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Martes, 31 de marzo de 2020

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(Latín cadena, una cadena)  
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'''''Catenæ''''' ([[Latín Eclesiástico |Latín]], ''catena'', una cadena) son colecciones de excerptas de los escritos de los [[Comentarios Bíblicos |comentaristas bíblicos]], especialmente los [[Padres de la Iglesia |Padres]] y los primeros escritores eclesiásticos, unidos juntos como los eslabones de una cadena, y de este modo exhiben una continua y relacionada interpretación de un texto dado de la [[Escritura]]. Se ha dicho con razón que son antologías [[Exégesis Bíblica |exegéticas]].  Estos fragmentos de los comentarios [[patrística |patrísticos]] no sólo son muy valiosos para el sentido literal de la [[Biblia |Escritura]], puesto que su texto presenta con frecuencia la evidencia de muy antiguos [[manuscritos]] (ya perdidos); también son útiles al teólogo ([[Teología Dogmática |dogmático]] y [[Teología Mística |místico]]), al [[Historia Eclesiástica |historiador eclesiástico]] y al estudioso de la [[patrología]], pues con frecuencia muestran lo único que queda de importantes escritos patrísticos (vea [[Angelo Mai |MAI]], [[Jean-Baptiste-François Pitra |PITRA]]; cf. Holl, Fragmente vornikänischer Kirchenväter, Leipzig, 1899).
  
Colecciones de excerptas de los escritos de los comentaristas bíblicos especialmente los Padres y los primeros escritores eclesiásticos, unidos juntos como los eslabones de una cadena, exhibiendo así una continua y relacionada interpretación de un texto dado de la Escritura. Se ha dicho con razón que son antologías [[Exégesis|exegéticas]].  
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Con la desaparición de los grandes teólogos escriturarios, investigadores y [[Comentarios Bíblicos |comentaristas]] de los siglos IV y V, surgió una clase de compiladores de la [[Escritura]], comparables a [[Anicio Manlio Severino Boecio |Boecio]] e [[San Isidoro de Sevilla |Isidoro de Sevilla]] en las ramas de la [[filosofía]], la [[Historia Eclesiástica |historia eclesiástica]] y la cultura general.   La gran antigüedad de los comentaristas [[patrística |patrísticos]], tan cercanos al origen de los Libros Sagrados, y el supremo valor dado por la [[Teología Dogmática |teología]] [[católico |católica]] al consentimiento unánime de los [[Padres de la Iglesia |Padres]] en la exposición de la Escritura, llevó naturalmente a tales compilaciones en una época de decadencia teológica.
  
Estos fragmentos de los comentarios patrísticos no sólo son muy valiosos para el sentido literal de la [[Biblia|Escritura]], puesto que su texto presenta con frecuencia la evidencia de muy antiguos manuscritos (ya perdidos); ellos también son útiles al teólogo ([[Teología Dogmática|dogmático]] y místico), al historiador eclesiástico y al patrólogo, pues con frecuencia muestran lo único que queda de importantes escritos patrísticos (vea [[Angelo Mai|Mai]], [[Jean-Baptiste-François Pitra|Pitra]]; cf. Holl, Fragmente vornikänischer Kirchenväter, Leipzig, 1899).  
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La ''catena'' griega más antigua se le atribuye a Procopio de Gaza, en la primera parte del siglo VI, aunque Ehrhardt (ver Krumbacher, 211) señala a [[Eusebio de Cesarea]] (murió alrededor del 340) como el pionero en esta rama de la [[Exégesis Bíblica |exégesis bíblica]].  Entre los siglos VII y X aparece Andreas Presbítero y Juan Drungarios como compiladores de ''catenæ'' de varios libros de la [[Biblia |Escritura]] y a final del siglo XI Nicetas de Serrae, quizás el mejor representante de la erudición bizantina en este tema.  Sin embargo, tanto antes como después los compiladores de ''catenæ'' fueron numerosos en el oriente griego, la mayoría anónimos, sin dar otra indicación de su [[personalidad]] que los [[manuscritos]] de sus excerptas.  También se realizaron compilaciones similares en las iglesias [[Siria |siríaca]] y [[Iglesia de Alejandría |copta]] (Wright, de Lagarde, Martin, in Krumbacher, 216).
  
Con la desaparición de los grandes teólogos escriturarios, investigadores y comentadores del los siglos IV y V, surgió una clase de compiladores de la Escritura, comparables a [[Anicio Manlio Severino Boecio|Boecio]] y [[San Isidoro de Sevilla]] en el campo de la [[filosofía]], [[historia eclesiástica]] y cultura general. La gran antigüedad de los comentaristas patrísticos, tan cercanos al origen de los Libros Sagrados, y el supremo valor dado por la [[teología]] católica al consentimiento unánime de los Padres en la exposición de la Escritura, llevó naturalmente, en una época de decadencia teológica, a tales compilaciones. La cadena griega más antigua se le atribuye a Procopio de [[Gaza]], en la primera parte del siglo VI, aunque Ehrhardt (ver Krumbacher, 211) señala a [[Eusebio de Cesarea]] (murió alrededor del 340) como el pionero en esta rama de la [[exégesis]] bíblica. Entre los siglos VII y X aparece Andreas Presbítero y Juan Drungarios como compiladores de cadenas de varios libros de la Escritura y a final del siglo XI Nicetas de Serrae, quizás el mejor representante de la erudición bizantina en este tema. Los compiladores de cadenas fueron numerosos en el oriente griego, la mayoría anónimos, sin indicar otra indicación de su [[personalidad]] que los [[manuscritos]] de sus excerptas. También se realizaron compilaciones similares en las iglesias siríaca y copta (Wright, de Lagarde, Martin, in Krumbacher, 216).  
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En Occidente, Primasio de Adrumeto en [[África]] (siglo VI) compiló la primera ''catena'' de [[Comentarios Bíblicos |comentaristas]] latinos.  Fue imitado por [[Mauro Magnencio Rábano |Rábano Mauro]] (m. 865), [[San Pascasio Radberto |Pascasio Radberto]] y [[Walafrido]], luego por [[Remigio de Auxerre (m. 900) y por [[Lanfranco]] de [[Canterbury]] (m. 1089).  Se debe señalar que las ''catenæ'' occidentales no tienen la importancia adjudicada a las compilaciones griegas.   La más famosa de las compilaciones latinas [[Edad Media |medievales]] de esta clase es la de [[Santo Tomás de Aquino]], conocida generalmente como "Catena Aurea" (''catena'' dorada) y contiene extractos de unos ochenta comentaristas griegos y latinos de los [[Evangelios]] (ed. J. Nicolai, París, 1869, 3 vols.).  
  
En Occidente, Primasio de Adrumento en África (siglo VI) compiló la primera cadena de comentaristas latinos. Fue imitado por [[Mauro Magnencio Rábano|Rábano Mauro]] (m. 865), [[San Pascasio Radberto]], [[Walafrid]] Strabo, y más tarde por [[Remigio de Auxerre]] (m. 900) y [[Lanfranc]] de Canterbury (m. 1089).  Las cadenas occidentales, hay que notar, no tienen la importancia adscrita a las compilaciones griegas. La más famosa de las compilaciones latinas [[Edad Media|medievales]] de esta clase es la de [[Santo Tomás de Aquino]], conocida generalmente como "Cadena Aurea" (Cadena Dorada) y contiene extractos de unos ochenta comentaristas griegos y latinos de los Evangelios (ed. J. Nicolai, Paris, 1869, 3 vols.).  Desde el siglo XVI se ha dedicado mucho esfuerzo a coleccionar, cotejar y editar estos restos exegéticos de los primeros [[Padres de la Iglesia]], ya que la mitad de sus comentarios nos han llegado de esta manera, como afirma Faulhaber (ver bibliografía). Entre los editores modernos de las cadenas griegas hay que resaltar al [[Compañía de Jesús|jesuita]] [[Balthasar Cordier]], que publicó (1628-47) importantes colecciones de comentarios patrísticos griegos sobre [[San Juan]] y [[San Lucas]] y junto con su compañero de religión Possin, sobre [[San Mateo]]. Possin editó en 1673 colecciones similares de excerptas patrísticas sobre [[San Marcos]] y [[Job]].  La voluminosa cadena conocida como Biblia Magna (París, 1643) y Biblia Máxima (París, 1660), editadas por [[Jean de la Haye]], fueron seguidas por los nueve volúmenes de la bien conocida "Critici Sacri, sive clarissimorum virorum annotationes atque tractatus in biblia" (editada por Pearson, Londres, 1660; Amsterdam, 1695-1701), que contiene selecciones no solo de los comentaristas [[católico]]s sino también de los [[Protestantismo|protestantes]].  Una importante colección moderna de las cadenas griegas sobre el [[Nuevo Testamento]] es la de J. A. Cramer (Oxford, 1638-44). Ver también los veintiocho volúmenes del comentario de [[Jacques-Paul Migne|Migne]] en su “Scripturæ sacræ cursus completus" (París, 1840-45).
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Desde el siglo XVI se ha dedicado mucho esfuerzo a recopilar, revisar y editar estos restos [[Exégesis Bíblica |exegéticos]] de los primeros [[Padres de la Iglesia]], ya que la mitad de sus [[Comentarios Bíblicos |comentarios]] nos han llegado de esta manera, como afirma Faulhaber (ver bibliografía). Entre los editores modernos de ''catenæ'' griegas, se debe mucho crédito al [[Compañía de Jesús |jesuita]] [[Baltasar Cordier]], quien publicó (1628-47) importantes colecciones de comentarios [[patrística |patrísticos]] griegos sobre [[Evangelio según San Juan |San Juan]] y [[Evangelio según San Lucas |San Lucas]] y, junto con su hermano Possin, sobre [[Evangelio según San Mateo |San Mateo]]; este último erudito editó también (1673) colecciones similares de excerptas patrísticas sobre [[Evangelio según San Marcos |San Marcos]] y [[Job]].  Las voluminosas ''catenæ'' conocidas como Biblia Magna (París, 1643) y Biblia Maxima (París, 1660), editadas por [[Jean de la Haye |J. de la Haye]], fueron seguidas por los nueve volúmenes de la muy conocida "Critici Sacri, sive clarissimorum virorum annotationes atque tractatus in biblia" (editada por Pearson, Londres, 1660; Amsterdam, 1695-1701), que contiene selecciones no solo de los comentaristas [[católico]]s sino también de los [[protestantismo |protestantes]].  Una importante colección moderna de las ''catenæ'' griegas sobre el [[Nuevo Testamento]] es la de J. A. Cramer (Oxford, 1638-44). Vea también los veintiocho volúmenes del comentario de [[Jacques-Paul Migne |Migne]] en su “Scripturæ sacræ cursus completus" (París, 1840-45).
  
Se construyeron colecciones similares de expresiones patrísticas griegas con propósitos [[Dogma|dogmáticos]]. Se utilizaron en el [[Concilio de Calcedonia]] en 451, en el [[Segundo Concilio Ecuménico de Constantinopla|Quinto Concilio General]] en 553 y a propósito de la [[iconoclasia]] en el [[Segundo Concilio de Nicea|Séptimo Concilio General]] de 787. Entre los griegos tales compilaciones, como las cadenas [[Exégesis|exegéticas]], siguieron haciéndose hasta tarde en la [[Edad Media]]. La más antigua de estas compilaciones dogmáticas, atribuida a la última parte del siglo VII, es la "Antiquorum Patrum doctrina de Verbi incarnatione" (editada por el [[cardenal]] [[Angelo Mai]] en Scriptor. Vet. nova collectio, [[Roma]], 1833, VII, I, 1-73; cf. Loofs, [[Leoncio Bizancio]], Leipzig, 1887). Finalmente, en respuesta a las necesidades prácticas y de homilías, aparecieron, antes del siglo X varias colecciones de sentencias morales y fragmentos parenéticos, en parte extraídos de la Escritura y en parte de los más famosos escritores eclesiásticos. A veces un escritor proporciona todo el material (por ejemplo, [[San Gregorio Nacianceno]], [[San Basilio]] el Grande y especialmente [[San Juan Crisóstomo]], a quien todos los hacedores de cadenas saquean libremente).
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Se construyeron colecciones similares de expresiones [[patrística]]s griegas con propósitos [[dogma |dogmáticos]]. Se utilizaron en el [[Concilio de Calcedonia]] en 451, en el [[Segundo Concilio Ecuménico de Constantinopla |Quinto Concilio General]] en 553 y a propósito de la [[iconoclasia]] en el [[Segundo Concilio de Nicea |Séptimo Concilio General]] de 787; y entre los [[Grecia |griegos]] tales compilaciones, como las ''catenæ'' exegéticas, no cesaron hasta fines de la [[Edad Media]].   La más antigua de estas compilaciones dogmáticas, atribuida a la última parte del siglo VII, es la "Antiquorum Patrum doctrina de Verbi incarnatione" (editada por el [[cardenal]] [[Angelo Mai |Mai]] en Scriptor. Vet. nova collectio, [[Roma]], 1833, VII, I, 1-73; cf. Loofs, [[Leoncio Bizancio]], Leipzig, 1887).  
  
Pero tales colecciones no son tan numerosas como las de la Escritura o las dogmáticas. Parece que todas dependen de un antiguo “[[Florilegio]]” [[Cristianismo|cristiano]] del siglo VI que trataba, en tres libros, de [[Dios]], el [[hombre]], las [[virtud]]es y los [[vicio]]s y era conocido como “tà ‘iepá” (cosas sagradas). Mucho antes su material fue reorganizado en orden alfabético estricto, y tomó el nombre de “ta iepá paralléla “Sacra Parallela” (porque en el tercer libro generalmente se oponía una virtud a un vicio). Se atribuyó ampliamente al gran [[Teología|teólogo]] del siglo VIII [[San Juan Damasceno]] ([[Jacques-Paul Migne|Migne]], P. G., XCV, 1040-1586; XCVI, 9-544), cuya autoridad se ha defendido muy sabiamente (contra Loofs, Wendland y Cohn) por K. Holl en el antedicho "Fragmente vornikänischer Kirchenväter" (Leipzig, 1899), aunque el Damasceno basara, probablemente, su obra en los "Capita theologica" de [[San Máximo de Constantinopla]] (Máximo el Confesor). El texto de estas antiguas compilaciones está con frecuencia en mal estado, la mayoría de ellos son de autores desconocidos y muchos aún no se han editado. Una de las principales dificultades en su uso es la inseguridad respecto a la corrección de los nombres de a quienes se atribuyen las excerptas.   El descuido de los copistas, el uso de contracciones "sigla" para los nombres propios, y la frecuencia de la transcripción llevó naturalmente a crear mucha confusión.  Para las colecciones bizantinas sobre sentencias morales y proverbios (Stobæus, [[San Máximo de Constantinopla|Máximo el Confesor]], Antonio Melisa, Johannes Georgides, Macario, Michael Apostolios) en parte de fuentes [[Cristianismo|cristianas]] y en parte [[Paganismo|paganas]], vea Krumbacher, 600-4, también A. Elter, De Gnomologiorum Græcorum historii atque origine (Bonn, 1893).  
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Finalmente, en respuesta a las necesidades prácticas y de [[homilía]]s, antes del siglo X aparecieron varias colecciones de sentencias morales y fragmentos parenéticos, en parte extraídos de la [[Escritura]] y en parte de los más famosos escritores eclesiásticos. A veces un escritor proporciona todo el material (por ejemplo, [[San Gregorio Nacianceno]], [[San Basilio el Grande |San Basilio]] y especialmente [[San Juan Crisóstomo]], a quien todos los hacedores de ''catenæ'' saquean libremente).  Pero tales colecciones no son tan numerosas como las ''catenæ'' [[Biblia |bíblicas]] o las [[dogma |dogmáticas]].   Parece que todas dependen de un antiguo “[[Florilegio]]” [[cristianismo |cristiano]] del siglo VI, en tres libros, que trataba sobre [[Dios]], el [[hombre]], las [[virtud]]es y los [[vicio]]s y era conocido como ''tà ‘iepá'' (cosas sagradas).   Mucho antes su material fue reorganizado en orden alfabético estricto, y tomó el nombre de ''ta iepá parállela'' “Sacra Parallela” (porque en el tercer libro generalmente se oponía una virtud a un vicio).   Generalmente se atribuyó al gran [[Teología Dogmática |teólogo]] del siglo VIII [[San Juan Damasceno]] ([[Jacques-Paul Migne |Migne]], P. G., XCV, 1040-1586; XCVI, 9-544), cuya autoridad K. Holl defendió muy sabiamente (contra Loofs, Wendland y Cohn) en el antedicho "Fragmente vornikänischer Kirchenväter" (Leipzig, 1899), aunque el Damasceno probablemente basara su obra en los "Capita theologica" de [[San Máximo de Constantinopla |Máximo el Confesor]].  
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El texto de estas antiguas compilaciones está con frecuencia en mal estado, la mayoría de ellos son de autores desconocidos y muchos permanecen inéditos. Una de las principales dificultades en su uso es la inseguridad respecto a la corrección de los nombres de a quienes se atribuyen las excerptas.     El descuido de los copistas, el uso de siglas, de contracciones para los nombres propios y la frecuencia de la transcripción llevó naturalmente a crear mucha confusión.  Para las colecciones bizantinas sobre sentencias [[ética]]s y proverbios (Stobæus, [[San Máximo de Constantinopla |Máximo el Confesor]], Antonio Melissa, Johannes Georgides, Macario, Michael Apostolios) en parte de fuentes [[cristianismo |cristianas]] y en parte [[paganismo |paganas]], vea Krumbacher, 600-4, también A. Elter, De Gnomologiorum Græcorum historii atque origine (Bonn, 1893).
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Vea también el artículo [[Florilegio |FLORILEGIO]]. 
  
  
 
'''Bibliografía''':  El mejor tratado moderno sobre las cadenas es el de EHRHARDT en KRUMBACHER, Gesch. d. byzantinischen Literatur (2nd ed., Munich, 1897), 106-18 – bibliografía e indicaciones sobre manuscritos. Entre las más antiguas cf. ITTIG, De Catenis et bibliothecis (Leipzig, 1707), y FABRICIUS, Bibliotheca Græca, VIII, 639-700. Una lista muy completa la da HARNACK, Gesch. d. altchristlich. Literatur (Leipzig, 1893), I, 835-42. Para las Cadenas manuscritas del Vatican ver PITRA, Analecta Sacra, II, 350, 359, 405, y FAULHABER, Die Proheten-Catenen nach den römischen Handschriften (Freiburg, 1899); Boletín de la Universidad Católica (Washington, D. C., 1899), V, 368; (1900), VI, 94.  
 
'''Bibliografía''':  El mejor tratado moderno sobre las cadenas es el de EHRHARDT en KRUMBACHER, Gesch. d. byzantinischen Literatur (2nd ed., Munich, 1897), 106-18 – bibliografía e indicaciones sobre manuscritos. Entre las más antiguas cf. ITTIG, De Catenis et bibliothecis (Leipzig, 1707), y FABRICIUS, Bibliotheca Græca, VIII, 639-700. Una lista muy completa la da HARNACK, Gesch. d. altchristlich. Literatur (Leipzig, 1893), I, 835-42. Para las Cadenas manuscritas del Vatican ver PITRA, Analecta Sacra, II, 350, 359, 405, y FAULHABER, Die Proheten-Catenen nach den römischen Handschriften (Freiburg, 1899); Boletín de la Universidad Católica (Washington, D. C., 1899), V, 368; (1900), VI, 94.  
  
'''Fuente''': Shahan, Thomas. "Catenæ." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908. <http://www.newadvent.org/cathen/03434a.htm>.
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'''Fuente''':   Shahan, Thomas. "Catenæ." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3, págs. 434-435. New York: Robert Appleton Company, 1908. 23 Feb. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/03434a.htm>.
 
   
 
   
Traducido por Pedro Royo. L H M.
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Traducido por Pedro Royo.   lmhm

Última revisión de 20:33 23 feb 2020

Catenæ (Latín, catena, una cadena) son colecciones de excerptas de los escritos de los comentaristas bíblicos, especialmente los Padres y los primeros escritores eclesiásticos, unidos juntos como los eslabones de una cadena, y de este modo exhiben una continua y relacionada interpretación de un texto dado de la Escritura. Se ha dicho con razón que son antologías exegéticas. Estos fragmentos de los comentarios patrísticos no sólo son muy valiosos para el sentido literal de la Escritura, puesto que su texto presenta con frecuencia la evidencia de muy antiguos manuscritos (ya perdidos); también son útiles al teólogo (dogmático y místico), al historiador eclesiástico y al estudioso de la patrología, pues con frecuencia muestran lo único que queda de importantes escritos patrísticos (vea MAI, PITRA; cf. Holl, Fragmente vornikänischer Kirchenväter, Leipzig, 1899).

Con la desaparición de los grandes teólogos escriturarios, investigadores y comentaristas de los siglos IV y V, surgió una clase de compiladores de la Escritura, comparables a Boecio e Isidoro de Sevilla en las ramas de la filosofía, la historia eclesiástica y la cultura general. La gran antigüedad de los comentaristas patrísticos, tan cercanos al origen de los Libros Sagrados, y el supremo valor dado por la teología católica al consentimiento unánime de los Padres en la exposición de la Escritura, llevó naturalmente a tales compilaciones en una época de decadencia teológica.

La catena griega más antigua se le atribuye a Procopio de Gaza, en la primera parte del siglo VI, aunque Ehrhardt (ver Krumbacher, 211) señala a Eusebio de Cesarea (murió alrededor del 340) como el pionero en esta rama de la exégesis bíblica. Entre los siglos VII y X aparece Andreas Presbítero y Juan Drungarios como compiladores de catenæ de varios libros de la Escritura y a final del siglo XI Nicetas de Serrae, quizás el mejor representante de la erudición bizantina en este tema. Sin embargo, tanto antes como después los compiladores de catenæ fueron numerosos en el oriente griego, la mayoría anónimos, sin dar otra indicación de su personalidad que los manuscritos de sus excerptas. También se realizaron compilaciones similares en las iglesias siríaca y copta (Wright, de Lagarde, Martin, in Krumbacher, 216).

En Occidente, Primasio de Adrumeto en África (siglo VI) compiló la primera catena de comentaristas latinos. Fue imitado por Rábano Mauro (m. 865), Pascasio Radberto y Walafrido, luego por [[Remigio de Auxerre (m. 900) y por Lanfranco de Canterbury (m. 1089). Se debe señalar que las catenæ occidentales no tienen la importancia adjudicada a las compilaciones griegas. La más famosa de las compilaciones latinas medievales de esta clase es la de Santo Tomás de Aquino, conocida generalmente como "Catena Aurea" (catena dorada) y contiene extractos de unos ochenta comentaristas griegos y latinos de los Evangelios (ed. J. Nicolai, París, 1869, 3 vols.).

Desde el siglo XVI se ha dedicado mucho esfuerzo a recopilar, revisar y editar estos restos exegéticos de los primeros Padres de la Iglesia, ya que la mitad de sus comentarios nos han llegado de esta manera, como afirma Faulhaber (ver bibliografía). Entre los editores modernos de catenæ griegas, se debe mucho crédito al jesuita Baltasar Cordier, quien publicó (1628-47) importantes colecciones de comentarios patrísticos griegos sobre San Juan y San Lucas y, junto con su hermano Possin, sobre San Mateo; este último erudito editó también (1673) colecciones similares de excerptas patrísticas sobre San Marcos y Job. Las voluminosas catenæ conocidas como Biblia Magna (París, 1643) y Biblia Maxima (París, 1660), editadas por J. de la Haye, fueron seguidas por los nueve volúmenes de la muy conocida "Critici Sacri, sive clarissimorum virorum annotationes atque tractatus in biblia" (editada por Pearson, Londres, 1660; Amsterdam, 1695-1701), que contiene selecciones no solo de los comentaristas católicos sino también de los protestantes. Una importante colección moderna de las catenæ griegas sobre el Nuevo Testamento es la de J. A. Cramer (Oxford, 1638-44). Vea también los veintiocho volúmenes del comentario de Migne en su “Scripturæ sacræ cursus completus" (París, 1840-45).

Se construyeron colecciones similares de expresiones patrísticas griegas con propósitos dogmáticos. Se utilizaron en el Concilio de Calcedonia en 451, en el Quinto Concilio General en 553 y a propósito de la iconoclasia en el Séptimo Concilio General de 787; y entre los griegos tales compilaciones, como las catenæ exegéticas, no cesaron hasta fines de la Edad Media. La más antigua de estas compilaciones dogmáticas, atribuida a la última parte del siglo VII, es la "Antiquorum Patrum doctrina de Verbi incarnatione" (editada por el cardenal Mai en Scriptor. Vet. nova collectio, Roma, 1833, VII, I, 1-73; cf. Loofs, Leoncio Bizancio, Leipzig, 1887).

Finalmente, en respuesta a las necesidades prácticas y de homilías, antes del siglo X aparecieron varias colecciones de sentencias morales y fragmentos parenéticos, en parte extraídos de la Escritura y en parte de los más famosos escritores eclesiásticos. A veces un escritor proporciona todo el material (por ejemplo, San Gregorio Nacianceno, San Basilio y especialmente San Juan Crisóstomo, a quien todos los hacedores de catenæ saquean libremente). Pero tales colecciones no son tan numerosas como las catenæ bíblicas o las dogmáticas. Parece que todas dependen de un antiguo “Florilegiocristiano del siglo VI, en tres libros, que trataba sobre Dios, el hombre, las virtudes y los vicios y era conocido como tà ‘iepá (cosas sagradas). Mucho antes su material fue reorganizado en orden alfabético estricto, y tomó el nombre de ta iepá parállela “Sacra Parallela” (porque en el tercer libro generalmente se oponía una virtud a un vicio). Generalmente se atribuyó al gran teólogo del siglo VIII San Juan Damasceno (Migne, P. G., XCV, 1040-1586; XCVI, 9-544), cuya autoridad K. Holl defendió muy sabiamente (contra Loofs, Wendland y Cohn) en el antedicho "Fragmente vornikänischer Kirchenväter" (Leipzig, 1899), aunque el Damasceno probablemente basara su obra en los "Capita theologica" de Máximo el Confesor.

El texto de estas antiguas compilaciones está con frecuencia en mal estado, la mayoría de ellos son de autores desconocidos y muchos permanecen inéditos. Una de las principales dificultades en su uso es la inseguridad respecto a la corrección de los nombres de a quienes se atribuyen las excerptas. El descuido de los copistas, el uso de siglas, de contracciones para los nombres propios y la frecuencia de la transcripción llevó naturalmente a crear mucha confusión. Para las colecciones bizantinas sobre sentencias éticas y proverbios (Stobæus, Máximo el Confesor, Antonio Melissa, Johannes Georgides, Macario, Michael Apostolios) en parte de fuentes cristianas y en parte paganas, vea Krumbacher, 600-4, también A. Elter, De Gnomologiorum Græcorum historii atque origine (Bonn, 1893).

Vea también el artículo FLORILEGIO.


Bibliografía: El mejor tratado moderno sobre las cadenas es el de EHRHARDT en KRUMBACHER, Gesch. d. byzantinischen Literatur (2nd ed., Munich, 1897), 106-18 – bibliografía e indicaciones sobre manuscritos. Entre las más antiguas cf. ITTIG, De Catenis et bibliothecis (Leipzig, 1707), y FABRICIUS, Bibliotheca Græca, VIII, 639-700. Una lista muy completa la da HARNACK, Gesch. d. altchristlich. Literatur (Leipzig, 1893), I, 835-42. Para las Cadenas manuscritas del Vatican ver PITRA, Analecta Sacra, II, 350, 359, 405, y FAULHABER, Die Proheten-Catenen nach den römischen Handschriften (Freiburg, 1899); Boletín de la Universidad Católica (Washington, D. C., 1899), V, 368; (1900), VI, 94.

Fuente: Shahan, Thomas. "Catenæ." The Catholic Encyclopedia. Vol. 3, págs. 434-435. New York: Robert Appleton Company, 1908. 23 Feb. 2020 <http://www.newadvent.org/cathen/03434a.htm>.

Traducido por Pedro Royo. lmhm