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Miércoles, 18 de octubre de 2017

La Anunciación

De Enciclopedia Católica

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El hecho de la Anunciación de la Bendita Virgen María es narrado en Lc. 1,26-38. El evangelista nos dice que en el sexto mes después de la concepción de San Juan el Bautista por Isabel, Dios envió al arcángel Gabriel a la Virgen María, en Nazaret, un pequeño pueblo en las montañas de Galilea. María era de la casa de David, y estaba desposada (es decir, casada) con José, de la misma familia real. Sin embargo, ella no había comenzado a convivir con su esposo, sino que estaba todavía en la casa de su madre, trabajando, quizás, en su dote. (Bardenhewer, Maria Verk, 69). Y el ángel, habiendo tomado la figura y la forma de hombre, entró en la casa y le dijo: “Alégrate, llena de gracia (a quien se da la gracia, muy favorecida), el Señor es contigo". María, después de haber oído las palabras de saludo no habló; ella se turbó en su espíritu, ya que no conocía el ángel, ni la causa de su venida, ni el significado del saludo. Y el ángel continuó y dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. La Virgen entendió que se trataba del Redentor venidero. Pero, ¿por qué habría de ser elegida de entre las mujeres para la espléndida dignidad de ser la madre del Mesías, después de haber hecho votos de virginidad a Dios? (San Agustín). Por lo tanto, sin dudar de la palabra de Dios, como Zacarías, sino llena de temor y asombro, dijo: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?"

Para eliminar la ansiedad de María y para asegurarle que su virginidad se salvaría, el ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”. Como señal de la verdad de su palabra le dio a conocer la concepción de Juan el Bautista, el embarazo milagroso de su parienta ya vieja y estéril: "Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes para aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.” María no había comprendido aún el significado del mensaje celestial, y cómo la maternidad se podía reconciliar con su voto de virginidad, pero se aferró a las primeras palabras del ángel y confiando en la omnipotencia de Dios, dijo: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra ".

Desde 1889, Holzmann y muchos autores protestantes han tratado de mostrar que son interpolados los versículos 34-35 del capítulo 1 de San Lucas que contienen el mensaje de la concepción a través del Espíritu Santo. Usener deriva el origen del "mito" del culto pagano a los héroes, pero Harnack intenta demostrar que es de origen judaico (Isaías 7,14: He aquí que la virgen concebirá, etc.) Bardenhewer, sin embargo, ha establecido plenamente la autenticidad del texto (p. 13). San Lucas pudo haber tomado su conocimiento del evento de un relato más antiguo, escrito en arameo o hebreo. Las palabras “Bendita tú entre las mujeres” (v. 28) son espurias y tomadas del versículo 42, el relato de la Visitación. El cardenal Cajetan quería entender las palabras: "porque no conozco varón", no del futuro, sino sólo del pasado: hasta esta hora no conozco varón. Este error manifiesto, que contradice las palabras del texto, ha sido universalmente rechazado por todos los autores católicos. La opinión de que en el momento de la Anunciación José era un anciano viudo y María de doce o quince años de edad se basa sólo en documentos apócrifos. La tradición local de Nazaret pretende que el ángel saludó a María y se reunió con ella en la fuente, y cuando huyó de él por miedo, él la siguió a la casa y allí continuó su mensaje. (Buhl, Geogr. V. Palaest., 1896.) El año y el día de la Anunciación no pueden ser determinados, ya que el nuevo material no arroja más luz sobre el tema. La fecha actual de la fiesta (25 de marzo) depende de la fiesta más antigua de la Navidad.

La Anunciación es el comienzo de Jesús en su naturaleza humana; se hace miembro de la raza humana a través de su madre. Si la virginidad de María, antes, durante y después de la concepción de su divino Hijo, siempre fue considerada como parte del depósito de la fe, esto se hizo sólo a causa de los hechos y testimonios históricos. La Encarnación del Hijo de Dios en sí misma no requirió esta excepción de las leyes de la naturaleza. Sólo razones de conveniencia se dan para ello, sobre todo, el fin de la Encarnación. A punto de fundar una nueva generación de los hijos de Dios, el Redentor no llega en la forma de las generaciones terrenales: el poder del Espíritu Santo entra en el casto seno de la Virgen, y formó la humanidad de Cristo. Muchos santos Padres (San Jerónimo, San Cirilo de Alejandría, San Efrén, San Agustín) dicen que el consentimiento de María fue esencial para la redención. Fue la voluntad de Dios, dice Santo Tomás (Summa, IIIXXX), que la redención de la humanidad debió depender del consentimiento de la Virgen María. Esto no quiere decir que Dios en sus planes estaba obligado por la voluntad de una criatura, y que el hombre no habría sido redimido si María no hubiera dado su consentimiento. Sólo significa que el consentimiento de María fue previsto desde toda la eternidad, y por lo tanto fue recibido como esencial en el designio de Dios.


Fuente: Holweck, Frederick. "The Annunciation." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01541c.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina