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Lunes, 22 de enero de 2018

Faraón

De Enciclopedia Católica

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Seti I
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Estela de Putifar
Moisés ante el Faraón

El término

(Hebreo: PR`H, Par' o, o, después de una vocal, Phar'o; griego Pharaó; latín, Pharao).

Título dado en las Sagradas Escrituras a los antiguos reyes de Egipto. El término se deriva del egipcio Per‘o, "gran casa", el cual originalmente designaba el palacio real, pero gradualmente se aplicó al gobierno y luego al gobernante mismo, como el Vaticano y el Quirinal en tiempos modernos. Ya en tiempos de la XVIII (siglos XVI a XIV a.C.) se halla su uso común como una designación reverencial del rey. En los inicios de la dinastía XXII (del siglo X al VIII a.C.) en lugar de utilizarse sólo como hasta entonces, se comenzó a añadir a los otros títulos antes del nombre del rey, y desde dinastía XXV (del siglo VIII al VII a.C.) ya fue, por lo menos en el uso ordinario, el único título que precedía al apelativo real. Mientras tanto, la vieja costumbre de referirse al soberano simplemente como Per´o todavía se hallaba en las narrativas. El uso bíblico del término refleja la usanza egipcia con bastante exactitud. A los primeros reyes se les menciona siempre con el título general de faraón, o farao, el rey de Egipto; pero con la dinastía XXII comienzan a aparecer los nombres personales, aún cuando la antigua denominación se usaba todavía, especialmente cuando se habla de gobernantes contemporáneos. La ausencia de nombres propios en los primeros libros de la Biblia no es indicación de una fecha de composición tardía ni del conocimiento vago del autor sobre la historia egipcia, sino más bien todo lo contrario. Lo mismo es aplicable al uso del título faraón, para reyes anteriores a la dinastía XVIII, lo que concuerda con el uso egipcio en la época de la dinastía XIX.

Faraones con Nombre en la Biblia

El primer rey que se menciona por su nombre es Sosaq (Sesonq I), el fundador de la dinastía XXII y contemporáneo de Roboam y Jeroboam (1 Ry. 11,40; 2 Crón. 12,2 ss.). Su nombre no está precedido del título “faraón” probablemente porque los hebreos no estaban aún familiarizados con el nuevo título. Al siguiente Sua, o So, aliado de Oseas, rey de Israel (2 Ry. 17,4) se le identifica comúnmente con Shabaka, el fundador de la dinastía XXV, pero muy probablemente fue desconocido antes del reinado de Shabaka. La opinión de Winckler en el sentido de que fue un gobernante de Musri, en el norte de Arabia, es aceptada por muchos, pero parece no tener suficiente fundamento. Tirhacá, quien fue oponente de Senaquerib, es llamado rey de Etiopía (2 Ry. 19,9; Is. 37,9), y por ello no recibe el título de faraón que lleva en documentos egipcios. Necao (Nekó), quien derrotó a Josías (2 Ry. 23,29 ss; 2 Crón. 35,20 ss.), y Efree, o Jofrá, el contemporáneo de Sedecio (Jer. 44,30) fueron llamados faraón Nekó y faraón Efrí, de conformidad con la usanza egipcia.

Faraones sin Nombre en la Biblia

(1) El faraón de Abraham:

Las incertidumbres inherentes a la antigua cronología hacen imposible determinar la identidad del faraón que gobernaba Egipto cuando Abraham llegó a ese país. El texto masorético da 1125 años entre la migración de Abraham a Canaán y la construcción del Templo, en tanto que los LXX le asigna 870 (véase cronología general). Puesto que algunos eruditos sitúan la construcción en el 1010 a.C. y otros en el 969 a.C., la fecha de la migración de Abraham estaría entre 2135 ó 2094 a.C. según el texto masorético, y entre 1880 y 1839 a.C. según los LXX. La antigua cronología egipcia es tan incierta en este sentido como la cronología bíblica. Si son correctas las fechas de Meyer, adoptadas en el artículo Egipto, el viaje de Abraham a Egipto tendría que ser situado en el reinado de uno de los Mentuhoteps de la dinastía XI, o al de Usertesen (Sesotris) III, o al de Amenemhet III de la XII.

(2) El faraón de José

Generalmente se admite que José ejerció su oficio bajo el reinado de uno de los reyes pastores o hicsos, quienes gobernaron Egipto entre las dinastías XII y XVIII, y quienes finalmente fueron expulsados por Amenofis I poco después de 1580. Se desconoce la duración de su reinado, pero probablemente no duró más de cien años. De acuerdo a esto, la tenencia del oficio de José se podría colocar en el siglo XVII a.C. Si el Éxodo tuvo lugar a principios del reinado de Meneftá I, es decir, alrededor de 1225, como afirman muchos estudiosos, y la permanencia de los israelitas en Egipto duró 430 años, según establece el texto masorético (Éxodo 12,40), el tiempo sería alrededor de 1665. A partir de monumentos egipcios podemos conocer los nombres de cuatro reyes hicsos: un Khian y tres Apofises. Jorge Sincelo puntualiza que en su tiempo (siglo VIII d.C.) había consenso general en el sentido de que el faraón de José fue Apofis, probablemente Apofis II, el más importante de los tres. Es muy probable que este señalamiento sea verdadero, pero la historia de este período es muy obscura como para tener una declaración definitiva.

(3) El faraón de la opresión y el Éxodo

Vea israelitas.

(4) Los otros faraones

El faraón con quien Adad buscó refugio en tiempos de David (1 Ry. 11,17) fue un rey de la dinastía XXI, ya sea Paynozem o Amenemopet. El suegro de Salomón (1 Rey. 3,1) pudo haber sido Amenemopet, Siamon o Pesibkhenno II. Muchos piensan que el faraón mencionado en 2 Rey. 18,21 e Isaías 36,6 sería Tirhacá; pero si la expedición de Senaquerib ocurrió en 701, como se afirma generalmente, hay pocas dudas de que Shabaka, o posiblemente Shabataka, sea el faraón mencionado. Tirhacá llegó al trono unos años después, y el título rey de Etiopía (2 Rey. 19,9; Is. 37,9) se le da por anticipación. El faraón sin nombre de Jeremías 25,19 es probablemente Nekó, quien ciertamente es al que se refieren en 46,17 y 47,1; en todos los demás lugares se quiere decir Efri. Este último es también el faraón de Ezequiel.


Bibliografía: Vea la literatura mencionada bajo los artículos a los que se hace referencia.

Fuente: Bechtel, Florentine. "Pharao." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911. <http://www.newadvent.org/cathen/11788c.htm>.

Traducido por Giovanni E. Reyes, L H M.