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Martes, 24 de octubre de 2017

Esaú

De Enciclopedia Católica

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( ‘sw, peludo)

El hijo mayor de Isaac y Rebeca, hermano gemelo de Jacob. La lucha de los dos hermanos, cuando aún estaban en el vientre de Rebeca, fue profética de la oposición vitalicia, que se profundizaba a veces en odio, que marcó las relaciones entre Esaú y Jacob (Génesis 25,22 ss.). Esaú, quien nació primero, de adulto se convirtió en un hábil cazador, y era muy amado por Isaac, quien comía de los productos de su cacería (Gén. 25,24-28). Esaú “venía agotado del campo”, y movido por la vista y sabor de las lentejas cocidas por su hermano, le dijo a Jacob: “Dame de ese guiso rojo”. Sin duda que ya Jacob estaba informado del contenido del oráculo revelado a Rebeca, y fue pronto en tomar ventaja de la codicia de su hambriento hermano. Consintiendo en la condición impuesta, Esaú no sólo cambió su derecho de primogenitura por el rojo potaje, sino que incluso confirmó la venta con un juramento, y dijo: “Estoy que me muero, ¿qué me importa la primogenitura?... Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y éste comió y bebió, se levantó y se fue; así desdeñó Saúl la primogenitura.” (Gén. 25-29-34).

Que esta transacción era ampliamente conocida se infiere justamente por el nombre mismo (Edom, rojo), el cual, aunque raramente se le dio a Esaú mismo, se aplica casi universalmente a sus descendientes. “Cuando Esaú tenía cuarenta años, tomó por mujeres a Judit, hija de Beerí el hitita, y a Basmat, hija de Elón el hitita” (Gén. 26,34). Esta selección de esposas cananeas que “fueron amargura para Isaac y Rebeca” (v. 26,35), parece que le causó especial sufrimiento a Rebeca, quien habló con su marido y le declaró: “Me da asco vivir al lado de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het como las que hay por aquí, ¿para qué seguir viviendo?” (v. 27,46). Viejo y con los ojos tan débiles que casi no podía ver, Isaac le ordenó a Esaú que tomara su aljaba y arco, para que después de haber preparado un sabroso plato con el fruto de su caza, pudiera recibir la bendición de despedida perteneciente al hijo mayor. Esaú, obedeció prontamente, “se fue al campo a cazar alguna pieza para el padre" (Gén. 27,1-5).

Mientras tanto, vestido con las mejores vestimentas de su hermano mayor, con las manos y el cuello cuidadosamente cubiertos con tiernas pieles de cabritos para que se parecieran a la piel velluda de Esaú, Jacob, siguiendo en cada detalle el consejo de Rebeca, se arrodilló delante de Isaac, le ofreció el plato sabroso, y le pidió y obtuvo la codiciada bendición. Luego fue grande la sorpresa y genuina la indignación del decepcionado Esaú cuando “rugió con un gran grito”, al oír al engañado Isaac declarar “tu hermano vino astutamente y se ha llevado tu bendición”. A pesar de compadecerse de su desconsolado hijo, Isaac, al darse cuenta más completamente del contenido del oráculo comunicado a Rebeca, se sintió compelido a añadir: “Le he bendecido y será bendecido”; “Le he nombrado señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos” (Gén. 27,6-37). La influencia refrenadora de la presencia de su padre está admirablemente retratada en las pocas palabras pronunciadas por Esaú: “Se acercan ya los días del luto por mi padre, entonces mataré a mi hermano Jacob.” (v. 27,41). Que esta exclamación revelaba un propósito firmemente arraigado está claramente demostrado por la evidente ansiedad de Rebeca, la apresurada huida de Jacob a Jarán y su larga estadía con su tío Labán (caps. 27,42 - 31,38). Incluso después de un auto impuesto exilio de veinte años, los cuidadosamente instruidos mensajeros enviados a Esaú en la tierra de Seír (v. 32,3) y la estratégica división de su casa y rebaños en dos compañías indican claramente el pertinaz sentimiento de desconfianza de Jacob (v. 32,4-8).

Tras darle una cordial bienvenida a su hermano que regresaba, Esaú se separó de Jacob, y "rehizo, pues, Esaú, ese mismo día, su camino a Seír” (Gén. 33,1-16), donde él y sus descendientes llegaron a ser muy ricos (Gén. 36,1-8). El mismo nombre edomita, dado a los descendientes de Esaú (Edom), ha servido para perpetuar el recuerdo de las circunstancias que concurrieron en el nacimiento de Esaú y en la venta de la primogenitura. De la preferencia notable de Jacob a Esaú (Gén. 25,22 ss.), San Pablo (Rom. 9,1-16) muestra que el misterio de la elección y la gracia de Dios no está ligado a ninguna nación en particular y no es influenciado por ninguna prerrogativa de nacimiento o mérito antecedente. Cuando Isaac murió, viejo y lleno de días, nos encontramos a Esaú con Jacob en Hebrón, para enterrar a su padre en la cueva de Macpelá. (Gén. 35,28-29).


Bibliografía: PALIS in VIG., Dict. de la Bible, s.v.; COWAN in HASTINGS, Dict. of the Bible, s.v.; DODS, Isaac, Jacob, and Joseph (London, 1880).

Fuente: Duffy, Daniel. "Esau." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <http://www.newadvent.org/cathen/05527c.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.