Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Jueves, 21 de febrero de 2019

San Simeón Estilita el Joven

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar

San Simeón Estilita el Joven nació en Antioquía en el 521; falleció en ese mismo lugar el 24 de mayo de 597. Su padre era nativo de Edesa; su madre Marta fue después venerada como santa, y se ha publicado un libro de su vida que incluye una carta escrita por su hijo, desde su columna, a Tomás, el guardián de la Cruz auténtica en Jerusalén. Al igual que su homónimo, el primer estilita (San Simeón Estilita el Viejo), parece que Simeón se entregó desde muy joven a una vida de austeridad. Se unió a una comunidad de ascetas que vivía bajo el mandra o recinto de otro ermitaño del pilar, de nombre Juan, que actuaba como su director espiritual. Siendo todavía un muchacho, Simeón mandó a erigir un pilar para sí mismo cercano al de Juan. El mismo Simeón, en la mencionada carta a Tomás, afirma que vivía ya sobre una columna cuando perdió su primer diente. Mantuvo este modo de vida durante 68 años. En el curso de este periodo, sin embargo, se mudó varias veces a una nueva columna y, con ocasión del primero de estos cambios, el patriarca de Antioquía y el obispo de Seleucia lo ordenaron diácono durante el breve tiempo que permaneció sobre el suelo. Durante 8 años, hasta la muerte de Juan, Simeón permaneció tan cerca de la columna de su maestro que podían conversar con facilidad. Durante este periodo, el anciano ermitaño mantuvo alguna clase de vigilancia sobre sus austeridades.

Después de la muerte de Juan, Simeón dio rienda suelta a sus prácticas ascéticas, y Evagrio afirma que vivió únicamente sobre las ramas de un arbusto que crecía cerca de Teópolis. Simeón el joven fue ordenado sacerdote y así pudo ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa en memoria de su madre. En tales ocasiones sus discípulos, uno tras otro, subían por la escalera para recibir la Comunión de sus manos. Como en el caso de la mayoría de otros santos estilitas, se cree que Simeón el Joven ha obrado muchos milagros. En varias ocasiones las curaciones se realizaron mediante imágenes que le representaban (Holl en “Philotesia”, 56). Hacia el final de su vida, el santo ocupó una columna situada en una ladera cerca de Antioquía, llamada la “Colina de las maravillas” por sus milagros, y fue allí donde murió.

Además de la carta mencionada, a Simeón el Joven se le atribuyen varios escritos. Varios de estos pequeños tratados espirituales han sido publicados por Cozza-Luzi ("Nova PP. Bib.", VIII, III, Roma, 1871, págs.. 4-156). Hay también un “Apocalipsis” y cartas a los emperadores Justiniano I y Justino II. (vea fragmentos en P.G., LXXXVI, pt. II, 3216-20). Más especialmente Simeón fue el supuesto autor de cierto número de himnos litúrgicos, "Troparis", etc. (vea Petrides en "Ethos d'Orient", 1901 y 1902).

Simeón Estilita III, otro ermitaño estilita también llamado Simeón, es honrado tanto por griegos como por coptos. Se cree por tanto que vivió en el siglo V, antes del cisma entre estas Iglesias. Pero debe confesarse que sabemos muy pocas cosas de él con certeza. Se cree que fue golpeado por un rayo estando en su columna, construida cerca de Hegca, en Cicilia.


Bibliografía: Hay una triste y larga vida de San Simeón el Joven por Nicéforo de Antioquía, pero conocemos más a través de la Vida de Santa Marta, su madre, y por la “Historia Eclesiástica” de Evagrio. Todas han sido impresas por los bolandistas, Acta SS., mayo, V, 296-431; fragmentos de una Biografía por Arcadio han sido publicados por Papadopulos Kerameus en Vivantisky Vremennik (1894), 141-150 y 601-604. Vea también a Alacio, De Simeonum scriptis (París, 1864), 17-22; Krumbacher, Gesch. der Byzant. Litt. (2da. ed., Munich, 1897), 144-145 y 671; Philotesia P. Kleinert zum 70 Geburtstag (Leipzig, 1907).

Fuente: Thurston, Herbert. "St. Simeon Stylites the Younger." The Catholic Encyclopedia. Vol. 13. New York: Robert Appleton Company, 1912. 10 Dec. 2012 <http://www.newadvent.org/cathen/13795b.htm>.

Traducido por Juan R. Migoya. lhm