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Martes, 21 de octubre de 2014

Paraíso Terrenal

De Enciclopedia Católica

Paraíso Terrenal ( hebreo: PRDM, griego: paradeisos, Paradi sus ) es el nombre dado popularmente en la tradición cristiana al Jardín del Edén bíblico, la casa de nuestros primeros padres (Génesis 2). La palabra paraíso es probablemente de origen persa y significaba originalmente un parque real o suelo de placer. El término no aparece en el latín de la época clásica, ni en los escritores griegos anteriores a la época de Jenofonte. En el Antiguo Testamento se encuentra solamente en los escritos hebreos tardíos en la forma (Pardês) tras haber sido tomado, sin duda, del persa. Un ejemplo ilustrativo del origen y significado primario del término aparece en Nehemías (2,8), donde "Asaf, guarda del bosque del rey" (HPRDM, happerdês) es el custodio del parque real del gobernante persa.

La asociación del término con la morada de nuestros primeros padres no aparece en el Antiguo Testamento hebreo; se originó en el hecho de que la palabra paradeisos fue adoptada, aunque no exclusivamente, por los traductores de los Setenta para traducir el hebreo para el Jardín del Edén que se describe en el capítulo 2 del Génesis. Se utiliza asimismo en diversos pasajes de los Setenta donde el hebreo tiene generalmente "jardín", sobre todo si se desea trasmitir la idea de una portentosa belleza. Así, en Génesis 13,10 se describe la “vega del Jordán" como un "paraíso del Señor" (traducido seguido por la Vulgata). Cf. Núm. 24,6 (griego) donde se hace referencia a la hermosa formación de las tiendas de Israel, también Isaías 1,30; Eze. 31,8-9, etc. Los interesados en la especulación en cuanto a la probable ubicación del Jardín del Edén bíblico, el hogar primigenio de la humanidad, deben referirse a la obra erudita de Friedrich Delitsch, "Wo lag das Paradies? (Berlín, 1881).

En el período del Nuevo Testamento la palabra paraíso aparece con un nuevo y más elevado significado. En el desarrollo de la escatología judía que marca la época posterior al Exilio la palabra paraíso o "Jardín de Dios", hasta ahora principalmente asociada con la morada original de nuestros primeros padres, comenzó a denotar la futura residencia de descanso y disfrute que sería la recompensa de los justos después de la muerte. El término aparece sólo tres veces en el Nuevo Testamento, aunque la idea que representa se expresa a menudo en otros términos, por ejemplo, el " seno de Abraham" (Lucas 16,22). El significado de la palabra en estos pocos y notables pasajes se puede determinar sólo por el contexto y por referencia a las nociones escatológicas en boga entre los judíos de ese período. Estas opiniones se recogen principalmente de la literatura rabínica, de las obras de Josefo y de los escritos apócrifos, especialmente el Libro de Henoc, el Libro de los Jubileos, el Apocalipsis de Baruc, etc. Una inspección de estas fuentes revela una gran confusión de ideas y muchas contradicciones respecto al futuro paraíso, como también en relación con el Jardín del Edén original y la condición de nuestros primeros padres.

Las referencias dispersas al Seol que encarnan las vagas creencias escatológicas de los hebreos, tal como se expresan en los primeros escritos del Nuevo Testamento dan lugar en estos tratados posteriores a la elaboración de teorías elaboradas con descripciones detalladas y especulaciones a menudo del carácter más fantasioso. Como muestra de estos se puede señalar la que se encuentra en el tracto del talmúdico "Jalkut Schim., Bereschith, 20". Según esta descripción la entrada al paraíso se hace a través de dos puertas de rubíes al lado de las cuales se destacan sesenta miríadas de santos ángeles con rostros radiantes de esplendor celestial. Cuando un hombre justo entra, se le quitan las vestiduras de la muerte; es vestido con ocho túnicas de las nubes de gloria; se le colocan dos coronas sobre su cabeza, una de perlas y piedras preciosas y la otra de oro; se colocan en sus manos ocho mirtos y se le da la bienvenida con un gran aplauso, etc.

Parece que algunas autoridades rabínicas identifican el paraíso del futuro con el Jardín del Edén primitivo que se supone existe todavía y que está situado en algún lugar del Oriente lejano. Según algunos era una morada terrenal, del que a veces se dice que fue creado antes que el resto del mundo (4 Esdras 3,7, cf. 8,52); otros lo convierten en un complemento del Seol subterráneo, mientras que otros lo colocan en o cerca del cielo. Se creía que en el paraíso existen diferentes grados de beatitud. Se decía que dentro de él existen siete rangos u órdenes, y se daban definiciones tanto para los dueños de tales posiciones como para las glorias que pertenecen a cada uno ("Baba bathra", 75 a, citado por Salmond, Hastings, "Dicc. de la Biblia", s.v. "Paradise ").

La incertidumbre y confusión de las ideas judías actuales sobre el paraíso pueden explicar la falta de referencia a él en el Nuevo Testamento. La primera mención de la palabra aparece en Lucas 23,43, donde Jesús en la cruz le dice al ladrón penitente: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso". De acuerdo con la interpretación predominante de los teólogos y comentaristas católicos, el paraíso en este caso se utiliza como sinónimo de los cielos de los bendecidos al que el ladrón había de acompañar al Salvador, junto con las almas de los justos de la antigua ley que esperaban la venida del Redentor. En la Segunda Epístola a los Corintios (12,4) San Pablo, al describir uno de sus éxtasis, les dice a sus lectores que fue "arrebatado al paraíso". Aquí el término parece indicar claramente el estado celestial o morada de los bienaventurados, que implica posiblemente una ojeada de la visión beatífica. La referencia no puede ser de ninguna forma al paraíso terrenal, sobre todo si consideramos la expresión paralela en el versículo 2, donde, al relatar una experiencia similar, dice que fue "arrebatado hasta el tercer cielo".

La tercera y última mención del paraíso en el Nuevo Testamento ocurre en Apocalipsis (2,7), donde San Juan, al recibir en una visión un mensaje divino para el " ángel de la iglesia de Éfeso", oye estas palabras: "Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de mi Dios." En este pasaje la palabra se utiliza claramente para designar el reino celestial, aunque las imágenes son tomadas de la descripción del Jardín del Edén primitivo en el Libro del Génesis. Según la teología católica basada en el relato bíblico, la condición original de nuestros primeros padres fue una de perfecta inocencia e integridad. Por esto último se entiende que estaban dotados de muchas prerrogativas que, aunque pertenecientes al orden natural, no se debían a la naturaleza humana como tal ---de ahí que a veces se les llama preternaturales. Entre las principales estaban un alto grado de conocimiento infuso, la inmortalidad física, la ausencia de dolor y la inmunidad contra los impulsos o inclinaciones malvadas. En otras palabras, la naturaleza inferior o animal en el hombre estaba sometida perfectamente al control de la razón y la voluntad. Además de esto, nuestros primeros padres también estaban dotados con la gracia santificante por la que se elevaban al orden sobrenatural. Pero todos estos dones gratuitos se perdieron por la desobediencia de Adán "en quien todos pecaron" y que era "una figura del que había de venir" ( Rom. 5) a restaurar al hombre caído, no a un paraíso terrenal, sino a uno celestial.

Según Josefo (Ant. Jud., I, I, 3), el Nilo es uno de los cuatro grandes ríos del paraíso (Gén. 2,10 ss.). Esta opinión, que ha sido adoptada por muchos comentaristas, se basa principalmente en la relación descrita entre el Guijón, uno de los ríos aún no identificados, y la tierra de Kuš, que, al menos en los últimos tiempos, se identificó con Etiopía o Abisinia moderna (cf. Vulgata, Gén. 2,13). Sin embargo, los eruditos modernos se inclinan a considerar este Kus africano como una simple colonia establecida por tribus que emigran de una provincia de origen asiático del mismo nombre, la cual F. Delitsch (op. cit., 71) en Babilonia y Hommel ("Antigua Tradición Hebrea", 314 ss.) en Arabia Central.


Bibliografía: HURTER, Theologioe Dogmaticoe Compendium, II (Innsbruck, 1893), 264-83; VON HUMMELAUER, Comment. in Genesim (París, 1895): Comment. in Cap. II; VIGOUROUX, Dict. de la Bible, s.v.; GIGOT, Special Introduction to the Study of the Old Testament, Pt. I, 168 ss. (Nueva York, 1901).

Fuente: Driscoll, James F. "Terrestrial Paradise." The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912. 4 Feb. 2013 <http://www.newadvent.org/cathen/14519a.htm>.

Traducido por Giovanni E. Reyes. lhm