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Martes, 25 de julio de 2017

Simón el Mago

De Enciclopedia Católica

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De acuerdo al testimonio de San Justino (“Primera Apología”, XXVI), cuya declaración a este respecto es fidedigna, Simón vino de Gitta (en las homilías pseudo-clementinas, II, XXII), llamada (Getthon) en el país de los samaritanos. Al estallar la persecución (c. 37 d.C.) a la comunidad cristiana primitiva en Jerusalén, la cual comenzó con el martirio de San Esteban, cuando Felipe el Diácono iba de Jerusalén a Samaria, Simón vivía en esta última ciudad. Por sus artes mágicas, por las cuales era llamado “Mago”, y por sus enseñanzas en las cuales se anunciaba a sí mismo como el “gran poder de Dios”, se había hecho de un nombre y tenía algunos seguidores. Oyó los sermones de Felipe, quedó muy impresionado, y como muchos de sus paisanos fue bautizado y se unió a la comunidad de creyentes en Cristo. Pero, como fue palmario luego, su conversión no fue el resultado de una convicción interna de fe en Cristo como Redentor, sino más bien por motivos egoístas, pues esperaba ganar mayores poderes mágicos y así aumentar su influencia. Pues cuando los apóstoles San Pedro y San Juan vinieron a Samaria a conceder a los creyentes bautizados por Felipe el derramamiento del Espíritu Santo, que iba acompañado de manifestaciones milagrosas, Simón les ofreció dinero a cambio de lo que él consideraba poderes mágicos, para él poder, mediante la imposición de manos, conceder el Espíritu Santo y producir esos resultados milagrosos. Lleno de indignación ante tal oferta Pedro lo regañó ásperamente, y lo exhortó a la penitencia y a la conversión y le advirtió sobre la perversidad de su conducta. Bajo la influencia de la reprensión de Pedro, Simón le rogó a los apóstoles que oraran por él (Hch. 8,9-24). Sin embargo, según el informe unánime de las autoridades del siglo II, él persistió en sus falsas opiniones. Los escritores eclesiásticos de la Iglesia primitiva lo representan universalmente como el primer hereje, el “Padre de las Herejías”.

En el Nuevo Testamento no se vuelve a mencionar a Simón. El relato en los Hechos de los Apóstoles es la única información que tenemos sobre él. Las declaraciones de los escritores del siglo II respecto a él son bastante legendarias, y es difícil o casi imposible extraer de ellas algunos datos históricos cuyos detalles se puedan establecer con certeza. San Justino de Roma (“Primera Apología”, XXVI, LVI; “Diálogo con Trifón” CXX) describe a Simón como un hombre que, a instigación del diablo, reclamó ser un dios. Justino dice luego que Simón vino a Roma durante el reinado del emperador Claudio y con sus artes mágicas ganó muchos partidarios, de modo que ellos le erigieron en la isla en el Tiber una estatua dedicada a él como una divinidad con la inscripción “Simón el Sagrado Dios”. Sin embargo, la estatua que Justino tomó como una dedicada a Simón fue sin duda una de las antiguas divinidades sabinas Semo Sanco. En la isla en el Tiber y en otros lugares en Roma se han hallado estatuas de este dios antiguo con inscripciones similares. Es claro que el intercambio de la e por i en los caracteres romanos llevó a Justino o a los cristianos romanos antes que él, a considerar la estatua de la antigua deidad sabina, de la cual no conocían nada, como una estatua del mago. No se puede determinar positivamente si la opinión de Justino de que Simón el mago vino a Roma se basa sólo en el hecho de que él creía que los seguidores romanos le habían erigido una estatua, o si él tenía otra información sobre este punto. Por lo tanto, su testimonio no puede ser verificado y así permanece dudoso. Los anti-heréticos posteriores que informan de la residencia de Simón en Roma, toman como su autoridad a San Justino y a las Actas Apócrifas de Pedro, así que su testimonio es fútil. Según Justino y otras autoridades declaran, Simón trajo con él una amante de Tiro llamada Helena. Él alegaba que ella era la primera concepción (ennoia) que él, como el “gran poder de Dios”, había liberado del yugo.

Simón desempeña un rol muy importante en los “Pseudo-Clementinos”. Él aparece aquí como el principal antagonista del apóstol Pedro, quien le sigue a dondequiera y se le opone. Las alegadas artes mágicas del mago y los esfuerzos de Pedro contra él se describen de un modo absolutamente imaginario. El relato completo carece de toda base histórica. En la “Philosophumena de San Hipólito de Roma (VI, VII-XX), se trata en detalle la doctrina de Simón y sus seguidores. La obra también narra circunstancialmente cómo Simón trabajó en Roma y se ganó a muchos con sus artes mágicas, y cómo atacaba a los apóstoles Pedro y Pablo que se le oponían. De acuerdo a este relato la reputación del mago se vio sumamente manchada por los esfuerzos de los dos apóstoles y el número de sus afiliados disminuyó constantemente. En consecuencia, dejó Roma y regresó a su hogar en Gitta. Para dar a sus discípulos allí una prueba de su alta naturaleza y misión divina y recuperar su autoridad, se mandó a cavar una tumba y permitió que lo enterraran vivo, después de profetizar que después de tres días se levantaría vivo de ella. Pero la prometida resurrección no se produjo y Simón murió en la tumba.

Los Apócrifos Hechos de San Pedro dan una versión completamente diferente de la conducta y muerte de Simón en Roma (Justo Lipsio, "Die apokryphen Apostelgeschichten und Apostellegenden", II, Pt. I (Brunswick, 1887). En esta obra también se pone gran énfasis en la lucha entre Simón y los dos apóstoles Pedro y Pablo en Roma. Con sus artes mágicas Simón había tratado de ganarse para su causa al emperador Nerón, cuyo esfuerzo había sido frustrado por los apóstoles. Como prueba de la verdad de sus doctrinas Simón ofreció ascender a los cielos ante los ojos de Nerón y el populacho romano; se elevó en el aire con su magia, pero las oraciones de Pedro y Pablo lo hicieron caer, de modo que se lastimó malamente y poco después murió miserablemente. Arnobio informa este alegado intento de volar y la muerte de Simón con otros detalles ("Adv. nationes" II, XII; cf. "Constit. Apost.", VI, IX). Esta leyenda llevó luego a la erección de una iglesia dedicada a los apóstoles en el alegado lugar de la caída de Simón cerca de la Vía Sacra sobre el Foro. Las piedras del pavimento sobre las que se arrodillaron a orar los apóstoles, de las que se dice tienen la impresión de sus rodillas, están ahora en la pared de la iglesia de Santa Francisca Romana.

Todas estas narraciones pertenecen naturalmente al mundo de la leyenda. Sin embargo, de ellas se evidencia que, según la tradición del siglo II, Simón el Mago apareció como adversario de la doctrina cristiana y de los apóstoles, y como un hereje o más bien como un falso mesías de la era apostólica. Esta opinión descansa en el único relato histórico autoritativo sobre él, que nos da los Hechos de los Apóstoles. No se puede determinar cuán lejos pueden ser rastreados a la tradición histórica uno u otro detalle de su vida posterior, según dados esencialmente en forma legendaria en las autoridades del siglo II y la siguiente época. Baur ("Die christl. Gnosis", 310) y algunos de sus adherentes han negado la existencia histórica de Simón y su secta. Todos los historiadores serios han descartado esta opinión, que se opone al relato de los Hechos de los Apóstoles. Más adelante la Escuela Tübingen de Baur y sus seguidores constituyeron a este “legendario” Simón el vínculo para la evidencia histórica de las alegadas facciones “petrinas” y “paulinas” en la Iglesia primitiva, que habían peleado entre sí y de cuya unión surgió la Iglesia Católica. Por la misma razón esta escuela, especialmente Lipsio, le atribuye a la leyenda los trabajos de San Pedro en Roma, que reclaman fueron conocidos primero a través de estas obras apócrifas. Sin embargo, todas estas teorías son infundadas y han sido abandonadas por los eruditos históricos serios, incluso entre los no católicos (cf. Schmidt, “Petrus in Rome”, Lucerne, 1892).

Los escritos anti-heréticos de la Iglesia primitiva le han atribuido un sistema de doctrinas desarrollado a Simón y sus seguidores, especialmente en San Ireneo (Contra Herejías I.23, IV y VI.33), en la "Philosophumena" (VI, VII ss.), y en San Epifanio ("Haer.", XXII). La obra "La Gran Declaración" (Apophasis megale) fue también adscrita a Simón, y los "Pseudo-Clementinos" también presentan su enseñanza en detalle. Hoy día no se puede determinar cuánto de este sistema perteneció realmente a Simón. Todavía su doctrina parece haber sido un gnosticismo pagano, en el cual él se proclamaba como el Estable (estos), la principal emanación de la deidad y el redentor. Según Ireneo él alegaba que había aparecido en Samaria como el Padre, en Judea como el Hijo y entre los paganos como el Espíritu Santo, una manifestación del Eterno. Afirmaba que Helena, quien andaba con él, era la primera concepción de la deidad, la madre de todos, con la cual la deidad había creado a los ángeles y a los eones. Las fuerzas cósmicas la habían aprisionado con ataduras corporales, de las que la liberó Simón como el gran poder. En cuanto a moral Simón era probablemente antinomiano, enemigo de la ley del Antiguo Testamento. Sus discípulos continuaron con sus artes mágicas, y llevaban vidas desenfrenadas y licenciosas, según los principios que habían aprendido de su maestro. De cualquier modo, se llamaban a sí mismos simonianos, pues consideraban a Simón el Mago como su fundador.


Bibliografía: EUSEBIO, Hist. Ing., II, 13; HILGENFELD, Ketzergeschichte des Urchristentums (Leipzig, 1884); HAGEMANN, Die romische Kirche (Friburgo, 1864), 655 sqq.; LANGEN, Die Clemensromane; ihre Entstehung u. ihre Tendenzen (Gotha, 1890); WAITZ, Die Pseudo-Klementinen (Leipzig, 1904); LUGANO, Le memorie leggendarie di Simone Mago e della sua volata in "Nuovo Bull. di arch. crist." (1900), 29-66; SAVIO, S. Giustino martire e l'apoteosi del Simone Mago in Roma in Civilta cattolica (1910), IV, 532 sq., 673 sq. PRAFCKE, Leben u. Lehre Simons des Magiers nach den pseudo-klementinischen Homilien (Ratzeburg, 1895); REDLICH Die simonianische Schrift Apophasis megale in Arch. f. Gesch.der Philosophie (1910), 374 sq.; WEBER, Hist. de la Simonía en la Iglesia Cristiana (Baltimore, 1909); SALMON en Dicc. Biog. Crist., s.v. Simón (1) Mago.

Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Simon Magus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/13797b.htm>.

Traducido por L H M.