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Martes, 17 de octubre de 2017

Frontal de altar

De Enciclopedia Católica

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El frontal (antipendium, pallium altaris) es un accesorio que cubre todo el frente del altar, desde la parte inferior de la mesa (mensa) hasta la predella, y desde la esquina del evangelio a la del lado de la epístola. Su origen probablemente se puede remontar a las cortinas o velos de seda, o de otro material precioso, que colgaban sobre el espacio abierto debajo del altar, para preservar las urnas de los santos por lo general depositadas allí. Más tarde, estas cortinas se convirtieron en un pedazo de colgadura que cubría todo el frente del altar y era suspendido de la mesa del altar (Pugin, Glosario). Se prohíbe el uso de un frontal que cubra sólo una pequeña porción del frente del altar (Sag. Cong. Rit., 10 sept. 1898). Si el altar está colocado de manera que el pueblo puede ver su parte trasera, esa parte también se debe cubrir con un antipendio (Caeremoniale Episcoporum, I, III, 11).

Su material no está prescrito por las rúbricas. A veces se hace de metales preciosos, adornados con esmaltes y joyas, de madera, pintado, dorado, estampado en relieve, y, a menudo con cristales o de tela de oro, de terciopelo o de seda bordada, y en ocasiones enriquecido con perlas (Pugin, Glosario ), pero generalmente es del mismo material que el de las vestimentas sagradas. Evidentemente, pretende ser un adorno del altar (Rubr. Gn. Miss., tit.). Por tanto, si el altar es de madera o mármol, y su frente está bellamente pintado o decorado, o si la mesa es sostenida por columnas, y tiene un relicario colocado debajo de ella, se puede considerar lo suficientemente adornado, y el antipendio no sería necesario; sin embargo, incluso en tales casos, en ocasiones solemnes se deben utilizar los más preciosos y elaborados (Caerem. Episc, I, XII, 11.).

El antipendio puede ser adornado con imágenes, imágenes de Cristo, representaciones de algún hecho de su vida, o los que se refieren al misterio de la Eucaristía, o con los emblemas que se refieren de alguna manera con el Santísimo Sacramento ---un cordero, un pelícano, el cáliz y la hostia, etc. También se pueden usar fotos del santo en cuyo honor se dedica el altar a Dios, y los emblemas que se refieren a tal santo. Queda prohibida la ornamentación del antipendio negro con calaveras, huesos cruzados, etc. (Caer. Episc., II, XI, 1). El antipendio se puede sujetar a pequeños ganchos o botones, que están unidos a la parte inferior de la mesa del altar, o puede ser fijado a uno de los manteles inferiores, o fijado a un marco de madera ligero que se ajusta firmemente en el espacio entre la mesa y la predela. Un plinto de cerca de tres pulgadas de ancho (zócalo), hecho de madera convenientemente pintado, o de metal pulido, se puede colocar en su extremo inferior, descansando sobre la predela, con el fin de impedir que sea dañado fácilmente por aquellos que se mueven alrededor del altar.

Regularmente, el color del antipendio debe corresponder con el color de la fiesta u oficio del día (Caerem. Episc., I, XII, 11). El misal (Rubr. Gen., XX) dice que este debería ser el caso quoad fieri potest, con lo cual el Misal no implica que se pueda usar un color ad libitum por otro, sino que en ocasiones solemnes se puede usar el antipendio más precioso de oro, plata, seda bordada, etc., en colores no estrictamente litúrgicos, aunque no correspondan con el color de la fiesta o el oficio del día (Van der Stappen, vol. III, q. 43, II). Las siguientes son excepciones a la regla general:

(1) Cuando el Santísimo Sacramento está expuesto públicamente el antipendio debe ser de color blanco, sea cual sea el color de las vestimentas. Sin embargo, si la exposición tiene lugar inmediatamente después de la Misa, o de las vísperas, se puede mantener el antipendio del color de la Misa, o de las vísperas, si el celebrante no deja el santuario entre la Misa, o vísperas, y la exposición; pero si en estas ocasiones, él se viste para la exposición fuera del santuario, si el antipendio no es blanco se debe cambiar por uno blanco.

(2) En Misas solemnes o votivas el color del antipendio debe ser el mismo que las vestimentas. En Misas votivas privadas (misase lectae) su color corresponde al del oficio del día. En Misas votivas privadas celebradas solemnemente, es decir, con diácono y subdiácono, o en las cantadas (missoe cantatae), es apropiado que su color corresponda con el de las vestimentas.

(3) Durante una Misa de Réquiem solemne en un altar en el tabernáculo en el que se conserva el Santísimo Sacramento, no se puede usar el antipendio negro (Sag. Cong. Rit., 20 mar. 1869), sino que se debe sustituir por uno de color violeta. El Efemérides Lit., (XI, 663, 1897), afirma que este decreto fue revocado por un decreto posterior de la misma Congregación el 1 de diciembre de 1882. Parece extraño que el decreto anterior se mantenga en la última edición de los Decretos de la Sagrada Congregación de Ritos. El último decreto es una respuesta a la pregunta: Bajo estas circunstancias ¿pueden ser de color negro el antipendio y el conopoeum (cubierta del tabernáculo)? La respuesta parece pasar por alto el antipendio, y simplemente dice: "Por lo menos el dosel sobre el tabernáculo debe ser de un color violeta".

El antipendio no necesita ser bendecido.


Fuente: Schulte, Augustin Joseph. "Altar Frontal." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 26 Feb. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/01353b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina