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Martes, 23 de enero de 2018

Salomón

De Enciclopedia Católica

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Nuestras fuentes para el estudio de la vida, reinado y carácter de Salomón son 1 Reyes 1 - 9; y 2 Crónicas 1 - 9. Salomón (hebreo, “pacífico”), también llamado Jedidiah, es decir, “amado de Yahveh, fue el segundo hijo de David con su esposa Betsabé, y el favorito reconocido de su padre. Esto se pudo haber debido en parte al hecho de que él, como un retoño tardío, considerablemente más joven que los otros hijos de David, nació en la ancianidad de su padre, y en parte debido al intenso amor que sentía David por Betsabé y a las bellas cualidades de Salomón mismo. Salomón no era el heredero lógico al trono, pero David se lo concedió a él en lugar de a sus hermanos mayores, y al hacer eso no cometió error de acuerdo a las ideas israelitas.

Cuando Salomón ascendió al trono tenía dieciocho años de edad, o por lo menos no más de eso, y su exitoso reinado de cuarenta años habla bien de su inteligencia, habilidad y su arte de gobernar. Su reinado ofrece un contraste impactante con el de su padre. Estuvo casi por completo exento de incidentes, y no estuvo marcado por ninguna de las vicisitudes de fortuna que fueron un rasgo tan notable en la carrera de David. Al disfrutar en su mayoría de relaciones pacíficas con los poderes extranjeros, y al estar libre de los problemas que lo amenazaban en el hogar, Salomón pudo dedicarse completamente a la organización interna de su reino y al embellecimiento de su corte. En particular le prestó mucha atención a la defensa del país (incluyendo la construcción de fortalezas), la administración de la justicia, el desarrollo del comercio y la erección del Templo nacional para el Todopoderoso.

El territorio que el historiador de 1 Reyes reclama para la soberanía de Salomón se extendía desde el Éufrates hasta el Río de Egipto (el Arish), o, para nombrar las ciudades en los límites de su reino, desde Tafsaj (Tapsaco) hasta Gaza (1 Rey. 4,24). El relato de su reinado muestra que él no retuvo intactos ni siquiera los dominios de su padre. Pero si Salomón perdió algunas de las porciones periféricas del imperio de David, tales como Damasco y Edom, la integridad del territorio real de Israel fue asegurada por la erección de fortalezas en posiciones fuertes (incluyendo Jazor, Meguiddó, uno o ambos de los Bet Jorones, y Baalat) y por el mantenimiento de una gran fuerza de carros de guerra. De las ciudades seleccionadas para fortificación Jazor guardaba la frontera norte, Meguiddó protegía la planicie de Esdrelón, mientras que los Bet Jorones, con Balaat, comandaban el Valle de Aijalón, defendiendo así la capital contra un ataque desde el flanco marítimo. Se obtuvo seguridad adicional en esta dirección con la adquisición de Guézer. Esta ciudad hasta entonces había sido dejada en manos de los cananeos, y llegó a manos de Salomón por una alianza matrimonial con Egipto. Bajo David, Israel se había convertido en un factor a tener en cuenta en la política oriental, y el faraón halló prudente asegurarse su amistad. El faraón era probablemente Psusennes (Psebkhan) II, el último rey de la dinastía XXI, que tenía su capital en Zoan (Tanis), y gobernó sobre el Delta. Salomón se casó con su hija, y el soberano egipcio, se la otorgó como dote a la princesa, después de haber atacado y quemado a Guézer y de haber destruido a los habitantes cananeos. Ahora fue reconstruida y convertida en una ciudad fortificada de Salomón. En la misma Jerusalén se construyeron defensas adicionales, y la capital fue adornada con la erección del Templo y los palacios reales descritos más bajo. En vista de la ruta comercial hacia el Mar Muerto, que la posesión de los puertos de Edom le daban a Israel, Tamara (quizás Tamar) fue asimismo fortificada. También hubo que construir ciudades para la recepción y apoyo de la fuerza de carros y caballería que mantenía el rey, y que parece fue él el primero en introducir al ejército de Israel. Se afirma que esta fuerza consistía en 1,400 carrozas y 12,000 soldados de caballería (1 Reyes 10,26). No se da el número de los soldados de a pie, quizás porque, siendo una milicia y no un ejército permanente, sólo se reunía cuando eran necesarios sus servicios; pero los tributos disponibles eran, probablemente, no inferiores a los que la nación podía recaudar al cierre del reinado de David.

La política exterior de Salomón fue una de amistad y paz internacional. Ya se ha aludido a su relación con el faraón de Egipto, y lo mismo puede decirse de su relación con su otro gran vecino, Hiram, rey de Tiro y señor de la riviera fenicia que se encuentra entre el Líbano y el mar. A él le pertenecía el famoso bosque de cedros, y los no menos famosos artesanos de Gabal eran sus súbditos. Salomón formó con él un tratado comercial, y le cedió ciertos pueblos en la frontera norte (1 Rey. 9,11) a cambio de flotas de madera transportadas a Jappa y el préstamo de hombres diestros para tallar madera, labrar piedras y fundir el bronce. Con esta alianza Salomón ganó el conocimiento del modo fenicio de comerciar. Como gobernante de Edom él tomó posesión del puerto de Elot, a la cabeza del Golfo de Acabá. Aquí construyó barcos y envió a sus propios siervos, bajo el mando de maestros fenicios, a comerciar con Arabia. Las ganancias iban a las arcas del rey. Como Arabia era un país productor de oro, no hay que suponer que estas flotas llegaron al sur de África. No es seguro si el comercio de la India le llegó por esta ruta. La lista de productos importados ha sido a veces interpretada en ese sentido. Pero una o dos palabras oscuras en el texto comparativamente tardío apenas establecen la conclusión. El valor monetario de las importaciones, cuatrocientos veinte talentos en un solo viaje, debe ser visto con suspicacia.

La política interna de Salomón fue una de justicia y concentración del poder y autoridad. En la administración de la justicia, la política y reinado de negligencia e incoherencia de David fueron mejorados por la rigurosa administración y ecuanimidad de Salomón. Él también tomó medidas para hacer la autoridad real más fuerte, más eficiente y de mayor alcance, principalmente, hasta donde llegan los registros, con miras a la recolección de ingreso y el mantenimiento del ejército, el cual luego, aparentemente, no supo cómo usar. Tenemos una larga lista de ministros. El gobierno de David incluía un comandante en jefe, un capitán de la guardia mercenaria, un superintendente de trabajos forzados, un archivero, un escriba y sacerdotes, y un “amigo del rey”. En adición a éstos, Salomón tenía un superintendente de prefectos y un mayordomo. Una innovación más impactante fue la división del país en doce distritos, cada uno bajo el mando de un representante real o prefecto, comisionado con el deber de aprovisionar la corte cada mes. Esta división ignoró grandemente a las antiguas tribus, y parece mostrar que el sistema tribal se estaba extinguiendo. Como la mayoría de los gobernantes poderosos, Salomó distinguió su reinado con numerosos edificios espléndidos, y con este fin hizo extensivo el uso de la prestación personal (corvee) o trabajos forzados. De nuevo, esto condujo al gobierno central a un mayor ejercicio de autoridad; e, incidentalmente, la completa subyugación de los cananeos se mostró por el hecho de que tuvieron que llevar la mayor parte de la carga. Según nuestra información bíblica actual, Salomón fue más allá de cualquier monarca antiguo en el lujo del harén. El enorme número de esposas (700) y concubinas (300) que se le atribuye debió surgir al contar como concubinas a todas las esclavas del palacio. Incluso entonces la cifra debe ser muy exagerada. Klostermann ha señalado sabiamente que los dos temas no están en la proporción correcta, y está inclinado a sospechar, y pensamos que con buena razón, que la declaración original del escritor sagrado fue 70 esposas y 300 concubinas.

Las labores de construcción de Salomón fueron en gran escala y de extraordinaria magnitud y esplendor. Además de la erección del magnífico Templo él logró emular a los grandes reyes de Asia Occidental y Egipto al construir para sí mismo en Jerusalén palacios, casas y jardines. (Vea [[Templo de Jerusalén). En la erección de éstos transcurrieron trece años y se gastó una gran suma de dinero, mientras que se emplearon miles de obreros y artesanos. La residencia real constaba de varias estructuras distintas:

  • 1. la “Casa del Bosque” del Líbano (llamada así por la cantidad de madera de cedro empleada en ella), la cual medía 100 x 50 x 30 cúbitos, y descansaba sobre tres filas (según la Versión de los Setenta) de columnas (cada fila estaba compuesta de quince columnas) en adición a las paredes exteriores;
  • 2. el pórtico de las columnas, 50 x 30 cúbitos;
  • 3. el pórtico del trono (el cual le puede haber servido de ante cámara al anterior) que formaba un “Vestíbulo del Juicio” donde se colocaba el trono de marfil y oro del rey (1 Rey. 10,18-20) cuando él dispensaba justicia;
  • 3. el palacio de la hija de faraón, probablemente incluido dentro de la corte antedicha.

Todos estos edificios fueron construidos de costosa piedra labrada y de madera de cedro. Nada aparece registrado sobre los últimos años del reinado de Salomón, el cual se establece que duró cuarenta años; pero es probable que este sea sólo un número redondeado usado para indicar un período considerable (quizás una generación completa) y la duración real de su gobierno sea desconocida. Se puede fijar aproximadamente el año de su muerte entre 938 y 916 a.C., fecha a la que llegamos al considerar el número de años que la Biblia le asigna a sus sucesores, corregidos con la cronología de ciertas inscripciones asirias.

En opinión del historiador hebreo, Salomón fue insuperable en sagacidad y conocimiento. En su accesión al trono, se relata que Yahveh se le apareció en sueños en Gabaón, y le pidió que eligiera una bendición; y el joven rey, en lugar de pedir larga vida o riquezas o éxito en la guerra, oró para que se le concediera entendimiento de corazón para poder juzgar al pueblo encomendado a él. Se le concedió su deseo, y se le añadieron al mismo riquezas y honor, con la promesa de longevidad si guardaba los Mandamientos de Dios. Como consecuencia de este don, tuvo fama de ser el más sabio de todos los hombres; la gente acudía de todas partes para oír de su sabiduría; y la reina de Saba, en particular, vino a probarle con preguntas difíciles. Fue a la vez un filósofo y un poeta. Escribió 3,000 proverbios, 1005 canciones y sus declaraciones abarcaron referencias tanto del reino animal como vegetal. Tan grande, de hecho, fue su reputación de visión práctica que en tiempos posteriores se le atribuyó la mayor parte de la literatura gnómica hebrea. A la luz de eventos posteriores, es completamente imposible apoyar el estimado de su sagacidad, o incluso limpiar su memora de imputaciones de locura criminal. A sus exacciones opresivas, para adelantar sus esquemas de lujo y magnificencia, se debió el descontento que dividió el reino en dos durante el reinado de su hijo, y finalmente llevó a la destrucción en detalle de la nación hebreo bajo el poder de Asiria y Babilonia. Es claro además que, además de ser aficionado a la ostentación, era voluptuoso y sensual, y que se dejó llevar por sus esposas y concubinas a rendir culto a dioses extraños.

El hecho de que el reinado de Salomón transcurriera en tranquilidad, excepto por los intentos de Edom y Damasco de recuperar su independencia, testifica el cuidado que desplegó por la defensa de su reino. Redunda a su favor el que no mostró ambición por emprender conquistas extranjeras; luego de las agotadoras guerras de David, la nación necesitaba reposo. Y si él gastó la riqueza de su pueblo pródigamente, su política comercial puede haber contribuido a producir esa riqueza, y quizás incluso haberle dado al pueblo judío ese impulso hacia el comercio que ha sido por siglos un rasgo tan marcado en su carácter. Tampoco pueden pasarse por alto los efectos indirectos del comercio que él fomentó, puesto que trajo la gente a un contacto más estrecho con el mundo exterior y así ampliaron su horizonte intelectual. Y en otros dos aspectos influyó profundamente en la historia posterior de su nación. s de historia, y por ese medio a la humanidad en general. En primer lugar, cualquiera que fuera la carga que la construcción del templo le acarreara a la generación que lo vio erigido, con el tiempo se convirtió en la principal gloria de la raza judía. A él, su ritual y sus asociaciones se debió en gran medida el fuerte dominio que, después de la ruptura, tuvo la religión de Yahveh en Judá, en contraste con el Israel del norte; y cuando Judá dejó de ser una nación, el Templo reconstruido se convirtió en un grado aún mayor el guardián de la fe y esperanza hebreas.

Y en segundo lugar, aunque algunas partes del Libro de los Proverbios se hayan atribuidos expresamente a otros autores que no fue Salomón, e incluso las secciones que se le atribuyen pueden ser de origen complejo, es sin embargo el producto del espíritu y el ejemplo de Salomón, y mucho de lo que contiene puede realmente haber procedido de él. Y como Proverbios sirvió de modelo para numerosas obras de carácter similar en los últimos tiempos, algunas de los cuales, como se ha dicho, fueron popularmente adscritas a él (Eclesiastés, Sabiduría), es considerable la deuda que el mundo de la literatura le debe indirectamente al rey hebreo. Las obras mencionadas no agotan la lista de las producciones con las que está conectado el nombre de Salomón. También se le atribuye el Cantar de los Cantares, dos de los Salmos canónicos, y un libro de los Salmos de fecha muy tardía también se conoce por su nombre.


Fuente: Oussani, Gabriel. "Solomon." The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/14135b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.