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Sábado, 23 de febrero de 2019

Portero

De Enciclopedia Católica

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(También llamado “ostiario”; de ostiarius; latín, ostium, una puerta)

Entre los romanos el término “portero” denotaba al esclavo cuyo deber era proteger la entrada de la casa. En el período romano todas las casas de la clase mejor tenían un ostiarius, u ostiario, cuyas funciones se consideran muy inferiores. Cuando, a partir de finales del siglo II, las comunidades cristianas comenzaron a poseer casas para la celebración de servicios eclesiásticos y para propósitos de administración, se comenzaron a mencionar los ostiarios, al menos para las grandes ciudades.

Se les menciona por primera vez en la carta del Papa San Cornelio al obispo Fabio de Antioquía escrita en 251 ( Eusebio, Hist. Ecl. VI.43), donde se dice que en Roma había 46 sacerdotes, 7 diáconos, 7 subdiáconos, 42 acólitos y 52 exorcistas, lectors y ostiarios, o porteros. De acuerdo con la declaración del "Liber Pontificalis" (ed. Duchesne, I, 155) un ostiario llamado Romano sufrió el martirio en 258, al mismo tiempo que San Lorenzo. En Europa occidental el oficio del ostiario era el grado más bajo del clero menores. En una ley de 377 del Código Teodosiano (Lib. XVI, tit. II, núm. XXIV; ed. Gothofredi, VI, I, 57) destinada al vicariato de Italia, también se menciona a los ostiarios entre los clérigos que tienen un derecho a la inmunidad personal. En su carta de 11 de marzo de 494, a los obispos del sur de Italia y de Sicilia, el Papa Gelasio dice que para ser admitido al clero era necesario que el candidato pudiese leer (debía, por tanto, tener una cierta cantidad de educación), pues sin este requisito previo un solicitante podía, a lo sumo, ocupar sólo el cargo de ostiario (PL, LVI, 691). En la misma Roma este oficio no alcanzó ningún desarrollo particular, ya que gran parte de sus funciones, a saber, el trabajo real necesario en el edificio de la iglesia, lo que hoy es probablemente el deber del sacristán, en Roma era realizado por el mansionarii. En Roma, el clero de los tres grados inferiores (órdenes menores) se unió en la Schola Cantorum y como tal participaban en las ceremonias de la Iglesia. No hay oraciones especiales o ceremonias para la ordenación del bajo clero en los libros litúrgicos más antiguos de la Iglesia Romana.

Para el rito galicano, breves declaraciones relativas a la ordenación del de las órdenes menores, entre ellas el de ostiario, se encuentran en el “Statuta ecclesiæ antiqua", una colección de cánones que apareció en Arles cerca del comienzo del siglo VI (Maassen, "Quellen des Kirchenrechts", I, 382). El "Sacramentarium Gelasianum" y el "Missale Francorum" contienen el mismo rito con las oraciones utilizadas en esta ocasión. De acuerdo con éstos, los ostiarios primero son instruidos en sus funciones por el archidiácono, tras lo cual éste los lleva ante el obispo, quien toma del altar las llaves de la iglesia y se las entrega a los candidatos a la ordenación con las palabras: "Cumple con tu oficio para demostrar que sabes que has de dar cuentas a Dios en cuanto a las cosas que están encerradas bajo estas llaves.” Luego sigue una oración por el candidato y una oración para la ocasión que el obispo pronuncia sobre él. Más tarde la Iglesia Romana aprobó esta ceremonia para su liturgia y ha continuado con ligeros cambios en las fórmulas hasta ahora.

En la Europa occidental latina, fuera de Roma, en la época romana tardía y en la siguiente, todavía se utilizaban los ostiarios como guardianes de las edificaciones eclesiásticas y su contenido. Así lo demuestra el epitafio de un Ursacio, un ostiario de Tréveris (Corpus inscr. Latin., XIII, 3789). En otro epitafio (Corpus inscr. latin., III, 13142) también se menciona un ostiario de la iglesia de Salona. Más tarde, sin embargo, en la Iglesia latina, el oficio de ostiario permaneció sólo como uno de los grados de ordenación y el trabajo real del ostiario se transfirió a los laicos ( sacristanes, campaneros, sepultureros, etc.). El Pontifical enumera así los deberes de los ostiarios para su ordenación: Percutere cymbalum et campanam, aperire ecclesiam et sacrarium, et librum ei aperire qui prædicat (para que suene las campanas, para abrir la iglesia y la sacristía, para abrir el libro para el predicador). Las formas de oración para la ordenación son similares a los del antiguo rito galicano.

En el Oriente también hubo porteros en el servicio de la Iglesia. El Concilio de Laodicea (343-81) los menciona como personas eclesiásticas. Al igual que los acólitos y exorcistas, eran nombrados sólo para servir a la iglesia, pero no recibían la ordenación propiamente dicha, y no se consideraban como pertenecientes a la jerarquía eclesiástica. Según las "Constituciones Apostólicas", pertenecientes al final del siglo IV, era deber de los diáconos y subdiáconos el oficio de guardar la puerta durante el servicio. Así, los porteros ejercían su oficio sólo cuando no había servicio religioso.


Bibliografía: DUCHESNE, Origines du culte chrétien (5ta ed., París, 1909). 349 sq.; WIELAND, D. genetische Entwicklung d. sogen. Ordines minores in den drei ersten Jahrhunderten (Roma, 1897), 54 ss., 161 ss.; THOMASSINUS, Vetus et nova ecclesiæ disciplina circa beneficia et beneficiarios, pt. I, lib. I, cap. XXX-XXXIII, I (Lyons, ed. 1706), 319 ss.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Porter." The Catholic Encyclopedia. Vol. 12. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/12284b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.