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Sábado, 21 de octubre de 2017

Holocausto

De Enciclopedia Católica

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Como sugiere su origen griego (holos "todo", y kaustos "quemado") la palabra designa una ofrenda completamente consumida por el fuego, usada entre los judíos y algunas naciones paganas de la antigüedad. Según usada en la Vulgata, corresponde a dos términos hebreos: (1) a holah, literalmente: "lo que sube", ya sea al altar para ser sacrificado, o al cielo, en la llama del sacrificio; (2) Kalil, literalmente: "todo", "perfecto", el cual, como término relativo al sacrificio, es usualmente un sinónimo descriptivo de holah, y denota una ofrenda consumida totalmente en el altar.

En cualquier momento y por quienquiera que los ofreciera, los holocaustos fueron considerados naturalmente como lo máximo, por ser la expresión externa más completa de la reverencia del hombre hacia Dios. De hecho, es verdad que los críticos modernos han interpretado ciertos pasajes de los profetas de Israel con un rechazo absoluto por la ofrenda de sacrificios, los holocaustos incluidos; pero esta posición es el resultado de una visión parcial de la evidencia, de un concepto erróneo de un ataque contra los abusos como un ataque a la institución que ellos habían contaminado.

Para detalles acerca de este punto, y para una discusión del lugar que los mismos estudiosos le asignan al holah, (holocausto) en su teoría de la evolución del sistema de sacrificios entre los hebreos, vea sacrificio. La siguiente es una exposición concisa de la Legislación de Moisés respecto a la totalidad de la quema de ofrendas, según aparece principalmente en lo que los críticos comúnmente llaman el Código Sacerdotal.

VÍCTIMAS PARA LOS HOLOCAUSTOS

Sólo los animales podían ofrecerse en holocausto; pues las víctimas humanas, que eran sacrificadas por los cananeos y otros pueblos, estaban absolutamente excluidas del legítimo culto a Yahveh (cf. Lev. 18.21: 20,2-5; Deut. 12,31; etc.). En general, las víctimas debían ser tomadas de la manada (becerros) o del rebaño (ovejas o cabras); y, para ser aceptable, el animal debía ser macho, como el más valioso y sin defecto, ya que sólo así era digno de Dios (Lev. 1,2.3.5.10; 22,17 ss.). Sin embargo, en ciertos casos se ofrecían aves (sólo tórtolas o pichones) en holocausto (Lev. 1,14 ss.); estas aves usualmente se les permitían a los pobres como sustituto de animales más grandes y costosos (Lev. 5,7; 12,8; 14 22), e incluso eran prescritos directamente en algunos casos de impureza ceremonial (Lev. 15,14.15.29.30). Los animales de caza y pesca, que eran sacrificados en algunos cultos paganos de Asia Occidental, no fueron objeto de sacrificio en la Ley Mosaica.

RITUAL DE LOS HOLOCAUSTOS

Los ritos principales llevados a cabo en la ofrenda de holocaustos, eran (1) por parte del oferente, que debía llevar el animal a la puerta del tabernáculo, imponerle sus manos sobre la cabeza, matarlo al norte del altar, desollar y cortar su cadáver y lavar sus entrañas y patas; (2) por parte del sacerdote, que debía recibir la sangre de la víctima, rociarla sobre el altar y quemar la ofrenda. En el caso de ofrendas de aves, era el sacerdote quien mataba a las víctimas y dejaba a un lado, como inadecuados, su buche y plumas (Lev. 1). En sacrificios públicos, era también deber del sacerdote matar a las víctimas, en lo cual en ocasiones era ayudado por los levitas. La inspección de las entrañas, que jugaba una parte muy importante en los sacrificios de varios pueblos antiguos, especialmente de los fenicios, no tenía lugar en el ritual mosaico.

CLASES DE HOLOCAUSTOS

Entre los hebreos, los holocaustos eran de dos tipos generales, según que la ofrenda fuese prescrita por la Ley o el resultado de voto privado o devoción. Los holocaustos obligatorios eran (1) el holocausto diario de un cordero; este holocausto se hacía dos veces al día (a la hora tercera y a la nona), y acompañado de una oblación de cereal y una libación de vino (Éx. 29,38-42; Núm. 28,3-8); (2) el holocausto del sábado, que incluía una cantidad doble de todos los elementos del holocausto diario ordinario (Núm. 28,9-10); (3) el holocausto festivo, celebrado en luna nueva, en Pascua, en la Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación, y en la Fiesta de los Tabernáculos, en cuyas ocasiones el número de víctimas y la cantidad de otras ofrendas aumentaba considerablemente; (4) los holocaustos prescriptos para la consagración de un sacerdote (Éx. 29,15 ss.; Lev. 8,18; 9,12), para la purificación de las mujeres (Lev. 12,6-8), en la purificación de los leprosos (Lev. 14,19-20), para purgar la impureza ceremonial (Lev. 15,15.30), y finalmente en relación con el voto del nazir (Núm. 6,11.16). En el holocausto voluntario, el número de víctimas quedaba a la liberalidad o a la riqueza del oferente (cf. 1 Rey. 3,4; 1 Crón. 29,21, etc., para los holocaustos voluntarios muy grandes), y las víctimas podían ser proporcionadas por los gentiles, un permiso que Augusto aprovechó para sí mismo, según Filo (Legatio ad Caium, XL).

PROPÓSITOS PRINCIPALES DE LOS HOLOCAUSTOS

Los siguientes son los propósitos principales del conjunto de holocaustos prescritos por la Ley Mosaica: (1) por la total rendición y destrucción de víctimas valiosas, puras, inocentes, y muy cercanamente relacionadas al hombre, los holocaustos les recordaban vivamente a los hebreos desde antaño el dominio supremo de Dios sobre sus criaturas, y les sugería sentimientos de pureza interior y completa entrega de sí mismos a la Divina Majestad, sin la cual incluso los sacrificios más excelentes no serían de ningún provecho ante el Todopoderoso observador de los secretos del corazón. (2) Al ofrecer holocaustos con la debida disposición los adoradores podían tener la seguridad de la aceptación con Dios, quien luego veía a las víctimas como medios de expiación de sus pecados (Lev. 1,4), como un sacrificio bueno y grato a su favor (Lev. 1,3.9), y como una limpieza de cualquier deshonra que les pudiera impedir aparecer dignamente ante Él (Lev. 14,20). (3) Los holocaustos de la Ley Antigua prefiguraron el gran y perfecto sacrificio que Jesús, el sumo sacerdote de la Nueva Ley y el verdadero Cordero de Dios, ofrecería en cumplimiento de todos los sacrificios cruentos de la primera alianza (Heb. 9,12, ss.; 10,1 ss. etc.).


Bibliografía: Autores católicos: Haneberg, Die religioesen Alterthuemer der Bibel, 2da ed. (Munich, 1869); Schoepfer, Geschichte des A. T. 2da. ed., (Brixen, 1895); Larange, Etudes sur les Religions Semitiques, 2da. ed. (París, 1905). Autores no católicos: Kurtz, Sacrificial Worship of the Old Testament, tr. (Edimburgo, 1863); Edersheim, The Temple and its Services (Londres, 1874); Riehm, Alttestamentliche Theologie (La Haya, 1889); Nowack, Hebraeische Archaeologie (Friburgo, 1894); Schultz, Old Testament Theology, tr. (Edimburgo, 1898); Kent, Israel's Laws and Legal Precedents (Nueva York, 1907); Benzinger, Hebraeische Archaeologie, 2da. ed. (Friburgo, 1907). Vea también la bibliografía del artículo sacrificio.

Fuente: Gigot, Francis. "Holocaust." The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. 29 Jan. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/07396b.htm>.

Traducido por José Luis Anastasio. rc