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Jueves, 21 de febrero de 2019

Hisopo

De Enciclopedia Católica

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(Setenta hyssopos).

Planta mencionada en algunos pasajes de las Sagradas Escrituras, y que no se puede identificar con certeza en el día de hoy. Su existencia en Egipto se demuestra por Éxodo 12,22, donde se representa a Moisés instando a los ancianos de Israel a tomar un manojo de hisopo y untar con él la sangre del cordero pascual en el dintel y las jambas de las puertas de sus viviendas. En el desierto también había hisopo disponible a la mano, como se puede deducir por Éx. 24,8, complementado por Heb. 9,19, según la cual el gran legislador de Israel roció a los hebreos con el hisopo empapado en la sangre de las víctimas, en el sellado de la antigua alianza entre Yahveh y su pueblo.

Las referencias al hisopo contenidas en el ritual mosaico muestran claramente que se trataba de una planta común en la península del Sinaí y en la tierra de Canaán, y da a conocer sus principales usos entre los hebreos. Por lo tanto, es con hisopo que se ha de rociar la sangre de un pájaro ofrecido en sacrificio para la limpieza de una casa o un hombre afectados con lepra (Lev. 14,4-7.49-51); es con él, también, que se hará la aspersión del agua de purificación en la limpieza de una tienda, una persona o un vaso contaminado por el contacto de un animal muerto (Núm. 19,8). Además de ser utilizado así como un instrumento en el acto de aspersión, el hisopo se usaba como uno de los elementos a ser quemados en la preparación del agua de la purificación misma (Núm. 19,6). Por ello no es sorprendente encontrar que esta múltiple e íntima relación del hisopo con las diversas purificaciones de la antigua Ley llevase al salmista (Sal. 51(50), 9) a considerar la aspersión con el hisopo como símbolo de una purificación completa del corazón, una visión que la Iglesia Católica ha hecho suya en la ceremonia del asperges que suele comenzar la solemne ofrenda de la Santa Misa.

Tampoco es de extrañar que esta misma relación del hisopo con las diversas limpiezas de la Ley mosaica le sugiriese a muchos escritores la identificación de la planta con la Hyssopus officinalis, o hisopo común, con el que estaban particularmente familiarizados, y cuyas propiedades detergentes pensaron naturalmente pensaron que había inducido al legislador a seleccionarlo como especialmente apto para la servicios purificadores en Israel. Aunque ampliamente aceptada en el pasado, tal identificación es ahora comúnmente rechazada por este motivo, entre otros, que el Hyssopus officinalis parece haber sido desconocido en la antigua Siria y Egipto. La planta, que en la actualidad, se considera más probablemente el hisopo del ritual mosaico, es la Origanum maru. Como el Hyssopus officinalis pertenece a la familia de las labiadas (labiatæ), tiene propiedades aromáticas y detergentes, y se puede convertir fácilmente en un manojo para propósitos de aspersión.

Las siguientes son algunas de sus reclamaciones particulares para ser considerado como el hisopo mencionado en el Antiguo Testamento. En primer lugar, es al Origanum ---no al Hyssopus officinalis--- que apuntan todas las tradiciones antiguas cuando se refieren al hisopo de las Escrituras. En segundo lugar, su nombre egipcio de supho, está claramente aliado al arameo zufo y al equivalente hebreo. Por último, el Origanum maru crece en las paredes de todas las terrazas a lo largo de Palestina y Siria. Esta última afirmación a favor de la identificación del hisopo del Antiguo Testamento con el Origanum maru está en clara armonía con 1 Rey. 4,33 (Heb. 1 Sam. 4,33) donde leemos que Salomón "trató sobre los árboles desde el cedro que está en el Líbano, hasta el hisopo que sale de la pared".

La principal dificultad en el camino de esta identificación se extrae de Juan 19, 29, donde se afirma que algunos de los presentes en la Pasión de Cristo "pusieron una esponja empapada en vinagre en el hisopo, y se la pusieron en la boca". Se supone a menudo que el tallo de la Origanum maru sería demasiado corto y demasiado delgado para los fines descritos en este pasaje, y que otra planta con un tallo más largo y firme, por ejemplo, el alcaparro (capparis spinosa) es el denotado por el cuarto evangelista. Sin embargo, a muchos comentaristas no le parece necesaria esta suposición. Ellos piensan que la Cruz sobre la que Jesús estaba no era tan alta como asumen los opositores a la identificación, y que en consecuencia la Origanum maru, de unos 40 ó 50 centímetros de longitud, y, sin duda, a la mano en el Calvario, se utilizó ya sea sola o junto con una caña (cf. Mt. 27,29; Mc. 15,36) para llevar la esponja humedecida en vinagre a los labios del Salvador. También se han considerado numerosas otras plantas, más o menos similares a la Origanum maru, de hecho, con cierta probabilidad, como el hisopo mencionado en la Sagrada Escritura.


Bibliografía: (Se marca con un asterisco a los autores católicos.) GESENIO, Thesaurus linguæ hebrææ et chaldææ, I (Leipzig, 1829); ROYLE, On the Hyssop of Scripture in the Journal of the Asiatic Society, VIII; TRISTRAM,Natural History of the Bible (2da ed., Londres, 1868); Fauna and Flora of Palestine, (Londres, 1885); FILLION*, Atlas d'histoire naturelle de la Bible (Lyon, 1884); GROSER, Trees and Plants Mentioned in the Bible (Londres, 1895); FONCK*, Streifzüge durch die biblische Flora (Friburgo im Br., 1900); LEVESQUE*, in VIGOUROUX, Dict. de la Bible, s.v. (París, 1901); LE CAMUS*, Life of Christ, tr., III (Nueva York, 1908).

Fuente: Gigot, Francis. "Hyssop." The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. 28 Jan. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/07612a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina