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Lunes, 23 de octubre de 2017

Intuición

De Enciclopedia Católica

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Intuición (latín, intueri, mirar dentro de) es un término psicológico y filosófico que designa el proceso de la aprehensión o percepción inmediata de un hecho real, ser o relación entre dos términos y sus resultados. De ahí que la palabra intuicionismo significa aquellos sistemas en filosofía que consideran la intuición como el proceso fundamental de nuestro conocimiento o por lo menos le dan a la intuición un sitio grande (la escuela escocesa); y las palabras “moralidad intuitiva” y “ética intuitiva” denotan esas teorías éticas que basan la moralidad en una aprehensión intuitiva de los principios y leyes morales, o consideran la intuición como capaz de distinguir las cualidades morales de nuestras acciones (Shaftesbury, Hutcheson, Reid, Dugald Stewart). Como un elemento del método educativo la intuición significa la comprensión de los conocimientos mediante modos de aprehensión concretos, experimentales o intelectuales. A la percepción inmediata de objetos sensibles o materiales por nuestros sentidos se le llama intuición sensible o empírica; a la aprehensión inmediata de objetos intelectuales o inmateriales por nuestra inteligencia se le llama intuición intelectual. Se debe señalar que Kant llama intuiciones empíricas a nuestro conocimiento de los objetos a través de la sensación, e intuición pura a nuestra percepción del espacio y tiempo como las formas a priori de la sensibilidad. Además, nuestras intuiciones pueden ser llamadas externas o internas, según que los objetos percibidos sean objetos externos u objetos o actos internos.

La importancia de la intuición como un proceso y un elemento de conocimiento se ve fácilmente si observamos que es la intuición la que nos proporciona los primeros datos experimentales, así como los conceptos primarios y los juicios o principios fundamentales que son los elementos primitivos y el fundamento de cada especulación científica y filosófica. Sin embargo, algunos filósofos modernos han exagerado falsamente esta importancia a tal punto que tienden a destruir la religión sobrenatural y la validez de la razón humana. Ha habido un intento de su parte de hacer de la intuición, bajo nombres diferentes, el elemento central y fundamental de nuestro poder de adquirir el conocimiento, y el único proceso u operación que nos puede poner en contacto con la realidad. Así tenemos la creación o la intuición del ego y no ego en la filosofía de Fichte; la intuición o visión intelectual de Dios reclamada por los ontologistas en la teología natural (vea ONTOLOGISMO); la intuición inconsciente o experiencia religiosa de W. James (Las variedades de la Experiencia Religiosa); la filosofía de la intuición pura de Bergson; la experiencia o estado consciente experiencial de lo Divino de los modernistas (Encíclica "Pascendi Dominici Gregis").

De acuerdo con los ontologistas, nuestro conocimiento de las nociones dotadas con el carácter de necesidad y universalidad, así como nuestra idea del Infinito, sólo son posibles a través de una intuición antecedente de Dios presente en nosotros. Otros filósofos parten del principio de que el razonamiento humano es incapaz de darnos el conocimiento de las cosas en sí mismas. Los datos del sentido común, nuestros conceptos intelectuales y las conclusiones alcanzadas por el proceso de razonamiento discursivo, dicen ellos, no representan primariamente la realidad; sino que al actuar bajo diversas influencias tales como las de nuestras necesidades habituales y prácticas, el sentido común y la razón discursiva resultan en una deformación de la realidad; el valor de su información y conclusiones es uno de utilidad práctica en lugar de uno de verdadera representación (Vea PRAGMATISMO ). La intuición por sí sola, sostienen, es capaz de ponernos en comunicación con la realidad y darnos un verdadero conocimiento de las cosas.

Algunos insisten que, especialmente respecto a las verdades de la religión, es sólo a través de la intuición y las experiencias internas que podemos adquirirlas. "[[Dios", dice el protestante A. Sabatier en su Esquisse d'une philosophie de la religion, "no es un fenómeno que puede ser observado fuera del ego, una verdad a ser demostrada por el razonamiento lógico. El que no lo sienta dentro de su corazón, nunca lo encontrará fuera… Nunca estamos conscientes de nuestra piedad sin al mismo tiempo sentir una emoción religiosa y percibir en esta misma emoción, más o menos obscuramente, el objeto y la causa de la religión, es decir, Dios.” Los argumentos usados por los escolásticos para probar la existencia de Dios, dicen los modernistas, han perdido ahora todo su valor; es por el sentimiento religioso, por una intuición del corazón que percibimos a Dios (Encycl. “Pascendi gregis” y “II programa dei modernisti”).

Estas teorías tienen su origen en el principio de subjetivismo y relativismo absolutos —el error más fundamental en la filosofía. A partir de la proposición de Kant de que no podemos conocer las cosas como son en sí mismas, sino sólo como se nos aparecen, es decir, bajo las condiciones subjetivas que nuestra naturaleza humana necesariamente les impone, llegan a la conclusión de que nuestro conocimiento racional es subjetivamente relativo, y que sus conceptos, principios y el proceso de razonamiento son, por tanto, esencialmente incapaces de alcanzar realidades externas y trascendentales. De ahí su recurso a la intuición y a la inmanencia (vea INMANENCIA). Sin embargo, es fácil demostrar que si la intuición es necesaria en todo acto de conocimiento, sigue siendo esencialmente insuficiente en nuestra vida presente para la reflexión científica y filosófica. En nuestro conocimiento de la naturaleza partimos de la observación; pero la observación permanece estéril si no se verifica por una serie de inducciones y deducciones. En nuestro conocimiento de Dios, ciertamente podemos empezar desde nuestra naturaleza y desde nuestra insuficiencia y aspiraciones, pero si queremos conocerle a Él tenemos que demostrar, mediante el razonamiento discursivo, su existencia como una CAUSA externa y transcendente y como un Fin Supremo. De hecho, en ética podemos tener una intuición de la noción de deber, de la necesidad de una sanción; pero estas nociones intuitivas no tienen valor moral si no están relacionadas con la existencia de un Gobernante y Juez Supremo, y esta conexión sólo puede ser conocida a través del razonamiento.

La verdadera naturaleza, lugar y valor de la intuición en el conocimiento humano están admirablemente establecidos en la teoría escolástica del conocimiento. Para los escolásticos el acto intuitivo del conocimiento intelectual es, por su naturaleza, el más perfecto acto de conocimiento, ya que es una aprehensión inmediata de y contacto con la realidad en su existencia concreta, y nuestra recompensa suprema en el orden sobrenatural consistirá en nuestra aprehensión intuitiva de Dios por nuestra inteligencia: la Visión Beatífica. Sin embargo, en nuestras presentes condiciones de vida terrenal, nuestro conocimiento debe por necesidad hacer uso de conceptos y razonamiento. Todo nuestro conocimiento tiene su punto de partida en los datos intuitivos de la experiencia sensorial, pero con el fin de penetrar en la naturaleza de estos datos, sus leyes y causas, debemos recurrir a la abstracción y al razonamiento discursivo. Es también a través de esos procesos y a través de ellos solamente que podemos llegar a la noción de seres inmateriales y de Dios mismo (Santo Tomás, "Contra Gentes", I, 12; "Summa Theologica" I:84-88, etc.). Nuestra mente tiene la intuición de los principios primarios (intellectus) pero, a fin de que su aplicación nos dé un conocimiento científico y filosófico de las cosas, está sujeta a las leyes de la abstracción y el razonamiento sucesivo (ratio, discursus, cf. I:58:3, II-II:49:5, ad 2um). Tal necesidad es, por así decirlo, un defecto normal de la inteligencia humana; es el límite natural que determina el lugar de la mente humana en la escala de los seres intelectuales.

Los conceptos y el razonamiento, por tanto, son en sí mismos inferiores a la intuición; pero son los procesos normales del ser conocimiento humano. No son, sin embargo, una deformación de la realidad, a pesar de que sólo dan una representación imperfecta e inadecuada de la realidad, —y mucho más según la excelencia de los objetos representados— son una verdadera representación de la misma.


Bibliografía: Sto. Tomás, QQ. Disp. De veritate; Maher, Psychology, ch. XIII y XV (Stonyhurst Series, 5ta ed., Londres, 1902) ; Rousselot, L’lntellectualisme de St. Thomas (Paris, 1908); Plat, Insuffisance des philosophies de l’Intuition (París, 1908; Farges, Thiorie fondamentale de I'acte el de Ia puissance (7ta ed., París, 1909 >-

Fuente: Sauvage, George. "Intuition." The Catholic Encyclopedia. Vol. 8, pp. 82-84. New York: Robert Appleton Company, 1910. 30 Sept. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/08082b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina