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Lunes, 29 de mayo de 2017

Espíritu

De Enciclopedia Católica

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( Latín, spiritus, spirare, “respirar”; griego, pneuma; francés, esprit; alemán, geist).

Como muestran estos nombres, el principio de la vida se representó a menudo bajo la figura de un aliento o aire. La respiración es el síntoma más evidente de la vida; su cesación es la señal invariable de la muerte; invisible e impalpable, representa la misteriosa fuerza invisible detrás de los procesos vitales. Por ende, nos encontramos que la palabra "espíritu" se utiliza en varios sentidos diferentes pero afines: (1) denota a un ser vivo, inteligente, incorpóreo, tal como el alma, (2) la ardiente esencia de fuego o aliento (el pneuma del estoicismo), que se suponía fuese la fuerza vital universal; (3) alguna forma refinada de la substancia corporal, un líquido que se cree que actúa como un medio entre la mente y la tosca materia del cuerpo. En este sentido, la hipótesis de los "espíritus" era familiar para los físicos escolástica. San Alberto Magno distinguía entre espíritus corpóreos e incorpóreos, y mucho después de la época escolástica, de hecho, hasta finales del siglo XVIII, los “espíritus animales”, “espíritus vitales”, “espíritus naturales” eran fuerzas reconocidas en todos los fenómenos fisiológicos (cf. Vesalio, Descartes, Harvey, Erasmo, Darwin, etc.) Los “espíritus” magnéticos eran usados por Mesmer en su teoría en el mismo sentido que los espiritistas modernos invocan el “éter” de los físicos.

En psicología, "espíritu" se usa (con el adjetivo "espiritual") para denotar todo lo que pertenece a nuestra vida más elevada de la razón, el arte, la moral y la religión en contraste con la vida de la mera percepción sensorial y la pasión. Este último depende intrínsecamente de la materia y está condicionado por sus leyes; el primero se caracteriza por la libertad o el poder de la libre determinación; "espíritu" en este sentido es esencialmente personal. De hecho, el hegelianismo en sus doctrinas de subjetivo, objetivo, y el espíritu absoluto, trata de mantener las categorías de la filosofía espiritual (libertad, conciencia de sí mismo y similares), en una estructura monista. Pero tales concepciones requieren el reconocimiento de la personalidad individual como un hecho esencial.

En teología los usos de la palabra son variados. En el Nuevo Testamento significa a veces el alma del hombre (generalmente su parte superior, por ejemplo, "el espíritu está pronto"); a veces la acción sobrenatural de Dios en el hombre; a veces el Espíritu Santo ("el Espíritu de la verdad a quien el mundo no puede recibir "). El uso de este término para denotar la vida sobrenatural de la gracia es la explicación del lenguaje de San Pablo sobre el hombre carnal y el espiritual y su enumeración de los tres elementos, espíritu, alma y cuerpo, lo que dio ocasión al error de los tricotomistas (1 Tes. 5,23; Ef. 4,23).

Generalmente la materia ha sido concebida, en un sentido u otro, como la limitación del espíritu. Por lo tanto, se pensaba que los espíritus finitos requerían un cuerpo como un principio de individuación y limitación; sólo Dios, el Espíritu Infinito, estaba libre de toda mezcla de materia. Así, cuando encontramos con los ángeles descritos como asomatoi o auloi, en los escritos de los Padres, esto correctamente sólo significa que los ángeles no poseen un tosco, cuerpo carnal; no implica en absoluto una naturaleza absolutamente inmaterial. Tales expresiones bíblicas como "pan de los ángeles", "brillarán como los ángeles", así como las apariciones de estos seres celestiales, fueron presentadas como pruebas de su corporeidad. Así hablan San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, Hilario, Orígenes y muchos otros Padres. Incluso en la época escolástica se disputaba el grado de inmaterialidad que pertenece a los espíritus finitos. Santo Tomás enseña la total simplicidad de todas las naturalezas espirituales, pero los escotistas, a través de su famosa materia prima primo, presentaron una composición real, que concibieron como necesaria para una naturaleza creada. En cuanto a las funciones de los espíritus en el mundo, y sus relaciones activas con el orden visible de las cosas, vea ángel de la guarda y demonología. La Escritura abunda en ejemplos de sus tratos con los hombres, principalmente en carácter de intermediarios entre Dios y sus siervos. Son los heraldos que anuncian sus órdenes, y a menudo los ministros que ejecutan su justicia. Tienen un interés benévolo en el bien espiritual de los hombres (Lc. 15,10). Por estas razones, la Iglesia permite y fomenta la devoción a los ángeles.


Bibliografía: BERKELEY, Siris in Works, II. Vea también las bibliografías en los artículos espiritualismo, alma.

Fuente: Maher, Michael, and Joseph Bolland. "Spirit." The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/14220b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina. rc