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Jueves, 22 de octubre de 2020

Éxtasis

De Enciclopedia Católica

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El éxtasis sobrenatural puede definirse como un estado que, mientras dura, incluye dos elementos: (1) uno, interior e invisible, cuando la mente concentra su atención en un tema religioso; (2) el otro, corpóreo y visible, cuando se suspende la actividad de los sentidos, de modo que no solo las sensaciones externas son incapaces de influir en el alma, sino que se experimenta una dificultad considerable para despertar tal sensación, y esto si el extático mismo desea hacerlo u otros intentan acelerar la acción de los órganos. La hagiografía atestigua de la gran cantidad de santos a los que se les ha otorgado el éxtasis; y hoy día incluso los librepensadores vacilan al negar hechos históricos que descansan sobre una base tan sólida. Ya no se esfuerzan, como lo hicieron sus predecesores del siglo XVIII, por explicarlos como basados en el fraude; varios, de hecho, han abandonado la teoría patológica, vigente en el siglo XIX, y han defendido la explicación psicológica, aunque exageran su fuerza.

Falsas Opiniones sobre el Estado de Éxtasis

Los primeros tres errores que mencionaremos a continuación son de naturaleza psicológica; no logran estimar en su valor apropiado el contenido del éxtasis; las otras falsas teorías mencionadas identifican este estado con ciertas condiciones físicas o psicológicas mórbidas.

1. Ciertos filósofos infieles sostienen que durante un éxtasis hay una disminución del poder intelectual, que en cierta etapa hay una pérdida total del ego, una aniquilación de las facultades. Esta es la teoría de Murisier y de Leuba. Los argumentos para esta visión se basan en una interpretación exagerada de ciertas frases utilizadas por los místicos. Sin embargo, sus relatos (por ejemplo, los de Santa Ángela de Foligno) desmienten tal explicación. Los místicos afirman claramente que experimentan, no solo la plenitud, sino la superabundancia de inteligencia, un aumento de la actividad de las facultades más elevadas. Ahora bien, en una ciencia que se basa en la observación, como es el misticismo, no tenemos justificación para dejar de lado los numerosos y consistentes testimonios de aquellos que han probado los hechos y para poner en su lugar las creaciones de la imaginación.

2. La teoría de la inconsciencia distorsiona los hechos tan inescrupulosamente que algunos escritores han preferido una teoría menos cruda, es decir, la explicación emocional. Lo extático, se admite, no está enterrado en un sueño pesado; más bien, experimenta emociones violentas, como consecuencia de lo cual pierde el uso de los sentidos; y como no hay nada nuevo para ocupar su atención, resulta que su mente se ocupa en algún pensamiento insignificante, tan insignificante, de hecho, que estos escritores lo consideran indigno de su atención. Esta teoría choca menos con los datos históricos que la primera, ya que no elimina por completo la actividad del éxtasis, sino que niega la mitad de los hechos impulsados enfáticamente por los escritores místicos.

3. Se ha dicho que el éxtasis es quizás un fenómeno totalmente natural, tal como el que puede ocasionar una fuerte concentración de la mente en un tema religioso. Pero si no queremos estar satisfechos con conjeturas arbitrarias, debemos demostrar que se han observado hechos similares en esferas de pensamiento distintas a las puramente religiosas. Los antiguos atribuyeron éxtasis naturales a tres o cuatro sabios, como Arquímedes y Sócrates, pero, según el presente escrito ha probado en otra parte, estas historias se basan en argumentos no concluyentes o en una falsa interpretación de los hechos (Des graces d'oraison, c. XXXI).

4. La condición rígida del cuerpo del extático ha dado lugar a un cuarto error. Se nos dice que el éxtasis es solo otra forma de letargo o catalepsia. Sin embargo, la pérdida de consciencia que acompaña a estos últimos estados señala una diferencia marcada.

5. En vista de esto, algunos han tratado de identificar el éxtasis con el estado hipnótico. Físicamente, por lo general, hay algunos puntos de contraste. El éxtasis siempre va acompañado de actitudes nobles del cuerpo, mientras que en los hospitales a menudo se señalan movimientos del cuerpo que son convulsivos o repelentes; salvo, por supuesto, cualquier contraorden del hipnotizador. Sin embargo, la principal diferencia se encuentra en el alma. Las facultades intelectuales, en el caso de los santos, se volvían más agudas. Los enfermos en nuestros hospitales, por el contrario, experimentan durante sus trances una disminución de sus inteligencias, mientras que la ganancia es solo una ligera representación en la imaginación. Una sola idea, por más trivial que sea, por ejemplo, la de una flor o un pájaro, es lo suficientemente fuerte como para fijar en ella su atención profunda e indivisa. Esto es lo que se entiende por estrechamiento del campo de la consciencia; y este es precisamente el punto de partida de todas las teorías que se han presentado para explicar el éxtasis hipnótico. Además, la alucinación notada en el caso de estos pacientes consiste siempre en representaciones de la imaginación. Son visuales, auriculares o táctiles; en consecuencia, difieren ampliamente de las percepciones puramente intelectuales que los santos suelen disfrutar. Ya no es posible, entonces, comenzar con la hipótesis extremadamente simple de que los dos tipos de fenómenos son uno y el mismo.

Una comparación de los efectos que siguen a estos estados expondrá más claramente la diferencia esencial entre ambos: (a) luego de un trance hipnótico el neurópata queda torpe, sin vida y deprimido. (b) su voluntad es sumamente débil. En su debilidad anormal se ha de buscar la razón por la cual el sujeto ya no puede resistir la sugestión. Estas pobres criaturas, angustiadas, apáticas e indefensas, pasan sus días en sueños ociosos. (c) el nivel de su moralidad es con frecuencia casi tan bajo como el de su inteligencia.

Desde un punto de vista triple, entonces, hay un contraste entre su caso y el de los santos a quienes se les ha otorgado el éxtasis. (a) Estos poseen fuertes intelectos, conciben proyectos elevados y de difícil ejecución; como prueba de esta afirmación, podríamos recurrir a la historia de los fundadores de las órdenes religiosas. (b) Su fuerza de voluntad es insuperable en energía; tan fuerte, de hecho, como para permitirles dominar toda oposición, especialmente la que surge de su propia naturaleza. (c) Por último, los santos tienen ante sí un ideal moral de carácter elevado, la necesidad de olvidarse de sí mismos para entregarse a la gloria de Dios y al bienestar temporal y espiritual de sus semejantes. El tema histérico del hipnotismo, por el contrario, no combina en sí mismo ninguna de estas nobles cualidades.

6. Se ha intentado clasificar el éxtasis con el sonambulismo, con el que también se han clasificado, pero con mayor razón, los trances de los médiums espiritistas. El caso que más se acerca, en la superficie, al éxtasis de los santos es el de Helen Smith, de Ginebra, a quien el profesor Flournoy estudió cuidadosamente durante los últimos años del siglo XIX. Durante las crisis de sonambulismo espontáneo, describió sus visiones en palabras o por escrito. Una vez vio a los habitantes del planeta Marte, en otra vivió entre los árabes o los hindúes del siglo XIV. En 1904 tuvo crisis que duraron un cuarto de hora, durante las cuales pintó en óleo cuadros de Cristo y la Virgen, aunque estaba muy inconsciente de lo que estaba haciendo. Se pensaba que los éxtasis de los santos eran exactamente de la misma naturaleza. Sin embargo, hay algunas diferencias notables:

  • a. Desde el punto de vista moral las visiones de los santos producen un cambio notable en su forma de vida y los llevan al ejercicio de las virtudes más difíciles. Helen no experimentó nada de eso; ella era una buena mujer, eso es todo.
  • b. A diferencia de los santos, ella no recordaba nada de lo que había visto.
  • c. Mientras dura la visión, las facultades en juego no son las mismas. En el caso de los santos, la actividad de la imaginación se detiene durante los períodos culminantes y el intelecto experimenta una expansión maravillosa. En el caso de Helen, solo la imaginación estaba en acción, y sus objetos eran del carácter más común. Ni un solo pensamiento elevado; simplemente descripciones de casas, animales o plantas —nada más que una mera copia de lo que vemos en la tierra. Tales descripciones sirven solo como historias para divertir a los niños.

7. Una séptima teoría identificaría el éxtasis con los ensueños salvajes y las fantasías desordenadas ocasionadas por el uso del alcohol, éter, cloroformo, opio, morfina u óxido nitroso. En primer lugar, la condición física es bastante diferente. Por ejemplo, nadie confundiría la actitud exaltada de un extático con la de un hombre bajo la influencia de narcóticos. En segundo lugar, las percepciones mentales no tienen el mismo carácter. Porque si el esclavo de las drogas que hemos mencionado anteriormente no pierde toda consciencia, si aún conserva algunas ideas, consisten en imágenes extravagantes e incoherentes, mientras que las ideas y pensamientos del místico son coherentes y elevados. Finalmente, cuando las víctimas del alcohol y del opio se recuperan de su exceso permanecen en un estado de letargo. El pensamiento y la acción se reducen simultáneamente; la vida moral y social sufren igualmente. El uso de narcóticos nunca ha permitido a un hombre llevar una vida más pura o mejorarse a sí mismo y a los demás; la experiencia apunta a lo contrario.

Estos, entonces, son puntos de vista falsos que se han tomado en consideración sobre el asunto del éxtasis. Tampoco debería sorprendernos que los librepensadores se hayan aventurado en estas explicaciones. No es más que la conclusión que se deriva lógicamente de los principios con los que comienzan, es decir, no existe lo sobrenatural. Entonces deben buscar a toda costa las causas en los fenómenos naturales. (Vea CONTEMPLACIÓN).


Bibliografía: B. Angelœ de Fulgineo Visionum et Instructionum Liber (reimpreso Colonia, 1601); Acta SS., 4 enero; tr. CRUIKSHANK (Derby, 1872); Nueva York, 1903); RUYSBROECK, Opera omnia (Colonia, 1652); LEONE ed., Obras de Santa Teresa (Salamanca, 1588); ALVAREZ DE PAZ, De inquisitione pacis (Lyon, 1617); JOSEPHUS A SPIRITU SANCTO, Cursus theologie mysticæ, 6 vols. (Sevilla, 1710-1740); POULAIN, Des graces d´oraison, 6ta ed. (París), 1909).

Fuente: Poulain, Augustin. "Ecstasy." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5, págs. 277-278. New York: Robert Appleton Company, 1909. 3 junio 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/05277a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina