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Martes, 10 de diciembre de 2019

Diferencia entre revisiones de «''Droit de Régale''»

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El Droit de Régale (jus regaliœ, jus regale, jus deportus; alemán, Regalienrecht. Derecho Real) originalmente denotaba esos derechos que pertenecían exclusivamente al rey, ya fuesen esenciales a su soberanía (jura majora, jura essentialia), tales como la autoridad real; o accidentales (jura minora, jura accidentalia), tales como el derecho a la caza, la pesca, la minería, etc. Por abuso, muchos soberanos en la Edad Media y en tiempos posteriores reclamaron el derecho de confiscar los ingresos de las sedes vacantes o abadías imperiales, y gradualmente, jus regaliœ llegó a aplicarse casi exclusivamente a este derecho asumido.

Es materia de disputa sobre qué base los gobernantes temporales reclamaban estos ingresos. Algunos sostienen que es un derecho inherente de soberanía; otros, que es una consecuencia necesaria del derecho de investidura; otros lo hacen parte del sistema feudal; otros lo derivan del patronato o derecho que los patronos o protectores tenían sobre sus beneficios. Finalmente, tuvo su origen en la suposición de que los obispados y las abadías imperiales, con todas sus temporalidades y privilegios, eran propiedades reales entregadas como feudos a los obispos o abades, y sujetas a las leyes feudales de la época. Al principio, el derecho se ejercía solo durante la vacante real de una sede o abadía, pero luego se extendió durante todo el año siguiente a la muerte del obispo o abad. A menudo, los gobernantes temporales también reclamaban el derecho de colacionar todos los beneficios que quedaban libres durante la vacancia de una diócesis, con la excepción de aquellos a los que se asignaba el cuidado de las almas.

Es difícil determinar cuándo y dónde se ejerció el jus regale por primera vez. En el Imperio Franco occidental hizo su primera aparición probablemente hacia el final de la dinastía carolingia, es decir, en el transcurso del siglo X. La primera mención histórica que encontramos de él es en relación con el rey Guillermo II (Rufus) de Inglaterra, quien, después de la muerte de Lanfranco en 1089, mantuvo vacante la sede arzobispal de Canterbury durante más de tres años, período durante el cual el rey confiscó todos los ingresos arzobispales. Durante el reinado de Enrique II (1154-89) se había convertido en una práctica establecida para el rey de Inglaterra tomar posesión de los ingresos de todas las diócesis vacantes. El Papa no reconocía ese derecho, lo cual es manifiesto por el hecho de que Alejandro III condenó el artículo 12 del Concilio de Clarendon (1164), que proveía que el rey habría de recibir, como un derecho señorial (sicut dominicos), todo el ingreso (omnes reditus et exitus) de un arzobispado, obispado, abadiado o priorato vacante en su dominio (Mansi, XXI, 1195). En 1176 Enrique II le prometió al legado papal que no ejercería el derecho de regalía por más de un año. Con la excepción de unos cuantos períodos cortos, los reyes ingleses continuaron ejerciendo ese derecho hasta la Reforma. Incluso al presente la Corona inglesa lo ejerce sobre las temporalidades de las diócesis (anglicanas) vacantes.

En Alemania Enrique V (1106-25), Conrado III (1138-52) y Federico I (1155-89) son conocidos como los primeros en reclamarlo. Federico I lo ejerció con su máximo rigor y lo llamó "un antiguo derecho de reyes y emperadores" (Lacomblet, "Urkundenbuch für die Geschichte des Niederrheins", I, 288). El rey Felipe de Suabia renunció renuentemente a él, junto con el jus spoliiante Inocencio III en 1203 (Mon. Germ.: Const. II, 9). Otón IV hizo lo mismo en 1209 (ibid.., 37). El rey Federico II renunció a él ante Inocencio III, primero en Eger el 12 de julio de 1213 (ibid.., 58, 60), luego en el Privilegio de Würzburgo en mayo de 1216 (ibid.., 68), y de nuevo ante [[Honorio III en Hagenau en septiembre de 1219 (ibid.., 78). En 1238 comenzó a ejercerlo de nuevo (ibid.., 285), pero sólo durante la vacancia real de las diócesis, no por un año completo, como lo había hecho previamente. Después de la muerte de Federico II cesaron gradualmente las pretensiones de los emperadores romanos a este derecho. Al presente (1911) los ingresos de las diócesis vacantes en Prusia pasan al obispo sucesor; en Baviera, a la catedral; en Austria, al “Religionsfond”.

En Francia encontramos la primera mención durante el reinado de Luis VII, cuando, en 1143, San Bernardo de Claraval se queja, en una carta al obispo de Palestrina, que en la Iglesia de París el rey ha extendido el droit de régale a todo un año (ep. 224, P. L, CLXXXII, 392). El Papa Bonifacio VIII, en su famosa BulaAusculta Fili” (5 dic. 1301) instó a Felipe el Hermoso a renunciar a él, pero sin éxito. En Francia el derecho no pertenecía exclusivamente al rey; también lo ejercían los duques de Normandía, Bretaña y Borgoña, y los condes de Campaña y Anjou. Las provincias eclesiásticas de Burdeos, Auch, Narbona, Arles, Aix, Embrun y Vienne estaban totalmente exentas de él. El Segundo Concilio de Lyon (1274) les prohibió a todos, bajo pena de excomunión, extender el jus regaliœ a cualquier diócesis que en ese tiempo estuviese exenta de él (Mansi XXIV, 90), y en 1499 Luis XII dio órdenes estrictas a sus funcionarios de no ejercerlo sobre diócesis exentas.

Hacia finales del siglo XVI se comenzó a ignorar la restricción del Concilio de Lyon, y el 24 de abril de 1608, el Parlamento decidió que el rey tenía el droit de régale sobre todas las diócesis de Francia; pero Enrique IV no llevó a efecto esta decisión parlamentaria. El 10 de febrero de 1673, Luis XIV emitió una declaración, extendiendo el droit de régale sobre toda Francia. El Parlamento estaba complacido, y la mayoría de los obispos se rindieron sin protestar seriamente, solo se opusieron Pavillon, de Alet, y Caulet, de Pamiers, ambos jansenistas. Estos al principio buscaron remedio a través de sus metropolitanos, pero cuando estos tomaron el lado del rey apelaron, en 1677, a Inocencio XI. En tres breves sucesivos, el Papa instó al rey a no extender el derecho a las diócesis que anteriormente estaban exentas. La asamblea general del clero francés celebrada en París en 1681-2 se alineó con el rey y, a pesar de las protestas de Inocencio XI, Alejandro VIII e Inocencio XII, el derecho se mantuvo hasta la Revolución. Napoleón I intentó restaurarlo en un decreto fechado 6 de noviembre de 1813, pero su caída al año siguiente frustró su plan. En 1880 la Tercera República de nuevo afirmó el derecho, excediendo incluso los límites de su anterior aplicación.


Bibliografía: DU CANGE, Glossarium, s.v. Regalia; THOMASSINUS, Vetus ac nova ecclesiæ disciplina circa beneficia, III, lib. II, liv; DE MARCA, De concordia sacerdotii et imperii, lib. VIII (1704); MAKOWER, Die Verfassung der Kirche von England (Berlín, 1894), 326 ss.; PHILLIPS, Das Regalienrecht in Frankreich (Halle, 1873); MICHELET, Du droit de régale (Ligugé, 1900); STUTZ, in Realencyclopädie für prot. Theologie und Kirche, XVI (Leipzig, 1905), 536-44; MENTION, Documents relatifs aux rapports du clergé avec la royauté de 1682 à 1702, I (París, 1893) 18 ssq. (Vea también las bibliografías en los artículos INOCENCIO XI Y LUIS XIV).

Fuente: Ott, Michael. "Droit de Regale." The Catholic Encyclopedia. Vol. 12, pp. 712-713. New York: Robert Appleton Company, 1911. 2 dic. 2019 <http://www.newadvent.org/cathen/12712c.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina