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Lunes, 22 de enero de 2018

Samaria

De Enciclopedia Católica

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Sede titular, sufragánea de Cesarea de Palestina Prima. En el sexto año de su reinado (c. 900 a.C.), Omrí, rey de Israel, puso los cimientos de la ciudad a la cual le dio el nombre de Samaria, “como el nombre de Sémer, dueño del monte” (1 Reyes 16,24). Esta montaña aislada estaba a 1,454 pies sobre el nivel del mar, y a más de 328 pies sobre las montañas circundantes. El hijo de Omrí, Ajab, se casó con Jezabel, una princesa sidonia, introdujo el culto a Baal (1 Rey. 16,32). Poco después, el profeta Elías anunció la hambruna que por tres años y más devastó la ciudad y los alrededores del país (1 Rey. 17,18). Samaria sufrió su primer sitio de parte de Ben Hadad, rey de Damasco (1 Rey. 20,1-21); luego del desastre que este rey sufrió en Afeq, concluyó un tratado con Ajab (1 Rey. 20,34-43). El cuerpo de Ajab fue llevado desde Ramot de Galaad, y los perros lamieron su sangre en las albercas, según la predicción del profeta (1 Rey. 22,1-39).

Elías profetizó que el rey Ocozías, quien se cayó de la ventana de su palacio, moriría por esta caída, cuya profecía se cumplió pronto (2 Rey. 1). Su hermano y sucesor, Joram, derribó la estatua de Baal, erigida por Ajab (2 Rey. 3,2). La historia de Samaria se relaciona con varios episodios en la vida del profeta Elías, notablemente debido al sitio de la ciudad por Ben Hadad (2 Rey. 2,25; 6,8 ss.). Jehú, fundador de una nueva dinastía, exterminó los últimos descendientes de Ajab, y destruyó el templo de Baal en Samaria; luego fue enterrado en la ciudad igual que sus predecesores (2 Rey. 10). Sin embargo el culto de Astarté todavía continuó en la ciudad (2 Rey. 13,6). Joás, quien había saqueado el Templo de Jerusalén y había transportado sus tesoros a Samaria, fue enterrado en la [[tumba] de los reyes de Israel (2 Rey. 14,14-16; 2 Crón. 25,24) como lo fue también su hijo Jeroboam II (2 Rey. 14,16.24.29).

Luego siguió una serie de regicidas y cambio de familias gobernantes. Zacarías reinó seis meses y fue asesinado (2 Rey. 15,10) por Sal-lum, quien reinó un mes, y fue a su vez asesinado por Menajem, quien gobernó diez años (2 Rey. 15,14-17). Su hijo, Pecajías, después de reinar dos años, fue asesinado por el jefe de su ejército, Pecaj (2 Rey. 15,25), quien encontró ese mismo destino al final de veinte años (2 Rey. 15,30). Oseas, hijo de Elá, parece haber sido coronado o puesto en el trono por Teglatfalasar II, rey de Asiria. Finalmente Salmansar IV y su general, Sargón, tomaron posesión de Samaria (721 a.C.) luego de un sitio que duró menos de tres años (2 Rey. 17,4-6; 18,9 ss.). Los habitantes que sobrevivieron al sitio fueron transportados a Asiria en cantidad de 27,290, según una inscripción. Así se realizaron las amenazas de los profetas contra la altiva Samaria (Isaías 9,9-11; 28,1-8; Ezequiel 23,4-9; Oseas 7, 8, 10 y 14; Amós 3,9-15; 4,1 ss.; 6,1; 7,2-17; 8,14; Miqueas 1,5-7; 2; 3; 6; etc.).

Así terminó el primer período histórico, y no el menos glorioso, puesto que fue por casi doscientos años la capital del reino de Israel. Allí sólo quedó el templo de Baal, que precedió al templo de Augusto, erigido por el rey Herodes, reparado por la misión americana de la Universidad de Harvard, también el palacio de Omrí, descubierto por esa misma misión. En el lugar de los israelitas transportados a Asiria, fueron enviadas colonias formadas por varias naciones, caldeos, cuteanos, sirios, árabes y otros (2 Rey. 17,24); éstos se mezclaron con la població nativa y formaron una amalgama de religión y superstición; así los israelitas con su propio culto nacional dieron nacimiento al pueblo y la religión de los samaritanos. Estos últimos se volvieron enemigos acérrimos de los judíos, pero Siquem o Neápolis, y no Samaria, se convirtió en su principal centro religioso y político. Desde 721-355 a.C., Samaria fue una ciudad babilónica y no persa; finalmente cayó bajo el poder de Alejandro, quien para vengar la muerte de su gobernador, exterminó parcialmente a los habitantes, y los sustituyó con una colonia greco-siria (Quinto Curcio, IV, 321). Habiéndose convertido en greco-samaritana, la ciudad continuó sus hostilidades contra los judíos, y tras un ataque a Marisa, fue tomada después de un sitio inolvidable y destruida completamente por Juan Hircano cerca del año 110 a.C. Fue reconstruida por el procónsul de Siria, Gabino, entre el 57 y 55 a.C. (Josefo, “Bell. Jud.”, I, VII, 7; I, VIII, 4; “Ant.” XIII, X, 2, 3; XIV, V, 3); la ciudad fue entonces devuelta a los samaritanos.

Herodes el Grande eventualmente la recibió de manos de Octavio (31 a.C.) luego de la muerte de Cleopatra, la anterior gobernante. La arregló y embelleció, en el centro construyó un magnífico templo a Augusto (del cual todavía se puede ver la gigantesca escalera), y la llamó Sebaste ( cerca de 25 a.C.) en honor al soberano (Josefo, "Bell. Jud.", I, XX, 3; I, XXI, 2; "Ant.", XV, VII, 3; XV, VIII, 5). Herodes hizo de ella una de sus residencias favoritas, aunque fue la Cesarea marítima la que obtuvo su preponderancia política. Luego de Herodes vino su hijo Arquelao, quien gobernó la ciudad ("Ant.", XVII, XI, 4; "Bell. Jud.", II, VI, 3); a la muerte de éste la provincia fue anexada a Siria como un regalo a Herodes Agripa I, 41 d.C. ("Ant.", XIX, V, 1; XIX, IX, 1-2). Siempre hostiles a los judíos, éstos quemaron la ciudad en 65 d.C. (“Bell. Jud.”, II, XVIII, 1); según Ulpiano, “Digest”, L, tit. 15, y la acuñación de la ciudad, Septimio Severo estableció allí una colonia alrededor de 200 d.C. (Eckhel, “Doctrina numm.”, III, 44). Muy probablemente se estableció entonces allí una guarnición romana.

Es posible que haya habido alguna cuestión de Samaria en Hch. 8,5, sobre el tema de la predicación del diácono Felipe; en este caso el cristianismo se remonta a sus mismos orígenes. Según Le Quien (Oriens christ., III, 649-54), Marino, obispo de Sebaste, representó a la diócesis en el Primer Concilio de Nicea (325); Eusebio en Seléucida (359); Prisciano en Constantinopla (381); Eleuterio en Lydda (415); Constantino en el Concilio Ladrón de Éfeso (449); Marciano, a fines del siglo V; Pelagio (535). Durante la ocupación francesa Samaria fue un obispado latino, y se mencionan varios obispos titulares (Eubel, "Hierarchia Catholica medii ævi", I, 445; II, 309). Los griegos también la hicieron una sede titular. Debe recordarse que Sebaste y no Samaria fue siempre el nombre correcto de esta diócesis. Desde el siglo IV nos hallamos con el culto a San Pablo y San Jerónimo en Samaria; poseía también las tumbas de Eliseo y Abdías, y la de San Juan el Bautista, cuya magnífica iglesia, reconstruida por los cruzados, es hoy día una mezquita (vea texto en Thomson, "Sacred Places", I, 102). Desde 985, El-Muqadassi no menciona a Samaria, ahora nada más que un humilde barrio de Nablusi; en 1283, sólo encontramos una casa deshabitada con excepción de un pequeño monasterio griego (Burchard, "Descriptio Terræ Sanctæ", Leipzig, 1873, 53). Hoy día la villa de Sebastyeh, en medio de huertos y jardínes, consta de trescientos habitantes, todos musulmanes.


Bibliografía: SMITH, Dict. of Greek and Roman Geog., s.v.; ROBINSON, Biblical Researches in Palestine, III (Boston, 1841), 138-49; The Survey of Western Palestine, Memoirs, II (Londres, 1882), 160-1, 211-4; LYNN AND REISNER, The Harvard Expedition to Samaria in The Harvard Theological Review, II (enero de 1909), III (abril de 1910); GUÉRIN, Description de la Palestine, Samarie (II (París, 1874-5), 188-209; HEIDET in VIG. Dict. de la Bible, s.v. Samarie; Revue biblique (1909), 435-45 (1911), 125-31.

Fuente: Vailhé, Siméon. "Samaria." The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. Nueva York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/13416a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.