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Martes, 26 de octubre de 2021

Crescencio

De Enciclopedia Católica

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Crescencio fue el nombre de varios líderes de la aristocracia romana en el siglo X, durante su oposición al gobierno imperial de la época.

Crescencio el Mayor

Con la desaparición de la dinastía carolingia, el gobierno papal de Roma perdió a su protector más poderoso y los romanos tomaron los asuntos en sus propias manos. De la aristocracia local surgió una familia poderosa, que asumió el cargo práctico de todos los asuntos gubernamentales en Roma, controlaba las nominaciones al trono papal y mantuvo el poder durante muchos años. A principios del siglo X la familia estaba representada por Teofilacto, vestararius o alto dignatario del palacio papal y del gobierno pontificio, por su esposa Teodora, y sus dos hijas Marozia y Teodora. Teofilacto tenía los títulos de cónsul y senador de los romanos.

Crescencio el Mayor era descendiente de esta familia, pues era hijo de Teodora, la hija de Teofilacto. Según los registros, intervino por primera vez en los asuntos romanos en 974. A la muerte del Papa Juan XIII (965-972), quien era hermano de Crescencio, el emperador Otón I (936-73) designó como su sucesor al cardenal-diácono Benedicto, quien tomó el nombre de Benedicto VI (972-74). Los romanos soportaban la constante interferencia del emperador en las elecciones papales con una indignación mal disimulada. Aproximadamente un año después de la muerte de Otón I, cuando su sucesor Otón II (973-83) estaba involucrado en guerras en casa, se rebelaron contra el régimen imperial bajo la dirección de Crescencio. El desafortunado Papa Benedicto VI fue destronado, arrojado al Castillo de Sant'Angelo y estrangulado allí en julio de 974.

El diácono Franco, romano, hijo de Ferrucio, fue electo para sucederle y tomó el nombre de Bonifacio VII (974). Las protestas del enviado imperial Sicco no sirvieron de nada contra esta manifestación de aspiraciones nacionales por parte de los romanos. Pronto, sin embargo, el partido imperial tomó la ventaja; Bonifacio VII se vio obligado a huir a Constantinopla; Benedicto VII (974-83) fue elegido en su lugar, y Crescencio desapareció por un tiempo. Con toda probabilidad participó activamente en la restauración de Bonifacio VII en 984. Tras la muerte del emperador Otón II (diciembre de 983), el partido antiimperial creyó que había llegado el momento de reafirmarse. En abril de 984, Bonifacio VII regresó de Constantinopla y tomó posesión de Roma. El Papa Juan XIV (983-84), que había sido designado por el emperador Otón II, fue encarcelado en el Castillo de Sant'Angelo, donde falleció unos cuatro meses después, y Bonifacio VII (984-85) volvió a gobernar como Papa hasta el momento de su muerte en julio de 985.

Su protector Crescencio, hacia el final de su vida, es incierto si antes o después de la restauración de Bonifacio VII, tomó el hábito monástico en el monasterio de San Alejo en el Aventino, donde murió el 7 de julio de 984 y fue enterrado en el claustro. El epitafio de su tumba (Armellini, Le Chiese di Roma, 586) todavía es visible.

Crescencio el Joven

Las aspiraciones de la aristocracia romana no se desvanecieron con la muerte de Crescencio el Mayor. Este último dejó un hijo, también llamado Crescencio, que tras la muerte de Bonifacio VII tomó las riendas del poder en sus manos; las circunstancias parecían ser particularmente favorables. El emperador Otón III (985-96) era todavía un niño, y la madre emperatriz, Teófano, aunque era una princesa enérgica, estaba ausente de Roma. Crescencio el Joven tomó el título de Patricius Romanorum, con lo cual quería expresar que era el gobernante de Roma, aunque no del todo independiente de la autoridad imperial; se consideraba a sí mismo un lugarteniente del emperador.

Es muy probable que la elección del Papa Juan XV (985-96), que sucedió a Bonifacio VII, se haya realizado con la participación de Crescencio, aunque se desconocen los detalles de esa elección. En algunos de los documentos oficiales de la época, emitidos por el Papa, aparecen el nombre de Crescencio y su título de Patricius junto con el nombre de Juan XV; y durante varios años Crescencio ejerció su autoridad aparentemente sin oposición. Cuando la emperatriz Teófano llegó a Roma en 989, se condujo como emperatriz y soberana, y dejó a Crescencio su posición subordinada. Mientras tanto, el joven emperador Otón III asumió las riendas del gobierno, y en 996 realizó su primer viaje a Italia, inducido por diversas consideraciones, especialmente por los llamamientos del Papa Juan XV. Sin embargo, la muerte se apoderó del Papa a principios de abril de 996, antes de que Otón llegara a Roma; fue en Pavía donde el emperador se enteró del hecho.

Como los romanos y su líder, Crescencio, no se preocuparon en este momento de nombrar un sucesor del Papa fallecido, enviaron una delegación al emperador con la solicitud de que proporcionara un candidato adecuado para la Sede Romana. Otón III estaba en Rávena cuando llegaron los delegados de Roma. Después de una consulta con sus consejeros, eligió a su propio primo, Bruno, un joven eclesiástico de solo veintitrés años de edad, que parecía tener las calificaciones necesarias. A principios de mayo fue consagrado en Roma como Gregorio V (996-99), siendo el primer Papa de nacionalidad alemana. Unas semanas después, el mismo Otón III fue coronado en Roma por el nuevo Papa (21 de mayo) en la Basílica de San Pedro.

El 25 de mayo de ese mismo mes el Papa y el emperador celebraron un sínodo en San Pedro, el cual fue al mismo tiempo un tribunal de justicia. Los romanos rebeldes, incluyendo a Crescencio, que habían amargado los últimos años del pontificado del Papa Juan XV, fueron convocados para dar cuenta de sus hechos. El resultado fue que un cierto número, entre ellos Crescencio, fueron condenados al destierro. El Papa Gregorio V, que deseaba inaugurar su pontificado con actos de misericordia, rogó por los culpables y el emperador retiró su sentencia de destierro. Crescencio fue privado de su título de Patricius, pero se le permitió vivir retirado en Roma.

La clemencia que el Papa mostró a Crescencio fue correspondida con actos de violencia. Solo unos meses después de la partida del emperador hacia Alemania, estalló una revuelta en Roma bajo el liderazgo de Crescencio. El Papa extranjero y los muchos oficiales extranjeros instalados en los Estados Pontificios resultaban ofensivos a la vista de los romanos. La rebelión tuvo tanto éxito que en septiembre de 996, el Papa se vio obligado a huir con solo unos pocos ayudantes. En febrero de 996 celebró un sínodo en Pavía en el que pronunció sentencia de excomunión contra Crescencio, el usurpador e invasor de la Iglesia de Roma. Crescencio, lejos de sentirse movido por estos procedimientos en su contra, completó su obra de rebelión con el nombramiento de un antipapa, Filágato, obispo de Piacenza, que acababa de regresar de una embajada a Constantinopla en nombre del emperador Otón III. Nacido en Calabria, Filágato era griego y debía su elevación al episcopado a la emperatriz Teófano y su hijo, pero estaba dispuesto a traicionar a su amo. En abril de 997 asumió el título de Papa Juan XVI (996-98).

En febrero de 998, Otón III regresó a Roma con el Papa Gregorio V y tomó posesión de la ciudad sin mucha dificultad. El antipapa buscó seguridad en la huida, mientras Crescencio se encerró en el Castillo de Sant'Angelo. El infortunado Juan XVI pronto fue capturado por los emisarios del emperador; le cortaron la nariz y las orejas, le arrancaron los ojos y la lengua, y en esta lamentable condición le hicieron montar de espaldas sobre un asno. Por intercesión de San Nilo, uno de sus compatriotas, se le perdonó la vida y vivió hasta 1013. Hacia finales de abril fue tomado el Castillo de Sant'Angelo; Crescencio fue hecho prisionero y ejecutado y su cadáver fue colgado de una horca erigida en Monte Mario. Posteriormente, sus restos fueron enterrados en la iglesia de San Pancracio en el Janículo.

Juan Crescencio

Hijo de Crescencio el Joven: A principios de 1001 estalló una revuelta en Roma contra Otón III, que ahora residía permanentemente en la Ciudad Eterna. El emperador y el Papa Silvestre II (999-1003), el primer Papa de nacionalidad francesa, se vieron obligados a huir; es muy probable que Juan Crescencio fuese el principal incitador de la rebelión. En cualquier caso, después de esto asumió la autoridad suprema en Roma, y después de la muerte del emperador Otón III (24 de enero de 1002) tomó el título de Patricius Romanorum. Al Papa Silvestre II se le permitió regresar a Roma, pero tuvo poco que ver con el gobierno temporal. Lo mismo ocurrió con sus tres sucesores inmediatos: Juan XVII (1003), Juan XVIII (1003-09) y Sergio IV (1009-12), todos los cuales fueron nombrados por influencia de Juan Crescencio. El propio patricius murió en la primavera del año 1012, y con él los Crescentii desaparecieron de la historia de Roma.


Bibliografía

DUCHESNE, Les premiere temps de l'état pontifical (París, 1898); GREGOROVIUS, Gesch. der Stadt Rom. (Stuttgart, 1890), III, IV; GIESEBRECHT, Gesch. der deutschen Kaiserzeit (Leipzig, 1881), I; HEFELE, Conciliengesch. (Friburgo, 1879), IV; GRITZ in Kirchenlex., s.v.

Fuente: Schaefer, Francis. "Crescentius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 4, pág. 484-485. New York: Robert Appleton Company, 1908. 26 sept. 2021 <http://www.newadvent.org/cathen/04484c.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina