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Sábado, 21 de octubre de 2017

El Vaticano

De Enciclopedia Católica

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Puesto que mediante esta disposición de las materias pueden tratarse a la vez cosas análogas con independencia de su diversa localización en el Palacio, se tiene ventaja sobre otras que siguen un método histórico y topográfico.

Este tema se tratará en los siguientes capítulos:

Introducción

El territorio de la orilla derecha del Tíber entre el Monte Mario y el Gianicolo (Janículo) fue conocido en la antigüedad como Ager Vaticanus y, debido a su carácter pantanoso, la parte baja de este distrito gozaba de mala reputación. El origen del nombre Vaticanus es inseguro; algunos afirman que el nombre proviene de una ciudad etrusca desaparecida llamada Vaticum. Este distrito no perteneció a la antigua Roma, ni fue incluido dentro de las murallas de la ciudad edificadas por el emperador Aureliano. En los jardines imperiales situados en este lugar estaba el Circo de Nerón. Al pie de la Colina Vaticana se asienta la antigua Basílica de San Pedro. Mediante extensas compras de tierra los Papas medievales adquirieron la posesión de toda la colina, preparando así el camino para su actividad constructora. La comunicación con la ciudad se estableció por medio del Pons Ælius, que conducía directamente al mausoleo de Adriano. Entre 848 y 852 León IV rodeó con una muralla todo el núcleo habitado, lo que lo incluyó dentro de los límites de la ciudad. Hasta el pontificado de Sixto V esta parte de Roma siguió siendo una posesión privada papal y estaba confiada a una administración especial. Sixto V, sin embargo, la colocó bajo la jurisdicción de las autoridades urbanas como decimocuarto distrito (rione).

Historia arquitectónica del Palacio Vaticano

Es seguro que el Papa Símaco (498-514) construyó una residencia a derecha e izquierda de San Pedro e inmediatamente contigua a ella. Hubo probablemente una residencia más antigua, puesto que, desde los primeros tiempos, los Papas han debido tener un lugar de acomodo necesario en las proximidades de una basílica tan destacada como San Pedro. A fines del Siglo XIII la actividad constructora de Eugenio III, Alejandro III e Inocencio III había desarrollado la residencia de Símaco hasta convertirla en un palatium que se situaba entre el pórtico de San Pedro y la Colina Vaticana. Nicolás III comenzó a construir en la Colina Vaticana un palacio de extraordinarias dimensiones que fue completado por sus inmediatos sucesores. También obtuvo terreno para los Jardines Vaticanos. El grupo de edificios entonces erigidos corresponde más o menos a las partes antiguas del actual palacio que se extienden alrededor del Cortile del Maresciallo y los lados este, sur y oeste del Cortile del Papagallo. Estos edificios apenas estaban acabados o dispuestos cuando los Papas se trasladaron a Aviñón y desde 1305 a 1377 ningún Papa residió de manera permanente en el Palacio Vaticano. Urbano V pasó un breve espacio de tiempo en Roma, y Gregorio XI murió allí. Cuando Urbano V resolvió volver a Roma, habiendo sido destruido por el fuego el Palacio Lateranense, la residencia ordinaria papal fue fijada en el Vaticano. Los apartamentos, techos, jardines y capillas del Palacio Vaticano tuvieron que ser enteramente rehechos, tan grave había sido la decadencia y ruina en la que habían caído los edificios en sesenta años (ver Kirsch, "Die Rüchkehr der Päpste Urban V. u. Gregor. XI.", Paderborne, 1908). Los fondos dedicados a las reparaciones del Vaticano durante la residencia en Aviñón habían sido totalmente inadecuados. Urbano VI (1378) y sus sucesores devolvieron al palacio un grado tal de comodidad como lugar de residencia, que, cuando Martín V vino de Constanza a Roma (28 de septiembre de 1420), quedaba poco por hacer, salvo alguna redistribución de los apartamentos. Nicolás V erigió edificios en los lados norte y este del Cortile del Papagallo, en el lugar donde están hoy la Loggia de Rafael y los Apartamentos Borgia y las Stanze. Alejandro VI añadió al Palacio de Nicolás V la Torre Borgia que lleva su nombre. Pío II y Paulo II embellecieron los edificios del ala sur, e Inocencio VIII efectuó tales alteraciones en el viejo palacio en el pórtico de San Pedro al pie de la colina que desde entonces fue conocido como Palazzo di Innocenzo VIII. En línea recta al sur, en la dirección de Sant’Angelo, Nicolás V erigió un poderoso bastión (llamado el Torrione di Niccolò V), que descendía de la cumbre de la colina hasta Sant’Angelo. El espacio que sube la colina en dirección norte fue rodeado por un muro y servía de jardín (viridarium, vigna). A unos 700 metros de distancia del palacio, Inocencio VIII erigió una villa bastante amplia, que se puede ver todavía hoy, y que fue remodelada por Clemente XIV y Pío VI como una de las partes más majestuosas del museo de escultura. Sixto IV, que habitaba en los apartamentos del Cortile del Papagallo, hizo cambios importantes en las habitaciones del piso bajo para acomodar allí la Biblioteca Palatina.

El ala que da al sur (Galleria delle Inscrizioni y Museo Chiaramonti) fue construida por Julio II; el ala norte (galería de pinturas y biblioteca), por Pío IV. Poco después ambas alas se desarrollaron hasta tomar su forma actual. La gran Loggia (il gran nicchione) anexa a la villa de Inocencio VIII fue erigida por Pío IV. Pío V erigió los apartamentos al norte de la Torre Borgia, y construyó las tres capillas, situadas una sobre otra en la parte occidental del ala norte. Una de estas capillas está unida a la biblioteca (la del piso bajo) y otra a la galería de pinturas del segundo piso. Pío V y su sucesor Gregorio XIII extendieron el palacio construyendo el ala que discurre en dirección sur hacia el Torrione. El actual palacio papal fue iniciado por Sixto V y terminado por sus sucesores, Urbano VII, Inocencio XI y Clemente VIII.

Los edificios que se extienden a lo largo de la ladera meridional de la colina hasta la Piazza San Pietro, hoy ocupados por el maestro de camera y el mayordomo, fueron erigidos por Julio III, y terminados bajo Pío IX con la construcción de la magnífica Scala Pia. Los edificios que parten desde el ala norte hacia los jardines, en las proximidades de las capillas de Pío V, fueron construidos por Paulo V. Sixto V puso en contacto las dos alas longitudinales del palacio erigiendo en medio el Salone Sistino, en el que albergó la biblioteca. Un segundo edificio transversal, construido por Pío VII en el patio oriental, contiene el Braccio Nuovo, una parte del museo de escultura. Todos los demás edificios del museo en el extremo oriental del palacio fueron erigidos o remodelados por Pío VI y Pío VII. El casino construido por León XIII en una de las torres de León IV en los jardines sirve ahora como Observatorio Vaticano. Este amplio esbozo de la historia arquitectónica del Vaticano y la subsiguiente descripción de los diversos edificios nos proporcionarán una idea bastante exacta del gradual crecimiento de esta vasta colección de edificios.

Descripción del palacio

El Palacio Vaticano está situado en la parte oriental de la Colina Vaticana. Tras él se alza la cumbre de la colina con los jardines; en los puntos más altos se pueden ver los únicos restos de la Muralla Leonina con sus dos poderosas torres. Se accede al palacio por un camino que lleva alrededor de San Pedro y por la Scala Pia, que se extiende desde el Portone di Bronzo al Patio de San Dámaso. El camino cubierto que conduce desde el Cortile di Belvedere al Cortile della Sentinella y de ahí a la puerta de salida situada en la parte trasera del palacio, que se usa sólo para fines oficiales. Desde el Portone di Bronzo hacia abajo se extienden los poderosos contrafuertes del palacio por los lados este y norte de la colina hasta la Galleria Lapidaria (Corridoio delle Iscrizioni). Estos contrafuertes se interrumpen por el Torrione, que antiguamente era de gran importancia estratégica y ahora sirve de almacén. En la parte trasera del Cortile del Forno está la entrada al Nicchione y a los edificios del museo, que son las partes más elevadas del palacio.

Desde la cúpula de San Pedro puede verse todo el conjunto de edificios incluidos bajo el nombre de Palacio Vaticano, una larga extensión de edificios con muchos patios, que terminan en una hilera de construcciones más pequeñas unidas delante de las cuales hay una gran loggia, conocida como el Nicchione. A derecha e izquierda de la loggia y formando ángulo recto con ella hay dos estrechas construcciones, que se unen transversalmente mediante el Braccio Nuovo a una distancia de 328 pies de la loggia. Estos cuatro edificios rodean el Giardino della Pigna, así llamado porque en la loggia se alza una gigantesca piña de bronce, conservada del antiguo San Pedro. Excepto algunas feas construcciones situadas inmediatamente a la izquierda, todos los edificios detrás de la loggia están dedicados a museo  específicamente a los museos de escultura, al Egipcio y al Etrusco. En el ala longitudinal a la izquierda están acomodadas una parte de la biblioteca, la Galleria dei Candelabri y las tapicerías de Rafael; el ala derecha la constituye el Museo Chiaramonti, mientras que el edificio transversal, o Braccio Nuovo, pertenece también al museo de escultura. Al Giardino della Pigna le sigue el Cortile della Stamperia, un estrecho edificio cuyo nombre deriva del hecho de que sirvió como sede de la Imprenta Vaticana (fundada por Sixto V) hasta 1909. En la parte trasera de este patio está el Braccio Nuovo; a la izquierda la biblioteca, la Galleria delle Carte Geografiche, y la Torre dei Quattro Venti; a la derecha la biblioteca y la Galleria Lapidaria; y en el edificio transversal del frente la Biblioteca. El tercer enorme patio, el Cortile di Belvedere, está a un nivel mucho más bajo en línea exacta con los otros dos. En su parte trasera y a la izquierda está la biblioteca, a la derecha la Galleria Lapidaria, y en el ala transversal de enfrente el Apartamento Borgia, las Stanze de Rafael y el Museo de Pintura Moderna.

Entre estas largas extensiones de los palacios con los tres patios y la Basílica de San Pedro se sitúan un gran número de patios rodeados de manera un tanto irregular por un grupo de construcciones de las que podemos mencionar las más importantes. La Capilla Sixtina, en el extremo izquierdo colinda con el Cortile della Sentinella y el Cortile del Portoncino; frente a éste termina el ala izquierda de la biblioteca. A la derecha de la capilla está la Sala Regia, más allá de la cual, extendiéndose hacia San Pedro, está la Cappella Paolina. Extendiéndose un tanto oblicuamente desde la Sala Regia está la Sala Ducale, que, con las Stanze de Rafael y el Apartamento Borgia, rodea el Cortile del Papagallo por los lados norte y sur. El lado oriental de este patio está bordeado por el grupo de edificios que incluye las Camere dei Paramenti (con las Loggie di Giovanni da Udine que se extienden al frente) y la Cappella di Niccolo V (un piso más alta), situados delante de lo que son las Loggie de Rafael. Las loggie arriba mencionadas constituyen el lado occidental del Cortile di San Damaso; el lado septentrional está compuesto también de loggie, detrás de las cuales, en el segundo piso está la Sala Matilde y en el tercero un parte de la antigua galería pictórica. El lado oriental de las loggie está enfrente de la parte del palacio ocupada por el Papa y el secretario de Estado. Hay algunos patios menores en el lado este.

El exterior del palacio representa un conjunto imponente. En ningún lado se encuentra decoración arquitectónica. Los muros exteriores se caracterizan por una extremada simplicidad. Con poca consideración al efecto estético y conforme lo dictaba la necesidad, se erigían los nuevos edificios y anexos, se alzaban los techos, se extendían los pasajes externos, se dividían horizontalmente los altísimos salones y se horadaba la parte superior de las ventanas, lo que desfiguraba las líneas de los edificios. Los que pretenden la uniformidad encuentran mucho que censurar en el palacio, pero el efecto general, desde un punto de vista histórico, es más agradable. El Cortile di San Damaso, la visión hacia San Pedro de las graciosas arcadas abriéndose ante la escalera que conduce a la Sala Regia por el Portal de Paulo III, la encumbrada puerta de entrada a la biblioteca de Sixto IV, en el Cortile del Papagallo, los Cortili del Portoncino y della Sentinella son todos magníficos. El Portone della Sentinella lleva al Cortile di Belvedere, decorado con una hermosa fuente. La vista hacia la derecha desde las ventanas y galerías del Appartamento Borgia y las Stanze de Rafael es admirable. Un piso añadido reemplazó la torrecilla del Palacio de Nicolás V; la Torre Borgia adyacente ha perdido sus antiguas ventanas, perdiendo de ese modo su tejado el carácter de una torre. Por encima del ala transversal está la Torre dei Quattro Venti, donde estaba la Specola Gregoriana, el observatorio que data de la época de Gregorio XIII, con sus pinturas de los Zuccari.

El Giardino della Pigna, que se extiende al norte, está bellamente distribuido. En el centro del patio se alza, desde 1886, sobre una columna de mármol, una estatua de bronce de San Pedro, en conmemoración del Concilio Vaticano de 1870; numerosos fragmentos de estatuas y relieves están colocados artísticamente en pie o acostados a lo largo de los muros. Los cuarteles de la Guardia Suiza en el lado este consisten en dos estrechos edificios paralelos, que, con el Palacio Sixtino y el Torrione di Niccolò V, forman dos patios. El patio interior está contiguo al palacio, en el otro hay una puerta que conduce directamente a la ciudad por la columnata. Más allá de esta puerta está el pasaje cubierto desde el palacio a Sant’Angelo, ahora cerrado con un muro en el punto en que acaba el territorio vaticano. Una placa e inscripción y una gran escudo evidencian que Alejandro VI inició aquí grandes obras de mejora y decoración. En la inmediata proximidad del Torrione di Niccolò V en primer lugar se sitúa la Cavallerizza, el terreno para cabalgar de la Guardia Noble. Entre este edificio y los cuarteles de la Guardia Suiza hay otra puerta que lleva a la ciudad. La Cavallerizza fue totalmente reconstruida hace tres años para acomodar la Stamperia Segreta (la imprenta privada del Vaticano) y la Tipografía Vaticana. En esta ocasión Pío X introdujo grandes reformas en la imprenta, poniéndola al nivel más alto alcanzado por la técnica moderna. Al norte de los despachos de la imprenta y paralela al ala longitudinal oriental del palacio está la enorme residencia que Pío X reconstruyó para los funcionarios casados y los servidores del palacio. Está sólidamente construida, convenientemente dividida y provista de los mejores requisitos sanitarios.

El palacio constituye una parroquia específica, cuya administración está confiada al Monsignor Sagrista, el sacristán del Papa, asistido por el sottosagrista, que se encarga de todas las vestiduras y vasos utilizados en las cinco capillas del palacio. El capellán de la Guardia Suiza se encarga de las vestiduras de su capilla. La Cappella Paolina está considerada como la iglesia parroquial, y así es una de las iglesias de Roma en que se inaugura la Adoración de las Cuarenta Horas al comienzo de cada año eclesiástico. Por la Bula "Ad sacram ordinis", de 15 de Octubre de 1497, se dio fundamento legal a la antigua costumbre de elegir al Prefecto de la Capilla Apostólica (el sagrista) de entre la Orden Agustina. El sagrista es obispo titular de Porphyreon, asistente al trono pontificio y prelado doméstico, y antes de 1870 era párroco del Palacio Vaticano, del Quirinal y del Laterano. El Quirinal fue provisionalmente agregado en 1870 a la parroquia de los SS. Vincenzo ed Anastasio, y en el Lateranense el sagrista está representado en los asuntos parroquiales por el párroco de la basílica. Además de otros privilegios el sagrista tiene derecho a administrar la Extremaunción al Papa moribundo. Desde el reinado de Pío IV es miembro de oficio del Cónclave. Aunque, como obispo, el sagrista goza del derecho de usar roquete, lo lleva sólo en casos muy excepcionales, llevando siempre la muceta por encima del mantelete. Su nombramiento es vitalicio, de modo que no le afecta un cambio de pontificado.

Los Jardines Vaticanos

Rodeados entre las murallas de la ciudad, la zecca (ceca) con sus edificios adyacentes, y el Viale del Museo, se sitúan los Jardines Vaticanos, o Boscareccio, en los que sólo se admite a los visitantes por permiso especial del subprefecto del Palacio Vaticano. Se llega a ellos por la entrada del museo sita en el lado oeste del palacio. A la izquierda de la entrada de abajo está el Jardín Inglés, en el que la palma grande (la palmera más alta de Roma) y bellos limoneros y naranjos crecen bajo un techo protector. Al final del ancho camino a la derecha hay un paseo, bordeado por árboles de boj de quince a veinte pies de alto, que conduce entre robles y encinas a lo alto de la colina donde se alza el Casino de León XIII, que descansa sobre una de las enormes torres de la Muralla Leonina (ver OBSERVATORIO VATICANO). El pabellón a la derecha del Casino, está al nivel del techo de San Pedro. En esta sección del jardín se han plantado viñedos y se cultivan vegetales. Delante de la primera Torre Leonina una terraza permite una amplia vista del Valle dell' Inferno, de cuyas antiguas obras de ladrillo se ha construido media Roma. A la izquierda de la torre hay un bosquecillo de robles donde crecen flores silvestres. Antiguos fragmentos de mármol están esparcidos por todas partes, los senderos se conservan a la manera totalmente rural, de forma que este pequeño bosquecillo constituye una parte de los jardines especialmente encantadora. Uno de los escabrosos caminos lleva a la Fontana di Paolo Quinto, que se nutre del agua del Lago di Bracciano. El escudo de los Borghese proclama la obra de Paulo V. En la inmediata vecindad están los cuarteles de los gendarmes papales a los que está confiada la vigilancia de los jardines. A unos cientos de pies más abajo está la Fontana del Santísimo Sacramento, una fuente así llamada porque en el centro se alza una custodia cuyos rayos están formados por el agua; a cada lado surgen tres corrientes verticales de agua, que representan las velas. Un camino bordeado por bojes lleva al patio del Casino de Pío IV, una doble construcción erigida por Pirro Ligorio en 1560, con paredes decoradas con mosaicos de piedra. Allí se recibía en audiencia a las mujeres hasta que se les permitió el acceso a los apartamentos papales por Pío IX. Miles de artísticos memoriales recibidos por Pío IX, León XIII y Pío X han sido trasladados de la biblioteca a este Casino, donde se conservan ahora. (cf. Bouchet, "La Villa Pia des Jardins du Vatican, architecture de Pirro Ligorio", París, 1837). Las pinturas del Casino son de Baroccio, Federigo Zuccaro y Santi di Titi. Inmediatamente delante del casino se abre el paso subterráneo que construyó Pío X para poder pasar con el menor inconveniente posible del palacio a los jardines. El aspecto del parque que lo rodea se ha visto alterado por las excavaciones, pero los árboles no se han tocado. La distribución de numerosas especies de árboles y arbustos con flores hace muy pintoresca esta parte de los jardines. El tramo de los jardines a la derecha de la entrada consiste en una espesa y magnífica alameda de encinas en la que aún pueden verse algunas jaulas; éstas albergaban antiguamente rebecos y otros animales. La vista desde aquí hacia Monte Mario por encima de las fuentes circulares, y a la derecha hacia los Prati di Castello con Soracte al fondo, es admirable. Dispersas alrededor de los jardines hay otras cuatro jaulas para animales que contenían hasta hace pocos años los leones regalados al Papa por el rey Menelik, y también avestruces, gacelas y cierto número de especies de aves de corral. Todos esos animales han muerto, se han regalado o vendido, puesto que su mantenimiento y cuidado exigía demasiada atención. Los Jardines Vaticanos son el único lugar en el que el Papa puede hacer ejercicio al aire libre. (Cf. Friedlander, "Das Kasino Pius des Vierten. Kunstgeschichtliche Forschungen", ed. Real Instituto Histórico Prusiano, Leipzig, 1912; Donovan, "Rome, Ancient and Modern, and its Environs", II, Roma, 1844.)

Las capillas del Vaticano

En el palacio papal hay una gran cantidad de capillas que sirven para diversos fines. De lejos, la más grande y famosa de éstas es la Capilla Sixtina.

La Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina es la capilla palatina y de la corte, donde se celebran todas las funciones y ceremonias papales y las elecciones papales. Se construyó entre 1473 y 1481 por Giovanni de’Dolci, por encargo de Sixto IV. De 133 pies de largo y 46 de ancho, tiene a cada lado seis vidrieras de colores, donadas por el Príncipe Regente Leopoldo de Baviera en 1911. El tercio inferior de la capilla está separado del resto por hermosas barreras de mármol, que dividen el espacio reservado para visitantes invitados en ocasión de grandes solemnidades del reservado para el Papa, los cardenales y la familia papal. En la pared de la derecha está el palco para los cantores del famoso Coro Sixtino. Las barreras de mármol y la balaustrada del palco son de Mino da Fiesole y sus ayudantes.

La pared trasera de la capilla está ahora sin ventanas, sólo abierta por una pequeña puerta a la derecha, que conduce a la sacristía de la capilla. Casi todo este espacio está ocupado por la pintura del Juicio Final (ver MICHELANGELO BUONARROTTI). Los frescos de las paredes laterales fueron ejecutados entre 1481 y 1483 por maestros florentinos y de Umbría. En el lado izquierdo se dan, como los prototipos, escenas de la vida de Moisés, y en el derecho escenas de la vida de Cristo – empezando en ambos casos desde el altar mayor y uniéndose en la puerta de entrada. Perugino, Pinturicchio, Botticelli, Pier di Cosimo, Rosselli, Signorelli, della Gatta, Ghirlandajo y Salviati fueron los colaboradores en el maravilloso ciclo de pinturas. Flammingo, Matteo da Lecce y Diamante están también inmortalizados aquí. Hace algunos años los frescos del techo de Miguel Ángel fueron limpiados por Ludwig Seitz, y todos los abultamientos del enlucido cuya caída amenazaba causar irremediable daño a las pinturas, fueron hábilmente unidos de nuevo a la mampostería. Para reducir el efecto de cualquier gran cambio de temperatura en las pinturas, León XIII instaló un sistema de calefacción central en la capilla que evita que los muros se pongan helados en invierno (Ver Steinmann "Die Sixtinische Kapelle", 2 vols. y atlas, Munich, 1900-5).

La Capilla Paulina

La Cappella Paolina, que sirve de iglesia parroquial del Vaticano, está separada de la Capilla Sixtina sólo por la Sala Regia. Recibió su nombre de Paulo III, que la hizo construir por Antonio da Sangallo el Joven. Antes de 1550 Miguel Ángel pintó aquí dos frescos, la Conversión de Pablo y la Crucifixión de Pedro. Otras pinturas de la capilla son de Lorenzo Sabbatini y de Federico Zuccaro. Las estatuas del fondo son de P. Bresciano. Antes de la apertura del Cónclave, el Sacro Colegio se reúne en esta capilla para escuchar un sermón en el que se recuerda a los participantes su obligación de dar rápidamente a la Iglesia a su hijo más capaz como gobernante y guía. Luego los cardenales se retiran a la Capilla Sixtina. En la Cappella Paolina se cantan diariamente solemnes misas “De Spiritu Sancto” durante el Cónclave, en las que todos los participantes en el Cónclave deben estar presentes.

La Capilla de Nicolás V

Mientras las dos capillas arriba mencionadas están en el primer piso del palacio, que linda con el Cortile di San Damaso, la Capilla de Nicolás V (capilla de San Lorenzo) se sitúa en el segundo piso inmediatamente al lado de las Stanze y Loggie de Rafael. Construida por Nicolás V, la capilla fue adornada (1450-55) con frescos por Fra Angélico, pintando principalmente escenas de las vidas de los santos Lorenzo y Esteban. Esta maravillosa serie de pinturas es la obra máxima de Fra Angélico.

La capilla privada del Papa

En las salas de recepción del Papa, entre la Sala degli Arazzi y la Sala del Trono se sitúa una sala más pequeña, desde la cual una puerta lleva a la capilla privada del Papa, donde siempre está reservado el Santísimo Sacramento. Aquí celebra el Papa habitualmente sus Misas, y aquí son invitados aquellos a quienes se les concede el privilegio de recibir de sus manos la comunión. Los miembros laicos de la familia papal habitualmente toman su comunión pascual en esta capilla el lunes de la Semana Santa; los prelados de Roma toman la suya el Jueves Santo. En ambas ocasiones celebra el Papa. Después de la Misa todos son agasajados con un desayuno en la Sala dei Paramenti, actuando el mayordomo como anfitrión en representación del Papa.

Cappella della Sala Matilde

En los días en que se admite a un gran número de forasteros para asistir a la misa del Papa, el Santo Padre utiliza la Cappella della Sala Matilde, un capilla sencilla pero decorada con mucho gusto que Pío X ha erigido en la Sala Matilde, en el segundo piso del edificio del medio.

La capilla de la Guardia Suiza

La Capilla de la Guardia Suiza se sitúa a los pies de la residencia papal en la inmediata proximidad del Portone di Bronzo y de los cuarteles de la Guardia Suiza, y en ella se celebran los servicios para los guardias por su propio capellán. Esta Capilla de los SS. Martín y Sebastián data del siglo XVI, y tiene un encanto especial.

Las antiguas Cappelle di San Pio V se sitúan al extremo sur de las salas actuales de la biblioteca, estando las capillas situadas una debajo de otra en los tres pisos. La capilla del medio, en el primer piso, contenía antiguamente los memoriales recientemente trasladados al Casino de Pío IV. Las pinturas aquí son de Giorgio Vasari.

El palacio como lugar de residencia

El Palacio Vaticano no se pretendió ni construyó como una residencia. Sólo una parte comparativamente pequeña del palacio es residencial; todo el resto sirve a las finalidades del arte y de la ciencia o se emplea para la administración de los asuntos oficiales de la Iglesia y gestión del palacio. Las habitaciones antiguamente destinadas de manera específica a residencia se utilizan hoy para acomodar colecciones o como salones de estado. De ahí que el Vaticano pueda más apropiadamente ser considerada como un enorme museo y un centro de investigación científica que como una residencia. La parte residencial del palacio está alrededor del Cortile di San Damaso, e incluye también los cuarteles de la Guardia Suiza y de los gendarmes situados al pie de esta sección. De unas 1.000 habitaciones en todo el palacio aproximadamente 200 sirven como apartamentos residenciales para el Papa, el secretario de estado, los funcionarios más altos de la corte, los funcionarios superiores de asistencia más estrecha con el Papa y algunos científicos y funcionarios administrativos. Este limitado número sólo se puede incrementar con costosos y extensos cambios. Cuando el dominio temporal del Papa acabó en 1870, se tuvo que mantener a un gran número de funcionarios inferiores y sirvientes del Palacio del Quirinal mientras duró la confusión del momento; más tarde les fueron asignadas temporalmente habitaciones del Vaticano no utilizadas previamente. Pío X llevó a cabo el plan de construir en la inmediata proximidad del Vaticano una amplia residencia específica para todas estas familias, donde están ahora acomodadas. Esta innovación práctica les provee de alojamientos agradables y espaciosos.

En el ala oriental (que enfrenta Roma) de la sección residencial, el Papa ocupa dos pisos. En el piso superior (tercero) reside con dos secretarios privados y algunos sirvientes; en el segundo piso trabaja y recibe a los visitantes. Una serie de habitaciones recibe el sol por la mañana, y la otra al mediodía y por la tarde. El segundo piso incluye las salas de recepción a las que el visitante entra a través de la maravillosa Sala Clementina, donde una sección de la Guardia Suiza vigila a la entrada de los apartamentos papales. La habitación siguiente es la Anticamera Bassa, en la que están los sirvientes, y en la que todos los convocados a una audiencia dejan sus abrigos. Una trampilla para el aire se abre en la Sala dei Gendarmi, así llamada porque dos gendarmes en uniforme de corte están allí colocados. Un pasillo cubierto lleva a través del patio al despacho del Papa. La siguiente sala se conoce como la Sala del Cantone o Sala della Guardia Palatina, pues es una sala que hace esquina donde durante la recepción forman los Guardias Palatinos. La serie oriental de salas comienza con la Sala degli Arazzi, en los que tres enormes tapices de Gobelinos enviados por Luis XV adornan las paredes. Entre ésta y la Sala del Trono hay una sala más pequeña que sirve para acomodar a la Guardia Noble, y conduce a la capilla privada del Papa. El suelo de la sala del trono está cubierto por una costosa alfombra española especialmente manufacturada y regalada a León XIII. La sala está sencillamente amueblada, produciendo un efecto muy impresionante y sosegado.

Detrás de la sala del trono está la Anticamera Segreta, a cuya entrada está un miembro de la Guardia Noble. La antigua y muy valiosa tapicería de Gobelinos que cubre el suelo es prácticamente indestructible, pero está extendida con gran cuidado. En esta sala espera el mayordomo o el maestro di camera y uno o más camareros espirituales, cuando se van a dar audiencias. Aquí también esperan los cardenales y personas de rango y situación hasta que llega su turno, mientras que los demás convocados a una audiencia esperan en la sala del trono o en otra de las salas arriba mencionadas. Situada en una esquina, esta sala ofrece una maravillosa vista de la ciudad y de la Campagna al este, la Piazza San Pietro y el Janículo al sur. Dos salas más pequeñas se sitúan entre la Anticamera Segreta y la biblioteca del Papa, que es a la vez su cuarto de trabajo y su sala de recepción para audiencias privadas corrientes. No lejos de la entrada de la biblioteca está la mesa de despacho del Papa, grande y sin pretensiones, junto a la cual hay algunos asientos para los visitantes. En medio de esta amplia sala, que está espléndidamente iluminada por tres ventanas, hay una ancha mesa de caoba de varias yardas de largo. Las vitrinas de la biblioteca se extienden a lo largo de las cuatro paredes, y por encima de ellas cuelgan doce exquisitas pinturas de animales. Otras decoraciones y accesorios de la sala combinan en perfecta armonía; es un cuarto de trabajo ideal.

Por encima de la Anticamera Segreta, la Sala del Tronetto, y las dos salas adyacentes está la cancillería privada del Papa, sólo accesible por una escalera desde el vestíbulo interior de la biblioteca. Aquí, bajo la dirección del Papa, dos secretarios con una plantilla de ayudantes tramitan todos los asuntos no oficiales del Pontífice.

Inmediatamente debajo de estas salas de trabajo y recepción del Papa está la suite del secretario de estado, quien bajo Pío IX y León XIII ocupaba lo que ahora son habitaciones privadas del Papa. León XIII asignó esta suite de manera temporal al cardenal Ledochowski, cuando vino a Roma desde la prisión de Ostrowo. Estas habitaciones descuidadas fueron renovadas recientemente por un eclesiástico español de familia rica. Aquí recibe el secretario de estado dos veces por semana a los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede y a otros numerosos visitantes. A lo largo de la Scala Pia, construida y cubierta por Pío IX, que conduce del Portone di Bronzo al Patio de San Dámaso, se encuentran los extensos apartamentos del maestro di camera y del mayordomo. Los demás residentes del palacio son los cuatros camareros espirituales de servicio, el monseñor sagrista, el maestro del sacro palazzo (un dominico, asesor teológico del Papa y censor de los libros que se imprimen en Roma), el subsecretario de estado, el prefecto de la Biblioteca Vaticana, el administrador doméstico del Palacio Apostólico, otros funcionarios administrativos y de la corte y algunos sirvientes.

El Palacio como tesoro artístico

El Vaticano contiene abundancia de obras de arte, que están ahora catalogadas en todas las guías turísticas. Por un lado están los museos y colecciones y por otro la decoración interior del palacio. Los tesoros artísticos del Vaticano también incluyen mucho de importancia científica, que se tratará en la parte siguiente. A ésta corresponden específicamente los ricos tesoros que se exhiben en la biblioteca y otros diversos objetos. Las obras de arte del Vaticano representan en su conjunto un tesoro irreemplazable, que no está activamente al servicio de la Curia, sino pasivamente en su posesión, ya que la reparación y mantenimiento de estos objetos implica grandes exigencias para los recursos de la Santa Sede. Los que proclaman la riqueza de la Curia deberían saber que, aunque las obras de arte valgan cientos de millones, no tienen valor de mercado. La Santa Sede, pese a su difícil situación financiera, valora demasiado su misión civilizadora como para despojarse de estos tesoros, que aumentan constantemente.

Los Museos Vaticanos

Cosimo Stornaiolo dice en un pasaje: “La actitud de la Iglesia hacia las estatuas de los falsos dioses y similares obras de arte fue proclamada por el poeta cristiano Prudencio en el Siglo IV como sigue (Contra Symmachum, 1, 502): ‘Guardad las estatuas meramente como las obras de grandes maestros; como tales constituyen el máximo ornamento de nuestra ciudad nativa [Roma] sin el abuso de un arte que sirve para que los malvados contaminen estos monumentos’. De acuerdo con este espíritu de la Iglesia, los primeros emperadores cristianos publicaron repetidamente leyes contra los destructores de obras de arte antiguas, y la Roma medieval vio por todas partes – en sus plazas públicas, en las ruinas de los antiguos palacios y en las villas de las cercanías – innumerables estatuas de dioses, emperadores y hombres renombrados. Es cierto que, durante un periodo de desenfrenada barbarie cuando los Papas trasladaron su residencia de Roma a Aviñón, las obras en mármol acabaron en los hornos de cal; pero apenas pasaron estos tiempos, durante los cuales Petrarca declara que los romanos habían degenerado en una nación de pastores de ganado, cuando los Papas, de acuerdo con su plena convicción de que la Iglesia era la primera llamada a ser protectora y patrocinadora del arte, dedicaron su atención a la conservación de antiguos objetos de arte. Los palacios papales poseen por eso tan gran abundancia de obras maestras de todas las épocas para la instrucción y disfrute tanto de amigos como de enemigos del Papado, de manera que, aunque todas las demás colecciones del mundo fueran destruidas por alguna catástrofe, la colección del Vaticano bastaría para la perpetuación de toda la cultura estética, tanto pagana como cristiana. Los Papas no fueron sólo los primeros en fundar museos, sino que con su ejemplo han incitado a la imitación a todos los demás gobiernos de Europa, y de ese modo realizaron un gran servicio al refinar el gusto artístico en todas las naciones modernas. Pues los museos vaticanos, en contraste con muchos otros, fueron fundados por consideraciones puramente estéticas y no históricas. Estas importantes observaciones se aplican no sólo a los museos, sino de manera similar a todas la colecciones e instituciones científicas del Vaticano. Los Museos Vaticanos son: (1) El Museo Pio-Clementino; (2) la Galleria Chiaramonti; (3) el Braccio Nuovo; (4) el Museo Egipcio; (5) El Museo Etrusco.

(1) El Museo Pio-Clementino (2) La primera colección de antigüedades del mundo fue formada por los Papas Julio II, León X, Clemente VII y Paulo III en el Belvedere. De los tesoros que ellos reunieron, la mayor parte de los cuales fueron regalados o trasladados unas décadas más tarde (especialmente por Pío V), sólo algunos objetos destacados mantienen hoy su sitio en el Vaticano. A estos pertenecen, por ejemplo, el Torso de Heracles, el Apolo de Belvedere, y el Laocoonte. La actividad de Clemente XIV como coleccionista de antigüedades fue continuada por Pío VI con tan gran éxito que sus colecciones combinadas, ordenadas por Ennio Quirino Visconti, fueron unidas en un gran museo, denominado por estos Papas, Museo Pio-Clementino. Contiene once salas separadas, llenas de célebres antigüedades.

(a) Sala a croce greca.- Al precio de medio millón de liras (100.000 $) Pío VI obtuvo los dos gigantescos sarcófagos de pórfido de las Santas Helena y Constancia, la madre y la hija de Constantino el Grande, reparados y trasladados a este museo, construido por Simonetti. Destacada entre las estatuas es la del joven Octaviano, una de las poquísimas estatuas antiguas en las que la cabeza nunca se separó del tronco. Entre los pocos mosaicos está la Venus de Cnido que se considera la copia más perfecta de la obra maestra de Praxiteles.

(b) Sala della Biga.- La magistral restauración de un antiguo carro de competición de dos ruedas, arrastrado por dos caballos, por el escultor Franzoni ha dado su nombre a la bella sala circular construida por Camporesi. Las ruedas y uno de los caballos son nuevos, hecho que sólo un experto puede distinguir. En esta sala hay también un Baco barbudo, dos discóbolos, un atleta barbudo, sarcófagos y otras obras de arte.

(c) Galleria dei Candelabri.- Bajo Pío VI el larguísimo salón de Bramante se cerró en este lado, y se dividió en seis compartimentos por arcos que descansan en columnas dóricas de mármol multicolor. Además de muchos recipientes de costoso mármol, se destacan especialmente ocho magníficos candelabros de mármol blanco, por los que se da nombre a esta sala. Los trazos y arabescos exquisitamente finos están entre los más bellos ejemplos de esta forma de arte. Un Ganímedes raptado por un águila, una diosa local de una ciudad en Antioquía, un corredor griego y un luchador persa son las más importantes de entre las numerosas esculturas. Especialmente valioso es un sarcófago con una representación en medio-relieve de la tragedia de las hijas de Niobe. Esta sala fue escogida por León XIII para inmortalizar, por medio de Ludwig Seitz, algunos de los actos más importantes de su Pontificado. En una composición profundamente vigorosa, el artista representó a Santo Tomás de Aquino como el maestro de la Filosofía cristiana, el acuerdo entre la religión y la ciencia, la unión del arte pagano antiguo y el cristiano, el rosario y la batalla de Lepanto, y la gracia divina en sus diversas actividades como obró en los Santos Clara de Montefalco, Benito Labre, Lorenzo de Brindisi y Juan Bautista de Rossi, canonizados en 1881. Seitz pintó también una representación simbólica de cuatro ideas tomadas de las Encíclicas de León XIII: el matrimonio cristiano, el elogio a la Orden Tercera de San Francisco, la condena de la Masonería, y el acuerdo entre la autoridad religiosa y secular. Este ciclo clásico de pinturas es importante (cf. Senes, "Galleria dei Candelabri, affreschi di Ludovico Seitz", Roma, 1891).

(d) Sala rotonda.- Construida según el modelo del panteón por Simonetti, esta sala contiene como su más preciado objeto el busto del Zeus de Otricoli. Pío IX pagó 268.000 liras (53.600 $) por la colosal estatua de Hércules en bronce dorado. La Hera Barberini, como se la llama, es una exquisita obra de arte. El gran mosaico en el suelo, en el centro del cual hay una enorme concha de pórfido, se descubrió en Otricoli en 1780.

(e) Sala delle Muse.- La sala octogonal que Pío VI encargó construir a Simonetti, se destinó para recibir a las nueve Musas bajo la dirección de Apolo tanto como para los bustos de todos los que hubieran adquirido renombre al servicio del mismo. Pío VI rindió homenaje aquí al arte y a la ciencia, representando a la verdad con noble magnanimidad contra las brutales caricaturas de la decadente cultura del Siglo XVIII

(f) Sala degli animali.- Esta sala contiene la más rica colección del mundo (unas 150) de representaciones de animales de la antigüedad clásica, siendo de gran importancia muchas de las obras de arte.

(g) Galleria delle statue.- Inocencio VIII (1484-92) construyó una residencia de verano en las proximidades del Belvedere, y la adornó con frescos de Mantegna y Pinturicchio. Clemente XIV y Pío VI remodelaron este edificio y trasladaron de allí importantes tesoros como la Penélope llorando, el Apolo Sauroktonos, la Amazona de Villa Mattei, una monumental estela griega, la Ariadna durmiente y los Candelabra Barberini

(h) Sala dei busti.- En esta segunda parte de la antigua residencia de verano hay más de 100 bustos de romanos, dioses y diosas, etc.

(i) Gabinetto delle Maschere.- El mosaico del pavimento con máscaras encontrado en la Villa Hadriana de Tívoli en 1780, da a esta tercera parte de la residencia de verano su nombre. Digno de especial mención es el Sátiro, de rosso antico, y la danzarina de mármol pentélico de Nápoles.

(j) Cortile del Belvedere.- El antiguo patio cuadrado que pertenecía al viejo Belvedere se adornó en 1775 con una sala de pilares, y en 1803 las salas techadas de las esquinas se convirtieron en pequeños templos. En el primero de estos se halla el célebre y sin rival grupo de Laocoonte. Fue descubierto cerca de Sette Sale en 1506, durante el reinado de Julio II, y fue llamado por Miguel Ángel el milagro del arte. En el segundo pequeño templo está el admirable Apolo de Belvedere, descubierto cerca de Grotta Ferrata hacia 1490. Se concedió a Canova exhibir su Perseo y los dos luchadores en el tercer templo, donde, sin embargo, no lucen al ser vistos. En el cuarto templo está el bien conocido Hermes que data del Siglo IV antes de Cristo; antiguamente se creía que esta estatua representaba a Antinoo.

(k) Gabinetti del Belvedere.- En los tres gabinetes, o atrios, son destacados la estatua de Meleagro, el arriba mencionado Torso de Belvedere y los sarcófagos e inscripciones relativas a la familia de Escipión.

(2) La Galleria Chiaramonti

Treinta y cuatro pilastras indican las treinta secciones en las que se divide la Galleria Chiaramonti en el corredor de 492 pies de largo. Más de 300 esculturas, principalmente de dimensiones pequeñas y de una diversidad de sujetos, se exhiben aquí artísticamente. Son principalmente obra de escultores griegos que vivían en Roma, y están esculpidos según modelos griegos. Destacadas entre las obras originales griegas son las Hijas de Niobe, un relieve en piedra caliza de Beocia, y la cabeza de Neptuno.

(3) El Braccio Nuovo

Aunque muchas de las salas del Museo Pio-Clementino, especialmente las construidas por Simonetti, contempladas desde un punto de vista puramente arquitectónico, producen una impresión muy brillante y merecen justamente mucha admiración, aun así el Braccio Nuovo es incontestablemente la cumbre de los edificios del museo. La impresión general de absoluta perfección y simetría se produce por las armoniosas proporciones del largo salón, el método de iluminación y la distribución de las obras maestras que se exhiben. Esta sala fue construida por Raphael Stern por encargo de Pío VII, con un coste de 1.500.000 liras (300.000 $). La magnífica bóveda cilíndrica está decorada con casillas ricamente doradas; las cornisas, las catorce antiguas columnas de giallo antico, cipollino, alabastro y granito egipcio, la sala transversal dividiendo en partes iguales el conjunto, el suelo de mármol, todo contribuye a una adecuada colocación de las obras maestras. En este museo hay veintiocho estatuas colocadas en otros tantos nichos, mientras que en la sala transversal hay quince más. Entre los nichos sobre consolas de mármol hay veintiocho bustos; otros descansan sobre consolas murales; entre estos y la cornisa se han puesto hermosos bajorrelieves en los muros. En la parte trasera de la sala está la estatua del Atleta (o Apoxiomeno) limpiándose el sudor y polvo con un rascador. Esta estatua, como la del otro Atleta (el Doríforo, o lancero) son copias antiguas de originales griegos de Lisipo y Policleto. La majestuosa estatua de Augusto arengando a sus soldados tiene trazas evidentes de haber estado pintada en su tiempo. Entre la abundancia de tesoros aquí exhibidos está la colosal figura recostada del Nilo, sobre cuyo cuerpo juegan dieciséis niños que representan los dieciséis codos de crecida anual del río. (Consúltese Amelung, "Die Skulpturen des vatikanischen Museum", 2 vols., con láminas, Berlín, 1905-8).

(4) El Museo Egipcio

La colección de objetos egipcios fue comenzada por Pío VII, pero el museo no se abrió hasta 1838, durante el Pontificado de Gregorio XVI. El Cavaliere de Fabris supervisó las decoraciones en caracteres egipcios, mientras el barnabita Padre Aloys Ungarelli disponía los objetos para la exhibición. La base del museo fue proporcionada por las colecciones de Andrea Gaddi y del cardenal Borgia de Velletri, y por objetos de propiedad pública distribuidos por los Estados Papales. Otros valiosos objetos fueron adquiridos por compra. La mayor parte de los papiros manuscritos fueron traídos aquí en 1818 por el franciscano Angelo da Pofi. Aunque las diez salas llenas de estatuas, sarcófagos, momias, animales sagrados, y otras cosas, no alcanza la importancia de los museos egipcios de Berlín, París, Londres, Turín y Hildesheim, el romano está entre las primeras colecciones egipcias de segunda fila. Particularmente notables son las esculturas del periodo moderno y los monumentos (interesantes por su estilo) que fueron preparados durante el reinado de Adriano para su villa cerca de Tívoli. (Consúltese Marucchi, "Il Museo Egizio Vaticano discritto ed illustrato", Roma, 1899; Idem, "Monumenta papyracea ægyptica", Roma, 1891.)

(5) El Museo Etrusco

Este museo está situado encima del Egipcio. Su fundación se debe a Gregorio XVI; a Pío IX muchos de sus tesoros; a León XIII, su decoración y su distribución sistemática. Las excavaciones hechas en Etruria Occidental entre 1828 y 1836 proporcionaron la base del museo, que contiene estatuas, sarcófagos, copas, vasijas de toda clase y forma, mosaicos, lámparas y numerosos otros objetos de toda descripción, que dan un retrato muy gráfico del arte de la antigua Italia y de las costumbres de los etruscos. Esta colección completamente única es de primer interés. (Consúltese Nogara, "I Vasi antichi del Museo Etrusco e della Biblioteca dei Palazzo Vaticano", Roma, 1912; Nogara y Pinza, "La tomba Regolini Galassi e gli altri materiali coevi del Museo Gregoriano-Etrusco", Roma, 1912.)

La Pinacoteca Vaticana

Entre los valiosos tesoros de arte, manuscritos, archivos y colecciones que Napoleón confiscó en sus campañas y trasladó a París, estaban los más destacados tesoros artísticos del Vaticano y de las iglesias de los Estados Papales. Cuando estos tesoros fueron devueltos de París en 1815, Pío VII los reunió en una colección, añadió otras pinturas y constituyó con ellos una galería de pinturas. Ésta (la Pinacoteca Vaticana) estuvo al principio alojada en el Appartamento Borgia, luego trasladada al tercer piso del palacio, inmediatamente junto a la antigua suite del secretario de estado. Los inconvenientes de esta situación aumentaron cuando Pío X ocupó personalmente la suite del secretario de Estado. Las salas no estaban preparadas arquitectónicamente para una galería de pinturas, y la afluencia constante de visitantes causaba molestias. Después de largas consideraciones respecto a al conveniencia y a la seguridad contra incendios, Pío X decidió trasladar la colección a las salas de la planta baja del Vialone del Museo. Estas descansan sobre sólidos arcos, y en ellas se han guardado los carruajes papales de los tiempos antiguos y modernos. A estas se añadieron las salas adyacentes a la antigua biblioteca de Sixto IV y que habían sido previamente utilizadas como almacén. A Louis Seitz, ayudado por algunos otros artistas y en constante consulta con el subprefecto de los Palacios Apostólicos, Monseñor Misciatelli, le fue confiada la titánica tarea de trasladar estos inapreciables tesoros y decorar las salas. Seitz murió antes de que la obra fuera totalmente acabada. El espíritu artístico puesto de manifiesto en el plan de conjunto y la decoración de la nueva pinacoteca son dignos de admiración. La disposición es perfecta y el efecto de conjunto mejorará con el tiempo.

Los pocos maestros dignos de ser reunidos en la antigua galería de pinturas fueron Rafael, Leonardo da Vinci, Fra Angelico da Fiesole, Guercino, Caravaggio, Crivelli, Garofalo, Bartolomeo Mantegna, Murillo, Francesco Cossa, Perugino, Bonfazio, Domenichino, Ticiano, Ribera, Pinturicchio, Giulio Romano, Francesco Penni called il Fattore, lo Spagna, Sassoferrato, Niccolò da Foligno, Melozzo da Forli, Valentino Baroccio, Guido Reni, N. Poussin, A Sacchi, Moretto, Paolo Veronese y Correggio. Aparte de Leonardo da Vinci y Fra Angelico, la Escuela Veneciana está representada por Crivelli, Ticiano y Paolo Veronese; la de Bolonia por la “Comunión de San Jerónimo” de Domenichino y la “Crucifixión de San Pedro” de Guido Reni; la de Lombardía por la “Pietà” de Amerighi da Caravaggio; la francesa por el “Martirio de los Santos Proceso y Marciano” de Pierre Valentin; y otras escuelas por diversos lienzos. En total, 56 obras maestras se han trasladado de la antigua al nueva galería. En 1904, cuando la abadía griega de Grottaferrata celebró su noveno centenario con una exhibición de sus tesoros olvidados, 181 valiosas pinturas bizantinas fueron adquiridas aquí por el Vaticano. A estas se añadieron 40 tomadas del Laterano y de otras colecciones de los palacios apostólicos, añadiendo 221 a los 56 de la antigua galería. Todas las pinturas que no fueron juzgadas dignas de ser expuestas junto a las obras maestras de la colección primitiva han sido trasladadas a un almacén adjunto a la galería, donde pueden ser examinadas por los artistas. Una ceremonia muy sencilla de inauguración se celebró a finales de 1909. En la misma galería está el busto de mármol de Pío X por Seebock, que es el retrato favorito del propio Papa. La luz, que entra a través de las altas ventanas circulares, está regulada cada hora por persianas, y las pinturas están siempre excelentemente iluminadas. Las amplias salas han sido divididas en secciones, de forma que la distribución de las pinturas en compartimentos separados hace armonioso el efecto general. La colección de pinturas en la Pinacoteca es de valor incalculable. (En lo que se refiere al origen de la Pinacoteca Vaticana, consúltese a Platner-Bunsen, "Beschreibung den Stadt Rom", II, 2ª ed., 415; para las obras de la nueva Pinacoteca, ver el informe oficial, "La Nuova Pinacoteca Vaticana", con ilustraciones, Roma, 1909).

La Galería de Pinturas Modernas

No tanto el valor artístico, que es relativamente pequeño, cuanto la gloria de la Iglesia se ve en la mayoría de las pinturas reunidas en la pequeña Galería de Pinturas Modernas. Con pocas excepciones son estimables realizaciones de artistas romanos, y están dedicadas a la glorificación de aquellos santos que han sido canonizados en la segunda mitad del pasado Siglo. Están colgadas en una sola sala amplia, junto a la cual está acomodado el colosal lienzo de Matejko que representa la salvación de Viena por Juan Sobieski en 1683. Esta pintura única fue comprada para León XIII en 1884 por una suscripción iniciada por un rico polaco. En una tercera sala se exhiben los frescos de Podesti, entre los cuales destaca la gran pintura (las cabezas de todos los personajes están pintados a partir de retratos) que describe la promulgación de la doctrina de la Inmaculada Concepción por Pío IX. Delante de esta pintura hay un magnífico altar, en el que se conserva el texto de la Bula de Promulgación, traducido a varios idiomas. El altar fue regalado a Pío IX por el clero francés en 1878.

El Appartamento Borgia

En la primera planta del palacio, mirando hacia el norte y el Cortile del Belvedere, se puede entrar desde las Loggie de Giovanni da Udine a estos apartamentos que construyó Alejandro VI en lo que se llamaba el Palacio Viejo (de Nicolás V). Estas salas recibieron su nombre del apellido de Alejandro, Borgia. Aquí, el 18 de Enero de 1495, recibió Alejandro al rey Carlos VIII de Francia y entró en largas negociaciones con él. Aquí también se aposentó Carlos V cuando, unos años después del saco de Roma, volvió victorioso de Túnez y fue recibido por el Papa como vencedor del turco. Los Papas siguientes no ocuparon esta suite, utilizando las Stanze de Rafael, porque tenían mejor luz y aire. Según varias fuentes parece que, hasta finales del Siglo XVII, el Appartamento Borgia fue ocupado por los cardenales nepotes, o, como más tarde fueron llamados, secretarios de estado. Después de que el palacio de Sixto V hubiera sido terminado por Clemente VIII (cf. Colnabrini, “Ruolo degli appartamenti e delle stanze nel Palazzo Vaticano al tempo di Clemente VIII", Roma, 1895), las Stanze de Rafael y los apartamentos de Alejandro VI fueron abandonados, y durante los Siglos XVII y XVIII sólo se utilizaron para el Cónclave. Hacia mediados del Siglo XVIII las Sale Borgia sólo se usaron como refectorio para los funcionarios inferiores del palacio durante la Semana Santa. Durante la ocupación francesa de Roma, estas salas sufrieron muchos daños por parte de la soldadesca, de forma que Pío VII tuvo que gastar inmensas sumas para reparaciones arquitectónicas. Cuando el Appartamento Borgia se utilizó como Pinacoteca, las vigas transversales de mármol fueron quitadas de las ventanas, y reemplazadas con rejas de hierro, y todo ello fue hecho para obtener una iluminación adecuada para las obras de arte. Como todo ese esfuerzo se demostró insatisfactorio, las pinturas fueron trasladadas en 1821 al tercer piso, y entonces el Papa estableció allí un museo de estatuas, conocido como Museo Misceláneo (para una detallada descripción véase Platner-Bunsen, op. cit.; cf. los dibujos de Craffonara y Guattani, y también Massi, "Indicazione antiquaria delle Sale Borgia", Roma, 1830)

Como el Appartamento Borgia constaba de seis habitaciones, y sólo las cuatro primeras se utilizaban para el museo, las dos restantes fueron cedidas a la Biblioteca Vaticana, a la que eran contiguas. En el invierno de 1838-39 el museo se limitó a las dos primeras salas, y las dos que entonces quedaron vacías se traspasaron igualmente a la biblioteca. Finalmente Pío IX añadió también a la biblioteca las dos últimas salas, distribuyendo las obras de mármol entre los museos del Vaticano y del Laterano. Al haber adquirido la renombrada biblioteca del cardenal Angelo Mai el 8 de Septiembre de 1854, el Papa guardó ésta en las dos salas primeras del Appartamento, cerrándolas al público. Las artísticas creaciones de Pinturicchio que adornan las paredes fueron, sin embargo, devueltas a la admiración del público cuando León XIII abrió la suite Borgia, estableciendo allí la biblioteca de consulta de libros impresos por Decreto de 20 de Abril de 1889. Los techos y lunetas, que conservan las pinturas del gran artista de Umbría, habían sufrido poco pese a las vicisitudes de las Sale Borgia, pero las paredes y el suelo habían sufrido serios daños. Louis Seitz mantuvo, sin embargo, que una limpieza a fondo y el recubrimiento de los lugares dañados con color restauraría de manera suficiente los frescos, así que la obra original de Pinturicchio permanece. Se emprendió con éxito una restauración arquitectónica general. Las puertas que se habían abierto en las paredes se cerraron, y se reabrieron las antiguas puertas. Tras quitar el color blanco que cubría los muros, se pusieron de relieve amplios vestigios de la antigua ornamentación, y todo se restauró en el espíritu de la época alejandrina. Los abombamientos de yeso que se habían formado en las pinturas fueron fijados en su lugar sin el más ligero daño a los frescos. El pavimento requirió una completa reconstrucción. Se descubrieron restos del pavimento originario de mayólica, y con la ayuda de estos, y estudios técnicos especiales, se elaboró un nuevo entarimado para el suelo en perfecta armonía con los restantes accesorios de la suite Borgia. No se intentó amueblar completamente las salas; pero los enormes muros fueron equipados con exquisito gusto. En 1897 León XIII inauguró solemnemente el Appartamento Borgia, declarándolo parte integral de las colecciones del Vaticano que eran accesibles a los visitantes en general. Simultáneamente con esta manifestación de la simpatía del Papa hacia el arte apareció la siguiente obra, dedicada a él: : "Gli affreschi del Pinturicchio nell' appartamento Borgia del Palazzo Apostolico Vaticano, riprodotti in Fototipia e accompagnati da un Commentario di Francesco Ehrle, S.J. prefetto della Biblioteca Vaticana, e del Commendatore Enrico Stevenson, direttore del Museo Numismatico Vaticano" (Roma, 1897). Cuando Pío X ocupó la antigua suite del secretario de estado, el Appartamento Borgia fue provisionalmente dedicado a la secretaría. Las salas fueron entonces bellamente amuebladas para residencia, restaurando así el ensemble que presentaban en la época de Alejandro VI y sus sucesores (cf. Ehrle-Stevenson, pp. 26-27). Cuando más tarde se preparó una suite específica para el secretario de estado, el Appartamento Borgia fue abierto de nuevo al público.

(1) La primera de las seis salas, Sala dei Pontefici, no formaba parte de los apartamentos privados del Papa, al ser un vestíbulo público en el que se daban audiencias y se celebraban consistorios. Las bellas decoraciones de estuco armonizan bien con las pinturas de Giovanni da Udine y Pierin del Vaga, que pintaron el zodiaco y algunas representaciones de estrellas.

(2) En la segunda sala, Sala dei Misteri, se pintan los misterios de la vida de Cristo. Aquí están la Anunciación, la Natividad, la Adoración de los Magos, la Resurrección y la Ascensión de Cristo, la Venida del Espíritu Santo y la Asunción de la Santísima Virgen. Aparte del esbozo general de las pinturas y demás decoraciones de esta sala, la figura de tamaño natural de Alejandro VI es obra de Pinturicchio, y también lo son las figuras de los prelados representados en la Asunción. Todo el resto fue pintado por sus ayudantes; se han hecho intentos de demostrar que estos pertenecían a una de las escuelas italianas.

(3) Sala dei Santi es el nombre que se da a la tercera sala, que contiene una serie de escenas de las vidas de los Santos Catalina de Siena, Bárbara, Pablo y Antonio y Sebastián. Todos estos gloriosos frescos fueron ejecutados por el propio Pinturicchio, como lo fue la hermosa pintura circular de la Madonna y la escena de la Visitación.

(4) La gramática, la dialéctica, la retórica, la geometría, la aritmética, la música y la astrología, esto es, las siete artes liberales, fueron representadas por Pinturicchio, con extensa colaboración de sus ayudantes, en la cuarta sala, la Sala delle arti liberali. Estas pinturas han sufrido más por la humedad que las de las otras salas.

(5-6) Las dos últimas salas, del Credo y delle Sibile, están situadas en la Torre Borgia. Las decoraciones de estas salas no son de Pinturicchio y están dañadas por haberse pintado sobre ellas. Una inscripción latina registra la munificencia de León XIII quien “restauró esta morada... a su prístina dignidad y la dedicó en el vigésimo año de su Pontificado”. (Cf. Jesorone, "L'antico Pavimento delle Logge di Raffaello in Vaticano", Nápoles, 1891; Volpini, "L'appartamento Borgia", Roma, 1887.)

Las Stanze de Rafael

Las Stanze de Rafael son una exacta reproducción del Appartamento, pero están situadas un piso más arriba. Así, incluyen cuatro salas del Palacio de Nicolás V y dos de la Torre Borgia, que sirven para la exposición de pinturas modernas. Como se ha explicado más arriba, los Papas, que en una época ocuparon el Appartamento Borgia, se trasladaron más tarde al piso de arriba, a las habitaciones que hoy se conocen como las Stanze di Raffaello, porque fueron pintadas por Rafael. Julio II deseaba una decoración pictórica relativamente sencilla de su suite, y confió la tarea a los pintores Piero della Francesca, Luca da Cortona, Bartolomeo della Gatta, Pietro Perugino y Bramantino da Milano. En el curso de la obra el arquitecto Bramante Lazzari de Urbino persuadió al Papa para que llamara a su sobrino Rafael Sanzio de Florencia para ayudar a los otros. Una de las paredes de la tercera sala, la Stanza della Signatura, se asignó al joven Rafael, quien entre 1508 y 1511 pintó allí la “Teología” y la “Disputa”; estas obras gustaron tanto al Papa que confió a Rafael la decoración de toda la Stanza. Todas las demás pinturas se quitaron con excepción de las de la bóveda de la cuarta sala, donde Pietro Perugino, el maestro de Rafael, había pintado, en cuatro partes, la adoración de la Santísima Trinidad por los Doce Apóstoles, el Salvador flanqueado por la Misericordia y la Justicia, el Padre entronizado sobre el arco iris y el Redentor entre Moisés y Jacob. Rafael no pudo llevar a cabo esta tarea, con sus otros encargos, sin ayuda. Los esbozos son todos suyos, pero muchas de las pinturas fueron ejecutadas por sus ayudantes y discípulos, algunas después de su muerte en 1520.

(1) La primera sala es llamada la Sala di Costantino. Los frescos se ejecutaron tras la muerte de Rafael por Giulio Romano, Francesco Penni y Raffaello dal Colle. El incidente principal pintado en la pared longitudinal es la batalla del Puente Milvio, que sostuvo Constantino el Grande contra Majencio. El bautismo de Constantino, la entrega de Roma a Silvestre I por el emperador, y la arenga de éste a sus tropas relativa a su sueño (In hoc signo vinces) son todas composiciones importantes. Las pinturas más pequeñas y las de los plintos son de una clase más simple. La pintura del techo no se acabó hasta el reinado de Sixto V.

(2) Las pinturas de la segunda sala, la Stanza d’Eliodoro, son casi exclusivamente de Rafael. Su fresco más importante es la “Misa de Bolsena” que representa cómo un sacerdote que no creía en la transubstanciación se convirtió cuando salió sangre de la Hostia tras la Consagración. “La retirada de Atila” representa a León I (junto al cual están los Apóstoles Pedro y Pablo) con los rasgos de León X, y los acompañantes del Papa son hasta cierto punto retratos contemporáneos. Es una pintura muy eficaz y soberbiamente coloreada. Los efectos de luz en el tercer fresco, “La liberación de San Pedro” son maravillosos. La sala ha tomado su nombre de la cuarta pintura, “La expulsión de Heliodoro del Templo de Jerusalén” (2 Macabeos, 3). La brillante ejecución, fuerza de expresión y armoniosos efectos de color son la base de la fama de esta obra maestra. Las pinturas del techo están mal conservadas.

(3) En la Stanza della Segnatura (el tribunal supremo de justicia, que se reunía allí bajo la presidencia del Papa) empezó sus obras Rafael. En el techo están la “Teología”, la “Poesía”, la “Filosofía” y la “Justicia”. En las paredes, bajo la “Teología”, está la “Disputa”, cuyas ideas fundamentales fueron tomadas, según las últimas teorías de Wilpert, del “Juicio Final” de Pietro Cavallini, en Santa Cecilia de Roma. Wilpert ha establecido identidades dudosas de los santos. El nombre de “Disputa”, aunque inapropiado, ha quedado unido a la pintura. Las dificultades planteadas por las condiciones de la sala fueron espléndidamente superadas por Rafael en la segunda pintura, el “Parnaso”. Apolo y las Musas, Homero, Dante, Virgilio, Safo, Píndaro, Horacio, y otros muchos personajes, están aquí unidos en una composición, que respira la alegría y los afanes poéticos del Renacimiento. En la “Escuela de Atenas” están representadas todas las ramas del conocimiento y poderosamente caracterizadas. Platón y Aristóteles son los centros de los grupos orgánicamente distribuidos; Sócrates, Diógenes, Ptolomeo y Zoroastro son también fácilmente reconocibles. Otras figuras no son tan claramente distinguibles, excepto los retratos de algunos contemporáneos. A la extrema derecha Rafael se ha pintado a sí mismo, junto a Sodoma. En la pared que contiene las ventanas hay algunas pinturas más pequeñas y la glorificación del derecho civil y canónico. Aquí de nuevo hay retratos de contemporáneos, especialmente los de Julio II y León X.

(4) En la cuarta sala, la Stanza dell' Incendio, Pierin del Vaga ha pintado a León III haciendo juramento de inocencia ante Carlomagno; Giulio Romano, la victoria de León III sobre los sarracenos en Ostia; Francesco Penni, el incendio en el Borgo, una pintura de la que ha tomado su nombre la sala. La coronación de Carlomagno en el viejo San Pedro es más convencional y superficial de concepción. Los esbozos de Rafael para esta sala revelan la cumbre de su desarrollo artístico (1517). Las pinturas del techo son de Perugino. Numerosas obras menores están pintadas al lado o debajo de las principales pinturas de las Stanze. La mayoría de los frescos aún están en una condición casi perfecta, debido a la celosa solicitud con la que se cuidan las obras.

Loggie de Rafael

Inmediatamente contiguas a las Stanze de Rafael, que comienzan en el segundo piso de las Loggie del patio de San Dámasó, se sitúan las bien conocidas Loggie denominadas según el maestro de Umbría. Estaban sin protección contra las inclemencias del tiempo hasta 1813, cuando Pío VII construyó grandes ventanas. Los maravillosos frescos fueron pintados, de acuerdo con los esbozos de Rafael y bajo su constante supervisión personal, por Giulio Romano, Giovanni da Udine y otros artistas en 1517-19. Todo el enlucido es de Giovanni da Udine, quien también pintó todos los adornos. El largo pasaje está dividido por trece bóvedas en otras tantas secciones. Los frescos del techo en las bóvedas, doce de los cuales contienen escenas del Antiguo Testamento, y uno del Nuevo Testamento, son la principal atracción de las Loggie. Estas pinturas enmarcadas, cuadrangulares, cuatro en cada bóveda, despliegan una rica imaginación y una maravillosa belleza de composición, y están entre las creaciones más características del maestro. Los graciosos y encantadores relieves, los delicados adornos, las figuras sentadas, de pie, saltando y danzando, y los numerosos otros detalles hacen de las Loggie una inagotable fuente de la más rica inspiración para cualquier artista.

Las Loggie di Giovanni da Udine

Inmediatamente debajo de las Loggie de Rafael, en el primer piso, están las Loggie de Giovanni da Udine. El plan general de esta suite es similar a la debida a Rafael, pero su ejecución fue tarea independiente de Giovanni. Los casquetes de las bóvedas están bellamente decorados con hojas y zarcillos, animados por toda clase de animales. En la parte trasera de las Loggie, bajo un magnífico portal de estilo Renacimiento de gran delicadeza, que data de la época de León X, se exhibe el busto de mármol de Giovanni. Las demás partes de las Loggie del primero y segundo piso fueron pintadas con un estilo totalmente sin pretensiones bajo Clemente VIII y Alejandro VII por Lanfranco, Marco da Faenza, Paul Schor, Consoni y Mantovani. Estas no son accesibles al público en general.

Galleria degli Arazzi

En una sala modestamente decorada, inmediatamente contigua a la Galleria dei Candelabri, penden las famosas veintisiete piezas de tapicería – llamadas arazzi. Tejidas con seda, lana e hilo de oro por van Orlay y van Coxis en Bruselas a un coste de 3.400 $ cada una (su valor actual, 12.000 $), estas tapicerías han sido siempre objeto de gran admiración y se pueden encontrar numerosas copias en Berlín, Loreto, Dresde, París y otros lugares. Rafael hizo cartones para diez de los tapices de la Galleria; sus discípulos Penni y Pierin del Vaga ejecutaron otros doce de acuerdo con esbozos más pequeños de su maestro; cinco son obra de fecha más reciente. La primera serie adornaba antiguamente la parte baja no pintada de las paredes de la Capilla Sixtina; la segunda serie estaba destinada a la Sala Consistorial. Siete de los cartones originales de Rafael fueron comprados en Francia por Carlos I de Inglaterra, y se pueden ver ahora en el Museo de South Kensignton. Durante el saco de Roma en 1527 las tapicerías fueron robadas, pero Julio III logró su devolución. Cuando Roma fue ocupada por los franceses en 1798, se apoderaron de nuevo de ellas y las malvendieron a un judío genovés, de quien las adquirió Pío VII en 1808. Estos malos tratos dañaron las tapicerías, debilitando y desdibujando los colores, pero ahora están cuidadosamente conservadas. (Consúltese Farabulini, "L'arte degli Arazzi e la nuova Galleria dei Gobelins at Vaticano", Roma, 1884.)

Studio del Musaico

El Vaticano posee un extenso estudio para la pintura de mosaico. El número de pastas de cristal coloreadas que se utilizan excede de 11.000. Casi todos los altares de San Pedro proporcionan la evidencia de la perfección a la que ha llegado este arte en la imitación de renombradas pinturas. En el estudio, que es a la vez exposición y tienda para los mosaicos manufacturados, el visitante puede ver cómo trabajan los diversos artistas. Incluso las más pequeñas obras exigen la paciente labor de varios años. El Papa acostumbra a elegir un ejemplar especialmente hermoso de mosaico como regalo para la realeza.

Como conclusión de esta sección puede decirse que hay una gran número de otras obras de arte distribuidas aquí y allá por todo el Palacio Vaticano, pero no accesibles al público en general. A estas pertenecen las pinturas de los Zuccari en la Torre dei Quattro Venti, el baño del Cradenal Bibbiena, los chiaroscuri en una sala del segundo piso, etc.

El Palacio como Instituto científico

Este tema – con énfasis en los Archivos Vaticanos y la Biblioteca Vaticana – se tratará en un artículo aparte.

Los salones de estado del Vaticano

Los salones de estado para la celebración de diversas solemnidades en el Palacio Vaticano empezaron a existir gradualmente, conforme se hizo manifiesta su necesidad; reflejan en su decoración el gusto predominante en los periodos de su construcción. Aunque no tan numerosos como los de muchos palacios reales, los salones del Vaticano son los primeros en importancia histórica. Grandes acontecimientos de interés tanto para la historia eclesiástica como la profana han tenido lugar en ellos durante los siglos pasados. En lo que se refiere a la situación, hay dos grupos de salas – el primero en la inmediata vecindad de la Capilla Sixtina y el segundo delante y en la suite papal. El primer grupo incluye la Sala Regia, la Sala Ducale, y la Sala dei Paramenti; en el segundo están la Sala Clementina, la Sala Concistoriale, la Sala degli Arazzi, y la Sala del Trono.

La Sala Regia

Aunque no destinada a tal, esta amplia sala es realmente la antecámara de la Capilla Sixtina, a la que se llega por la Scala Regia. A la izquierda de la entrada estaba antiguamente el trono papal, que está ahora en el lado opuesto, ante la puerta que conduce a la Cappella Paolina. La sala se comenzó bajo Paulo III por Antonio da Sangallo el joven y se terminó en 1573. La elegante bóveda cilíndrica contiene las graciosísimas y muy impresionantes decoraciones en yeso de Pierin del Vaga. Los adornos de estuco sobre las puertas son de Daniele de Volterra. Los muros longitudinales están abiertos en un lado por dos, y en el otro por tres, amplias puertas, entre las cuales Giorgio Vasari y Taddeo Zuccaro han introducido frescos muy poderosos cuyo efecto es más que ornamental. Pintan episodios decisivas de la vida de la Iglesia, entre otras la vuelta de Gregorio XI de Aviñón a Roma, la batalla de Lepanto, el levantamiento de la excomunión a Enrique IV y la reconciliación de Alejandro III con Federico Barbarroja. Esta sala servía originariamente para la recepción de príncipes y embajadores reales. Hoy se celebran en ella los consistorios, y un ocasional recital musical en presencia del Papa; durante el Cónclave es el paseo favorito de los cardenales.

La Sala Ducale

La Sala Ducale se sitúa entre la Sala Regia y las Loggie de Giovanni da Udine. Antiguamente había aquí dos salas separadas, que fueron convertidas en una por Bernini quitando la pared que las separaba (cuya posición es aún claramente perceptible). Las pinturas decorativas, que son de naturaleza puramente ornamental, son de Raffaellino da Reggio, Sabbatini y Matthæus Brill. En esta impresionante sala se celebraban antiguamente los consistorios públicos para la recepción de príncipes reinantes. Ahora sirve ocasionalmente para la recepción de peregrinos, la consagración de obispos, cuando esta se lleva a cabo por el Papa (lo que sucede raramente), o se utiliza para acomodar a partes específicas de la casa papal, cuando el Papa celebra un consistorio en la Sala Regia, va a la Capilla Sixtina, o se pone en marcha con gran solemnidad hacia San Pedro.

La Sala dei Paramenti

La Sala dei Paramenti se sitúa un poco a la izquierda de la Sala Ducale, y está inmediatamente contigua a las Loggie de Giovanni da Udine. Recibe su nombre del hecho de que el Papa se pone las vestimentas pontificales en una sala de esta suite antes de asistir al oficio divino en la Capilla Sixtina. El Sacro Colegio se reúne en otra sala para acompañar al Papa. Ambas salas, que no son accesibles al público, están decoradas con tapicerías de hermoso color, las paredes están revestidas de damasco rojo y el techo ricamente dorado. Aquí se reúnen los miembros de la corte papal para el desayuno tras recibir la Comunión de Pascua del Papa.

La Sala Clementina

La Sala Clementina es una sala gigantesca, de dos pisos de alto, situada en la segunda planta, a la entrada de los apartamentos papales, y a la que se accede por la Scala Nobile. En la parte trasera de esta sala está apostada una sección de la Guardia Suiza. Las puertas de la derecha conducen a los apartamentos del Papa, las de la izquierda a las Loggie y las de la parte trasera de manera inmediata a la Sala Consistorial. El magnífico mármol que la reviste es de más de seis pies; por encima de él se alzan audaces frescos ornamentales de espléndida perspectiva, que se extienden por todo el techo circular. Del centro del techo cuelga una colosal lámpara, cuya pátina verde combina maravillosamente con la armonía general de colores. Frecuentes repeticiones del escudo de Clemente VIII, el constructor de la sala, se han distribuido por los artistas con excelente gusto. Esta gran sala sirve actualmente de sala de espera, como vestidor en caso de grandes recepciones en la Sala Consistorial, y en raras ocasiones para la recepción de peregrinaciones o grandes delegaciones.

La Sala Concistoriale

La larga, pero más bien estrecha, Sala Consistorial se sitúa detrás de la Sala Clementina, y detrás de la Anticamera bassa, a la derecha de esa Sala. Construida por Clemente XIII, se emplea para los consistorios secretos, para sesiones oficiales presididas por el Papa (postulaciones y similares), tanto como para recepciones solemnes. La escasa luz que da la orientación al norte de la sala se reduce aún más por las colgaduras rojo oscuro de las paredes. Algunas grandes pinturas al óleo, que representan asuntos religiosos dan vida a las paredes, y el artesonado del techo está ricamente dorado. Entre el techo y los óleos hay, aparte de una rica pintura ornamental, cierto número de paisajes al fresco de tonos delicados. Al fondo de la sala hay un trono, más elaborado que hermoso, que data de la Exposición Vaticana; butacas de madera, sencillas, pero monumentales, se extienden a lo largo de las paredes.

La Sala degli Arazzi

La Sala degli Arazzi recibe su nombre de las vastas tapicerías flamencas enmarcadas que decoran todas las paredes. Como estas magníficas piezas cuelgan hasta muy abajo, el visitante puede examinar de cerca la finura de la manufactura. Por encima de las tapicerías se pintaron, en tiempos de Paulo V, frescos de paisajes, que alternan con escudos de este Papa. Una cornisa bellamente labrada soporta el artesonado del techo ricamente dorado, que domina sobre un pavimento de mosaico de mármol. Cortinas de seda blanca, con cortinas exteriores separadas de seda verde, impiden que la luz deslumbre demasiado. Un gusto perfecto y una armonía de color existe por toda la inmensa sala.

La Sala del Trono

Ya se ha hecho referencia a la Sala del Trono. Puede añadirse que a derecha e izquierda del trono sobre dos grandes mesas de mármol descansan dos relojes antiguos muy valiosos. Entre las dos ventanas, exactamente enfrente del trono, hay un crucifijo de marfil de extraordinarias dimensiones y valor artístico.

Las escalinatas de estado del Vaticano

Hay tres escalinatas de estado en el Vaticano. La primera y más conocida es la Scala Regia, que conduce a la Sala Regia. Fue construida bajo Alejandro VII por Bernini quien, por la hábil disposición de las columnas que soportan las curvas, ha ocultado por completo el estrechamiento de la escalera hacia la parte de arriba. La segunda escalinata, construida por Pío IX, conduce desde el Portone di Bronzo, la entrada principal al Vaticano, directamente al Cortile di San Damaso. Construida con escalones de granito de varias yardas de ancho, la escalera tiene en su lado exterior una balaustrada de mármol de un volumen correspondiente; la base es de mármol de Breccia, y por encima de ella hasta el techo se extiende el mármol artificial. Una amplia vidriera adorna el lado que mira hacia la Piazza San Pietro. A mitad de camino está el apartamento del subprefecto de los Palacios Apostólicos, mientras que arriba, en el mismo piso que el Cortile di San Damaso, está el apartamento ocupado por el maestro di camera. Esta escalera se llama por el nombre de su constructor, Scala Pia. La tercera escalinata de estado es la Scala Nobile, que lleva del Cortile di San Damaso al tercer piso, a la suite del secretario de estado, y pasa por delante de los apartamentos papales hasta la suite privada del Papa. La luz entra en el piso bajo por las vidrieras renovadas por el Príncipe Regente de Baviera tras la explosión de pólvora de 1882, y en el segundo piso por las donadas por el Collegium Germanicum en la misma época. Los escalones son de mármol blanco; mármol artificial amarillo recubre las paredes, mientras que la base es de mármol puro. Ricas decoraciones de yeso cubren la bóveda circular. En conjunto el hueco de la escalera es sencillo, pero de rara impresión y agradable color.

Los organismos administrativos del Vaticano

El órgano supremo de administración dentro del palacio es la Prefettura dei sacri Palazzi Apostolici, a cuyo frente está como prefecto el secretario de estado. Es asistido por el subprefecto, quien, como funcionario ejecutivo y supervisor, posee una amplia autoridad. Toda actuación artística y científica está sujeta, en cuanto se refiere a su aspecto económico, a la decisión del prefecto. Los departamentos de construcción, mobiliario, administración del almacén, gestión doméstica, brigada de incendios, contabilidad, caballerizas, impresión de obras, jardinería y algunas otras secciones se administran, bajo la supervisión del prefecto, por oficinas más o menos independientes, cuyos directores – vg. el foriere maggiore y el cavallerizzo maggiore – tienen en algunos casos un alto rango en al Corte (cf. Die kathol. Kirche unserer Zeit, I, pp. 286-88). Tanto las autoridades domésticas como las del almacén tienen tan definidas sus tareas desde 1903 que ya no es necesario hacer planes especiales para amueblar salas, etc. con ocasión de grandes solemnidades como cónclaves. Pío X lo ha ordenado todo de una manera permanente y conservado en salas de almacenamiento, y de esta manera ha introducido considerables ahorros. El departamento de construcción, que bajo León XIII fue bastante descuidado, está ahora ocupado perfeccionando la condición arquitectónica del palacio. El subprefecto está restituyendo a su anterior condición un gran número de magníficas salas, que durante el curso del último siglo fueron subdivididas vertical y horizontalmente para hacer habitaciones más pequeñas. En la ejecución de estas obras se han hecho algunos descubrimiento importantes. Reparaciones muy importantes y profundas se han hecho por todo el palacio. El piso de la Galleria Lapidaria estaba puesto con ladrillos, las ventanas muy mal cerradas, y la condición general de este magnífico corredor dejaba mucho que desear. Al necesitarse urgentemente reparaciones, una mera rectificación de los daños no sería suficiente. Además, tal proceder sería contrario a las tradiciones de la Curia, que ejecuta de manera monumental lo que emprende. Cuando se revisaron el piso, las ventanas, los arcos y la albañilería del Appartamento Borgia, las Colecciones de antiguas esculturas paganas, que se exhibían a lo largo de las paredes bajo las inscripciones, se incrementaron de manera inusual. La reducción de la caballeriza se inició con León XIII y se completó con Pío X, de manera que el Papa posee ahora relativamente pocos caballos. La disciplina extremadamente estricta que Pío X ha introducido en todas las ramas de la administración vaticana, ha tenido un éxito espléndido.

Los organismos jurídicos e higiénicos del Vaticano

La experiencia ha demostrado que es necesario que la Curia mantenga un tribunal ante el cual puedan resolverse todas las disputas legales que se relacionen de alguna manera con la administración vaticana. Los tribunales italianos son impotentes e ineficaces, porque su jurisdicción acaba a las puertas del palacio. Como siempre debe haber disputas dondequiera que hay numerosas relaciones con el mundo comercial, donde hay multitud de empleados y gran circulación de dinero, por Decreto de 20 de Febrero de 1882 se crearon dos "Commissioni Prelatizie per decretare intorno alle controversie e contestazioni con le amministrazioni palatine" para resolver todas las reclamaciones que se hicieran contra la administración de la Curia. El nombre tiene interés jurídico: los organismos oficiales se llaman comissioni no tribunali; se utiliza decretare y no giudicare o decidere; y los procesos se llaman controversie y contestazioni. Aunque el Decreto evita manifiestamente dar el nombre de tribunal de justicia a la nueva institución, lo es de facto. Las dos comisiones entonces creadas estaban compuestas cada una por tres prelados, que resuelven los procesos tanto en primera como en segunda instancia. El tribunal de tercera instancia está formado por la unión de los otros dos bajo la presidencia del auditor general de la Cámara Apostólica. Todos los prelados tienen formación legal, y en cada uno de los dos primeros tribunales hay un presidente y dos vocales. Cada tribunal tiene un prelado como procurador y un secretario. Es un rasgo notable que, para la ejecución de todos los juicios que se dicten legalmente contra la administración vaticana, no hay nada previsto.

El procedimiento de estos tribunales es el siguiente: El procedimiento se inicia por documentos escritos presentados ante el presidente. El demandado presenta una respuesta escrita dentro de un determinado plazo, tras el cual pueden continuar las alegaciones y respuestas. A la conclusión de las explicaciones escritas o tras la expiración de un determinado plazo, durante el cual no ha habido ulteriores alegaciones, se toma una decisión y se publica mediante su exposición en la Secretaría. El plazo para la apelación es de seis meses, a contar desde la publicación del juicio. Estos tribunales emplean todos los medios para determinar los hechos como realmente son: examen de testigos, administración de juramentos, juramentos decisivos o suplementarios, examen de expertos, etc. Las costas del tribunal se regulan sobre la base de las disposiciones de los Estados Papales. El tribunal de la prefectura, cuya competencia no puede determinarse exactamente, tiene un inquisidor y un secretario. Ante este tribunal se ven las acusaciones criminales.

El servicio sanitario y el departamento higiénico se reorganizaron el 14 de Noviembre de 1893. De acuerdo con las exigencias modernas, se tomaron medidas exhaustivas en todas las cuestiones relacionadas con estos departamentos. En particular el servicio de agua fue completamente renovado. El cuerpo sanitario está bajo la dirección del médico ordinario del Papa, por debajo del cual hay otros cinco médicos y algunos ayudantes. Dos de los médicos son designados para las tareas del día y dos para la noche; el quinto atiende a la Guardia Suiza. Los ayudantes suplen a los médicos cuando estos no pueden asistir, pero en todas las ocasiones solemnes, cuando se reúne un número inusualmente grande de personas, deben (como los médicos) estar siempre de servicio. El servicio sanitario y el departamento higiénico están subordinados a la Prefectura de los Palacios Apostólicos. El dispensario vaticano, que antiguamente estaba en el Cortile di San Damaso, se trasladó recientemente a los cuarteles de la Guardia Suiza, y se sitúa en la puerta del Torrione di Niccolò V que lleva a la ciudad. Por consiguiente, es fácilmente accesible a los habitantes del Borgo, que se aprovechan muy libremente de él. Está confiado a tres hermanos de la Merced, y entrega todas las medicinas a los precios fijados por el ayuntamiento de Roma para los pobres. Una lista que cuelga en el dispensario expone a qué residentes y servidores del palacio se ha de dar gratis las medicinas.

El servicio de policía del Vaticano

Dentro del Vaticano hay un servicio de policía y guardia bien organizado. Cuerpos militares y de policía protegen a las personas y la propiedad, y el departamento de bomberos impide los daños por incendios. Los guardias militares específicos del palacio son los Guardias Suizos; a los gendarmes se les confían las tareas específicamente policiales. Los Guardias Palatinos son más bien una guardia de honor, y la Guardia Noble un cuerpo de guardia montada con servicios muy limitados. La brigada contra incendios está formada por los Guardie del Fuoco. Habida cuenta de la peculiar situación política del Papa en Roma, la vigilancia cuidadosa del Vaticano presenta dificultades especiales; pero pese a la objetable actitud de los comisarios de la policía italiana en el Borgo, pocos contratiempos han sido motivo de queja. Pues entre las grandes multitudes que asisten a las reuniones papales siempre hay algunos dispuestos a aprovechar a oportunidad para crear disturbios, si se les da el más ligero pretexto.

La Guardia Suiza

El comandante de los Suizos tiene rango de coronel de las tropas regulares y se le llama con ese título. Los demás oficiales, por tanto, tienen un rango tres grados más alto de lo que su nombre indica, y todos los guardias sin excepción poseen el rango de sargento de las tropas regulares. El comisario actúa también como secretario del oficial comandante y como oficial de ordenanza. El cuerpo tiene su capellán específico y su capilla, los SS Martino e Sebastiano, construida por Pío V en 1568. Todo candidato a la Guardia debe ser suizo de nacimiento, católico, de nacimiento legítimo, soltero, por debajo de los veinticinco años de edad, y al menos de cinco pies y ocho pulgadas de alto, sano y libre de deformidades corporales. A cualquiera que no pueda hacer el servicio militar en Suiza se le rechaza la admisión en la Guardia. Se exigen los siguientes documentos: certificado de su familia (o permiso), certificado de bautismo, y testimonio de su carácter, todos ellos firmados por las autoridades de su parroquia. Después de un año de buena conducta se reembolsa el coste del viaje a Roma; este reembolso puede, sin embargo, pagarse a plazos después de un periodo de siete meses. Las solicitudes de admisión deben dirigirse directamente al oficial comandante. Los que deseen retirarse de la Guardia pueden hacerlo libremente tras un preaviso de tres meses. Después de dieciocho años de servicio todos los miembros de la Guardia tienen derecho a una pensión vitalicia de la mitad de su salario, después de veinte años a una pensión que asciende a los dos tercios de su salario, después de veinticinco años a los cinco sextos de su salario, y después de treinta a su salario completo.

Las obligaciones de la Guardia son las siguientes: Son responsables de guardar la sagrada persona del Papa y de la protección de los Palacios Apostólicos, estando confiadas a su cargo todas las salidas del palacio a la ciudad y las puertas de entrada a los apartamentos papales. También ocupan su posición en todas las funciones pontificias en las capillas papales y en todas las demás funciones religiosas tanto dentro como fuera de los Palacios Apostólicos (estas últimas ahora limitadas a San Pedro) a las que asiste el Papa. También tienen otras tareas reguladas por antiguas tradiciones o decretos más recientes. Además, han de presentarse al servicio a la orden del Prefecto de los Palacios Apostólicos (el majordomo) y del maestro di camera. Los privilegios religiosos de los guardias son muy amplios. La Guardia Suiza tiene su lugar en todas las procesiones públicas inmediatamente detrás de la Guardia Noble. Como guardias están subordinados al prefecto de los Palacios Apostólicos y no lo estuvieron en tiempos anteriores, como las tropas regulares, al Ministerio de la Guerra. Cuando el Papa ocupa la sedia gestatoria, está rodeado por seis guardias suizos, que llevan las anchas espadas conocidas como “a dos manos”. El comandante (coronel) de la Guardia es camarero secreto ex-officio, y tiene entrée en la Anticamera Segreta; el teniente (comandante) y el subteniente (capitán de primera clase) son ex-officio camareros honorarios, y tiene entrée sólo a la Sala del Trono, que está antes de la Anticamera Segreta. Los guardias suizos están completamente armados, y tienen que someterse a un estricto curso de ejercicios y gimnasia. El fútbol se cultiva celosamente por ellos en el Cortile del Belvedere, y su cuerpo de trompetas está espléndidamente organizado. En ocasiones solemnes, tales como funciones especiales en el Cementerio Alemán cerca de San Pedro (Camposanto Teutónico), que es también el lugar de enterramiento para los guardias, el cuerpo de trompetas aparece en público.

Incluso en el siglo XV los Papas tenían una guardia personal de la Suiza católica.. En 1505, a instancias del suizo cardenal Schinner, se firmó un tratado entre Julio II y los dos cantones de Zurich y Lucerna, de acuerdo con el cual estos cantones habían de suministrar de manera constante 250 hombres como guardia personal del Papa. Desde esta fecha siempre ha habido alrededor del Papa un cuerpo de guardias suizos (cf. Baumgarten, "Katholische Kirche unserer Zeit", I 297 y ss.; "Kirchliche Handlexikon", s.v. "Schweizergarde"). En la actualidad los guardias tienen una fuerza de 100 hombres exactamente (incluyendo a los seis oficiales), que bastan no sólo para la realización completa de las diversas obligaciones del cuerpo sino también para el mantenimiento de una vigilancia (antiguamente en esencia más estricta y amplia) del Papa durante la noche. Su antiguo y pintoresco uniforme negro, rojo y amarillo, al estilo del siglo XVI, se mantiene aún. Un sombrero negro con tiras rojas ha reemplazado recientemente al feísimo casco. Mientras se ejercitan, en la vigilancia nocturna o en los cuarteles, los hombres llevan un uniforme de cuartel azul acero, consistente en una amplia túnica, pantalones de montar hasta las rodillas, medias azul oscuro, y botas con cordones, pero en el servicio de guardia llevan medias amarillo oscuro y zapatos con hebillas. En ocasiones especialmente solemnes tanto los hombres como los oficiales aparecen en uniforme militar con armas y casco. El cuartel de los guardias está al pie del Palacio de Sixto V. Una parte del edificio fue construida en 1492 durante el reinado de Alejandro VI. La cantina de los guardias les provee de comida. Los privilegios religiosos de los guardias son muy extensos y su regulación pertenece a su capellán, quien consulta a este respecto con el Santo Padre. La atención a sus otros privilegios corresponde a su comandante.

Los Gendarmes Papales

El cuerpo de Gendarmes de los Palacios Apostólicos está formado por italianos, que deben medir al menos cinco pies y nueve pulgadas, haber terminado un periodo totalmente inobjetable de servicio en el ejército italiano, y haber obtenido buenos certificados de carácter de las autoridades tanto seculares como religiosas. A ellos corresponde la vigilancia del palacio y los jardines, y también se les emplea en el servicio honorario de la Anticamera. Tienen un cuartel en los jardines y otro cerca del cuartel de la Guardia Suiza. Como la Guardia Suiza tienen también una banda de música, que da un concierto los festivos en el Cortile di San Damaso. Los gendarmes están subordinados al Prefecto de los Palacios Apostólicos; su comandante tiene el rango de corte de camarero honorario y lleva el título de "Delegato per i servizi di Sicurezza e Polizia". El cuerpo cuenta con 62 hombres.

La Guardia d’Onore

La Guardia Palatina, tal como existe hoy, se remonta a Pío IX. En el Regolamento de 14 de Diciembre de 1850, decretó que los dos cuerpos de milicia, los civici scelti y los capotori, debían unirse en un único cuerpo bajo el nuevo nombre de la Guardia Palatina d’Onore. En 1860 esta guardia fue aumentada y puesta al nivel de un regimiento con 748 hombres con dos batallones y ocho compañías. Antes de 1870 los servicios de este regimiento no se limitaron al palacio, siéndoles asignadas tareas de vigilancia en la ciudad y operaciones militares en guerra. Después de 1870 la banda regimental de 63 hombres fue disuelta, y el cuerpo muy disminuido. El teniente coronel que la manda tiene el rango de coronel. A diferencia de la Guardia Suiza, que está designada para la vigilancia de la persona del Papa, la Guardia Palatina realiza al servicio papal las tareas que se detallan en las instrucciones del majordomo y el maestro di camera. Todos los miembros del cuerpo son ciudadanos romanos; realizan sus tareas gratis, pero reciben anualmente 80 liras para sus uniformes. Durante el Cónclave una compañía de la Guardia Palatina se aposta en el Cortile del Maresciallo bajo el mando del Mariscal hereditario del Cónclave, príncipe Chigi.

La Guardia Nobile

Este muy distinguido cuerpo del servicio militar papal tiene una interesante historia. La guardia montada de los Papas estuvo antiguamente constituida por el cuerpo de cavalleggieri (caballería ligera). Por Motu Proprio de 1744 Benedicto XIV dio a estos guardias montados una nueva organización, fijando su número en 90. Tras la desbandada de estas tropas durante la confusión de la Revolución Francesa, Pío VII constituyó un nuevo cuerpo de guardia compuesto por el remanente de los cavalleggieri y de los antiguos cavaliers delle lancie spezzate. Un Decreto de 11 de Mayo de 1801, ordenó la institución de la Guardia Noble (guardie nobili di corpo), tomando como modelo los guardias nobles españoles. Las revoluciones políticas bajo Napoleón I impidieron la adecuada constitución del nuevo cuerpo, así que se hizo necesaria la reorganización efectuada por orden del cardenal Secretario de Estado, Ercole Consalvi, de 8 de Noviembre de 1815. La petición de admisión en los Guardias (25 de Junio de 1814) del conde Giovanni Mastai Ferretti (después Pío IX), que fue rechazada por causa de su débil salud, se conserva aún en los archivos de la Guardia Noble. León XIII unificó las dos compañías existentes y de acuerdo con las nuevas condiciones de la época, les dio nuevas reglas, y declaró que el cuerpo consistiría de 1 capitán, 1 teniente, 1 subteniente, 8 cabos primera, un cabo primera como ayudante del cuerpo, 8 cadetes, 1 cadete como ayudante, 48 guardias, 1 furriel, 1 caballerizo, 1 maestro armero, 1 maestro artillero, y 4 trompetas. El conjunto del cuerpo ascendía así a 77 hombres. El capitán tiene rango de teniente general de tropas regulares, y los demás grados de manera correspondiente. Un tercio de los simples miembros del cuerpo disfrutan del rango de capitán, un tercio la de teniente y el tercio restante el de subteniente. En lugar de los antiguos correos de gabinete, los guardias nobles tienen el derecho exclusivo de llevar las noticias de su elevación a los “cardenales de la corona” en los países católicos, tanto como a los nuncios de primera clase cuando son elevados al cardenalato, y también de llevar sus residencias el capelo rojo. Las condiciones para su recepción en el cuerpo son las siguientes: edad, de 21 a 25; testimonio de buen carácter del párroco, obispo u otras autoridades eclesiásticas; 60 años de nobleza familiar reconocida en los Estados Papales, con las mismas pruebas que en la Orden de Malta; altura de al menos cinco pies y siete pulgadas; y perfecta salud corporal. El puesto de comandante es de libre disposición del Papa y se confía siempre a un príncipe romano. Por lo demás, el ascenso se rige exclusivamente por la antigüedad en el servicio. La Guardia Noble sólo aparece en público cuando el Papa toma parte en una función pública; cuando el Papa sale es seguido por la Guardia Noble. Durante la vacante de la Santa sede, el cuerpo está al servicio del Colegio de cardenales. El Gonfaloniere, o portaestandarte, de la Santa Iglesia Romana, con el rango de teniente general, tiene derecho a llevar el uniforme de la Guardia Noble (Cf. Baumgarten, "Kathol. Kirche unserer Zeit", I, 290-93.)

Los Guardie dei Fuoco

La brigada de bomberos del Vaticano, que está organizada según los métodos más modernos, se emplea también para otras tareas, puesto que raramente se les necesita para su tarea principal. La brigada no posee características especiales.

El Vaticano como centro de decisiones

El Vaticano debe ser considerado como centro administrativo de la Iglesia Católica, puesto que es la residencia del cabeza supremo de esa Iglesia, y desde él se gobierna toda la Iglesia. Desde aquí el Papa publica un Decreto o Motu Proprio, aconseja a los prefectos o cardenales que dirigen las congregaciones, y en todos los asuntos importantes su actividad de decisión personal está siempre claramente indicada. Desde este punto de vista el Vaticano es un centro de decisiones de primer rango. Otro extenso asunto que se tramita en el palacio es menos conocido. Puesto que la captura de los Estados Papales por los piamonteses hace imposible celebrar el Cónclave para la elección de un nuevo Papa (pese a las seguridades de la Ley de Garantías – ver más abajo, sección XVI) fuera del Vaticano, este importante asunto debe despacharse allí. Los Cónclaves se celebraron en el Vaticano en 1878 y 1903. En cada una de estas ocasiones, se dio por los periódicos y otras publicaciones particularidades tan exactas de sus rasgos distintivos, que no hay necesidad de dar detalles aquí (cf. CÓNCLAVE, PÍO X). El más importante de los numerosos organismos que tienen sus oficinas generales en el palacio es la Secretaría de Estado. Todas las oficinas de este departamento (en cuanto trata de asuntos políticos y eclesiástico-políticos) están situadas en el tercer piso de las partes del viejo Palacio Apostólico que fueron construidas por Nicolás V, Calixto III, Pío II y Julio II, y rodean el Cortile del Papagallo y el Cortile del Maresciallo. Se sitúan encima de la Sala dei Chiaroscuri, la Capilla de Nicolás V, y las salas adyacentes. Antes de 1870 la Secretaría de Estado tenía su sede en el Quirinal, pero el 20 de Septiembre de ese año se trasladó provisionalmente a las secciones del Palacio Vaticano construidas por Gregorio XIII, Sixto V y Clemente VIII, y situadas debajo de la Sala Concistoriale, la Sala degli Arazzi y la Sala del Trono y algunas salas adyacentes. Mientras tanto, subiendo las paredes y techos, el cardenal Antonelli creó una cantidad de nuevos apartamentos, y de ese modo encontró a su disposición veintiuna habitaciones, en las que se encuentran actualmente no sólo las oficinas de la Secretaría de Estado, sin también las (7) de la antiguamente independiente Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios (ver CONGREGACIONES ROMANAS). Aquí se tramitan todos los numerosos asuntos que, de acuerdo con las reglas existentes, caen dentro de la jurisdicción de estas dos congregaciones. Cuando recientemente la Secretaría de Breves fue puesta bajo la dirección del secretario de estado, las oficinas de este gran departamento fueron trasladadas al Palacio Vaticano y se instalaron en las salas desocupadas de la antigua galería de pinturas. Todos los despachos de la Secretaría de Estado están ahora en el mismo piso. La extensión de los asuntos despachados aquí se evidencia por los archivos. En los archivos para asuntos “ordinarios” (primera sección de la Secretaría), se conservan todas las “opiniones” – como se llama a los enormes fascículos – desde el año 1860. Cada diez años la década entonces más antigua que se conserva aquí es trasladada a los archivos secretos. Los inventarios (llamados rubricelle) que se añaden a las colecciones de día por día, hacen posible descubrir inmediatamente cualquier documento particular. La tarea sumamente difícil y tediosa de confeccionar estos inventarios, se continúa sólo por su demostrada utilidad. Respecto al trabajo y organización de las congregaciones arriba mencionadas, antiguamente independientes (ahora tratadas como Segunda Sección de la Secretaría de Estado) véase CONGREGACIONES ROMANAS.

Toda una serie de Congregaciones romanas celebran, bien con regularidad, bien en ocasiones especiales, sus sesiones en el Vaticano. Cuando no se celebran en la sala del consejo en la suite de la secretaría de Estado, se disponen salas especiales para ellas. Cada martes y viernes por la mañana el secretario de estado recibe a los embajadores y enviados acreditados ante la Santa Sede, de forma que todos los asuntos diplomáticos no despachados por correspondencia son dirigidos en el Vaticano. Los consistorios secretos, semipúblicos y públicos se celebran o en la Sala Concistoriale o en la Sala Regia. Sólo en casos excepcionales se celebra un consistorio fuera del palacio – en el Aula situada encima del pórtico de San Pedro. Sólo accesible desde la Sala Regia (excepto por la pequeña escalera de servicio), esta enorme y larga sala no forma parte orgánica del palacio. El último consistorio que se celebró allí fue el 30 de Noviembre de 1911. Las oficinas de la Secretaría de Cartas Latinas y de Breves a los Príncipes, que constituyen departamentos distintos, también se encuentran en el palacio (cf. Baumgarten, "Die kathol. Kirche unserer Zeit", I, 491-94). Un lugar de gran actividad es la Cancillería Secreta del Santo Padre; aquí se tratan todos los asuntos relativos al Papa que no corresponden a ningún departamento específico. Dentro de la esfera de este departamento, aparte de los asuntos puramente privados del Papa, hay innumerables solicitudes que antiguamente se dirigían al ahora abolido Secretariado de Memoriales.

Las limosnas, que se han de distribuir conforme a ciertos principios, se confían al Capellán Secreto del Papa, que es siempre un arzobispo titular. Sus oficinas se sitúan cerca del cuartel de la Guardia Suiza. Todos los donativos procedentes del óbolo de San Pedro se administran separadamente por la "Commissione Cardinalizia amministratrice dei Beni della Santa Sede". Sus oficinas se hallan en las loggie del tercer piso en el ala oriental del palacio. Para asegurar, en cuanto sea factible, las posesiones de cierto número de pequeños capítulos de su posible confiscación por los italianos, el Papa ha ordenado que todos los títulos de anualidades de estos se conserven en el Vaticano. Para la administración de esta propiedad se ha fundado una "Commissione per le opere di religione", que abona a las partes correspondientes los intereses acumulados y ayuda a las corporaciones tanto con consejos como activamente, cuando se está meditando por ellas alguna transacción financiera, la compra de un nuevo título o el cambio de los antiguos títulos por otros. La "Commissione Cardinalizia per gli studi storici", cuando celebra sus reuniones, también se reúne en el Vaticano. Para acabar aún deben mencionarse las numerosas oficinas de la administración palatina, que es naturalmente muy extensa. Esta reunión de departamentos heterogéneos para el despacho de los asuntos es inevitable, puesto que la Santa Sede se ve obligada a concentrar en cuanto sea posible todo en el Vaticano.

La Tipografía Políglota Vaticana

Por la Bula “Eam semper ex” de 27 de Abril de 1587, Sixto V fundó una imprenta para la impresión de la edición oficial de la Vulgata Latina que había emprendido (cf. Baumgarten, "Die Vulgata Sixtina von 1590 u. ihre Einführungsbulle", Münster, 1911, pp. 1-12). Desde esa fecha ha existido una Tipografía Vaticana, en las salas de la planta baja en el centro del ala sur del palacio, y por tanto debajo de la antigua sala de lectura de la Biblioteca Vaticana. Poco después de su fundación, en 1626, la Congregación de la Propaganda también fundó una imprenta, que, de acuerdo con las necesidades de las misiones, pronto se desarrolló en una Tipografía Políglota (cf. Prior, "Die kathol. Kirche unserer Zeit", I, 406-07). Después de disfrutar de reputación internacional durante una época, esta institución había caído en años recientes a un nivel inferior, debido a la ausencia de una dirección experta y de fondos suficientes. Pío X resolvió por tanto unirla con la Imprenta Vaticana. Esta unificación se llevó a cabo cuando la Imprenta Vaticana, cuyas máquinas de imprimir estaban en gran medida desfasadas y cuyos locales eran inadecuados, fue completamente reorganizada y trasladada a nuevos locales (1910). La antigua escuela de montar de la Guardia Noble, conocida como la Cavallerizza, que se hallaba en el Torrione di Niccolò V, fue completamente reconstruida en 1909 y dispuesta para la recepción de una gran imprenta de primera categoría. Se procuraron las más recientes y mejores imprentas, se reguló de manera espléndida la iluminación, y se hizo de la manera más práctica la disposición de los despachos. Allí se trasladó la Tipografía Vaticana con todos los valiosos tipos de la Políglota de la Propaganda, y se le dio el nuevo nombre de "Tipografia Poliglotta Vaticana". Al mismo tiempo se inauguró una mejora de métodos, que garantizaba sustanciales ahorros y una mayor capacidad comparada con la disposición anterior. El departamento general de la nueva imprenta se estableció en el primer sótano y en la planta baja; el departamento secreto en el primer piso del nuevo edificio. El personal de los dos departamentos está completamente separado, ambos departamentos tienen entradas diferentes, que se cierran durante las horas de trabajo. La imprenta sirve, en primer lugar, para las diversas finalidades oficiales de la Curia. Luego, según su capacidad, lleva a cabo encargos de impresión que le son confiados por terceros ajenos. Así, por ejemplo, una parte de la obra monumental de la Görresgesellschaft sobre el Concilio de Trento se imprimió aquí. Las "Acta Apostolicæ Sedis", cuya circulación asciende a casi 10.000 ejemplares, la "Gerarchia Cattolica", las nuevas ediciones corales, y obras similares son las más conocidas de las producciones oficiales de la Imprenta Vaticana.

La posición legal del Vaticano

En la Ley de Garantías del Estado italiano, que entró en vigor el 13 de mayo 1871, se declaró explícitamente que todas las residencias del Papa en suelo italiano disfrutarían de inmunidad y serían consideradas extraterritoriales. De ahí se sigue que el Palacio Vaticano debe ser considerado inmune y extraterritorial a los ojos de las autoridades italianas. Por consiguiente, toda acción de las autoridades italianas debe detenerse a las puertas del Vaticano, y los habitantes del palacio no pueden ser acusados, citados o convocados a defenderse. Todas las consignaciones dirigidas expresamente a la administración del palacio están exentas de impuestos, y todas las cartas dirigidas al Papa desde Italia no necesitan sello. Los telegramas oficiales de las autoridades vaticanas se envían gratis a todas las partes del mundo. Esas y otras excepciones de las leyes ordinarias de Italia son consecuencia de la Ley de Garantías, en cuanto que no son mencionadas expresamente en ella. Los radicales y masones ya han pedido frecuentemente la abrogación de la Ley de Garantías, argumentando que es una ley puramente italiana y que puede por tanto ser derogada por los mismos que la hicieron. Esta afirmación es falsa. El Vaticano es extraterritorial, no según la ley italiana sino de acuerdo con el Derecho Internacional, como se demostró claramente en las negociaciones que precedieron a su adopción. Tanto la Cámara Baja como el Senado votaron la ley con la clara intención de hacerla pasar por Derecho Internacional de forma que los católicos de todo el mundo estuvieran hasta cierto punto tranquilos respecto a la situación de su jefe supremo. Los mandatarios legislativos italianos asumieron libremente obligaciones hacia las Potencias y todos los católicos, como era de absoluta necesidad en la política del momento. Estas obligaciones no pueden en ninguna circunstancia ser dejadas de lado por los deseos de un partido. El argumento de que el Papa no reconoció la ley está del todo al margen de la cuestión, su rechazo estaba previsto por los legisladores, y sin embargo, como declaró entonces el primer ministro, Italia tenía la obligación de aprobar la ley. De ahí se sigue incontestablemente que no está en las facultades de los mandatarios legislativos italianos alterar en forma alguna la situación legal actual del Palacio Vaticano. El Papa es, sin embargo, personalmente indiferente a si el Gobierno italiano puede perpetrar en el futuro nuevas injusticias que se añadan a las del pasado. Quien ha tenido que soportar tanto, no se quedará sin consuelo si otra cruz se añadiera a las que ya lleva.

No hay, sin embargo, obstáculos al cultivo de ciertas relaciones entre el Vaticano y las autoridades italianas, siendo tal cosa en realidad indispensable por el intercambio social de hoy día. Por ejemplo, puesto que el Papa rechazar ejercer de facto el derecho de castigo de que está teóricamente investido, los malhechores (cualquiera que sea el crimen cometido) son transferidos a las autoridades italianas para la completa investigación de sus actos. Por las autoridades italianas se envían advertencias sobre diversas cuestiones a las vaticanas para que éstas estén sobre aviso. Se pueden intercambiar comunicaciones de naturaleza confidencial, pero en forma tal que ninguna de las partes incurra en obligación alguna, ni perjudique a su posición; cuando son necesarias se llevan a cabo a través de canales reconocidos de manera no oficial. Cuando el Papa asiste a una solemnidad en San Pedro, la basílica es entonces y sólo entonces considerada como perteneciente al Vaticano; en las demás ocasiones es considerada como un monumento nazionale. Por acuerdo tácito toda la vigilancia durante estos servicios está en manos de las autoridades vaticanas. Pero hay también un gran número de detectives italianos en traje de paisano, que, ayudados por las autoridades vaticanas, excluyen a personas reprochables del edificio y se llevan con tranquilidad a las que puedan haber logrado entrar por cualquier medio. Las estaciones de ambulancia en San Pedro, hechas necesarias por la reunión de treinta o cuarenta mil personas, se instalan por el cuerpo sanitario del Vaticano.

La información expuesta más arriba hace suficientemente clara tanto la situación jurídica teórica como la práctica de las relaciones entre el Vaticano y las autoridades italianas. En el artículo LEY DE GARANTÍAS se encontrará una exposición más explícita de las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno italiano. Pío IX en el momento de la violenta ocupación en 1870 por las tropas de Víctor Manuel , rehusó reconocer el derecho del Gobierno italiano, y sus sucesores, León XIII y Pío X, mantenían constantemente la misma actitud. Ambos pontífices, en diversas ocasiones, se han declarado inalterablemente opuestos al reconocimiento de la pretensión del gobierno italiano a la soberanía temporal sobre Roma.


Bibliografía: Además de las obras dadas al final de ciertas secciones, se encontrará abundancia de literatura sobre el Palacio Vaticano en obras que tratan de la historia de los Papas, tales como las de RANKE, PASTOR, VON REUMONT, GREGOROVIUS; en tratados sobre arte por CROWE y CAVALCASELLE, VERMIGLIOLI, SCHMARSOW, VASARI; en crónicas, por BURKHARD e INFESSURA; Annales ecclesiastici de BARONIUS, RINALDUS y sus continuadores; Bullarium Romanum y otras colecciones de documentos; y BLANI, Bibliographie italico-française, ou Catalogue méthodique de tous les imprimés en langue française sur l'Italie ancienne et moderne (1475-1835) (2 vols., París, 1886-87). Numerosas guías para viajeros y peregrinos contienen una gran cantidad de información más o menos fiable. Entre las obras más amplias y exactas pueden mencionarse: CHATTARD, Nuova descrizione del Vaticano e della Sacrosanta Basilica di San Pietro (Roma, 1762-67); TAJA, Descrizione del Palazzo Apostolico Vaticano (Roma, 1750); PISTOLESI, Il Vaticano descritto ed illustrato (8 vols., Roma, 1819-38), con numerosas láminas e ilustraciones; DONOVAN, Rome Ancient and Modern and Its Environs (Roma, 1844).

Fuente: Baumgarten, Paul Maria. "The Vatican." The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/15276b.htm>.

Traducido por Francisco Vázquez


Ver: Estados Papales