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Sábado, 4 de diciembre de 2021

Bordado

De Enciclopedia Católica

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Bordado en la Escritura

Es probable que los israelitas aprendieran el arte del bordado durante su estancia en Egipto. Las naciones antiguas conocían la ornamentación de tejidos, especialmente de lino, mediante bordados en hilos de diferentes colores, hilados o extraídos de diversos materiales, como lana, lino u oro. Los griegos y romanos adquirieron el arte de Oriente. Los monumentos de Asiria y Babilonia representan las vestiduras de reyes y oficiales muy ornamentadas con lo que comúnmente se considera bordados, y se han encontrado muestras de trabajos bordados en tumbas egipcias.

En Ezequiel 27,7 se menciona el "lino fino bordado" que se usa para las velas en el barco de Tiro. La primera referencia al bordado en las Escrituras se encuentra en el Libro del Éxodo (26,1.31.36) en las instrucciones dadas a Moisés respecto a las cortinas del Tabernáculo, el velo del Arca y el tapiz en la entrada del Lugar Santísimo. La Biblia de Douay, siguiendo a la Vulgata, no distingue entre las dos expresiones hebreas en Éxodo 26,1.31 y Éxodo 26,36. La primera se traduce en la Versión Revisada por "obra de un hábil obrero" y parece referirse al tejido de diseños con figuras de hilos de diferentes colores; la última puede haber sido bordado real o costura.

Además del tapiz a la entrada del tabernáculo (Éx. 26.36), el tapiz a la entrada del atrio (Éx. 26,16) y el cinto del sumo sacerdote (Éx. 28,39; 39,28) eran la obra del "bordador", mientras que con respecto al efod (Éx. 28,6; 39,3) y al racional (Éx. 28,15; 39,8) se emplea otra palabra. Besalel y Oholiab fueron dotados de habilidad en ambos tipos de trabajo (Éx. 35,35; 38,22.23). La palabra se usa para las prendas bordadas o bufandas mencionadas en el Cántico de Débora (Jc. 5,30), y para el vestido de la novia en el Sal. 45(44),15, donde según el texto hebreo se dice que está vestida con bordados de oro y brocados. Las vestiduras de la esposa infiel, la figura de Israel (Ez. 16,10.13.18), también fueron bordadas. En Ezequiel 26,16 se predice que los príncipes de los mares se quitarán sus vestidos bordados, y entre las mercancías de Tiro se mencionan tejidos bordados (Ez. 27,7.16.24).

En la Versión Autorizada o King James (Ex. 28,4) una de las vestiduras del sumo sacerdote se llama "una túnica bordada"; la Versión Revisada lo cambió a "una capa de trabajo a cuadros". La de Douay tiene "un vestido de lino estrecho" (lineam strictam en la Vulgata). El hebreo que se usa aquí no se encuentra en ninguna otra parte de las Escrituras. Algunos creen que indica "un dispositivo de superficie de brillo sobre un color", similar al trabajo que todavía se realiza en Damasco. Incluso las autoridades no están de acuerdo respecto a la naturaleza de la palabra que se traduce "bordado". Algunos lo ven como una pintura sobre tela, otros como un adorno producido al coser sobre un material piezas de materiales de otros colores, otros también como una tela tejida con hilos de diferentes colores.

Bordado Eclesiástico

Numerosas anotaciones, especialmente las declaraciones del “Liber Pontificalis” confirman que el bordado se utilizó desde los primeros tiempos en el culto cristiano para adornar las vestimentas. Para el período anterior al siglo X no nos ha llegado ninguna explicación, ni siquiera parcialmente satisfactoria, ni de los métodos de producción del bordado ni de la forma y extensión de su uso. Lo dicho de paso no es suficiente para aclarar el asunto, y no se ha conservado ningún bordado con fines eclesiásticos de este período. Los ejemplos más antiguos que se conservan son los restos de un manípulo y de una estola que datan de principios del siglo X, en el museo de la catedral de Durham, y fragmentos de un mantel del mismo siglo en el Museo Nacional de Rávena.

A principios del siglo XI aparecieron vestimentas magníficamente bordadas, como la casulla completamente cubierta con imágenes bordadas en oro puro, que se conserva en la catedral de Bamberg; el manto de coronación de Hungría, originalmente también una casulla; y otros ejemplares de la mayor importancia no sólo por su costoso material y la habilidad demostrada en su ejecución, sino más aún por el profundo significado de las representaciones. Hasta el siglo XIII el bordado en hilo de oro era la ornamentación que se utilizaba principalmente con fines eclesiásticos. Hasta cierto punto, el bordado de oro estaba destinado a reemplazar los materiales con figuras tejidos con hilo de oro. En consecuencia, este bordado se parece tanto a las telas tejidas con oro que, en un examen superficial, podría fácilmente tomarse como tal. Al mismo tiempo, sin embargo, también se practicaba el bordado con hilo de seda, como lo demuestran las espléndidas capas conservadas en San Pablo de Corintia.

El bordado eclesiástico alcanzó su máximo desarrollo en los siglos XIII, XIV y primera mitad del XV. En este período, todo lo que llevaba el nombre de vestimenta, siempre que los medios lo permitían, estaba más o menos ricamente bordado. Los materiales de trabajo eran hilos de oro, plata y seda, pequeños discos y lentejuelas cortados con un sello de plata, lisos o dorados, lentejuelas y pequeños discos de esmalte, perlas reales, piedras preciosas, diamantes en pasta y coral.

El bordado de figuras fue la rama del arte más practicada, y el bordado puramente ornamental se consideraba como de importancia secundaria. Las capas y casullas cubiertas con bordados pictóricos de carácter profundamente religioso, las aurifrisia (bandas) magníficamente ornamentadas con figuras bordadas, que se colocaban sobre los vestidos litúrgicos y otras vestimentas, las cubiertas y tapices bordados en llamativos dibujos pictóricos, las estolas cubiertas con maravillosas labores: todos estos ejemplos del arte de la aguja de esa época, que todavía se encuentran en grandes cantidades en los tesoros de la Iglesia y en los museos, muestran que el bordado eclesiástico alcanzó entonces una altura que nunca ha vuelto a tener.

En los siglos XI y XII Sicilia fue famosa por sus bordados eclesiásticos; en los siglos XIII y XIV los talleres de Inglaterra fueron más notorios que todos los demás. En este último período, la mención del bordado inglés, llamado opus anglicanum, se encuentra en casi todos los inventarios de las iglesias más importantes del continente, incluso en Italia. La vestimenta enviada con más frecuencia desde Inglaterra a otras partes de Europa Occidental era una capa completamente cubierta con un rico bordado de figuras sobre un fondo de arabescos de vid o una arquitectura elaborada, y el fondo estaba trabajado en hilo de oro; todavía se conservan ejemplos de estas capas en San Juan de Letrán en Roma, en Pienza, Vich y Daroca en España, Salzburgo, Saint-Bertrand-de-Comminges en Francia y otros lugares. En Alemania, Francia e Italia también se produjo una gran cantidad de magníficas labores eclesiásticas, de las que aún existen espléndidos ejemplares; en Italia se destacó especialmente la labor de Florencia, Siena, Lucca y Venecia.

En el siglo XV, los mejores bordados eclesiásticos se realizaban en Flandes, donde el trabajo que se producía con mayor frecuencia era aquel en el que se trabajaba hilo de oro revestido con sedas de colores. Los mejores ejemplos de esto son las vestimentas para la Misa de la Orden del Toisón Dorado conservadas en el Hofburg en Viena. Con el fin de la Edad Media el bordado eclesiástico comenzó a declinar. En lugar de la puntada plana, se utilizó ahora el bordado en relieve más llamativo, que con frecuencia degeneró en un alto relieve puramente formal, totalmente inadecuado en carácter para el bordado eclesiástico. Había una tendencia cada vez mayor a apuntar a efectos brillantes y una majestuosa magnificencia. Al mismo tiempo, la costura pictórica se usaba cada vez menos debido a la influencia del bordado secular. La costura para las vestimentas de las iglesias se limitaba cada vez más a diseños puramente ornamentales, tomados principalmente del mundo vegetal y a ciertos diseños simbólicos. El arte se hundió a sus profundidades más bajas tanto en diseño como en técnica al comienzo del siglo XIX, durante el llamado período Biedermaier (ciudadano honesto).

El bordado eclesiástico floreció en las distintas provincias del Imperio Bizantino. Si bien la costosa costura producida allí se usó principalmente en los servicios de la Iglesia Griega, todavía se llevaron muchas piezas a Europa occidental. Esta costura bizantina no dejó de influir en el bordado eclesiástico occidental. Uno de los mejores ejemplos de costura artística del Imperio Bizantino de la Edad Media es la dalmática imperial en el tesoro de San Pedro en Roma, atribuida por error al siglo XI; es, en realidad, un saccòs griego (vestimenta de un obispo o patriarca griego) trabajado, probablemente, en la segunda mitad del siglo XIV.

En ningún período el bordado eclesiástico ha diferido en su técnica del bordado secular. En ambos casos se han empleado las mismas variedades de puntadas y otros recursos artísticos. La Iglesia nunca ha emitido ordenanzas especiales respecto al bordado para las vestimentas, ya sea en cuanto al material, color, uso o diseño. Sin embargo, el buen gusto requiere que el bordado armonice con el carácter y el efecto de color de la vestimenta, y que no sea demasiado pesado, demasiado apretado o rígido.


Bibliografía: BORDADO EN LA ESCRITURA: LEVESQUE en VIG., Dict. de la Bible, s.v. Broderie; MACKIE in HASTINGS, Dict, of the Bible, s.v.

BORDADO ECLESIÁSTICO: BOCK, Geschichte der liturgischen Gewänder des Mittelalters (Bonn, 1869), I; ROCK, Textile Fabrics (Londres 1876); F. Y H. MARSHALL, Old English Embroidery (Londres, 1894); DE FARCY, Le produit du XIe siècle jusqu'à nos jours (Angers, 1890; suplemento, 1900); BRAUN, Die liturgische Gewandung im Occident und Orient (Friburgo, 1907); IDEM, Winke für die Anfertigung und Verzierung der Paramente (Friburgo, 1904); DREGER, Künstlerische Entwicklung der europäischen Weberei und Stickerei (Viena, 1904).

Fuente: Corbett, John y Joseph Braun. "Embroidery." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5, págs. 400-401. New York: Robert Appleton Company, 1909. 18 agosto 2021 <http://www.newadvent.org/cathen/05400a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina