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Lunes, 23 de octubre de 2017

Amalario de Metz

De Enciclopedia Católica

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Amalario de Metz fue un escritor litúrgico (nació en Metz, en el último cuarto del siglo VIII; murió aproximadamente en el año 850. Anteriormente fue considerado un personaje diferente de Amalario de Tréves, pero hace poco, a causa de las investigaciones de Dom Morin, parece prevalecer la opinión de que alrededor del año 811, Amalario se convirtió en Obispo de Tréves, diócesis a la cual renunció después de dos años de actuar como enviado a Constantinopla. De ahí que se le considere como el autor de los trabajos atribuidos a Amalario de Tréves. Fue discípulo de Alcuino por algún tiempo. Después de regresar a Francia de Constantinopla, parece haber estado en sínodos importantes en Aix-la Chapelle y en Paris. Más tarde fue enviado por Louis le Débonnaire como embajador de Gregorio IV en Roma, siendo ésta probablemente su segunda visita a la Ciudad Eterna (v. Roma). Luego gobernó la Diócesis de Lyons durante el exilio de Agobardo, y ahí trató de presentar su nuevo antifonario, pero se encontró con una fuerte oposición por parte del diácono Floro. Cuando Agobardo fue restituido a su sede ambos, él y Floro atacaron los escritos de Amalario y lograron hacerlo censurar en un sínodo llevado a cabo en Kiersy en el año 838 por su opinión respecto al significado de las partes de la Hostia dividida en la Misa. Finalmente, Amalario se involucró en controversias teológicas (v. teología) sobre predestinación levantadas por Gottschalk. La fecha de su muerte no ha sido determinada con certeza, pero debe haber sido poco después del año 850. Los trabajos de Amalario tratan principalmente sobre temas litúrgicos. Sus más importantes y también sus más largos tratados son titulados “Los oficios Eclesiásticos” y “El antifonario ordinario”. El primero está dividido en cuatro libros, en los cuales sin observar un orden lógico (v. lógica estricto, trata de la Misa, el oficio, diferentes bendiciones, ordenaciones, [[vestiduras[[, etc.; dando una explicación de los varios formularios y ceremonias más que una exposición científica de la iturgia. El primer libro explica las fiestas y estaciones litúrgicas de la Septuagésima hasta Pentecostés y especialmente las ceremonias de Semana Santa. El segundo libro trata de los tiempos para conferir las órdenes sagradas, de las diferentes órdenes en la Iglesia, y de las vestiduras litúrgicas. El tercer libro contiene unos pocos capítulos preliminares acerca de las campanas, el coro, etc.; un tratado sobre las diferentes partes de la Misa celebrada pontificalmente según el rito Romano, y algunos capítulos sobre asuntos especiales, por ejemplo, el Adviento, la Misa de difuntos, etc. El cuarto libro trata principalmente del Oficio Divino, explicando sus partes esenciales y los oficios propios a ciertas temporadas litúrgicas o días festivos, pero contiene unos cuantos capítulos suplementarios sobre exequias para difuntos y asuntos ya tratados. En “El Antifonario Ordinario” él explica el orden del Oficio Divino y las variaciones para las diferentes fiestas y considera en particular, el origen y significado de las antífonas y responsos; ciertamente en este mundo el parecería un comentador de su propio antifonario compilado de los antifonarios de Roma y Metz, y un defensor de su método de composición. Su "Eclogae de officio missae" contiene una descripción de la Misa Pontifical según el rito Romano y una explicación mística de las diferentes partes de la Misa. También se ha conservado varias cartas de Amalario que tratan sobre temas litúrgicos. Dom Morin niega la autenticidad de la carta de Amalario en respuesta a ciertas preguntas de Carlomagno respecto al bautismo, así como la “forma de institución canónica y santoral”, la cual es una colección de reglas tomadas de los decretos de los concilios y trabajos de los Padres, para clérigos y monjas que viven en comunidad. Desafortunadamente su Antifonario y su Embolis no se conservaron. Amalario parece haber tenido una gran afición por los estudios litúrgicos, gusto que fue estimulado y fomentado por su maestro Alcuino. Sus viajes al Oriente le dieron una información considerable respecto a los ritos Orientales, pero su estadía en Roma parece haberlo imbuido a un profundo amor por la liturgia Romana y haberlo influenciado grandemente en su trabajo litúrgico. Allí hizo un estudio especial de rúbricas y costumbres romanas, preguntó diligentemente a Teodoro, el Arcipreste de la basílica de San Pedro, respecto a los formularios y ceremonias en uso allá y trató de obtener copias de los libros litúrgicos, para traerlos a Francia. Viviendo justamente en ese tiempo cuando la liturgia estaba cambiando, cuando se estaba llevando a cabo la fusión de las costumbres galicanas y romanas, el ejerció una influencia marcada en la introducción de la presente composición litúrgica, la cual finalmente sustituyó el antiguo rito Romano. Trató de ejecutar el deseo del Emperador de introducir la liturgia Romana para obtener uniformidad, pero al mismo tiempo, como Alcuino y otros liturgistas de su época, combinó con el rito romano lo que estimó digno de preservarse en el rito galicano, como se puede ver fácilmente en su comentario sobre su propio antifonario. El mérito principal de sus trabajos consiste en el hecho de que han conservado mucha información precisa y valiosa sobre el estado de la liturgia al principio del siglo IX, de modo que se pueda hacer fácilmente una comparación entre esa liturgia y la presente, para determinar los cambios ocurridos y trazar el desarrollo efectuado. El más serio defecto en sus escritos es un misticismo excesivo que le condujo a buscar orígenes y significados simbólicos forzados y hasta absurdos para las fórmulas y ceremonias litúrgicas, pero la falta puede estar en una medida excusable, ya que era común a todos los escritores litúrgicos de ese tiempo. El también pudo haber usado más libertad al componer, cambiar y transferir textos litúrgicos que lo que podrían permitir las autoridades eclesiásticas en épocas posteriores, cuando la necesidad de unidad en la liturgia se sentía más imperativamente. A pesar de estas fallas, ejerció gran influencia en el desarrollo de la liturgia romana actual, y sus trabajos son muy útiles para el estudio de la historia de las liturgias latinas.

Fuente: P.L. CV, 815; XCIX, 887; articles by MORIN, in the Revue Benedictine (1891-92-94); DEBROISE in Dict. d'arch. chret. (Paris, 1904), I, 1323; BATIFFOL, History of the Roman Breviary, tr. by BAYLEY (New York, 1898), 90; STREBER in Kirchenlex., I, 672; SIRMOND, Opera varia (Paris, 1696), IV; SAHRE, Der Liturgiker Amalarius (Dresden, 1893). Escrito por J.F. Goggin. Trascrito por John Fobian. Traducción de Francisco Juárez Salazar Revisado y corregido por Luz María Hernández Medina