede ser inferido con seguridad, a partir del hecho de que el Budismo es absolutamente ignorado en los restos literarios y arqueológicos de Palestina, Egipto y Grecia. No hay un solo resto de un monasterio Budista o stupa en ninguno de esos países; ni una sola traducción Griega de un libro Budista; ni una sola referencia en toda la literatura Griega a la existencia de una comunidad Budista en el mundo Griego. El mismo nombre de Buda es mencionado por primera vez solamente en los escritos de Clemente de Alejandría (siglo segundo). Para explicar las semejanzas en el Cristianismo de una cantidad de rasgos del Budismo pre-Cristiano, no hay necesidad de recurrir a la hipótesis de que fueron tomadas prestadas. Nada es más común en el estudio de etnología y religiones comparadas que encontrar costumbres sociales y religiosas similares practicadas por pueblos demasiado remotos para haber tenido alguna comunicación entre ellos. Cuan fácilmente el principio de ascético retiro del mundo puede llevar a una vida en comunidad en la cual se observa el celibato, puede ser contemplado en los sistemas monásticos que han prevalecido no solamente entre Budistas, Esenios y Cristianos, sino también entre los antiguos Aztecas e Incas del Nuevo Mundo. Tampoco es esto demasiado extraño cuando se recuerda que el hombre en todos lados tiene, en gran medida, las mismas experiencias diarias, los mismos sentimientos, los deseos. Como las leyes del pensamiento humano son en todos lados las mismas, residen en la misma naturaleza de las cosas que el hombre, en la medida que tiene las mismas experiencias, o enfrenta las mismas necesidades religiosas, pensará los mismos pensamientos, y les dará expresión en dichos y costumbres que sorprenden al irreflexivo viejo asistente por su similitud. Es solamente perdiendo de vista esta verdad fundamental que uno puede caer sin intención en el error de asumir que semejanza siempre implica dependencia.

Es principalmente en las características de la vida legendaria de Buda, muchas de las cuales se encuentran por primera vez solamente en obras de fecha posterior a la de los Evangelios, que se proveen las más asombrosas semejanzas con ciertos incidentes de Cristo relatados en los Evangelios, semejanzas que pueden con la mayor razón ser rastreadas en un origen histórico común. Si ha habido cosa alguna tomada a préstamo, es llanamente desde el lado del Budismo. Que el Cristianismo hizo su camino a la India Norteña en los dos primeros siglos no es solamente objeto de la respetable tradición, sino que esta sustentada por evidencia arqueológica de peso. Eruditos de reconocida solvencia libres de toda sospecha de un indebido sesgo en favor del Cristianismo - Weber, Goblet d'Alviella, y otros – consideran muy probable que las Evangélicas historias de Cristo divulgadas por aquellas primeras comunidades Cristianas en la India fueran usadas por los Budistas para enriquecer la leyenda de Buda sobre muchos impresionantes incidentes en la vida de Cristo, tal como las Vishnuistas construyeran la leyenda de Krishna.

Los principios fundamentales del Budismo se hallan marcados por graves defectos que no solo revelan su inadecuación para convertirse una religión de una humanidad iluminada, sino también ponen fuertemente de relieve su inferioridad a la religión de Jesucristo. En primer lugar el mismo fundamento sobre el que descansa el budismo—la doctrina del karma que implica las transmigraciones—es gratuita y falsa. Esta pretendida ley de la naturaleza, mediante la cual las miríadas de dioses, demonios, hombres y animales no son sino las formas transitorias de seres racionales esencialmente iguales, pero forzados a esta diversidad como consecuencia de diversos grados de mérito o demérito en vidas anteriores, es una inmensa superstición en llana contradicción con las leyes reconocidas de la naturaleza, y por tanto ignorada por hombres de ciencia. Otro defecto básico en el Budismo primitivo es su fracaso en reconocer la dependencia del hombre de un Dios supremo. Ignorando a Dios y haciendo reposar a la salvación solamente en el esfuerzo personal, Buda sustituyo a la religión Brahmánica por un frío e incoloro sistema de filosofía. Es enteramente carente de aquellos poderosos motivos de recta conducta, particularmente del motivo del amor, que brotan de la consagración del hombre y la mujer religiosos a un Dios personal amoroso. De allí es que la moralidad Budista en último análisis es un utilitarismo egoísta. No hay sentido del deber, como en la religión de Cristo, inducida por la reverencia al supremo Legislador, por el amor al Padre misericordioso, por la lealtad personal al Redentor. El Karma, base de la moralidad Budista, es igual a cualquier otra ley de la naturaleza, la observancia de la cual es inducida por consideraciones prudentes.

No infrecuentemente uno se encuentra con la aseveración de que Buda sobrepasó a Jesús en mantener a la forcejeante humanidad hacia un fin absolutamente no egoísta. Esto es un error. Para no hablar del popular Swarga, o cielo, con sus positivos, y aún sensuales deleites esta el hecho de que Nirvana es un ideal negativo de dicha no lo hace menos objeto de deseo interesado. Lejos de ser un fin generoso, el Nirvana esta basado totalmente en el motivo del amor a uno mismo. Por tanto se ubica en un nivel mucho más bajo que el ideal Cristiano, el cual, siendo primaria y esencialmente una unión de amistad con Dios en los cielos, apela a motivos de desinteresado como así también interesado amor.

Otro defecto fatal del Budismo es su falso pesimismo. Una mente fuerte y saludable se rebela contra la mórbida opinión de que la vida no es digna de ser vivida, que toda forma de existencia conciente es un mal. El Budismo se yergue condenado por la voz de la naturaleza cuyo tono dominante es la esperanza y la alegría. Es una protesta contra la naturaleza por poseer la perfección de la vida racional. La mayor ambición del Budismo es destruir esa perfección llevando a todos los seres vivientes al inconsciente reposo del Nirvana. El Budismo es por tanto culpable de un crimen capital contra la naturaleza, y en consecuencia comete injusticia con los individuos. Todo legítimo deseo debe ser reprimido. Las recreaciones inocentes son condenadas. El cultivo de la música está prohibido. Investigaciones en ciencias naturales son desaprobadas. El desarrollo de la mente es limitado a la memorización de textos Budistas y el estudio de metafísica Budista, un mínimo de la cual es de algún valor. El ideal budista sobre la tierra es un estado de pasiva indiferencia hacia todo. Cuan diferente es la enseñanza de Él que vino, que el hombre podía tener su vida y tenerla más abundantemente. Una vez más el pesimismo Budista es injusto para la familia. El matrimonio es mantenido en el desprecio y aún el aborrecimiento como llevando a la procreación de la vida. En esta estigmatización del matrimonio como un estado inútil del hombre, el Budismo revela su inferioridad con respecto al Cristianismo, el que recomienda la virginidad pero al mismo tiempo enseña que el matrimonio es una unión sagrada y una fuente de santificación. Del mismo modo el pesimismo Budista comete injusticia con la sociedad. Le ha puesto el sello de aprobación al prejuicio Brahmánico contra el trabajo manual. Desde el momento en que la vida no merece ser vivida, el trabajo para las comodidades y refinamientos de la vida civilizada es una ilusión. El hombre perfecto subsistirá no por el trabajo de sus manos sino del de almas de hombres inferiores. En la religión de Cristo, "el hijo del carpintero", prevalece una visión más saludable. Se sostiene la dignidad del trabajo y es alentada toda forma de industria que tienda a promover le bienestar del hombre.

El Budismo no ha efectuado sino poco para elevar la humanidad en comparación con el Cristianismo. Una de sus más atractivas características, la que, desafortunadamente, se ha tornado casi obsoleta, fue su práctica de la benevolencia hacia el enfermo y el necesitado. Entre los Budistas y los Brahmánicos había una loable rivalidad en el mantenimiento dispensarios de comida y medicinas. Pero esta caridad no se extendía, como en la forma Cristiana, al cuidado prologado de los infortunados afectados con enfermedades contagiosas e incurables, a la protección de los expósitos, a la crianza de los huérfanos, al rescate de la mujer caída, al cuidado de los ancianos y los dementes. En tal sentido, son desconocidos en el Budismo asilos y hospitales. La consagración de hombres y mujeres religiosos a toda una vida de servicio de una humanidad sufriente es extraña al soñador monasticismo Budista. Otra vez, la maravillosa eficacia desplegada por la religión de Cristo purificando la moral de la Europa pagana no tiene paralelo en los anales Budistas. En cualquier lugar que la religión de Buda ha prevalecido, se ha probado singularmente ineficiente para elevar la sociedad a un alto estándar de moralidad. No le ha quitado a los pueblos del Tibet y Mongolia la costumbre de abandonar a los ancianos, ni a los Chinos la de practicar el infanticidio. Fuera del establecimiento de la orden de monjas, no ha hecho nada para elevar a la mujer de su estado de degradación en las tierras Orientales. Se ha mostrado absolutamente incapaz de hacerle frente a las plagas morales de la humanidad. El testimonio en igual sentido de testigos fuera de sospecha de prejuicio establece el hecho que en la actualidad los monjes Budistas son en todos lados llamativamente deficientes en esa moral sincera y ejemplar conducta que distinguió a los primeros seguidores de Buda. En resumen, el Budismo no está para nada muerto. En su inmenso organismo las tenues pulsaciones de vida todavía son discernibles, pero su poder de actividad se ha ido. La propagación de la civilización Europea sobre el Este traerá inevitablemente su extinción.


Fuente: Aiken, Charles Francis. "Buddhism." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/03028b.htm>.

Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi