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Martes, 27 de octubre de 2020

Diferencia entre revisiones de «Papa San Zephyrenus»

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Gobernó [[la Iglesia]] desde el 198 – 217.  Se desconoce su [[fechas y datación | fecha]] de nacimiento; murió el 20 de diciembre de 217.  Después de la muerte del [[Papa San Víctor I]] en 198, Ceferino fue [[elecciones papales|electo]] y [[consagración|consagrado]] como su [[sucesión apostólica | sucesor]].  El [[Papa]] es descrito por [[San Hipólito]] en el "Philosophymena" (IX, XI) como un hombre simple sin [[educación]].  Evidentemente esto quiere decir que Ceferino no había cursado estudios superiores y se había dedicado a la administración práctica de la Iglesia y no a los estudios [[teología dogmática|teológicos]].  Inmediatamente después de su elevación a la Sede Romana, Ceferino llamó a [[Roma]] al confesor Calixto, que vivía en Antium y que había recibido una pensión mensual del Papa Víctor, y le confió la supervisión del ''coemeterium''.  Es evidente que poco después de esto la comunidad cristiana romana, bajo Víctor, se había convertido en la dueña de un lugar común de entierro en la Vía Apia, y Ceferino puso a Calixto al cuidado de este cementerio al cual se le dio el nombre de Calixto.    Indudablemente Ceferino también nombró a Calixto [[diáconos|diácono]] de la Iglesia Romana.  Él era el consejero confidencial del Papa, a quien sucedió.  Las posiciones de los cristianos, que habían permanecido favorables durante los primeros años del gobierno del emperador [[Septimio Severo]] (193-211), iban cada día peor, y en 202 ó 203 apareció el edicto de [[persecución]] que prohibía la [[conversión]] al [[cristianismo]] bajo severas penalidades.  No se sabe nada sobre el cumplimiento del edicto en Roma misma ni de los [[mártir]]es de la Iglesia Romana en esa época.
(Reinó durante 198-217).  
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Se desconoce su fecha de nacimiento. Murió el 20 de diciembre de 217. Luego de la muerte del Papa Víctor en 198, Zeferino fue electo y consagrado como sucesor. Este papa es descrito por Hippolytus en “Philosophymena” (IX, xi) como un hombre simple, sin educación.
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Sin embargo, más es seguro relativo a las disputas internas de la Iglesia sobre la [[doctrina cristiana|doctrina]] de la [[Santísima Trinidad]].  El Papa Víctor había [[excomunión|excomulgado]] a los seguidores del maestro [[herejía | herético Teodoro el Curtidor junto con su líder.  Ellos formaban una comunidad herética independiente en Roma que era dirigida por otro Teodoto, el cambista de monedas, y Aselepodoto. Estos hombres persuadieron a un [[confesor]] de Roma llamado Natalis, que había reconocido su [[fe]] sin vacilar ante un juez [[paganismo|pagano]] y había sufrido tortura, a dejarse nombrar [[obispo]] de esa [[secta]] por un pago mensual de 170 denarios.  Natalis, sin embargo, recibió muchas advertencias en [[interpretación de los sueños | sueños]].  Al principio no les prestó atención a estas visiones, pero en una ocasión creyó haber sido torturado severamente por [[ángeles]] y ahora comenzó a reflexionar sobre el asunto.  Temprano en la mañana se vistió con ropas de [[penitencia]], se cubrió con [[ceniza]]s, y se postró llorando a los pies de Ceferino.  Confesó su mala actuación y suplicó ser recibido de nuevo a la comunión de la Iglesia, la cual finalmente se le concedió ([[Eusebio de Cesarea]], Historia de la Iglesia, V.32).
  
La anterior apreciación se comprende al saber que Zeferino no tuvo altos estudios y que se había dedicado a la administración práctica de la Iglesia, no así al aprendizaje teológico. Inmediatamente, luego de su elevación en la Sede de Roma, Zeferino llamó a Roma al Confesor Callistus, quien vivía en Antium y recibía una pensión del Papa Víctor, para instruir, a fin de que se hiciera cargo de la supervisión del cementerio.
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En ese mismo tiempo los seguidores de [[montanismo|Montano]] también trabajaban con gran energía en Roma.  El montanista Próculo (o Proclo) publicó una obra en defensa de las nuevas [[profecía]]s.  Una refutación a Proclo en forma de diálogo fue escrita por un ilustrado y rígidamente [[ortodoxia|ortodoxo]] cristiano romano llamado Cayo, en el cual se refiere a la [[tumba]] de [[San Pedro]] en la Colina Vaticana y a la de [[San Pablo]] en la [[Vía Ostiense]].  Cayo rechazó el [[Apocalipsis]] de [[San Juan el Evangelista | San Juan]], al cual consideraba una obra del hereje Cerinto.  En oposición a Cayo, Hipólito escribió su “Capita contra Caium” (cf. Eusebio, Historia de la Iglesia, II.28 y VI.20).
  
Era evidente que un poco antes de esto, la comunidad cristiana de Roma había, bajo el mandato de Víctor, tomado posesión de un lugar para entierros en la Vía Appia, y Zeferino, colocó a Callistus para su administración. El nombre que se dio al cementerio fue precisamente Callistus. Este último personaje fue hecho Diácono de la Iglesia romana por el Papa Zeferino.
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Hipólito era el teólogo más importante entre los [[presbítero]]s romanos de esa época.  Él era un partidario declarado de la doctrina del [[el Logos|Logos]] Divino.  Enseñaba que el Logos Divino se hizo hombre en [[Jesucristo]], que el Logos es diferente a [[Dios]] en todo, que es el mediador entre Dios y el mundo de criaturas.  Esta doctrina, en la forma que fue expuesta por Hipólito y su escuela, suscitó muchas [[duda]]s, y apareció otra [[escuela]] teológica que se le oponía.  Esta última escuela era representada en Roma por Cleómenes y particularmente por Sabelio.  Estos [[hombre]]s eran rígidos oponentes de los teodosianos, pero no estaban dispuestos a reconocer [[la Encarnación]] del Logos, y enfatizaban sobre todo la unidad absoluta (''monarchia'') de Dios.  Ellos explicaban la Encarnación de Cristo en el sentido de que ésta era otra manifestación (''modus'') de Dios en su unión con la [[naturaleza]] humana.  En consecuencia ellos eran llamados moralistas o patripasianos, pues según ellos no era el [[Hijo de Dios]], sino el Padre, quien había sido crucificado.  El pueblo cristiano común apoyaba firmemente, sobre todo, la Unidad de Dios y al mismo tiempo la verdadera Divinidad de Jesucristo.  Originalmente no se sintió en ellos desconfianza hacia esta doctrina.  El Papa Ceferino no se interpuso autoritariamente en la disputa entre las dos [[escuelas]].  La [[herejía]] de los modalistas al principio no era claramente evidente, y la doctrina de Hipólito ofrecía muchas dificultades en lo que respecta a la [[Tradición y Magisterio vivo | tradición]] de la Iglesia.  Ceferino decía simplemente que él reconocía un solo Dios, y que éste era el Señor Jesucristo, pero que era el Hijo, no el Padre, quien había muerto.  Esta era la doctrina de la tradición de la Iglesia.  Hipólito insistió en que el Papa debía aprobar un [[dogma]] distinto que representara a la Persona de Cristo como [[verdad]]eramente diferente a la del Padre y que condenara las opiniones opuestas de los [[monarquianos]] y patripasianos. Sin embargo, Ceferino no consintió en esto.  El resultado fue que Hipólito se puso cada vez más irritado y colérico contra el Papa y particularmente contra el diácono Calixto al cual, como consejero del Papa, él hacía responsable de la posición de este último.  Cuando, tras la muerte de Ceferino, Calixto fue elegido Obispo Romano, Hipólito se retiró de la Iglesia con sus eruditos, causó un [[cisma]], y se convirtió en obispo rival.
  
Fue consejero confidencial del Papa, a quien llegó a suceder en su cargo. Las posiciones de los cristianos fueron favorables, al principio de los tiempos del Emperador Septimus Severus (193-211); pero luego se fueron empeorando, y en 202 ó 203, apareció edicto de persecución y se prohibía la conversión a la cristiandad, con severas penalidades. No se conoce mucho de la ejecución de este edicto en Roma, ni de los mártires que se tuvo en este era.
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Ceferino fue enterrado en una cámara sepulcral separada sobre el cementerio de Calixto en la Vía Apia (cf. Wilpert, "Die papstgruber und die Suciliengruft in der Katakombe des hl. Kallistus", Friburgo, 1909, 91 sqq.).  El “[[Liber Pontificalis]]” atribuye dos [[decreto papal | decretos]] a Ceferino: uno sobre la [[Órdenes Sagradas|ordenación]] del [[clero secular | clero]] y el otro sobre la [[liturgia]] [[Eucaristía|Eucarística]] en las iglesias titulares de Roma.  El autor de la biografía le ha atribuido estos decretos al Papa arbitrariamente y sin base histórica.  
  
Lo que sí está más documentado son las disputas que existían en la Iglesia Romana en términos de la Trinidad. Los adherentes a las enseñanzas heréticas de Teodotus, habían sido excomulgados junto a su líder, por el Papa Víctor. Ellos llegaron a formar una comunidad herética independiente en Roma, la que fue gobernada por otro Teodotus, el cobrador, y Aselepodotus.
 
  
Estos hombres persuadieron a un confesor en Roma, llamado Natalis, quien había reconocido su fe, sin sufrir torturas, a fin de que se le nombrara obispo de la secta a cambio de un pago mensual de 170 denarios. Natalis, sin embargo, recibió muchas advertencias por medio de sueños.
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'''Bibliografía''':  Liber Pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 139; DUCHESNE, Histoire ancienne de Peglise, 292 sqq.; LANGEN, Geschichte der römischen Kirche, I (Bonn, 1881), 200 sqq.; BAGEMANN, Die romische Kirche und ihr Einfluss auf Dissiplin und Dogma in den ersten drei Jahrhunderten (Friburgo in Mr., 1864), 84 sqq.; cf. también la bibliografía a Hipólito.
  
Al principio no prestó mucha atención a estas visiones, pero en una ocasión creyó haber sido severamente torturado por los ángeles y a partir de ello, empezó a ponderar el asunto. Al inicio de la mañana, se colocó ropas penitenciales, se cubrió de cenizas, y se lanzó llorando a los pies de Zeferino.
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'''Fuente:''' Kirsch, Johann Peter. "Pope St. Zephyrinus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/15756c.htm>.
  
Le confesó lo que estaba haciendo mal y le rogó que le recibiera de nuevo en la comunión de la Iglesia, la que le fue dado nuevamente (Eusebio, “Hist. Eccl.”, V, xxxii). En la misma era, los adherentes de Montanus también trabajaron con gran energía en Roma. Los montanistas de Próculus (o Proclus) publicaron un trabajo en defensa de las nuevas profecías.
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Traducido por Giovanni E. Reyes. L H M.
 
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Una refutación de Proclus en forma de diálogo, fue escrita por un instruido y rígido cristiano romano de gran ortodoxia, llamado Caius. Se hace referencia aquí a la tumba de San Pedro en la colina del Vaticano y a la de San Pablo en la Vía Ostiensis. Caius rechazó el Apocalipsis de San Juan, el cual adjudica como un trabajo herético de Cerinthus. En oposición a Caius, Hippolytus, escribió su “Capita Contra Caium” (cf. Eusebio, “Hist. Eccl.”, III, xxvIII; VI, xx).
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Hippolytus fue el más importante teólogo entre los presbíteros romanos de la época. Fue un fiel adherente de la doctrina del Divino Logos. Pensó que el Divino Logos, llegó a ser hombre en Cristo, que el Logos difiere en todas las cosas de Dios, y que es el intermediario entre Dios y las criaturas del mundo.
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Esta escuela, establecida por Hyppolitus y sus seguidores, hizo emerger muchas dudas, y otra escuela teológica apareció como opositora. Esta última escuela estaba representada en Roma por Cleomenes y particularmente por Sabellius. Ellos fueron rígidos oponentes de Theodotians, pero no estaban dispuestos a aceptar la encarnación del Logos, y enfatizaron la monarquía absoluta, unitaria, de Dios.
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Ellos enfatizaron que la Encarnación de Cristo era otra manifestación (modus) de Dios en Su unión con la naturaleza humana. Consecuente de ello, fueron llamados modalistas o patripasianistas, debido a que profesaban que no era el Hijo de Dios, sino Dios Padre, quien había sido crucificado. La gente común cristiana, se mantuvo firme en la Unidad de Dios y al mismo tiempo en la verdad sobre la relación con Dios, por parte de Jesucristo.
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Originalmente no existió una actitud de desconfianza respecto a esta doctrina. El Papa Zeferino no interpuso su autoridad entre las dos escuelas. La herejía de los modalistas no fue inicialmente identificada, y la doctrina de Hippolytus ofrecía muchas dificultades en relación con la tradición de la Iglesia.
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Zeferino indicó que se debía reconocer simplemente la existencia de un Dios, y que el Señor era Jesucristo, pero que fue el Hijo y no el Padre, Quien había muerto. Esta era la doctrina de la tradición de la Iglesia. Hippolytus urgió a que el Papa aprobara un dogma distinto, según el cual se representara a la figura del Hijo como diferente de la del Padre y que condenara las perspectivas diferentes que tenían los monarquistas y patripasianistas.
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Sin embargo, Zeferino no consintió este requerimiento. El resultado fue que Hippolytus se fue tornando, de manera creciente, más y más irritado y colérico con el Papa, y en particular con el Diácono Callistus. A este último le hacía responsable por la resistencia del pontífice, debido a que era su consejero. Cuando luego de la muerte de Zeferino, Callistus fue consagrado como Obispo de Roma, Hippolytus rompió con la Iglesia y al separarse, junto a sus seguidores, creó un cisma. Se nombró a sí mismo como un obispo rival del nuevo pontífice.
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Zeferino fue sepultado en una cámara sepulcral en el cementerio de Calistus en la Vía Appia (cf. Wilpert, "Die papstgruber und die Suciliengruft in der Katakombe des hl. Kallistus", Freiburg, 1909, 91 sqq.). El "Liber Pontificalis" le atribuye dos decretos a Zeferino; uno sobre la ordenación de clérigos y otro sobre la Liturgia Eucarística, en la pequeñas iglesias de Roma. El autor de la biografía ha adscrito estos decretos al Papa, de manera más bien arbitraria, sin bases históricas.
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Liber Pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 139; DUCHESNE, Histoire ancienne de Peglise, 292 sqq.; LANGEN, Geschichte der römischen Kirche, I (Bonn, 1881), 200 sqq.; BAGEMANN, Die romische Kirche und ihr Einfluss auf Dissiplin und Dogma in den ersten drei Jahrhunderten (Freiburg in Mr., 1864), 84 sqq.; cf. also the bibliography to HIPPOLYTUS.
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J.P. KIRSCH
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Transcripción de Michael T. Barrett
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Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes
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Dedicado a la memoria del Papa Zeferino.
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Revisión de 00:50 8 jul 2010

Gobernó la Iglesia desde el 198 – 217. Se desconoce su fecha de nacimiento; murió el 20 de diciembre de 217. Después de la muerte del Papa San Víctor I en 198, Ceferino fue electo y consagrado como su sucesor. El Papa es descrito por San Hipólito en el "Philosophymena" (IX, XI) como un hombre simple sin educación. Evidentemente esto quiere decir que Ceferino no había cursado estudios superiores y se había dedicado a la administración práctica de la Iglesia y no a los estudios teológicos. Inmediatamente después de su elevación a la Sede Romana, Ceferino llamó a Roma al confesor Calixto, que vivía en Antium y que había recibido una pensión mensual del Papa Víctor, y le confió la supervisión del coemeterium. Es evidente que poco después de esto la comunidad cristiana romana, bajo Víctor, se había convertido en la dueña de un lugar común de entierro en la Vía Apia, y Ceferino puso a Calixto al cuidado de este cementerio al cual se le dio el nombre de Calixto. Indudablemente Ceferino también nombró a Calixto diácono de la Iglesia Romana. Él era el consejero confidencial del Papa, a quien sucedió. Las posiciones de los cristianos, que habían permanecido favorables durante los primeros años del gobierno del emperador Septimio Severo (193-211), iban cada día peor, y en 202 ó 203 apareció el edicto de persecución que prohibía la conversión al cristianismo bajo severas penalidades. No se sabe nada sobre el cumplimiento del edicto en Roma misma ni de los mártires de la Iglesia Romana en esa época.

Sin embargo, más es seguro relativo a las disputas internas de la Iglesia sobre la doctrina de la Santísima Trinidad. El Papa Víctor había excomulgado a los seguidores del maestro [[herejía | herético Teodoro el Curtidor junto con su líder. Ellos formaban una comunidad herética independiente en Roma que era dirigida por otro Teodoto, el cambista de monedas, y Aselepodoto. Estos hombres persuadieron a un confesor de Roma llamado Natalis, que había reconocido su fe sin vacilar ante un juez pagano y había sufrido tortura, a dejarse nombrar obispo de esa secta por un pago mensual de 170 denarios. Natalis, sin embargo, recibió muchas advertencias en sueños. Al principio no les prestó atención a estas visiones, pero en una ocasión creyó haber sido torturado severamente por ángeles y ahora comenzó a reflexionar sobre el asunto. Temprano en la mañana se vistió con ropas de penitencia, se cubrió con cenizas, y se postró llorando a los pies de Ceferino. Confesó su mala actuación y suplicó ser recibido de nuevo a la comunión de la Iglesia, la cual finalmente se le concedió (Eusebio de Cesarea, Historia de la Iglesia, V.32).

En ese mismo tiempo los seguidores de Montano también trabajaban con gran energía en Roma. El montanista Próculo (o Proclo) publicó una obra en defensa de las nuevas profecías. Una refutación a Proclo en forma de diálogo fue escrita por un ilustrado y rígidamente ortodoxo cristiano romano llamado Cayo, en el cual se refiere a la tumba de San Pedro en la Colina Vaticana y a la de San Pablo en la Vía Ostiense. Cayo rechazó el Apocalipsis de San Juan, al cual consideraba una obra del hereje Cerinto. En oposición a Cayo, Hipólito escribió su “Capita contra Caium” (cf. Eusebio, Historia de la Iglesia, II.28 y VI.20).

Hipólito era el teólogo más importante entre los presbíteros romanos de esa época. Él era un partidario declarado de la doctrina del Logos Divino. Enseñaba que el Logos Divino se hizo hombre en Jesucristo, que el Logos es diferente a Dios en todo, que es el mediador entre Dios y el mundo de criaturas. Esta doctrina, en la forma que fue expuesta por Hipólito y su escuela, suscitó muchas dudas, y apareció otra escuela teológica que se le oponía. Esta última escuela era representada en Roma por Cleómenes y particularmente por Sabelio. Estos hombres eran rígidos oponentes de los teodosianos, pero no estaban dispuestos a reconocer la Encarnación del Logos, y enfatizaban sobre todo la unidad absoluta (monarchia) de Dios. Ellos explicaban la Encarnación de Cristo en el sentido de que ésta era otra manifestación (modus) de Dios en su unión con la naturaleza humana. En consecuencia ellos eran llamados moralistas o patripasianos, pues según ellos no era el Hijo de Dios, sino el Padre, quien había sido crucificado. El pueblo cristiano común apoyaba firmemente, sobre todo, la Unidad de Dios y al mismo tiempo la verdadera Divinidad de Jesucristo. Originalmente no se sintió en ellos desconfianza hacia esta doctrina. El Papa Ceferino no se interpuso autoritariamente en la disputa entre las dos escuelas. La herejía de los modalistas al principio no era claramente evidente, y la doctrina de Hipólito ofrecía muchas dificultades en lo que respecta a la tradición de la Iglesia. Ceferino decía simplemente que él reconocía un solo Dios, y que éste era el Señor Jesucristo, pero que era el Hijo, no el Padre, quien había muerto. Esta era la doctrina de la tradición de la Iglesia. Hipólito insistió en que el Papa debía aprobar un dogma distinto que representara a la Persona de Cristo como verdaderamente diferente a la del Padre y que condenara las opiniones opuestas de los monarquianos y patripasianos. Sin embargo, Ceferino no consintió en esto. El resultado fue que Hipólito se puso cada vez más irritado y colérico contra el Papa y particularmente contra el diácono Calixto al cual, como consejero del Papa, él hacía responsable de la posición de este último. Cuando, tras la muerte de Ceferino, Calixto fue elegido Obispo Romano, Hipólito se retiró de la Iglesia con sus eruditos, causó un cisma, y se convirtió en obispo rival.

Ceferino fue enterrado en una cámara sepulcral separada sobre el cementerio de Calixto en la Vía Apia (cf. Wilpert, "Die papstgruber und die Suciliengruft in der Katakombe des hl. Kallistus", Friburgo, 1909, 91 sqq.). El “Liber Pontificalis” atribuye dos decretos a Ceferino: uno sobre la ordenación del clero y el otro sobre la liturgia Eucarística en las iglesias titulares de Roma. El autor de la biografía le ha atribuido estos decretos al Papa arbitrariamente y sin base histórica.


Bibliografía: Liber Pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 139; DUCHESNE, Histoire ancienne de Peglise, 292 sqq.; LANGEN, Geschichte der römischen Kirche, I (Bonn, 1881), 200 sqq.; BAGEMANN, Die romische Kirche und ihr Einfluss auf Dissiplin und Dogma in den ersten drei Jahrhunderten (Friburgo in Mr., 1864), 84 sqq.; cf. también la bibliografía a Hipólito.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Pope St. Zephyrinus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/15756c.htm>.

Traducido por Giovanni E. Reyes. L H M.