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Jueves, 19 de octubre de 2017

Manteles de altar

De Enciclopedia Católica

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El uso de manteles se remonta a los primeros siglos de la Iglesia. San Optato de Milevis dice que en el siglo IV todo cristiano sabía que durante la celebración de los misterios el altar se cubre con un mantel (Lb. VI). Más tarde se convirtió en ley, que, de acuerdo con Gavanto, fue promulgada por Bonifacio III en el siglo VII.

La costumbre de usar tres manteles comenzó probablemente en el siglo IX, pero en la actualidad (1912) es de estricta obligación para la lícita celebración de la Misa (Rubr. Gen. Miss., tit. XX: De Defectibus, tit. X, 1). La razón de esta norma de la Iglesia es que si la Preciosa Sangre se derramase por accidente podría ser absorbida por los manteles antes de llegar a la piedra de altar. Todos los autores sostienen que es una ofensa grave el celebrar sin un mantel, excepto en caso de grave necesidad, por ejemplo, de ofrecer a los fieles la oportunidad de asistir a la Misa dominical, o de darle el viático a un moribundo. El celebrar sin necesidad sobre dos manteles, o en uno doblado de tal manera que cubra el altar dos veces, probablemente constituiría un pecado venial (San Ligorio, Lb. VI, n. 375) ya que la rúbrica es prescriptiva.

Anteriormente los manteles estaban hechos de tela de oro y plata, con incrustaciones de piedras preciosas, seda y otros materiales, pero en la actualidad deben ser de lino o cáñamo. No se puede usar ningún otro material, aunque sea equivalente o mejor que el lino o el cáñamo para efectos de limpieza, blancura o firmeza (Sag. Cong. Rit., 15 may. 1819). Los dos manteles inferiores deben cubrir toda la superficie de la mesa (mensa) del altar, en longitud y anchura (Caerem. Episc., I, XII, 11), ya sea un altar portátil o uno fijo consagrado (Ephem. Lit., 1893, VII, 234). No es necesario que haya dos piezas distintas. Servirá una pieza doblada de tal modo que cubra el altar dos veces desde el lado de la epístola hasta el del evangelio (Rubr. Miss., tit. XX). El mantel superior debe ser único y extenderse regularmente hasta la predela en ambos lados (ibid.). Si la mesa del altar se apoya en columnas, o si el altar está hecho a la manera de una tumba o sepulcro, y no está adornado con un antipendio, el mantel superior sólo necesita cubrir la mesa, sin extenderse sobre el borde a los lados ( Ephem. Lit., 1893, VII, 234).

Los bordes del frente y de los dos extremos pueden ser adornados con un borde de encaje de lino o de cáñamo en los que pueden aparecen figuras de la cruz, ostensorio, cáliz, hostia, y pueden aparecer otros similares (Sag. Cong. Rit., 5 dic. 1868 ), y se puede colocar un trozo de material de color debajo del borde para exponer estas figuras. Esto se deduce de un decreto (Sag. Cong. Rit., 12 jul. 1892) que permite que ese tipo de material se coloque bajo el encaje del puño del alba. Este borde no debe descansar sobre la mesa del altar. A veces, en lugar de unir este borde al mantel superior, se fija una pieza de encaje al borde delantero del altar. Aunque esto no está prescrito, sin embargo, no es contrario a las rúbricas.

Se debe tener gran cuidado de que estos manteles estén escrupulosamente limpios. Debe haber a la mano por lo menos un duplicado de los dos manteles inferiores. El mantel superior se debe cambiar con mayor frecuencia según la solemnidad de la fiesta, y por lo tanto, varias cubiertas, más o menos de textura fina, se deben mantener listas constantemente para este fin. Cuando se colocan velas sobre el altar durante la exposición del Santísimo Sacramento, se debe colocar otro paño blanco limpio sobre las manteles para evitar que se manchen o ensucien (De Herdt, I, n. 179). Podemos observar aquí que el corporal y la tela encerada no pueden tomar el lugar de los manteles.

Los tres manteles deben ser bendecido por el obispo, o alguien que tenga la facultad, antes de que puedan ser utilizados para la celebración de la Misa. En los Estados Unidos es concedida por el ordinario a los sacerdotes en general (Facultates, Form. I, n. 13). La fórmula de esta bendición se encuentra en el "[[ritual|Ritual Romano", tit. VIII, cap. XXI, y en el "Misal Romano" entre las "Benedictiones Diversae”. Simbólicamente los manteles significan los miembros de Cristo, es decir, los fieles de Dios, por los cuales el Señor se encierra (Pont. Rom., De ordinat subdiaconi…); o los lienzos en que fue envuelto el cuerpo de Cristo cuando fue puesto en el sepulcro; o la pureza y la devoción de los fieles: "el lino son las buenas acciones de los santos" (Apoc. 19,8).

Además de los tres manteles hay otro mantel de lino, encerado por un lado, que se llama el chrismale (tela encerada), y con el que debe estar completamente cubierta la mesa del altar consagrado (incluso si parte de ella está hecha de ladrillos u otro material, y no forma parte del altar consagrado) (Caerem. Episc., De altaris consecratione). Debe ser del tamaño exacto de la mesa del altar, y se coloca debajo de los manteles de lino con el lado encerado vuelto hacia la mesa. Su propósito es no sólo evitar que los manteles se manchen con el aceite usado en la consagración, sino también mantener los manteles secos. Por lo tanto, es aconsejable disponer de tal tela encerada en todos los altares de las iglesias que pueden ser accesibles a la humedad. De acuerdo con las [[[rúbricas]], esta tela se retira una vez al año, es decir, durante la denudación de los altares el Jueves Santo, pero se puede cambiar cada vez que se limpie el altar. La tela encerada no se bendice. No puede tomar el lugar de uno de los tres manteles de lino ordenados por las rúbricas.

Para obtener telas enceradas, se derriten los restos de las velas de cera en un recipiente pequeño. Cuando la cera está en una condición de ebullición, se quitan las impurezas que quedan de los pabilos quemados. Se sumerge en esta cera el lino destinado para la tela encerada, y cuando está bien saturado se cuelga en un tendedero, permitiendo que se escurra el exceso de cera. Cuando la tela de cera se ha endurecido, se coloca entre dos hojas de lino sin cera de dimensiones similares. Se plancha detenidamente con una plancha bien caliente, lo cual produce tres manteles encerados. La tabla en la que se planchan las telas debe estar cubierta con un paño viejo o papel grueso para recibir la cera superflua derretida por la plancha. Se debe recordar que, cuando se sumerge en cera, el lino sin lavar se encoge considerablemente, por lo tanto, antes de encerar las telas deben ser mayores que la parte superior del altar al cual están destinadas.


Fuente: Schulte, Augustin Joseph. "Altar Cloths." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 27 Feb. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/01351e.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.