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Sábado, 20 de enero de 2018

Facultades del alma

De Enciclopedia Católica

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Significado

Cualquier que sea la doctrina que uno pueda sostener acerca de la naturaleza del alma humana y sus relaciones con el organismo, los cuatro puntos siguientes están más allá de la posibilidad de duda.

1. La conciencia es la escena de cambio incesante; sus procesos aparecen, ahora en una secuencia ahora en otra; y normalmente, la duración de cada uno es breve.

2. Todos no presentan las mismas características generales, ni afectan a la conciencia de la misma manera. Difieren debido tanto a sus caracteres según manifestados en la conciencia, como al órgano, externo o interno, del que depende su aparición. Sin embargo, los rasgos que tienen en común bajo este doble aspecto, junto con sus diferencias, hacen posible y necesario, agrupar los estados mentales en ciertas clases más o menos comprehensivas.

3. Hay más en la mente que lo que se manifiesta en la conciencia; hay imágenes latentes, ideas y sentimientos que surgen en determinadas condiciones y son reconocidos incluso después de un intervalo de tiempo considerable. Por causa de sus aptitudes innatas o adquiridas, las mentes difieren en la capacidad o el poder. Por lo tanto, incluso si fuera posible que dos mentes experimenten procesos perfectamente semejantes, sin embargo, diferirían grandemente porque una es capaz de experiencias que resultan imposibles para la otra.

4. A pesar de su variedad y su carácter intermitente, estos procesos pertenecen a uno y al mismo sujeto consciente; todos son referidos natural y espontáneamente al ego o yo.

Estos hechos son la base psicológica para admitir las facultades (de facere, hacer), capacidades (capax, de capere, mantener), o poderes (de posse, ser capaz; los escolásticos generalmente usan el correspondiente término latino potentiæ).

Sin embargo, cualquier intento por definir con mayor precisión el significado de las facultades, llevaría seguramente a una protesta vigorosa. De hecho, pocas cuestiones psicológicas de importancia similar han sido el objeto de tantas acaloradas discusiones, y puede agregarse, de tantos malos entendidos. Una opinión extrema considera las facultades como reales, aun cuando agentes secundarios, que ejercen una influencia activa entre sí, y como explicaciones científicas de hechos psicológicos. ¿Por qué el hombre ve y razona? Porque tiene facultades de visión y razonamiento. La voluntad actúa, es libre; hay interacción entre intelecto, voluntad, sentidos, sentimientos, etc. A veces, sin embargo, se usan tales expresiones con el entendimiento de que son metáforas, y con la advertencia explícita o implícita de que no deben ser tomadas literalmente.

Al otro extremo se encuentran los psicólogos –y son numerosos hoy en día--- que se niegan a concederle cualquier clase de realidad, en absoluto, a las facultades. Sólo los procesos son reales; las facultades son simplemente términos generales para rotular a ciertos grupos de procesos. Como todas las abstracciones, nunca deben ser vistos como poseedores de realidad fuera de la mente, que los usa como sustitutos lógicos para facilitar la clasificación de hechos mentales.

Que la teoría de la facultad no tiene ninguna conexión esencial con el dogma católico es suficientemente evidenciado por el hecho de que ha encontrado, y todavía encuentra, oponentes así como defensores entre los teólogos y filósofos católicos.

Por lo tanto, al juzgar la cuestión sobre sus propios méritos, puede decirse que la doctrina de Santo Tomás evita los dos extremos mencionados arriba, y al menos está libre de las absurdidades con que los psicólogos modernos atacan tan frecuentemente la teoría de la facultad. Sus expresiones, tomadas fuera de contexto, y trasladadas sin suficiente conocimiento de la terminología escolástica, podrían ocasionar fácilmente una interpretación errónea. Puesto que el conocimiento de la naturaleza del alma y sus facultades, según Santo Tomás, es en parte negativo y en su aspecto positivo es analógico, es necesario usar expresiones tomadas de cosas que son conocidas más directamente. Sin embargo damos algunos principios que siempre deben tenerse presentes; por ejemplo, "las facultades sólo actúan por la energía del alma"; no tienen energía propia, puesto que "no son los agentes". Considerando aplicaciones más especiales, "no es el intelecto el que entiende, sino el alma a través del intelecto" (Quæst. Disp., De Veritate, x, 9, ad 3). Además, la cuestión no es inquirir si la voluntad es libre, sino si el hombre es libre (Summa, I:83; I-II:13; De Veritate, XXIV; De Malo, VI). Esto muestra que cuando se admite una distinción real entre el alma y sus facultades, o entre las facultades mismas, el significado no es una distinción entre substancias o agentes. En la terminología escolástica, la distinción no siempre significa separación ni incluso la posibilidad de separación. La distinción entre una substancia y sus cualidades, atributos o formas, se llamó una distinción real.

Además, la cuestión no es inquirir si la voluntad es libre, sino, si el hombre es libre (Summa, I:83; I-II:13; De Veritate, XXIV; De Malo, VI). Esto muestra que cuando una distinción real se admite entre el alma y sus facultades, o entre las facultades en sí mismas, el significado no es una distinción entre substancias o agentes. En terminología Escolástica, la distinción no siempre significa separación, ni tampoco, la posibilidad de separación. La distinción entre una sustancia y sus cualidades, atributos o formas, se llamó distinción real. Si el alma puede originar o experimentar estados que, como todos admiten, pueden ser totalmente diferentes, es porque hay en la mente varios modos de energía o facultades. Puesto que las mentes difieren no sólo por el contenido real de la conciencia, sino también, y principalmente, por el poder que tienen de experimentar procesos diferentes, está claro que si esto constituye una diferencia real, debe ser en sí misma algo real. Tan inevitable es esta conclusión, que algunos de los opositores más firmes de las facultades son al mismo tiempo los defensores más fuertes de la teoría de las disposiciones psíquicas, que postulan para explicar los hechos de la memoria, hábito mental, y en general, la utilización consciente o inconsciente, de las experiencias pasadas. Y sin embargo, ¿qué es una disposición psíquica sino un poder o facultad adquirido? El "trasfondo de posibilidades" de Stuart Mill o la "posibilidad permanente" de Taine son ciertamente menos claras y más objetables que las facultades, pues la facultad no es una mera posibilidad, sino un poder real de un agente, una potentia (vea actus et potentia).

Las disposiciones psíquicas no son más que explicaciones de hechos que son facultades, si por explicación denotamos la asignación de un antecedente mejor conocido, o conocido independientemente de, los hechos a ser explicados. En ambos casos, el total conocimiento de la facultad, o la disposición, se deriva de los procesos mismos, pues ninguno puede caer bajo la observación directa. La posibilidad de una experiencia o acción, si conocida, siempre es conocida por inferencia directa o por analogía a partir de experiencias pasadas o acciones. Sin embargo, sin ser una explicación científica, y sin sustituirse a sí misma por explicaciones científicas, la facultad, como la disposición, la inferencia, la actividad subconsciente, etc., es un postulado legítimo.

Clasificación

Platón admite tres partes, formas o poderes del alma, quizás hasta tres almas distintas: el intelecto (noûs), los afectos más nobles (thumós) y los apetitos o pasiones (epithumetikón).

Para Aristóteles, el alma es una, pero dotada de cinco grupos de facultades (dunámeis): la "vegetativa" (threptikón), que se ocupa del mantenimiento y desarrollo de la vida orgánica; las del apetito (oretikón), o la tendencia a algún bien; la facultad de percepción sensorial (aisthetikón); la facultad de "locomoción" (kinetikón) que dirige los diversos movimientos corporales; y la razón (dianoetikón). Los escolásticos generalmente siguen la clasificación de Aristóteles. Para ellos el cuerpo y alma están unidos en una substancia completa. El alma es la forma substantialis, el principio vital, la fuente de todas las actividades. Por consiguiente, su ciencia del alma trata sobre las funciones que hoy día pertenecen a los ámbitos de la biología y la fisiología. Sin embargo, en tiempos más recientes, y especialmente bajo la influencia de Descartes, la mente ha sido separada, e incluso alejada, del organismo. La psicología trata solamente con el mundo interior, es decir, el de la conciencia y sus condiciones. La naturaleza de la mente y sus relaciones con el organismo son cuestiones que pertenecen a la filosofía o a la metafísica. Como consecuencia, la psicología moderna también falla en distinguir entre las facultades espirituales del alma, es decir, aquéllas que el alma misma ejercita sin la intrínseca cooperación del organismo, y las facultades del compositum, es decir, el alma y el organismo unidos en un completo principio de acción, o de un órgano animado especial. Esta distinción también fue un punto esencial en la sicología aristotélica y escolástica.

Finalmente, los escolásticos redujeron la vida afectiva a la facultad general de los apetitos, mientras que hoy día, especialmente desde Kant, se acepta más comúnmente una división tripartita, a saber: facultades cognoscitivas, afectivas y conativas. Algunos, sin embargo, todavía sostienen una división bipartita. Finalmente, otros rechazan ambas como insatisfactorias y siguen el orden de desarrollo, o basan su clasificación tanto en condiciones objetivas como en características subjetivas. Sin entrar en discusión, puede decirse que por muy útil y justificable que la clasificación tripartita puede demostrar ser en sicología, la reducción escolástica de sentimientos a "apetitos" parece ser más profunda y filosófica, pues los sentimientos y emociones, agradables o dolorosos, son el resultado de un acuerdo o conflicto entre ciertas experiencias y la tendencia de la mente.


Fuente: Dubray, Charles. "Faculties of the Soul." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <http://www.newadvent.org/cathen/05749a.htm>.

Traducido por José Luis Anastasio. rc