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Martes, 21 de octubre de 2014

Baruc

De Enciclopedia Católica

(Hebreo, Barûkh, Bendecido, Bendito; Septuaginta, Barouch).

Discípulo de Jeremías y autor tradicional del libro deutero-canónico que lleva su nombre. Era hijo de Neriyías (Jer. 32,12.16; 36,4.8.32; Bar. 1,1) y probablemente hermano de Saraías, principal chambelán del rey Sedecías (Jer. 32,12; 51,59; Bar. 1,1). Después de que Nabucodonosor (559. a.C.) saqueó el Templo de Jerusalén, Baruc escribió, bajo el dictado de Jeremías, el oráculo de ese gran profeta, prediciendo el regreso de los babilonios, y, a riesgo de su vida, lo leyó a los judíos. También escribió la segunda y más extensa edición de las profecías de Jeremías después de que éste fue quemado por el enfurecido rey Joaquín (Jer. 36). Permaneció fiel a las enseñanzas e ideales del gran profeta durante toda su vida, aunque a veces pareció sucumbir al desaliento y tal vez incluso a la ambición personal (cf. Jer. 45). Estuvo con Jeremías en el último sitio de Jerusalén y estuvo presente cuando Jeremías compró la propiedad heredada de sus antepasados en Anatot (Jer. 32). Después de la caída de la Ciudad Santa y la ruina del Templo (588 a.C.), Baruc probablemente vivió durante un tiempo con Jeremías en Masfat. Sus enemigos le acusaron de haber influenciado al profeta para que aconsejara a los judíos que permanecieran en Judá en lugar de bajar a Egipto (Jer. 43), donde, según una tradición hebrea preservada por San Jerónimo (en Is. 30,6.7), ambos murieron antes de que Nabucodonosor invadiera el país. No obstante, esa tradición se contradice con la información hallada en el capítulo inicial de la profecía de Baruc, donde se dice que Baruc escribió su libro en Babilonia y que lo leyó públicamente cinco años después del incendio de la Ciudad Santa; y que aparentemente, los judíos cautivos lo enviaron a Jerusalén con vasos sagrados y regalos destinados al servicio sacrificial en el Templo de Yahveh. Estos datos confligen con varias tradiciones, tanto judías como cristianas, las cuales quizás contienen alguna parte de verdad pero que no nos permiten determinar, con ninguna probabilidad, la fecha, recorrido o la forma en la que murió Baruc.

En la Biblia católica la “Profecía de Baruc” consta de seis capítulos, el último de los cuales lleva el título tan especial de “Epístola de Jeremías” y no pertenece al libro propiamente dicho. La profecía comienza con una introducción histórica (1,1-14), estableciendo primero (v. 1-2) que el libro fue escrito por Baruc en Babilonia cinco años después de que Jerusalén fue quemada por los caldeos, y lo siguiente que cuenta (v. 3-14) es que fue leída en una asamblea del Rey Jeconías y otros exiliados babilonios, a los que produjo efectos muy beneficiosos. La primera sección en el cuerpo del libro (1,15; 3,8) contiene una doble confesión de los pecados que condujeron al exilio (1,15 - 2,25; 2,6-13) junto con una oración para que Dios al fin perdonase a su pueblo (2,14; 3,8). Mientras que la sección siguiente tiene mucho en común con el Libro de Daniel (Dan 9,4-19), la segunda sección de Baruc (3,9; 4,4) se asemeja cercanamente a los pasajes de Job 28 y 38. Es un bello panegírico sobre la Sabiduría Divina que no se halla en ningún otro lugar excepto en la Ley dada a Israel. Solamente bajo la apariencia de la Ley ha aparecido la Sabiduría en la tierra y se ha hecho accesible al hombre; dejemos, por lo tanto, que Israel demuestre su fe nuevamente a la Ley.

La última sección del Libro de Baruc se extiende desde 4,5 al 5,9. Se compone de cuatro odas, cada una de las cuales comienza con la expresión, “Ánimo, pueblo mío” (4,5.21.27.30) y de un salmo estrechamente relacionado con el undécimo de los salmos apócrifos de Salomón (4,36; 5,9). El capítulo 6 tiene como un apéndice a la totalidad del libro “La Epístola de Jeremías” enviada por ese profeta a “aquellos que iban a ser llevados cautivos a Babilonia” por Nabucodonosor. Por sus pecados serían llevados a Babilonia y permanecerían allí “durante largo tiempo, incluso hasta siete generaciones”. En esa ciudad pagana serían testigos del impresionante culto rendido a “dioses de oro, plata, piedra y madera”, pero que no se debían someterse a ellos. Tales dioses, se argumenta de varias maneras, son impotentes y obras perecederas de la mano del hombre; no pueden hacer bien ni mal; por lo tanto, no son dioses en absoluto.

Es cierto que este sexto capítulo de Baruc es realmente distinto del resto de la obra. No sólo su título especial, “La Epístola de Jeremías”, sino también su estilo y contenido prueban claramente que es un escrito totalmente independiente de la profecía de Baruc. De nuevo, mientras algunos manuscritos griegos que tienen a Baruc no tienen la epístola, otros, entre los mejores, la tienen separada del libro de Baruc e inmediatamente antes de las Lamentaciones de Jeremías. El hecho de que el capítulo 6 de Baruc lleve el titulo de “Epístola de Jeremías” ha sido, y es todavía a los ojos de muchos, una razón decisiva para sostener la opinión tradicional de que el gran profeta es su autor. También se insiste en que la vívida y precisa descripción del espléndido pero infame culto a los dioses babilonios en Baruc 6 aporta a la autoría tradicional, ya que Jer. 13,5.6 probablemente habla de un doble viaje de Jeremías al Éufrates. Finalmente se afirma que un cierto número de hebraísmos se pueden rastrear al punto original hebreo en la misma dirección. En oposición a este punto de vista tradicional, la mayoría de los críticos contemporáneos argumentan que el estilo griego de Baruc 6, prueba que originalmente no fue escrito en hebreo, sino en griego y que, por consiguiente, Jeremías no es el autor de la epístola que se le atribuye. Por ésta y otras razones sugeridas por el estudio del contenido de Baruc 6, piensan que San Jerónimo estuvo decididamente correcto cuando denominó a este escrito pseudepigraphos, esto es, inscrito bajo un nombre falso. Sea como fuese, un importante estudio del canon de la Sagrada Escritura demuestra que, a pesar de las afirmaciones contrarias de los protestantes, Baruc 6 siempre ha sido reconocido por la Iglesia como una obra inspirada.

Respecto al lenguaje original del libro de Baruc propiamente dicho (caps. 1 - 5), una variedad de opiniones prevalecen entre los estudiosos contemporáneos. Naturalmente suficientes, los que simplemente se adhieren al título que atribuye el libro a Baruc, admiten que toda la obra fue originalmente escrita en hebreo. Por el contrario, muchos de los que cuestionan o rechazan la exactitud del título piensan que esta obra fue total o al menos parcialmente escrita en griego. Es bien cierto que los rasgos literarios griegos de varias secciones no apuntan con igual fuerza a un original hebreo. Aún así, difícilmente podemos dudar que la totalidad del propio libro de Baruc en su forma griega existente parece una traducción. La evidencia lingüística es confirmada también por las siguientes consideraciones:

  • Es muy probable que Teodosión (finales del siglo II d.C.) tradujese el Libro de Baruc de un original hebreo.
  • Existen varias notas marginales del texto Siro-Hexaplar afirmando que algunas palabras en el griego “no se encuentran en el hebreo”.
  • Baruc 1,14 dice que el libro se había redactado para ser leído públicamente en el Templo; por lo tanto, debe haber sido escrito en hebreo para tal propósito.

Aparte de esta unidad respecto a su lenguaje original, Baruc presenta una cierta unidad en el punto asunto-materia, por eso la mayoría de los que sostienen que toda la obra fue primitivamente escrita en hebreo admiten también su unidad de composición. Sin embargo, en el libro de Baruc hay muchos rastros del proceso compilatorio donde las varias partes fueron aparentemente reunidas. Ciertamente es muy grande la diferencia literaria entre 1 - 3,8 por un lado y 3,9 – 5 por el otro, y tomada junto con la manera abrupta con que se introduce el panegírico de la Sabiduría (3,9), sugiere una diferencia respecto al original. Las dos confesiones de los pecados que condujeron al exilio en 1,15; 3,8 son colocadas lado a lado sin ninguna transición natural. Son considerables las diferencias literarias entre 3,9 – 4,4 y 4,5 - 5,9, y al comienzo de la tercera sección en el 4,5 no es menos abrupta que la de la segunda en el 3,9. De nuevo, la introducción histórica parece haber sido escrita como prefacio sólo a 1,15 - 2,5. En vista de éstos y otros hechos, los críticos contemporáneos generalmente creen que la obra es producto de un proceso compilatorio, y que su unidad se debe al editor final que reunió los diferentes documentos, los cuales, obviamente se refieren al exilio. Tal método de composición literaria no entra necesariamente en conflicto con la autoría tradicional del Libro de Baruc. Muchos de los escritores sagrados de la Biblia fueron compiladores y Baruc puede y debe ser nombrado entre ellos, de acuerdo con los estudiosos católicos que admiten el carácter compilatorio de la obra adscrita a él. Los católicos basan su opinión principalmente en tres puntos:

  • El libro es atribuido a Baruc por su título;
  • Siempre se la ha considerado obra de Baruc por tradición;
  • Su contenido no presenta nada que pudiera ser posterior a la época de Baruc o que pudiese ser considerado ajeno al estilo y manera de ese fiel discípulo y secretario de Jeremías.

En contra de esta opinión, los no católicos argumentan:

  • Que su base esencial es simplemente el título del libro;
  • Que el título mismo no está en armonía con el contenido histórico y literario de la obra; y
  • Que ese contenido, cuando es imparcialmente analizado, apuntan a un compilador muy posterior a Baruc; de hecho, algunos de ellos llegan tan lejos como a atribuir la composición del libro a un escritor que vivió 70 años d.C.

Los católicos fácilmente refutan esta última fecha para el Libro de Baruc: pero no se deshacen fácilmente de las dificultades que han aparecido contra su propia atribución de todo la obra a Baruc. Generalmente, los estudiosos católicos consideran sus respuestas como suficientes. Sin embargo, si alguno las juzgara inadecuadas y por lo tanto, considerase el libro de Baruc obra de algún escritor posterior, el inspirado carácter del libro aún permanecería, con tal que este último editor sea considerado como inspirado en su trabajo de compilación. El Concilio de Trento declaró que el libro de Baruc es un escrito “sagrado y canónico”; un estudio cuidadoso del canon de la Biblia demuestra que tiene tanto o más derecho a ser considerado “inspirado por Dios” como cualquier otro libro de la Sagrada Escritura. Su interpretación al latín en nuestra Vulgata se remonta a la antigua versión latina anterior a San Jerónimo y es tolerablemente literal del texto griego.


Fuente: Gigot, Francis. "Baruch." The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/02319c.htm>.

Traducido por Alicia Fernández Jarrín. L H M