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Sábado, 21 de octubre de 2017

Tommaso de Vio Gaetani Cajetan

De Enciclopedia Católica

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(Bautizado GIACOMO.)

Cardenal dominico, filósofo, teólogo y exégeta, nacido l 20 de febrero de 1469 en Gaeta, Italia y muerto el 9 de agosto de 1543 de Roma. De familia noble, desde su infancia fue devoto y estudioso. Contra la voluntad de sus padres entró en la orden de los dominicos antes de tener dieciséis años, Como estudiante en Nápoles, Bolonia y Padua era la admiración de sus compañeros de estudio y de sus preceptores. Comenzó a llamar la atención como bachiller en teología y después maestro de de los estudiantes por sus clases y escritos. Promovido a la cátedra de metafísica de la universidad de Padua, hizo un estudio detenido del Humanismo entonces en el candelero y del Filosofismo. Además de la controversia con es escotista Trombetta, tomó postura clara contra las tendencias averroistas o contra las enseñanzas de de hombres como Vernias, Pompanazzi y Niphus, dirigiendo contra ellos su famosa obra "De Ente et Essentia", que se considerada como la más sutil y abstrusa de sus obras.

En un capítulo general de su orden (Ferrara, 1494) Cayetano fue elegido para defender según la tradición la tesis en presencia de la asamblea de dignatarios. Tuvo que enfrentarse a Pico della Mirandola entre otros y su éxito fue tan enorme que los estudiantes le llevaron en triunfo sobre sus hombros para recibir la felicitaciones del Maestro general. Inmediatamente se le hizo maestro en teología y durante varios años explicó la “Summa” de Santo Tomás, principalmente en Brescia y Pavía, a cuya cátedra había sido llamado por el duque de Milán Ludovico Sforza Dos años después renunció y volvió a Milán donde , en 1500, el cardenal Oliviero Caraffa procuró que fuera trasladado a Roma.

En 1501 fue nombrado procurador general de su orden y nombrado para las cátedras de filosofía y exégesis en la Sapienza. Al morir el maestro general, John Clérée, 1507, Cayetano fue nombrado vicario- general de la orden y al año siguiente elegido como general. Con previsión y habilidad, dedicó sus energías a la promoción de la disciplina religiosa, enfatizando el estudio de las ciencias sagradas como medio principal para conseguir la finalidad de su orden. Sus cartas encíclicas y las actas de los capítulos promulgados durante su mandato dan idea de los amplios ideales y sus incesantes esfuerzos para llevarlos a cabo. El solía decir que no podía excusar de un grave pecado al hermano dominico que no dedicara al menos cuatro horas diarias al estudio. “Que otros se regocijen con sus prerrogativas”, escribió una vez, “pero el trabajo de nuestra orden se queda sin sentido a no ser que la sagrada doctrina sea nuestro ocupación”.

El mismo era un modelo de diligencia y se decía de él que podía citar de memoria casi toda la Summa. Cuando llevaba cuatro años como general, rindió un gran servicio a la Santa Sede apareciendo en el Pseudo concilio de Pisa (1511) donde denunció la desobediencia de la participación de los cardenales y obispos y les abrumó con sus argumentos. Esta fue su ocasión de su defensa del poder y la supremacía monárquica del papa. Gracias a sus esfuerzos fracasaron los movimientos cismáticos apoyados por Luis XII de Francia. El fue uno de los primeros en aconsejar alpaca Julio II que convocara un verdadero concilio ecuménico, es decir, Quinto de Letrán. En este concilio, Cayetano fue encargado por las principales órdenes religiosas para defender sus intereses comunes. Bajo es mismo pontífice fue el instrumento para que concediera al rey Fernando el Católico de España los primeros misioneros dominicos dedicados organizar la conversión de los nativos de America.

El 1 de julio de 1517 fue creado cardenal por León X y nombrado arzobispo de Palermo, aunque no tomó posesión por la oposición de parte del senado siciliano y renunció el 8 de febrero. Más tarde fue nombrado obispo de Gaeta, por exigencia de Carlos V pero esto sucedió después de que fuera enviado en 1518 como legado a Alemania llevando la insignia del cardenalato a Alberto de Brandenburgo y una espada bendecida por el papa al emperador Maximiliano. En esta ocasión fue autorizado para conferenciar con el emperador y con el rey de Dinamarca sobre la alianza contra los turcos. Representó al papa en la Dieta de Frankfort (1519) y tomo parte muy activa en la elección de Carlos V (1519) ganándose la amistad del emperador y su gratitud.

Mientras ejecutaba estas misiones, se le asignó la obligación mas seria de reunirse con Lutero, que entonces comenzaba su carrera de rebeliones. Los conocimientos teológicos de Cayetano y su disposición humana parecía señalarle como el candidato óptimo para la tarea de tratar con éxito con el monje rebelde y obstinado. Los protestantes han admitido que en toda su relación con él, Cayetano mostró un espíritu de moderación haciendo honor a su amplitud de miras. Pero ni la ciencia, ni las palabras conciliatorias ni los ruegos sirvieron de nada para conseguir la sumisión deseada. Lutero parlamentaba y contemporizaba como había hecho con la Santa Sede pero finalmente mostraba la falta de sinceridad de sus afirmaciones despreciando y burlándose del papa de sus representantes. Algunos han culpado a Cayetano por su fracaso en evitar la defección de Lutero, pero otros, como Hefele y Hergenröther le han exonerado.

En 1523 el papa Adriano VI le envío como legado ante Luis de Hungría para animar a los cristianos en su resistencia contra los turcos. Al año siguiente fue reclamado por Clemente VII como principal consejero. Durante el “Saco” de roma por el ejército imperial (1527) Cayetano como otras personas principales fue apresado y solo fue liberado, junto con sus servidores, tras el pago de cinco mil coronas de oro romanas, suma que tuvo que pedir prestada y que después pagó ajustando la economía en los asuntos de su diócesis.

Fue uno de los 19 cardenales que en un solemne consistorio con Clemente VII (23 marzo 1534) se pronunció definitivamente por la validez del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón. Este debió ser el último acto público de su vida porque murió ese mismo año y fue enterrado, según su deseo, en una humilde tumba en el vestíbulo de la iglesia de Santa Maria sopra Minerva. La opinión común de sus contemporáneos era que si hubiera vivido hubiera sucedido a Clemente VII en el trono papal. A principios del siglo XX el P. Berthier, O.P. descubrió un retrato de Cayetano en una colección de notables de la Reforma, perteneciente al conde Krasinski de Varsovia (ver bibliografía). Es el único retrato conocido y llamó mucho la atención.

Cayetano ha sido descrito como pequeño de cuerpo pero gigante de intelecto. Nunca, en sus muchos y variados oficios, omitía el estudio diario y la escritura, ni fallaba en las prácticas de la vida religiosa. Se enfrentó a los temas candentes de su tiempo con calma y sin temor y trató con sabio tacto y caridad de pacificar las mentes hostiles y hacer que volvieran que erraban, eliminar la raíz de la herejía y prevenir el cisma. Sus soluciones escritas de los problemas morales vivos cubren un amplio campo. Su posición y circunstancias le exigían tomar parte en discusiones polémicas, pero nunca ofendió a nadie en sus escritos. Su estilo, puramente científico y no retórico es de lo más notable por haber logrado una forma directa y simple en la edad de oro de humanismo.

Se dedicó, más que ningún otro filósofo o teólogo de su época, a las necesidades intelectuales actuales reales de la Iglesia. Con penetración y sagacidad sobrepasó los confines del pensamiento de su tiempo al buscar soluciones a graves problemas, que estaban abiertos y sin solución, expresando con franqueza sus juicios. No es de extrañar que desarrollara tendencia que sorprendieron a los más conservadores y que manifestara opiniones que fueron y han permanecido en algunos casos como inusuales y ocasionalmente erróneas.

Tuvo numerosos críticos, hasta dentro de su orden, que manifestaban en su contra tanto celo como su defensores a su favor. Entre sus oponentes sobresalió el sabio dominico Bartholomew Spina (muerto en 1542). Su persistente antagonismo comenzó, aunque parezca extraño, después de que escribiera un prefacio laudatorio al comentario de Cayetano al “Secunda Secundae” de S. Tomás (segunda sección de la segunda parte de la Suma), cuya publicación supervisó por el autor en 1517. Al año siguiente, en su refutación de Pompanazzi, Spina parece haber considerado que Cayetano caía en parte dentro de sus críticas por una supuesta concesión al racionalismo dominantes del Averroísmo en un comentario sobre “De Anima “de Aristóteles. Cayetano mantenía que Averroes había puesto en claro correctamente que el Estagirita creía en el monopsiquismo o la doctrina de la unidad de un alma intelectual para la humanidad y la moralidad de las almas individuales. Mientras trabajaba para y estaba de acuerdo en la condena del concilio de esta doctrina en 1513, Cayetano no había apoyado la exigencia de que los profesores de filosofía, en sus lecciones publicas, no manifestaran, sin refutarlas, enseñanzas que estuvieran en conflicto con la fe cristiana; esto, decía, es el oficio propio de los teólogos. Port otra parte Cayetano había manifestado en privado que la razón por si sola no podía de forma adecuada y concluyente demostrar la inmortalidad del alma. Desde entonces, Spina que durante su último año fue Maestro del Sagrado palacio (teólogo del papa) persiguió sin descanso a Cayetano vivo y muerto. Sobre estas poco profundas bases algunos escritores, incluido Renan (Averroés et l'Averroîsme, Paris, 1867, 351) y Botta (Ueberweg, History of Philosophy, tr. Morris, New York, 1903, II, Appendix II), han malinterpretado a Cayetano como” atrevido defensor de la eternidad del universo y la destrucción de la personalidad en la muerte” y lo han incluido entre con los hombres contra los que escribió, como iniciador de un nuevo período en el desarrollo de la filosofía antiescolástica.

En teología, Cayetano está entre los principales defensores y exponentes de la Escuela Tomística. Sus primeros comentarios a la Suma Teológica comenzaron en 1507 y terminaron en 1522, y son su gran obra y fueron muy pronto reconocidos como clásicos en la literatura escolática. La obra es sobre todo en defensa de Santo Tomás contra el ataque de Escoto. En la tercera parte revisa las aberraciones de los Reformadores, especialmente Lutero. La importante relación entre Cayetano y el Doctor Angélico fue enfatizada por León XIII en su carta de 15 de octubre de 1879 ordeno que sus comentarios y los del Ferrariense se incorporaran a con el texto de de las obras completas de Santo Tomás en la edición oficial leonina, cuyo primer volumen apareció en Roma en 1882. Esta edición ha restaurado una serie de pasajes que S. Pío V deseó haber expurgado del texto, cuando ordenó su publicación en 1570. Las partes suprimidas, ahora en su mayor parte inofensivas, eran en general posturas personales y no tenían que ver con la doctrina tomista como sistema.

En su trabajo exegético, comenzado en 1523 y continuado hasta su muerte, Cayetano intentó contrarrestar las extravagancias bíblicas de los humanistas y derrotar al movimiento luterano sobre la misma base que éste había elegido para rechazar la autoridad de la Iglesia y de la tradición. Con la ayuda de rabinos, se dice, puesto que no era versado en hebreo y con la de las versiones griegas existentes, preparó una traducción literal de la Biblia, incluido en Antiguo Testamento, hasta el final del capítulo tercero de Isaías y todo el Nuevo Testamento, excepto el Apocalipsis, que no quería tocar por sus dificultades. En la dedicatoria a Clemente VII declaraba que su propósito en esa edición de los Evangelios, asegurarse del verdadero sentido literal de la Escritura sin vacilar en utilizar nuevas expresiones , siempre que no entraran en conflicto con la Palabra Sagrada ni con las enseñanzas de la Iglesia. Esta postura, muy criticada en su tiempo, está muy en línea con el método de exégesis católica. Siguiendo muy de cerca de S. Jerónimo sobre la autenticidad de los textos bíblicos y utilizando la versión y notas del Nuevo Testamento de Erasmo, con quien se mantenía en términos amistosos, produjo una obra cuya importancia no se desestimó pero cuya libertad y alejamiento de los Padres y de las escuelas teológicas produjo desconfianza y alarma. En su interpretación crítica, por ejemplo, aventuró una interpretación alegórica de los primeros capítulos del Génesis y pareció estar más de tres siglos adelantado que su ambiente al cuestionar la autenticidad del último capítulo de S. Marcos, sobre el autor de varias epístolas, por ejemplo Hebreos, Santiago, II Pedro y iii Juan, Judas, la autenticidad del pasaje de los tres testigos de 1 Juan 5:7 etc. También en este campo se le atacó con acritud, sobre todo por Ambrosio Catarino, un genio extraordinario pero errático que había abandonado el derecho para entrar en los dominicos, llegando a ser obispo. Las observaciones de Cayetano que acompañan, son importantes y muchos especialistas las han estudiado con provecho en conjunción con los comentarios sobre la Suma Teológica.

Se ha dicho de Cayetano que sus enseñanzas positivas eran miradas como una guía para otros y que sus silencios como una censura implícita. Su rectitud, franqueza y moderación eran alabadas hasta por sus enemigos. Siempre obediente y sometiendo sus obras a la autoridad eclesiástica, presentaba un enorme contraste con los líderes de la herejía y revuelta a los que trató de salvar de su locura. Para Clemente VII era la “lámpara de la Iglesia” y en su carrera todos le consideraban como la luz teológica de Italia, oído con respeto y placer por los cardenales, universidades y el clero, nobleza y la gente.

Las obras de Cayetano suman unos 115 títulos. Los comentarios sobre la Suma existen en muchas ediciones. Ediciones completas, que a veces incluyen el texto de la Suma y a veces sin él: Las siguientes son dignas de mención:

10 Vols. Fol., Lyon, 1540; edición of Pío V en las obras completas de Santo Tomás Roma, 1570; 7 Vols. 8vo con comentarios de Javelli y Caponi, Venecia 1596; 10 vols. fol., Roma, 1773; edición Leonina de Sto. Tomas (Summa) Roma, 1888. Otras obras de Cayetano son:

• "Opuscula omnia tribus tomis distincta" (fol., Lyon, 1558; Venecia, 1558; Amberes, 1612), una colección de 59 tratados;

• "Commentaria super tractatum de ente et essentia Thomae de Aquino; super libros posteriorum Aristotelis et praedicamenta", etc. (fol., Venecia, 1506);

• "In praedicabilia Porphyrii praedicamenta et libros posteriorum analyticorum Aristotelis castigatissima commentaria" (8vo, Venecia, 1587, 1599);

• "Super libros Aristotelis de Anima", etc. (Roma, 1512; Venecia, 1514; Paris, 1539);

• "Summula de peccatis" (Roma, 1525, y en otras muchas ediciones aumentadas);

• "Jentacula N.T., expositio literalis sexaginta quatuor notabilium sententiarum Novi Test.", etc. (Roma, 1525);

• "In quinque libros Mosis juxta sensum lit. commentarii" (Roma, 1531, fol.; Paris, 1539);

• "In libros Jehosuae, Judicum, Ruth, Regum, Paralipomenon, Hezrae, Nechemiae et Esther" (Roma, 1533; Paris, 1546);

• "In librum Job" (Roma, 1535);

• "In psalmos" (Venecia, 1530; Paris, 1532);

• "In parabolas Salomonis, in Ecclesiasten, in Esaiae tria priora capita" (Roma, 1542; Lyons, 1545; Paris, 1587);

• "In Evangelia Matt., Marci, Lucae, Joannis" (Venecia, 1530);

• "In Acta Apostolorum" [Venecia, 1530; Paris (con los Evangelios), 1536];

• "In Epistolas Pauli" (Paris, 1532);

• "Opera omnia quotquot in sacrae Scripturae expositionem reperiuntur, curâ atque industriâ insignis collegii S. Thomae Complutensis, O.P." (5 vols. fol., Lyon, 1639).


Fuentes

FONSECA, Noticia biográfica de Cayetano en la introducción al Comentario sobre el Pentateuco (Paris, 1539); QUÉTIF-ECHARD, Script. Ord. Praed. (Paris, 1719), II, 14; CIACCONIUS, Vitae et res gestae pontificum Romanorum et cardinalium (Roma, 1675), III, 392; TOURON, Hist. des hommes illus. (Paris, 1743), IV, 1-76; LIMBOURG, Kardinal Cajetan in Zetschr. f. kath. Theol. (Innsbruck, 1880), IV, 139-179; HURTER, Nomenclator (Innsbruck, 1903), II, 1201; COSSIO, Il Cardinale Gaetano e la Riforma (Cividale, 1902); MANDONNET in Dict. de théol. cath. (Paris, 1904); BERTHIER, Il Ritratto del Gaetano in Il Rosario (Roma, Aug., Sep., 1907), ser. II, vol. IX, No. 476-477.

Volz, John. (1908).

Transcrito por Matthew Reak.

Traducido por Pedro Royo