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Viernes, 20 de octubre de 2017

Continencia

De Enciclopedia Católica

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Se puede definir continencia como la abstinencia de incluso las gratificaciones lícitas del matrimonio. Es una forma de la virtud de la templanza, aunque Aristóteles no le concedió este alto carácter, ya que implicaba un conflicto con deseos erróneos —un elemento en la mente del filósofo ajeno al contenido de una virtud en sentido estricto. Vemos que la continencia tiene un significado más restringido que castidad, puesto que ésta encuentra lugar en la condición de matrimonio. La abstinencia que estamos discutiendo, entonces, pertenece al estado del celibato, aunque claramente la noción de este último no implica necesariamente la de la continencia.

La Práctica

Al considerar su práctica consideramos la continencia como un estado de vida. Aunque entre los salvajes y los bárbaros cada uno, por regla general, trata de contraer un matrimonio temprano, sin embargo, incluso entre estos pueblos la continencia es frecuentemente practicada por aquellos que desempeñan los deberes públicos de la religión. Así, según autoridades citadas por Westermarck, los magos de la Patagonia abrazaban una vida de continencia, al igual que los sacerdotes de las Islas Mosquito y del México antiguo. Según la ley china, tal condición de abstinencia es obligatoria para todos los sacerdotes, budistas o taoístas. Entre los griegos se requería la continencia a varias órdenes de sacerdotes y sacerdotisas, así como de las vestales entre los romanos. La continencia observada extensamente entre los esenios, los maniqueos y algunos gnósticos, aunque no se limitaba a una clase sacerdotal, se consideraba el medio para una mayor santificación.

Una práctica tan extendida ofrece evidencia de un sentimiento instintivo de que la indulgencia de nuestra naturaleza sensual es, en cierto grado, degradante y que es particularmente incompatible con la pureza perfecta que debe caracterizar a una persona consagrada al culto del Santísimo. Es evidente que la actitud de una serie de sectas hacia el lado inferior de la naturaleza humana ha adquirido un carácter de una severidad irracional, e incluso absurda. Esto se observa especialmente en el caso de los maniqueos y ramas de los gnósticos en el pasado, y de los “temblones” (shakers) y otras comunidades sin importancia en nuestro tiempo. La ley de la Iglesia Católica que establece un estado de continencia a sus ministros y sobre sus órdenes religiosas de hombres y mujeres se expone en los artículos CELIBATO DEL CLERO; ÓRDENES RELIGIOSAS y VIRGINIDAD.

A menudo se presentan dos objeciones generales contra el estado de continencia. En primer lugar, se dice que la condición de la continencia es perjudicial para el bienestar del individuo. Se verá frecuentemente que en tal afirmación la continencia se entiende como un celibato impuro, y ese seguramente no sólo es un mal moral, sino un mal físico muy pernicioso. Sin embargo, es cierto que el control y sacrificio propio involucrados en la verdadera continencia encuentran frutos en una mayor medida de poder moral. Aquí se puede apelar a las palabras de Jesucristo (Mateo 19,12). Además, la abstinencia de que hablamos es una condición de mayor vigor físico y energía. Muchos salvajes tienen esto en cuenta, pues entre cierto número de éstos se les impone la continencia a los valientes durante los tiempos de guerra como un medio de fomentar y fortalecer su audacia y valentía.

Una segunda objeción se basa en consideraciones del bien social. Se sostiene que un estado de continencia significa el incumplimiento de la obligación social de conservar la especie. Pero tal obligación no recae en todos los miembros de la comunidad, sino en la sociedad en general, y es ampliamente descargada aunque haya excepciones individuales. De hecho, el incumplimiento de este deber nunca se ve amenazado por una observancia demasiado general de la abstinencia sexual. Por el contrario, sólo la gratificación ilícita de la pasión carnal puede amenazar el crecimiento de la población. Pero puede decirse que la práctica de la continencia retira de la función de reproducción a los miembros más dignos de la sociedad —aquellos cuyos posibles descendientes serían los ciudadanos más deseables del Estado. Esta afirmación, sin embargo, pasa por alto el servicio social del ejemplo establecido por esa observancia —un servicio que, en vista del deber que incumbe a cada individuo de la sociedad de observar la castidad absoluta por períodos de mayor o menor duración— es de valor supremo.


Fuente: Melody, John. "Continence." The Catholic Encyclopedia. Vol. 4, pp. 330-331. New York: Robert Appleton Company, 1908. 5 Nov. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/04330b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina