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Lunes, 18 de febrero de 2019

Ite Missa Est

De Enciclopedia Católica

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En el rito romano, Ite Missa Est es el versículo que canta el diácono al final de la Misa, después de las oraciones poscomuniones. Es nuestra fórmula del antiguo despido (apolysis) que aún se encuentra en todas las liturgias . Es, sin duda, una de las fórmulas romanas más antiguas, como se puede ver en su forma arcaica y difícil. Los tres Ordines Romani más antiguos la contienen. “Ordo Rom. I” dice: “Cuando termina la oración [poscomunión], uno de los diáconos designados por el archidiácono mira hacia el pontífice para recibir un signo de él y entonces dice al pueblo. Ite missa est. Ellos contestan: deo gratias (ed. Atchley, Londres, 1905, p. 144. Vea también "Ordo Rom. II", 15; "Ordo Rom. III", 18).

Los comentaristas medievales se preocuparon mucho por explicar el significado de la extraña expresión. Durando sugiere varias interpretaciones. Se ha pensado que se omite una palabra: Ite, missa est finita; o est se toma absolutamente con el significado de “existe”, “es ahora un hecho consumado”. La verdadera explicación parece estar más bien en la interpretación correcta de la palabra missa. Antes de convertirse en el nombre técnico de la Santa Liturgia en el rito romano, significaba simplemente "despido". La forma missa para missio es parecida a la de collecta (para collectio), ascensa (ascensio), etc. Así Ite missa est debe traducirse como “Váyanse, es la despedida”. (Vea Floro el Diácono, “De expositione Missæ", P.L., CIX, 72.)

En ciertos días que tienen el carácter de ayuno o penitencia, este versículo es sustituido por las palabras "Benedicamus Domino". El hecho es señalado por los liturgistas medievales (por ejemplo, Durando, IV, 57 — cf. "Micrologus", XXXIV; etc.) desde aproximadamente el siglo XI. Los tres Ordines Romani anteriores al siglo X solo conocen la forma Ite missa est. La explicación es que originalmente en tales días no se despedía a las personas, sino que permanecían en la iglesia para más oraciones después de la Misa, adecuada para los días de ayuno (por lo que Bona, "Rerum liturg, libri duo", II, XX, n.3). Esto es confirmado por una extinta costumbre medieval de cantar Benedicamus Domino al final de la Misa de medianoche en Navidad porque los laudes seguían de inmediato (Durando, op cit, IV, 57, §7). De ahí se obtuvo la idea de que Ite missa est implica una Misa festiva.

Micrologus” (XLVI) señala la regla de que sigue al Gloria in Excelsis Deo (y por lo tanto al Te Deum en el Oficio). Cualquiera de los dos versículos siempre fue respondido por la obvia respuesta Deo Gratias, lo cual implica agradecimiento por haber ofrecido el Sacrificio —ahora está completo. En Réquiems (ya que no tienen Gloria) no se dice Ite missa est. En este caso, el versículo es Requiescant in pace, cuya respuesta es amén. John Beleth (siglo XII) dice que esto surgió “sólo de una costumbre general” (“rat. Div. Offic.” En P.L., CCII, 49). Hasta aproximadamente el siglo XII, el Ite missa est realmente terminaba la liturgia, según lo implica su forma. En el primer Ordo Romano, inmediatamente después el texto continúa: "Entonces se llevan los siete candeleros ante el Pontífice... a la sacristía" (ed. Atchley, p.146). No fue sino hasta el siglo XVI (Misal de Pío V) que se reconocieron definitivamente como parte de la liturgia a recitarse en el altar las adiciones a la Misa que se habían introducido gradualmente (Placeat, bendición, último Evangelio —todas originalmente oraciones privadas).

Las despedidas correspondientes en los demás ritos occidentales son: en Milán, V. "Procedamus in pace", R. "In nomine Christi"; mozárabe, "Solemnia completa sunt in nomine D. N. I. C: votum nostrum sit acceptum cum pace." R. "Deo gratias"("Missale Mixtum", P.L., LXXXV, 120). De los ritos orientales, el de las “Constituciones Apostólicas despide al pueblo con la forma: "Vayan en paz" (Brightman, "Eastern Liturgies", p. 27). Las liturgias bizantina y antioquena finalizan con el anuncio del diácono: "Vayamos en paz." R. "En el nombre del Señor"; y luego una corta “oración de despedida” dicha por el celebrante (op. cit., 67, 397); así también el rito alejandrino (ibid., 142): mientras que los nestorianos tienen sólo una oración y bendición por el celebrante (ibid., 303).

Rito en 1910

En la Misa mayor, tan pronto finaliza la última poscomunión, el celebrante y ministros van al medio del altar y se paran en fila. El celebrante se vuelve hacia el pueblo y canta el “ Dominus Vobiscum ” (la introducción usual a cualquier anuncio), y permanece de cara a los fieles. Cuando el coro ha contestado, el diácono se da la vuelta y, con las manos unidas, canta Ite missa est en su tono apropiado, y el coro responde Deo Gratias a las mismas notas. En los misales anteriores se proveían diez melodías para varias solemnidades. La idea es cantar este último versículo al tono del primer Kirie Eleison , para que la Misa finalice con el mismo canto con el que comenzó. Para realizarlo más plenamente, el nuevo Misal del Vaticano proporciona diecinueve tonos, la mayoría de ellos muy elaborados (para Ite missa est y Benedicamus Domino), correspondientes a las diversas Misas en el “Kyriale”. Siempre se debe usar el tono del primer Kirie.

En las Misas figuradas, el Ite missa est debe cantarse al tono de la Misa de canto llano provista para la ocasión. Desde el Sábado Santo hasta el sábado blanco (Sabbatum in albis) (N. de la T.: primer sábado después de Pascua), inclusive, se añaden dos aleluyas tanto al versículo como a la respuesta; en este caso tienen una melodía especial (la primera en el Misal ), que no corresponde al kirie. En las Misas que no tienen el Gloria (por lo tanto en el oficio de tempore de adviento y cuaresma, vigilias y cuatro témporas, excepto el Jueves Santo y Sábado Santo; en las Misas votivas, excepto las de la bienaventurada siempre virgen María cuando se celebran en sábado, Misas votivas de ángeles, y, por una causa grave, cuando no se usan las vestimentas violeta en la Misa —“Rubr. Gen.” del Misal, VIII, 4) el celebrante regresa al altar después del dominus vobiscum, y el diácono, mirando hacia el altar, canta Benedicamus Domino al mismo tono (del Kirie); la respuesta es la misma, deo gratias.

En todos los réquiems él canta de la misma manera, al tono provisto en el Misal, Requiescant in pace (en plural, incluso cuando la Misa se celebra por una persona — S. R. C., 22 enero 1678). R. Amén. Tan pronto el diácono ha finalizado su versículo, el celebrante se vuelve hacia el altar y espera; el diácono y el subdiácono se [[Arrodillamiento y Genuflexión {arrodillan]] en el suppedaneum. Cuando el coro termina su respuesta, el celebrante dice la oración Placeat y entonces imparte la bendición. El celebrante mismo dice Benedicamus Domino o Requiescant in pace en voz baja mientras el diácono canta, debido a que éstas son oraciones. Él no dice Ite missa est, porque éste es un anuncio al pueblo. En la Misa cantada el celebrante canta la parte del diácono, en una Misa menor la recita. De otro modo, no hay cambio.


Bibliografía: BERNOLD OF CONSTANCE en el "Micrologus" in "P.L"., CLI, 973-1022, XLVI; JOHN BELETH, "Rationale divinorum officiorum" en "P.L"., CII, 14-166, XLIX; DURANDO, "Rationale", IV, 57, y todos los comentaristas medievales: BONA, "Rerum liturgicarum libri duo," XX; BENEDICT XIV, "De S. Missæ Sacrificio", II, XXIV; GIHR, "Das heilige Messopfer" (Freiburg im Br., 1897), 714-17; DE HERDT, "Sacræ Liturgiæ praxis "(Lovaina, 1894), I, 481-83.

Fuente: Fortescue, Adrian. "Ite Missa Est." The Catholic Encyclopedia. Vol. 8, págs. 253-254. Nueva York: Robert Appleton Company, 1910. 19 Jun. 2018 <http://www.newadvent.org/cathen/08253a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.